Esto no es crítica: «Vida y muerte» de Stephenie Meyer


«Vida y muerte» de Stephenie Meyer no es la primera novela que no termino de leer pero que igual decido «reseñar» en el blog. La primera que decidí reseñar sin terminar fue «Grey» con todas sus inconsistencias. No resulta curioso entonces que sea ahora una «obra» de la autora que inspiró la súper insípida y dañina 50 Sombras la que hizo que perdiera mi fe en las editoriales y en sus fans en general.

Ahora bien, quiero aclarar que más que una reseña (siempre digo que reseñar y criticar es mucho más complicado, estos post siempre son puras opiniones) esta es una entrada grosso modo acerca de las razones por las que fui incapaz de continuar leyendo.
También quiero agregar que a muchos mis palabras le resultarán ofensivas, y con total honestidad digo que no es a propósito… la mayoría del tiempo. YO simplemente me encargo de plasmar lo que siento al leer, y desde siempre aclaro que esta sección del blog nunca se ha caracterizado ni se caracterizará por su total objetividad. Sin embargo, en esta ocasión, las cosas que quiero resaltar en esta obra son en su mayoría aspectos formales de la misma, debidos, sobre todo, a la trama inconsistente (inexistente, de hecho) y a la mala escritura. Así que no queda más que advertir que si eres un fan acérrimo de esta saga y de su «escritora», estoy 100% segura de que esta opinión no te va a gustar para nada.
Yo, por fortuna, no leí la trilogía de Meyer, esa que la hizo millonaria y llevó a medio mundo a un estado de demencia de lo más desconcertante. Lo intenté, cuando salió el anuncio de las adaptaciones, pero a las dos páginas me di por vencida. En aquel entonces era más agria y mi paciencia tenía una mecha bien cortita. Ahora, en cambio, veo las cosas con un tono más jocoso; incluso veo mi masoquismo con cierto sentido del humor disfrazado, en la mayoría de las ocasiones, de aburrimiento. Sea como sea, me gustan estas dinámicas porque resultan entretenidas y hace que un buen grupo de mis contactos de Facebook participen en el «debate» y la «crítica» y eso siempre es bueno. Pensarán que nos unimos en nuestro odio, pero no… no del todo, al menos. Simplemente nos gusta, o bueno, a mí me gusta comprender todo lo que hay detrás de todos estos «fenómenos literarios» que son cada vez más frecuentes en estos días y que de literarios tienen bien poco. Esta es la razón por la que decidí leer esta novela. Así que por favor eviten los «si no te gusta, no la leas»; hace mucho dejamos el jardín de infantes.
Aclarado todo esto, comienzo. (Y agárrense bien, que esto va para largo)
«Vida y muerte» es, según la sinopsis:
«…una nueva y sorprendente reformulación de la historia completa —Crepúsculo— realizada por la autora, junto con un detallado prefacio y epílogo.Los lectores disfrutarán de la icónica historia de amor de Bella y Edward con una perspectiva renovada».
No puedo decir qué tanta «renovación» sufrió la historia original porque, como ya mencioné, no la he leído. Pero sí les puedo decir que como lectora no disfruté absolutamente nada. Ni siquiera burlarme. Es todo tan soso que ni para material de burla funciona.
La «escritora», en el Preámbulo de la obra, dice que una de las principales razones por las que hizo este cambio de sexo, aparte de lo obvio (el dinero) es por la crítica constante que recibe la protagonista de la novela original. Sí, Bella. Y yo no he leído los libros pero sí que vi dos películas, y bueno, comprendo en parte de dónde viene tanta crítica. Pero claro, con sólo las películas no puedo hacer una comparación, y no lo haré, no me detendré en esto. Aunque aún dejándolo de lado igual se puede entrever que su intención es demostrar que el proceso de enamoramiento adolescente y el subsecuente bloqueo de todo funcionamiento cerebral coherente se da por igual en hombres y mujeres. Como queriendo decir: Bella no es tonta por ser una mujer enamorada, Bella es tonta simplemente por estar enamorada (más por estar terriblemente escrita, argüirían algunos).
¿Consigue defenderse bien? No. De hecho, en varias ocasiones me tuve que recordar que el narrador es un chico adolescente, para empezar; aunque poca veces llega a comportarse de manera sentimentalmente desproporcionada (al menos hasta donde leí) que es una de las cuestiones que se critican de Bella, así que la autora misma se contradice cuando afirma que da lo mismo cuando un chico o una chica están enamorados si es claro que ha alterado la personalidad de la representación masculina de Bella (Beau) en la obra, según ella porque:
«El 5% de los cambios se deben a que la personalidad de Beau se desarrolló de manera ligeramente distinta a la de Bella. Las mayores variaciones son que es bastante más TOC, que su lenguaje no es tan poético, ni en sus palabras ni en sus pensamientos, y que es mucho menos iracundo: no tiene el mismo sentido de inferioridad que Bella carga sobre sus hombros».
Ya hablaré de esto más adelante. Continuemos.
Por otro lado, una de las aclaraciones por parte de la autora que me resulta más indignante y sorprendente, (siempre en este preámbulo) es la siguiente:
«El 70% de los cambios se deben a que me han permitido hacer una corrección de estilo pasados diez años y he tenido oportunidad de cambiar casi cada palabra que me incomodaba desde que el libro fue impreso, lo cual ha sido magnífico».
Tremenda cara se tiene que tener para afirmar una cosa así, sobre todo, porque leyendo la obra uno se da cuenta de que (1) en realidad carece de todo característica que puede denominársele «estilo», ¿siquiera sabe esta mujer lo que es «estilo»? (2) la reiteración de las ideas resulta mentalmente agotadora y deja en uno la certeza de que la «escritora» jamás en su vida ha tomando un curso de redacción y, (3) la poca armonía en el texto, la incoherencia del mismo y el poco desarrollo de la trama y los personajes junto con los dos incisos anteriores hacen que uno no crea ni por un minuto que el texto en cuestión sufrió revisión alguna, ni por parte de la «escritora» y mucho menos por parte del editor. Y es que es todo esto lo que hizo que yo dejara la lectura, después de mucho esfuerzo, en la página 162/383 (edición digital).
Empecemos con la reiteración absurda de ideas y acciones por parte de los personajes.
"Click" a cada imagen para agrandar. Las citas van "al relajo" (mi pereza otra vez). Y mucho ojo en el número de páginas, ahí se nota lo repetitivo del asunto.
El juego de las miradas es el abuso que más me sacó de mis cabales. Páginas enteras en las que los verbos: mirar, observar, ver, contemplar, etc. se repiten de manera absurda. ¿Qué denota esto? Pobreza de lenguaje. Falta de capacidad de redacción. Como escritora, no tiene inventiva, puesto que fracasa miserablemente en describir las situaciones sin recurrir una y otra vez a las mismas acciones y a las mismas palabras. Esto hace que el texto se vuelva insoportable e innecesariamente repetitivo, a tal punto de que se puede llegar a creer que uno por error ha leído la misma página, ¡en más de una ocasión!
Pero esto no se queda aquí, (y aquí mismo aprovecho para darle  inicio a mi campaña para regalarle a la millonaria Meyer un diccionario de sinónimos y antónimos) la descripción de las características físicas de los personajes y sus alteraciones humorísticas también resulta repetitivo, sobre todo, como en el primer caso, por el nulo léxico de la «escritora» Sí, queda claro que Edythe es perfecta con una vez que lo digas. Sí, y lo mismo aplica para el dorado y negro de sus ojos, (aunque esta descripción cumple una función —demostrar el estado del apetito de Edythe— la mal uso de este recurso hace que igual resulte insoportable, repetirla sin tener consideración de la situación hace que cuando la observación sí resulta necesaria en la narración, pase totalmente desapercibida, perdiendo el énfasis que supuestamente debe aportar) y para su piel suave, y su cabello. También para el cielo, el bosque verde, el laberinto verde, el verde verde, etc. Y para Beau, sí, se sonroja, y si creen que decir «manchas en el cuello» suena más macho, adelante, pero sigue sonando igual de terrible cuando lo repites y repites y repites. La cuestión es esta: en una situación igual (o una hipotética) en donde estamos cerca del chico/chica que nos gusta, o lo admiramos, sí, nos vamos a poner nerviosos, o nos vamos a fijar más en unas cualidades que en otras (en sus ojos, por ejemplo, o en su forma de hablar). Es normal. Pero esto no es normal en una novela, en donde la capacidad del escritor nos tiene que deslumbrar, o al menos tiene que ser lo suficientemente buena para que no nos produzca un tedio enorme (como para convencernos de tirarnos del puente más cercano). Todo escritor, dependiendo de su capacidad, cuenta con un inmenso abanico de recursos estilísticos. Hay figuras literarias hasta debajo de las piedras, y si alguien no los encuentra esto se notará en su texto, pues la mediocridad del mismo siempre dejará al descubierto el verdadero esfuerzo del escritor. 
Y la cosa no se detiene aquí, claro, porque, dale, abusemos de los símiles, no importa. Los símiles son como las estrellas en el cielo, como las piedras en el camino, como las pecas de tu rostro; y tienen la complejidad (en la obra que nos ocupa) de la sumas de un dígito, ya saben, como uno más uno. ¿Adjetivación? Claro, otra manera de recalcar lo perfecta, armoniosa, venerable, sublime, hermosa, inalcanzable, peligrosa, explosiva e impredecible que es la vampirita; nunca está de más, digo, por si no ha quedado claro las primeras diez mil veces. A veces uno como lector es tan despistado. Metáforas, ¡benditas metáforas! Y entre más obvias, mejor, el cerebro no tiene que trabajar de más, dios no lo quiera. El cerebro funciona para tantas cosas, pero definitivamente no para leer. Mucho menos para leer esto. ¿Armonía? ¿Coherencia? ¿Se come? No hay nada mejor que una lectura entrecortada, sirve para que no tengamos una puta idea de lo que se nos quiere decir porque los personajes prefieren centrarse en contemplaciones más banales para luego desplegar una enorme paleta de emociones salidas de la nada en un vano intento por atribuirle características complejas a personajes que son más planos que el señor Tablón de Ed, Edd y Eddy (sin ánimos de ofender al señor Tablón). Aunque en realidad poco se puede hacer cuando no se tiene mucho que contar. Lo que nos lleva al último punto: ¿trama?


Todo esto es apenas un esbozo. Es difícil sacar todos los errores de una obra (aunque no de esta obra en particular), y lo es más cuando el trabajo en cuestión te hace perder el interés en la primera página. Estas son cosas fácilmente notables, de esas que (y me permito copiar el estilo de Meyer) hasta un ciego vería. Hay otras, por supuesto, que resaltan con la misma intensidad, pero que no coloco aquí porque, la verdad sea dicha, soy una haragana sin remedio.
Ahora, volviendo al punto que dejé medio colgando: los personajes y  la trama.
¿Es Beau una creíble personificación masculina de Bella? ¿Cumple Meyer al intentar demostrar que el enamoramiento es igual independientemente del sexo del protagonista, y que Bella no está mal escrita, simplemente está mal enamorada?
Lastimosamente, como no me dio el estómago para terminar de leer esta obra, no puedo afirmarlo con la certeza que se merecen, aparte, ni siquiera leí la trilogía original, por lo que me limitaré a dar mis muy humildes impresiones tratando «Vida y muerte» como una novela independiente (o al menos lo intentaré. No prometo nada). Dicho esto, replanteo: ¿es Beau un personaje decente? No lo es. Hasta donde leí, ¿mostró Beau un comportamiento desproporcionado en cuando a sus sentimientos por Edythe? No. De hecho, sus reacciones son más bien sosas, y aparte de perseguirla con la mirada y decepcionarse cuando no llega a clases —hasta la página 162 que leí—, no se comportó de manera más grave. Aunque claro, hasta la página 162 que llegué apenas habían tenido su primera conversación en todas las de la ley, por lo que este comentario no es garantía de nada. (Mira qué bonita manera de trabajar la trama, 162 páginas en las que no pasa nada, ni desarrollo de personajes, ni de la relación entre ellos, ni del conflicto principal de la novela, ni nada; la novela se va a puras miraditas, un intento mediocre de plasmar el flirteo adolescente, otra cosa en la que Meyer falla fantásticamente).
El enamoramiento es instintivo, a lo «amor a primera vista». Beau tiene cierta confianza en sí mismo, con el pequeño defecto de que se sonroja… perdón, le salen manchas púrpuras en el cuello, que es una de las pocas cosas que lo hacen sentir mal consigo mismo. Sabe que es atractivo, jamás malinterpreta la intención de las chicas (se da cuenta a la primera de que las chicas quieren con él) y se tacha de raro, único y especial. Cocina. Odia el clima excesivamente nublado. Odia tener que rechazar a las chicas. (¡Cómo se atreven! ¡Es que no notan que no les interesa!) Y en sus tiempos libres hace de Cupido. Sí demuestra inseguridad cuando está con Edythe, pero más porque siente que sus preguntas sonarán tontas que por otra cosa. Lo deslumbra la belleza de la chica, pero esto no lo deja mudo. Es cauteloso con lo que dice, y la relación con su padre, aunque apartada, sigue siendo funcional, dentro de lo que cabe. En pocas palabras, Beau es un personaje aburrido, pero no tan inseguro. Llega a ser un poco odioso la manera en que se da cuenta de que las chicas quieren con él. Podrían tacharle de introvertido si quieren (sin ánimos de ofender) pero es que ni a eso llega. Es un chico con un crush, que acepta de buenas a primeras que la chica por la que se ha vuelto loco es una vampira. Y ya. Quiere estar con ella. Ya. ¿Perdió la cabeza? Al menos, hasta donde leí, no. Ni siquiera enfrenta mucho de los dilemas de los chicos que se enamoran de las chicas imposibles. Él la ve lejana, pero no tan lejana.  
Edythe, por su parte, trata de meterse en nuestra cabeza como un personaje enigmático. Nada más lejos de la verdad. Es que no habla, y desaparece todo el tiempo. Es su ausencia la que intenta ser enigmática, ella no. Aunque el enigma no nace de ninguna de las dos cosas. No existe. Es bonita. Hermosa. Es lo más perfecto que nadie jamás ha visto (en palabras de Beau), pero esto, en lugar de emocionar, te genera una indiferencia de lo más… triste. Edythe tampoco presenta un comportamiento altamente obsesivo, es acosadora, hasta cierto punto, pero no invasiva en exceso. Se podría decir que ve desde la distancia. Lo que más resulta tedioso en ella es ese jueguito de: te busco para decirte que soy peligrosa, así que por favor, mantén tu distancia. Y es ella quien termina acercándose a él en la mayoría de las ocasiones (si esto es un buen reflejo de Edward, ya sabemos de dónde salió inconsistencias Grey).  Luego está su hambre, su complejo de superioridad (aunque nada fuera de lo común) y su complejo de guarda espalda. Si se supone que esta chica tiene que deslumbrarnos, que dejarnos con una gran «O» en la boca, sólo me queda decir que la «escritora» —otra vez— falla miserablemente. Si Beau nos resulta soso, a Edythe ni siquiera se puede llegar a considerar. Ni siquiera es muy asertiva con sus avances. Y si el punto es demostrar que sin importar el sexo actuamos igual, ¿para qué minimizar tanto la intensidad de los sentimientos de los personajes en base a su sexo? Porque, puede que no haya leído la trilogía, pero si conozco aspectos de la relación de Edward y Bella que puedo afirmar no se ven reflejados en la relación de Beau y Edythe. Esto tira por la borda la supuesta intención de la «escritora» por demostrar que no importa el sexo, todos reaccionamos igual en el amor. Porque una cosa es adecuar la personalidad de los personajes respecto a su sexo, y otra muy distinta camuflar las supuestas reacciones que trata de defender detrás de este «necesario» cambio de personalidad, cuando, en primer lugar, tuve que estarme recordando que estaba leyendo a un varón adolescente (aclaraciones al respecto más adelante). Como lo veo, en lugar de tratar de adecuar los personajes desde la perspectiva masculina y femenina, al operarse el cambio de sexos para esta «reinterpretación», le resultó más fácil simplemente minimizar el sentimentalismo de los dos, reconociendo de esta manera que sí, efectivamente, el sentimentalismo de Bella estaba en exceso desproporcionado al igual que el carácter acosador y posesivo de Edward, rasgos no tan notables en Beau y Edythe, que presentan (y repito, hasta donde leí) un comportamiento más acorde a su edad emocional (o al menos en el caso de Beau, Edythe como personaje tiene muchas posibilidades, ninguna desarrollada debidamente). Es obvio que Meyer ni siquiera consigue esbozar las primeras líneas de su defensa. Simplemente no lo consigue, como si ni siquiera lo hubiera intentado en primer lugar.
Y sí, sí, sí, ya sé que dije que no iba a hacer comparaciones, pero no se me puede adjudicar total ignorancia cuando todos los detalles de esta novela andan sueltos por ahí por lo absurdamente viral que se tornó esta «historia de amor», y conociendo a personas que han leído la trilogía, que en su tiempo le gustaron, y que ahora califican de mala, y no precisamente por moda. Pero si esto les sirve para desacreditarme, adelante. No me importa. Mi opinión no se verá alterada en lo más mínimo.

Ejemplo.
Se obviaron ciertos errores a propósito. No podía dejar la página completamente pintada xD

Y para concluir, un par de aclaraciones.
Cuando mencioné que tuve que recordarme en varias ocasiones que Beau es un varón adolescente, no digo que Beau no sea hombre por cuestiones sentimentales o por inseguridades, digo que la escritora no sabe manejar sus personajes, ni parece muy comprometida con la mencionada intención de este texto, dado que es recurrente encontrar inconsistencias en la personalidad, y es así como uno se pierde, pasamos de tener a un personaje masculino a tener a la típica protagonista de este tipo de novelas (género que, como saben, leo bastante en mi tiempo libre). Lo mismo sucede con Edythe. Esto me hace concluir que la escritora no planeó en absoluto este cambio de sexos, y que todo el asunto de la personalidad, las reacciones, y demás, no es más que palabrería barata de su parte, porque no lo demuestra en ningún momento en su trabajo.
Creo que se me podrá «atacar» usando como base el hecho de no haber terminado la novela. Sólo me queda preguntar, ¿acaso sirve de algo terminar de leerla? Dicen muchos escritores que una página basta y sobra para determinar la valía de una obra. Bueno, yo, con mucho esfuerzo, llegué hasta la 162. La mayoría de mis problemas con el texto fueron por aspectos formales y por el desarrollo de los personajes más que por la trama en sí (que si ni siquiera estaba bosquejada en esas primeras 162 páginas, es que no es muy buena, es natural cuestionar su existencia, es de tontos no hacerlo, si me permiten decirlo). Comprendo que a algunos este tipo de trama poco desarrollada les resulta atractiva, pero esto no cambia el hecho de que la trama sigue estando poco desarrollada. Y si la escritora tenía alguna otra intención, también falló en desarrollarla. La literatura no es tan subjetiva como muchos creen, tiene sus normas, y en base a estas normas uno la califica. Es algo simple. No tiene absolutamente nada de vergonzoso aceptar que nos gustan cosas que no llegan a alcanzar el calificativo de buenas. El que se lo tomen tan personal sólo descubre su carácter pobre, y generalmente explotan no porque se ataque la obra en cuestión, sino porque sienten que se atacan sus gustos. Son cosas diferentes. No califico sus gustos, califico el nulo valor literario de esta novela. Nada más.
Para concluir no me queda más que decir, sin temor a enfurecer a algunos, que esto no es una novela. Esta mujer no es una escritora. Esto ni siquiera es una historia decente. Esto simplemente es una excelente estrategia de marketing. Una envidiable estrategia de marketing. ¿Y qué si la publicaron? ¿Y qué si es mundialmente reconocida? ¿Esto qué dice en realidad? Por lo menos para mí, esto significa que la capacidad crítica del lector promedio deja mucho que desear.  Y digo, esta lectura, como forma de ocio, está bien, el problema viene cuando engrandecen trabajos mediocres, cuando endiosan a sus «escritores», cuando lo convierten todo en un circo a lo quién vende más. Es la falta de actitud crítica la que hace que saquen todo de su verdadera proporción. No es el valor del texto, la influencia de la escritora, son los fans. Los fans locos y ciegos. Aunque, a fin de cuentas, poco se puede hacer al respecto. Vive y deja vivir, dicen por ahí. Dicen.
Tendré que cortarme aquí (de forma demasiado abrupta) porque ya me he explayado demasiado. Traté de resumir esta opinión tanto como pude, pero el hecho es que sola una página basta para escribir una crítica de cinco. Me salvo porque esta no es una crítica formal, por eso hice con ella lo que quise, sin perder la visión que tenía, claro.
Espero hayan leído hasta el final. Los comentarios y las sugerencias son bienvenidos. No se lo tomen tan personal (a menos que quieran, ese ya no es asunto mío).
Saludos.

 PD: Tenía material como para unas cincuenta páginas de «crítica» pero creo que con esto mi intención quedó bastante clara. Espero.



Comentarios

  1. Muy pero muy interesante tu no reseña de un libro no terminado. Estaba ansiosa por saber tu opinión sobre este libro que yo en primera dije que no leería y que en algún momento de locura y perdida total de la razón intenté leer. Ya me imaginaba que a la Meyer se le iban a ir las cabras. Dios, como sufrí con las divagaciones de Bella, imagino que en esta es igual por lo que pude entender de tu disección tan bien explicada de lo que has leído. 162 páginas es todo un logro para semejantes tortura literaria -ok, no literaria-, eres toda una sobreviviente.

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    1. Pues mira, mi masoquismo es sorprendente jajajajajaja

      Beau no divaga tanto, yo creo que Meyer trató de componer todos los vicios que se le fueron en Bella pero en lugar de crear un personaje más o menos estable, creó a un monstruo soso y aburrido. Esa mujer no tiene idea de lo que hace xD

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  2. XD que bueno que no he leido nada de ella. asi si acaso mi hija llegara a pedirmelo, lo negare profundamente jajaja

    besos

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    1. Como su padre, tienes todo el derecho de velar por su bienestar psíquico, emocional e intelectual. Esto es malo. Malísimo. Deberían quemar todos los ejemplares que existen xD
      Nah! Libertad de expresión ante todo. Pero igual deberíamos eeducar mejor a nuestros jóvenes para que no se traguen cualquier cosa, que no es sano.

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