Esto no es crítica: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

Esto no es crítica
Divagando: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë


Hace cuestión de un par de días releí (en un solo día debo decir) Cumbres Borrascosas. Desde la última vez que lo leí han pasado casi diez años, por lo que prácticamente fue como leerlo por primera vez. Lo releí porque últimamente me he topado bastante (y no de buena manera) con el apellido Brontë. Y lo leí, porque suelen catalogar Cumbres Borrascosas como novela romántica, y ciertamente no recordaba muchas cosas, pero sí que recordaba que éste no es el caso. Cumbres Borrascosas, para mí, tiene de romántico lo que un perro tiene de pesimista.

Evitaré, tanto como me sea posible, no ser tan detallista, por si alguien no ha leído la novela y quiere hacerlo.

Cumbres Borrascosas cuenta la vida de Heathcliff y Catalina a través de los relatos de Elena, una mujer que ha llevado toda una vida de servidumbre y que ha tenido que soportar el carácter tan explosivo de todos sus amos. Las relaciones en esta novela son tormentosas, apasionadas y destructivas. Heathcliff y Catalina se llevan de encuentro a todo aquel que se interpone en su camino, sin percatarse de que son ellos mismos los únicos y verdaderos obstáculos en sus vidas.
El protagonista, Heathcliff, atraviesa una niñez desafortunada después de ser adoptado por el Sr. Earnshaw. Esto marca su carácter prácticamente para siempre. Lo único rescatable de esta infancia tan tormentosa llena de maltratos y abusos, es su relación con Catalina. Al punto que ambos se hacen inseparables, cosa que no fue bien vista por nadie más. A medida ambos fueron creciendo la relación se fue estrechando, pero todo cambia cuando, debido a un accidente, Catalina debe pasar tiempo en casa de los Linton. (Y cortaré aquí para no dar más spoilers).
El tema principal de la novela es la venganza. Una venganza visceral nacida del desprecio, del abuso, del maltrato y del rechazo. Esta venganza viene de manos de Heathcliff, y la lleva a cabo con especial maestría.
Heathcliff, como personaje, es lo más odioso que uno se puede encontrar en mucho tiempo. Sus únicas muestras de afecto, de algo parecido al cariño o a la simpatía, las recibe Catalina, pero incluso es severa con ella por su rechazo, porque no acepta de buena manera, y al mismo tiempo no puede alcanzar a odiarla, por ser la única que en realidad interfirió en su felicidad. Heathcliff no se corta a la hora de hacerle daño a los demás, de despojarlos de lo que más quieren, de apropiarse de todo cuanto ve para perfeccionar su venganza porque este es su motor, sin ella no es nada, no existiría. Heathcliff va por la vida odiando, golpeando, abusando, destruyendo, etc. Y no le importa. No enfrenta ni el más leve remordimiento, y sin embargo, a lo largo de la novela, tiene pequeñas señales de algo que puede caracterizarlo como humano, como cuando llora en la habitación de Catalina, o para el final, aunque más que arrepentimiento, fue resignación y entrega.
Catalina, por su parte, es caprichosa, molesta, mandona, melodramática, manipuladora, etc. Decide no unir su vida a Heathcliff, y sin embargo, prácticamente obliga a todas sus personas cercanas a que lo acepten (pese al horrible comportamiento de éste con todo aquel que no sea Catalina e incluso con ella) y que respeten su posición a su lado.
La relación entre ambos es tormentosa y autodestructiva. Se dicen amar pero su  forma de ser, consigo mismo y con los demás, impide que entre ellos las cosas se den bien. Ambos son orgullosos, pedantes, no están dispuestos a dar el brazo a torcer. De verdad que frustra (o al menos a mí me frustró) verlos interactuar. Frustra cómo tratan a los demás y cómo reaccionan ante las cosas. Yo pienso que Emily Brontë mientras escribía, pensó: ya hay demasiados personajes buenos, me toca a mí escribir un par de gente odiosa.

(Hace poco leí en una novelita de esas modernas, que utilizaban a Heathcliff y Catalina como ejemplo de relación, como tratando de justificar la permanencia en esas relaciones tormentosas. Bueno, pues que vaya a leer la novela -que parece que no lo hizo- para ver cómo se desarrolla la vida no sólo de los protagonistas, sino también de todos quienes los rodean).

Estas relaciones tormentosas con estos personajes tan insoportables (aunque ni Heathcliff ni Catalina son planos, no como los personajes de las novelas románticas modernas –juveniles y eróticas-) parece que han servido de pauta, porque esta dinámica está siendo bastante utilizada últimamente. Pero no nos engañemos, si hay alguien que catalogue Cumbres Borrascosas como novela romántica es que no la ha leído o no pasó de los primeros tres capítulos. La visión de los acontecimientos en esta novela no está idealizada. El carácter tan negativo de ambos personajes principales, tan dañino, no es adornado con buenas intenciones o mentirillas blancas en aras de los intereses de la persona amada. Lo hacen porque anhelan, más que todo, poseer eso que quieren. Lo hacen porque disfrutan de la venganza. Lo hacen porque no les importa nadie más. Es por eso que, aunque uno llega a aceptar que ambos personajes se quieren a su manera loca, con todos sus defectos (cualidades no vi por ningún lado), con su orgullo encarnado y su egoísmo, se sabe también que no hay manera de que esas dos por personas, amándose cómo dicen que se aman, terminen juntos con un final más o menos positivo.
Cumbres Borrascosas es una novela breve pero que desarrolla bastante bien la psicología de los personajes. Estos distan mucho de ser perfectos, incluso en su maldad incompleta. La dinámica en casi todas las relaciones es dañina. No idealiza nada: ni la vida matrimonial, ni en familia, tampoco la vida en el campo, ni la vida de una persona de clase acomodada.
En fin, que si alguien se acerca a Cumbres Borrascosas buscando leer una novela agradable para pasar el rato con una pizca de romanticismo, debería ir a buscar otra cosa. Ahora, si quieren relaciones tormentosas, personajes con caracteres dañinos, acomplejados, en donde impera el egoísmo y la venganza, ¡pues adelante!
Aunque, con todo y esto, Cumbres Borrascosas tuvo un final feliz.




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