Esto no es crítica: Namiko de Tokutomo Roka

De vuelta a la Literatura Japonesa porque… porque sí. No necesito muchas razones para decidir, la verdad. Por fortuna, esta aparente falta de criterio no me ha jugado una mala pasada hasta el momento. He terminado disfrutando esta novela pese a la poca trascendencia de la misma y de su escritor (según cuentan las malas lenguas).
Namiko, titulada originalmente en japonés Hototogisu, es una novela del escritor y filósofo japonés Tokutomi Roka publicada primero por entregas de 1898 a 1899. La obra está dividida en tres partes y en ella se narra la vida de Namiko, quien desde muy niña pierde a su madre y se ve sometida al mandato de su madrastra, que rápidamente la relega por ser la favorita del padre. Así, cuando Namiko se casa, piensa que al fin podrá llevar una vida más tranquila; no contó con que su suegra sería incluso peor que su madrastra. Sin embargo, el temperamento de la suegra le pasó a Namiko como una simple diferencia familiar, ya había recibido como consejo de su padre la paciencia, pues si iba a vivir con otras personas, obviamente las costumbres podrían ser algo diferentes. Takeo, su esposo, por otro lado, es un joven tranquilo que parece adorarla. Su trato para con ella es sereno y afectuoso, lo que hace que Namiko la pase verdaderamente mal durante su ausencia ya que Takeo desempeña un modesto cargo en la marina que frecuentemente lo aleja de casa.
De pronto, cuando Namiko al fin ha aprendido a sobrellevar el carácter de su suegra y se cree en un matrimonio feliz, cae enferma; el diagnóstico no es bueno: tuberculosis. En ese tiempo no se conocía muy bien la enfermedad y no tenía cura e incluso se creía hereditaria,  por lo cual es utilizada como excusa para intentar separar en la pareja, todo en aras de la preservación del linaje familiar, dado que Takeo es hijo único.

La estructura es lo  primero que quiero mencionar por la forma curiosa pero clara en que se fue desarrollando la novela. La primera parte es en su totalidad introductoria, y ahí yace su encanto, pues los personajes se van presentando en una especie de secuencia en cadena, comenzando con Namiko. Así, en esta primera parte conocemos a todos los personajes en torno a los cuales gira la obra de una manera tal vez demasiado definida, cosa que ya mencionaré más adelante.
La segunda parte de la novela trata las circunstancias familiares en ambas casas, más como un desarrollo de personajes, es para comprender todos esos valores que regían a la familia en esta sociedad japonesa en tiempos posteriores a la restauración. Es además aquí donde se desarrolla todo el plan para separar a la pareja, pasando de un implicado a otro con las formalidades que el trato entre ellos mismos ameritaba según su posición social y cercanía con la familia, convirtiendo este plan macabro en una auténtica burocracia.
La tercera parte entonces es una suerte de convalecencia, y de cuestionamiento personal y social. Hay que recordar que la sociedad japonesas siempre ha sido rígida en cuanto a las conveniencias sociales; sin embargo, este periodo posterior a la Restauración Meiji, como se ve en otros escritores de la época (sólo Soseki se me viene a la mente por el momento) comienzan a plantear esa paradójica relación entre el yo y la sociedad; y en el caso de la obra que nos ocupa, entre el yo y la familia.

La novela, más que una historia romántica, es una crítica social. Esto se nota claramente porque todas estas conveniencias sociales rivalizan con el protagonismo que supuestamente carga Namiko. Si bien alrededor de Namiko giran todas las decisiones de lo más personajes, las razones por las que estos actúan como lo hacen es todo debido a la presión social, a la importancia del linaje masculino, del honor familiar.

Este es el fuerte de la novela, ya que sirve como critica a la posición de la mujer en esta época. Namiko, ante los ojos de la mayoría, no es más que un accesorio, un vientre de alquiler, y ya que su enfermedad no le va a permitir ser madre, o más bien, por su enfermedad no se le debería permitir ser madre por la fatalidad que creen puede desencadenar, ya no hay espacio para ella en la familia que la ha adoptado, y a la que poco le importan sus sentimientos.

La misma madre de Takeo es quizá quien mejor lleva la batuta en cuanto a la posición de la mujer, y puede llegar a ser hasta doloroso escuchar sus palabras, pues ella misma, acepta sin incomodidad alguna, la inferioridad de la mujer frente al hombre, y como una mujer puede ser fácilmente descartada cuando se ve que ésta ya no podrá cumplir con los roles sociales que son su responsabilidad; en este caso, ser madre.

Incluso  Namiko en más de una ocasión hace alusión al status que adquieren las mujeres cuando al fin se cansan, o son madres, haciendo notar que su opinión sólo importa cuando lo han sido, y no antes.

De hecho, todo este asunto de la supuesta posición que ganas las mujeres cuando se casan y son madres se ve incluso en la forma de peinarse, en la forma de vestir, para que todos en la calle sepan que como mujeres ya están cumpliendo su función en la sociedad; y aun así, ni siquiera son dueñas de su propio hogar, ya que por la estructura familiar, esta función todavía le sigue perteneciendo a la madre del esposo.
La mayor falla de la novela, sin embargo, recae en los mismos personajes, puesto que son planos; así es fácil diferenciar los buenos de los malos con facilidad, pues el escritor les ha otorgado un papel que cumplen sin mayor cambio a lo largo de la obra.
No sufren un desarrollo en toda la expresión de la palabra, nunca se oponen a las conveniencias sociales regentes (lo cual no es algo negativo en sí, más bien sirve para reforzar, y más en nosotros los lectores occidentales que no estamos del todo familiarizados con este tipo de estructuras familiares y sociales, la verdadera fuerza que ejercen). Otra cosa negativa que puede mencionarse son ciertos tintes melodramáticos en ciertas escenas, aunque nada que a la larga resulte demasiado tedioso o exagerado.

Pero incluso con todo esto Namiko es una novela que puede leerse de una sentada (como fue mi caso), es ligera, entretenida, con un lenguaje sencillo pero bien trabajado, casi en absoluto repetitivo (salvo tal vez en la primera parte donde se puede llegar a notar que la narrativa del escritor todavía no había alcanzado su punto. Recordemos que la novela primeramente fue publicada como una serialización). Plantea una problemática que si bien pertenece a otro tiempo, puede visualizarse en la sociedad de hoy, y no únicamente en la sociedad japonesa. 

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Espero les haya gustado esta opinión. Mejor aún, ojalá les haya generado curiosidad y decidan leer la novela.
Saludos.

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