Esto no es crítica: Sin aliento de Ilsa J. Bick.


«Sin aliento» de Ilsa J. Bick fue una de esas lecturas que escojo casi a ciegas, con el único propósito de entretenerme. Como cuando sientes la necesidad de leer pero al mismo tiempo reconoces que ni tu concentración ni tu tiempo son los más adecuados para zambullirte en algo demasiado complejo o demasiado extenso. Cuando escojo lecturas con esta intención, generalmente las termino disfrutando por la sencillez de lo que presentan, sin pretensiones; lecturas agradables que me hacen pasar una buena tarde. Sin aliento, en cambio, fue un poco más allá.

La historia comienza con Jenna, la protagonista de dieciséis años, siendo interrogada por un detective después de haber sido rescatada de un lago helado. ¿Cómo terminó en ese lago? Es lo que el detective quiere saber y es lo que se nos va relatando a lo largo de la historia. Jenna ha tenido una vida dura; fue internada en un psiquiátrico debido a una depresesión severa y muy autodestructiva, y para rematar, su familia no es ni de lejos lo mejor que se podría tener para superar esta situación: una madre alcohólica, un padre hipócrita y controlador, y un abuelo abusivo. Su padre, minimizando la depresión de Jenna al nivel de un simple incidente, decide que ya es hora de que ésta regrese al mundo real porque se niega a aceptar que esa situación siga determinando el rumbo sus vidas, así que no sólo despide a su psiquiatra sino también la matricula en un nuevo instituto para que continúe sus estudios. Así, Jenna no sólo tiene que luchar contra ese mundo al que quieren reintegrarla, sino también con ese pasado del que quiere alejarse y que regresa sin que pueda controlando reviviendo en ella la necesidad de lastimarse. Ha soportado tanto que no puede evitar sentirse sola, depositando su único punto de apoyo en un aparentemente hermano ausente, y ya después, en el Sr. Anderson, el único que parece auténticamente interesado en ella.
La narración es en primera persona, con excepción del primer capítulo, el introductorio, que está en tercera. Jenna le habla directamente a Bob a través de una grabadora cuando éste, al inicio de la historia, le pide que cuando se sienta lista relate lo que ha sucedido, y temiendo que Jenna no pueda sincerarse si él permanece a su lado, deja la grabadora con ella.

Así Jenna decirle relatarle a Bob todos esos sucesos que hicieron que ella terminara casi congelada en ese lago, y lo hace, debo agregar, con una fluidez atrapante. Es una de las primeras cosas que quiero destacar: la novela la leí en un día, en un lapso de aproximadamente seis horas. Fue tanto el enganche  que me produjo, que aunque me tocaba viaje, no dejé de leer. (Hay gente que se marea en la carretera, por suerte, no es mi caso y me alegro por ello). El lenguaje concuerda con la edad de Jenna, la jovialidad que le imprime a su tono también, consigue una forma bastante coloquial.

 Hay una tensión moderada en el orden de los acontecimientos, pero no sobrecargada. La depresión de Jenna es abordada de una manera más realista, sin exagerar con ánimos de ganarnos a base de sentimentalismo. Sí, Jenna está rota, Jenna tiene demasiados problemas (al inicio no imaginamos la magnitud de los mismos), siente que todo el mundo la ignora (y no está lejos de la realidad este pensamiento) y otro sinfín de cosas más que no sólo delimitan su personalidad sino también le dan sentido al desarrollo de la trama, la dan sentido a la forma en que Jenna se relaciona con los demás, sobre todo con el Sr. Anderson.
La trama no es excesivo compleja, pero este no es un punto en contra. A medida que uno va leyendo puede notarse que en realidad no es la trama el punto central; el propósito de la novela es  intentar retratar la ambigüedad moral que existen en cada una de las personas, matizando personajes que generalmente, al menos en este tipo de literatura, casi siempre quedan en los extremos blancos y negros sin más complejidad. Por lo mismo puede resultar difícil catalogar un villano como tal, que no es que no lo haya, simplemente su carácter no llega a ser completamente negro, y también, más parece que la escritora decidió dejar ese juicio en las manos del lector (tal como hace notar en el apartado de Agradecimientos de la novela).

 Uno puede llegar a preguntarse: ¿lo hizo porque es bueno o es una consecuencia inesperada de una mala acción? Tampoco la resolución de los problemas puede catalogarse como felices o tristes, y menos aún el estado mental de Jenna cuando llegamos al final de la novela. El final no es precisamente abierto, pero ya que hemos llegado hasta él cargando todo este cúmulo de ambigüedades, da espacio para más de una interpretación, que es la cuestión que más me gustaría abordar pero como tengo una política de cero Spoilers, tendré que dejarlo de lado. A lo largo del desarrollo se nos van proporcionando pistas que hace que todo resulte obvio, todo esto es así casi desde el inicio. Apenas pasadas unas páginas uno ya siente que algo no pinta bien, y en mi caso no pude evitar pensar «todo es demasiado bueno para ser verdad» cosa que Jenna no llega a exteriorizar precisamente con estas palabras, pero que igual resulta claro.
Entre los personajes destacan, además de Jenna al ser la protagonista, el Sr. Anderson. Es profesor de Química y es el único que se acerca a Jenna sin pretensiones. Cuando Jenna fue matriculada en el instituto su padre le dio a conocer a todos los profesores su ficha psiquiátrica, lo que hizo que el trato de algunos la sofocara, no así el Sr. Anderson, quien no sólo se muestra comedidamente comprensible sino que le da espacio y no la presiona, lo que hace que Jenna sienta por primera vez en mucho tiempo que todavía puede tener control sobre ciertas partes de su vida.
Danielle, compañera de Jenna, o más bien una rival, aunque no aparezca mucho en el relato sirve como punto de comparación, y lo mismo puede decirse de la madre de Jenna. Y la familia de Jenna, incluida su abuela muerta, es esa ancla al pasado, pero un pasado que no sólo le pertenece a ella, sino a cada uno de los miembros, que arrastran secretos incluso igual de destructivos.
Hay muchos más aspectos en los que no puedo interiorizar porque tengo que evitar arruinarles la historia, pero ya habrán notado, por lo que he venido diciendo hasta aquí, que la novela me ha encantado. Tengo que aclarar, por supuesto, que no es perfecta. Tienes sus fallos de estilo y probablemente pudo haber tenido un mejor desarrollo. Pero yo hablo comparativamente, si se puede decir así. No soy fanática de la Literatura Juvenil como tal, sin embargo, la leo con cierta frecuencia. Así que lo que me gustó de la obra fue la temática abordada, la vulnerabilidad juvenil y no lo digo por el hecho de que Jenna padece de depresión sino en general, y esos matices en las personalidades de las personajes, que aunque desarrollados de manera breve (la novela es bastante corta, además, es el testimonio de Jenna, por lo que en cierta medida se comprende la superficialidad del desarrollo) al menos llegan a bosquejarse con claridad, haciendo casi palpable la ambigüedad que la escritora intenta hacernos notar.
En la Literatura Juvenil romántica he notado que abundan personajes dañados a quienes el amor sana, un amor desinteresado y puro, incluso sufrido. ¿Pero qué tanta profundidad vemos en el desarrollo de estas situaciones y personajes? Generalmente, para el final el personaje dañado ya casi está sano por completo. Y no es que en esta novela sea el caso, Jenna sana de alguna u otra manera, pero, ¿acaso su última acción no denota cierto grado de desequilibrio? Porque pueda que el final se vea como algo romántico, pero personalmente, no me lo pareció así. Más lo vi como una adición más a la larga lista de padecimientos que Jenna ya carga consigo… Pero me detendré aquí para no crearles ideas preconcebidas en caso de que decidan leerla.

En conclusión, Sin aliento es una novela sencilla pero atrapante y muy recomendable que intenta entregarnos personajes y situaciones en las que hay espacio para cuestionar un poquito la motivación de las mismas. Puede que no llegue a tener una complejidad lo suficientemente profunda, sin embargo, la intención es clara, y se aprecia: no todo es blanco y negro.


Comentarios