Esto no es crítica: La puerta de Natsume Soseki.

Esto no es crítica:

La puerta de Natsume Soseki


A Soseki comencé a leerlo con Soy un gato (es casi obligación comenzar así) y a partir de ahí continué con lo primero de él que se me atravesara. Uno lo tiene un tanto difícil cuando se trata de los clásicos de la Literatura japonesa, e igual con la literatura contemporánea, así que es normal contentarse con lo que se encuentre. Fue por esto que, pese a que La puerta es la novela con la que termina esta trilogía, hasta donde sé, sin nombre (y es que en los prólogos y estudios previos de estas obras siempre lo mencionan así), yo comencé con la  segunda novela, Daisuke. Daisuke es un joven que se está adentrando en la vida en sociedad, sin éxito alguno, que se vuelve a encontrar con una mujer de su pasado; es una novela sentimental sobre la madurez emocional y social de las personas, así como de las decisiones personales: el yo contra la sociedad. Luego continué con Sanshiro, que es la primera. En esta novela se ve este choque cultural entre lo tradicional y la modernidad que trajo consigo la apertura al exterior (Soseki mismo vivió esta transición por lo que siempre resulta tema en sus novelas), aquí de paso Soseki aprovecha a hacer una crítica (y tiene una manera bastante simpática de hacerlo) de la sociedad intelectual de esa época.
Así que mi esquema fue 2-1-3, sin embargo, aunque a estas obras se les considera una trilogía, más que una continuidad regida por la trama nos encontramos una continuidad temática. Con Sanshiro vemos la etapa de juventud, cuando la persona comienza a formarse. En Daisuke vemos la obligada integración a la sociedad, y con La puerta, entonces, nos encontramos en el periodo de madurez.
Me gustaría hablar de las tres novelas pero las primeras dos las leí hace tiempo, por lo que me centraré completamente en La puerta, que terminé de leer hace cosa de dos días.
En La puerta conocemos a Sōsuke, un hombre joven (aunque por su forma de comportarse y estilo de vida parece viejo, pese que al inicio de la novela declaran que apenas tiene 10 años más que su hermano menor, quien en ese entonces estaba por culminar sus estudios secundarios) que lleva un matrimonio tranquilo con Oyone. Esta relación resalta curiosamente en la novela por la armonía entre ambos personajes. Sōsuke acude a su trabajo diligentemente, y disfruta plenamente el domingo, el único día que puede descansar. Sōsuke no vive cómodamente, en varios momentos mencionan lo difícil que es llegar a fin de mes, y la situación empeora al morir su tío, ya que este estaba a cargo de la educación de su hermano menor, Koroku. Sōsuke, sabiendo que son pocas las soluciones que puede aportar (y en parte sintiendo culpa por dejar que su tío dispusiera de la herencia de su padre cuando este murió, perdiendo todo el dinero en inversiones dudosas) decide alojar a su hermano en su casa, al tiempo que entabla negociaciones con su primo ya que es indispensable que Koroku termine sus estudios (más por insistencia de Koroku, aunque no se vislumbra en la obra un verdadero interés académico-intelectual de su parte).  La relación de Sōsuke con su hermano es un tanto fría y apartada, y lo mismo con Oyone, ya que Koroku no la aprecia mucho.
Otra relación que surge en el desarrollo de la novela es la de Sōsuke con su casero, Sakai, un hombre aparentemente culto que disfruta de una vida tranquila en compañía de su familia. Al inicio Sōsuke escuchó varios rumores sobre las excentricidades del casero, pero al conocerlo se dio cuenta de que al final sólo había sido eso, rumores. A través de esta relación Sōsuke tiene un indeseado encuentro con su pasado, con ese gravísimo pecado que Oyone y él mencionan haber cometido y por el cual se aislaron de su familia y de la sociedad en general (y que sólo es aludido pero jamás especificado ni aclarado en la obra), lo que hace que se recluya, durante diez días, en un templo Zen. Este retiro, sin embargo, no da exactamente el resultado deseado, aunque tampoco puede considerarse del todo un fracaso. Sōsuke regresa a su casa, y al lado de su esposa, se dedica a observar el paso de las estaciones.
Lo que más me resultó curioso a mí fue la relación entre Sōsuke y Oyone ya que son retratados como un matrimonio sólido alejado de las conveniencias sociales y con una complicidad y una compenetración que no suele verse en la literatura japonesa (o al menos en la que yo he leído). Y aunque no se desvela del todo a lo largo de la obra se van notando los acontecimientos que hicieron que la complicidad entre ambos personajes resulte tan fuerte, teniendo su base en el «pecado» cometido. Resultó tan refrescante leer la preocupación de Sōsuke cuando Oyone cayó gravemente enferma, y al mismo tiempo notar como Oyone siempre quería estar sonriente y dispuesta para su esposo sin hacerlo parecer una obligación conyugal, quería ser así para él. El hecho de comprarle tela cara para un kimono, pensar en ella constantemente, como cuando salió y vio en las tiendas prendas que le hubiera gustado regalarle. O cuando tuvo ese encontronazo con el pasado, su interés ferviente por ocultarlo para no hacerla sufrir. A pesar de ser un matrimonio sin hijos (4 hijos muertos, dos antes de nacer siquiera) y aunque esto pese, sobre todo a Oyonen (quien lo ve como una especie de «purga» por el pecado cometido), funcionan perfectamente como un matrimonio, incluso sigue pareciendo así cuando se pone en contraste con la familia de Sakai.
Me gustaría hablar más al respecto pero los spoilers son malos y es mejor dejar una chispa de curiosidad para que se animen a leerla.
En La puerta, como en todas las obras de Soseki hay un enfrentamiento entre el yo y la colectividad. Hay que recordar que desde siempre Japón ha tenido una visión colectiva, pero con su apertura al mundo comenzaron a plantearse estas cuestiones, a considerar un poco más el yo, lo que, obviamente, desencadena muchos conflictos. Esto se nota específicamente en La puerta, en varios aspectos. En primer instancia, el lugar donde el matrimonio vive. Es una casita vieja que queda debajo en un barranco, haciendo alusión a que en cualquier momento su vida aislada puede caerles encima y destruirlos. Y el conflicto se ve en que, este aislamiento es una clase de castigo autoimpuesto por el pecado cometido. Se casaron y se alejaron de parientes y amigos y de todo lo relacionados con ellos. De esta misma manera aceptan el hecho de que no pueden tener hijos. Y sin embargo, la paz con la que viven no es falsa. La confianza y respeto mutuo no es falso. Y de hecho, todo estaba bien y de no haber sido por el problema con la manutención del hermano (un problema del exterior) su vida habría seguido desarrollándose sin contratiempos, ya que es el hermano quien de alguna manera la recuerda a Sōsuke que hay un mundo allá afuera, ya que fueron las preocupaciones monetarias las que hicieron que conociera mejor a Sakai, entre otras cosas, y así Sōsuke volvió a levantar su mirada hacia el mundo más allá de su vida matrimonial y su trabajo, lo que significaba, por supuesto, el inevitable encontronazo con su pasado. Entonces aquí se ven reacciones iguales y opuestas: ellos abandonaron la vida en sociedad, la sociedad los abandonó a ellos, y con todo y todo, ambas situaciones existen lado a lado,  por más que una quiera negar la existencia de la otra y viceversa.

En fin. La puerta ha sido una lectura bastante entretenida y enriquecedora. No es algo que sorprenda, si viene de la mano de Soseki. Lectura sutil, simbólica, sentimental a la manera japonesa, y bastante relajante. Deja con una sensación de paz (a pesar del cumulo de miedos e inseguridades en las que se ve envuelto el protagonista) y, tal como narra el párrafo final, con una sensación de continuidad, porque la vida no se detiene.


Comentarios

  1. Que bonito !! Vi hace poco esos libros , pero no me animé a comprarlos por decidía jeje ahora al menos tendré que leer uno si o si
    Beshish

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    Respuestas
    1. Ya quisiera yo tenerlos en papel u.u (y con lo caros que son aquí, a veces ni se encuentran u.u) xD

      Ojalá algún día te animes a leer algo. Sólo espero que cuando lo hagas tengas muchas ganas porque por experiencias con personas cercanos y descubierto (lo cual no deja de sorprenderme a veces) que encuentran este tipo de literatura un tanto aburrida. Aunque tampoco es un hecho condenable, cada quien tiene sus gustos :)

      Saludos.

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