"Sólo un sueño" El Hobbit Fanfic Kili y Tauriel (Kiliel)

Fui a ver El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (estoy fue ayer). Qué bonito el fanfic de Peter Jackson, ¿verdad? Y entonces me dije: yo también puedo escribir fanfics (?). Y como amo a Tauriel y a Kili, aunque eso entre ambos es un invento, a mí me gustó. Y la verdad no me gustó cómo murió Kili en la película (ya sabía que moría, leí El Hobbit, pero no quería que muriera defendiéndola, ella es demasiado badass para permitir eso), así que yo lo maté de manera diferente (?). Muchos kiliel feels (espero).
Por cierto, es obvio que no sé sindarín, ni la lengua de los enanos, así que, con respecto a lo que dice Kili (me gusta mucho el universo de Tolkien, pero no soy una diehard fan), tomé la traducción que anda circulando por Tumblr. Y con respecto a lo que dice Tauriel en Sindarín, pues la gogleé y puede que haya tomado una traducción errada. Si saben algo, agradecería muchísimo que me lo hicieran saber.
Gracias de antemano.
Espero les guste. No olviden comentar. (Advertencia: soy malísima narrando enfrentamientos armados XD)



Sólo un sueño.



Escuchó una voz que transportaba su nombre y pensó que la batalla había terminado. No era así, por supuesto, pero Kili apenas tuvo tiempo de nada. Las arremetidas de los orcos ni siquiera le dejaban tiempo para respirar, siendo una más violenta que la anterior, apenas le quedaban energías para defenderse. Pero al escuchar su voz... Por un breve instante se olvidó de Thorin, incluso de la muerte de su propio hermano. Kili se sintió en un sueño, uno creado por la voz de Tauriel que sonaba desesperada a lo lejos.
«Fue sólo un sueño» le dijo él a ella mientras yacía envenenado, pero cuando extendió los dedos, buscando su mano, todo se hizo real. Y si quería quería que en verdad fuera real, tenía que derrotarlos a todos, o al menos salir con vida del enfrentamiento.
Tauriel lo vio desde lejos y su primera reacción fue ir a buscarlo, acercarse para cerciorarse de que estuviera bien. Lo vio rodeado de orcos, y temió, pero no había razón para alamarse más allá de eso. Kili era un guerrero, como ella, y tenía que confiar en sus habilidades, y sin embargo, por más que trataba de convencerse, había algo dentro de ella que se lo impedía.
«No es real»
Las palabras de Thranduil resonaron de pronto, como el eco entre espadas y escudos. Si no era real, ¿entonces qué era eso que ella sentía?
Fue esa primera conversación verdadera entre ambos, y Kili, tratando de sonar intimidante mientras jugaba con la runa entre sus manos. Una maldición al inicio, una promesa después.
«Es una promesa», le había dicho. «Mamá piensa que soy insensato».
«¿Lo eres?»
«¡Nah!»
Hablaron de mundos distintos, mundos lejanos, de aventuras, unas más grandes y extensas que otras, de gustos, de rituales, de luz. Tauriel no sintió la breve presencia de Legolas. Kili ya no se sentía atrapado en una celda oscura y pequeña. Tauriel era como la luz de la luna que nunca se había tomado el tiempo de apreciar. No pudo haber sido más tonto, se dijo, la luz de la luna era más cálida de lo que jamás se había atrevido a considerar; pero distante, sin duda seguía siendo distante.
«¿Crees que pudo haberme amado?».
La runa descansaba ahora bien protegida por la túnica de Tauriel. No pesaba, pero su presencia era constante. «Una promesa». Los orcos comenzaron a interrumpir su camino, sintió una desesperación enorme apoderarse de su juicio pero tenía que obligarse a mantener la calma. Esas criaturas no representaban nada. Sentía como cada vez se acercaba más a Kili y cómo, en el proceso, una verdad iba siendo revelada.
«Ella está lejos. Está muy lejos de mí. Ella camina en la luz de estrellas en otro mundo».
Pero Tauriel se sentía cerca.
«No sé lo que significa».
Sí lo sabía.
Se deshizo del último orco y pensó que por fin tenía el camino despejado. Tauriel bajó un poco la guardia, y entonces, casi salido de la nada, Bolgo le plantó cara. El tamaño de la criatura no consiguió intimidarla, su propósito era más grande que lo que Bolgo podía aparentar, y todavía más grande era su determinación. Bolgó la atacó primero balanceando su enorme maza. Tauriel hizo un movimiento rápido y se libró de ese primer ataque, pero no del que vino después. Se reincorporó rápidamente y consiguió esquivar el tercero pero no el cuarto. Tenía que ganar un poco de distancia si quería usar su arco. Supo que no lo conseguiría y desenvainó sus dos dagas rápidamente. Se libró de un nuevo golpe y le propinó un corte a Bolgo, aunque no suficientemente profundo como para hacerle daño en verdad. Con un movimiento ágil logró librarse del avance de la enorme criatura pero ésta cada vez le ganaba más terreno. Bolgó la tomó del cuello y la tiró contra esa inmensa pared de roca que los rodeaba. El aire escapó de los pulmones Tauriel, pero tenía que levantarse.
Kili vio como Tauriel era arrojada con violencia contra las rocas. Se deshizo del último de los orcos que tenía encima y planeando un ataque sorpresa, utilizó la altura de la posición en que se encontraba para lanzarse sobre Bolgo y así impedir el zarpazo que estuvo a punto de propinarle a Tauriel.
«Amrâlimê».
«No sé lo que significa».
El enano seguía batallando, pero Bolgo era demasiado fuerte, enorme y pesado como para que pudiera controlarlo. Tauriel se percató de esto y puso todas sus fuerzas en una simple acción: levantarse. Entonces Bolgo capturó a Kili y lo inmovilizó, levantó su arma lo suficiente como para que Tauriel adivinara el ataque que estaba por venir. Ella, apresurándose, y con la agilidad y la puntería propia de la experiencia, extrajo una flecha de su carcaj y tensándola rápidamente contra la cuerda de su arco, la disparó. La flecha cumplió su cometido al enterrarse en el brazo de Bolgo, a quien el dolor lo obligó a soltar su arma. Kili cayó pero se levantó de pronto. Se acercó a Tauriel y nuevamente retomó su posición de batalla. El enfrentamiento no sería fácil. Antes de que pudiera decir algo una flecha zumbó cerca de de él. Esta vez la flecha disparada acertó en el pecho de Bolgo. Luego vino otra y otra, hasta que estas se agotaron. Kili sabía que tenía el último golpe, y aunque mal herido, Bolgo seguía representando un gran peligro. Comenzaron ambos a atacarlo, intercalando ataques y movimientos de distracción.
«El joven... el arquero de cabello negro, a él le clavamos una lanza de mordor. El veneno está en su sangre, pronto sucumbirá».
Fue un destello demasiado claro para soportar, y lo revivió cuando vio cómo Bolgo hería a Kili.
No.
Pero Kili no se dejó vencer, clavó su espada en el costado de Bolgo, y ese primer doloroso lamento sirvió para que Tauriel despertara. Se acercó a Bolgo con las dagas en alto, para juntarlas en cruz contra el cuello de la inmunda criatura, hasta que su cabeza ya no se encontró más sobre sus hombros. El cuerpo inerte de Bolgo cayó sobre Tauriel. Kili yacía a escasos centímetros de ambos, con un brazo roto.
Tu promesa... —dijo Tauriel después de ponerse de pie. Extrajo la runa del lugar seguro donde la había mantenido hasta entonces y se la tendió a Kili.
Todavía no ha terminado —dijo Kili a su vez. Sin embargo, aprovechó la oportunidad para acercar su mano a la de Tauriel y envolverla suavemente.
Kili.
«No es real»
¿Y entonces qué era?
«Ella está muy muy lejos de mí»
No. Estaba ahí, en frente de él. ¿La veía en realidad?
Amrâlimê —repitió Tauriel, de memoria. A Kili le resultó hermosa la manera en que el acento élfico de Tauriel se fundió con su lengua natal.
Mi amor...
Taurel redujo la distancia y se agachó un poco para juntar su frente con la de Kili. Thranduil era su rey, pero esto no le daba el derecho suficiente como para decirle qué era real y qué no.
No eres un sueño, ni estás lejos de mí —susurró Kili.
Estoy aquí.
Kili sonrió antes de que sus labios y los de Tauriel se convirtiera en un beso, y se sintió lleno de luz en medio de toda esa oscuridad.
«¿Crees que pudo haberme amado?».
Ahí estaba su respuesta. Los labios de Tauriel eran como la plata que relucía robándole destellos a la luna. Y ese beso era sólo suyo desde ahora y para siempre.
Lo que vino después no fue nada frágil, pero se vio interrumpido por el grito de Thorin. Kili recordó de pronto a su hermano, a su rey, y su deber con su gente. Vivió un sueño y ahora la realidad lo reclamaba.
Tengo que ir —murmuró contra los labios de Tauriel.
Tauriel se negó al inicio, pero ella más que nadie conocía el deber.
Asintió.
Estaré contigo.
Azog había acorralado a Thorin en medio del hielo. El suelo estaba casi destrozado, y pequeños islotes flotaban por aquí y por allá, inestables, poniendo en peligro al legendario Escudo de Roble.
¡Kili! —gritó cuando divisó a su sobrino, lo que advirtió a Azog de cualquier posible ataque sorpresa. De todas formas, Tauriel había agotado todas sus flechas, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo era inevitable.
¡Otro hijo de Durin! —exclamó Azog, levantando su arma y balanceándola para derribar a Kili antes de que éste se acercara demasiado. Kili logró esquivar ese primer ataque, pero el hielo a su alrededor comenzó a resquebrajarse, haciendo que perdiera el equilibrio.
¡Kili! —gritó Tauriel. Se lanzó contra Azog, pero fue recibida con un golpe. Sin embargo, no era tan fácil hacer que un elfo perdiera el equilibrio, Tauriel se reincorporó inmediatamente y con ambas dagas hirió a Azog. No obstante, la furia de Azog era más fuerte que cualquier ataque y apenas sintió el golpe. En su lugar, contraatacó con furia, golpeando a Tauriel tan fuerte que ésta salió disparada, impacientándose contra el duro hielo con demasiada brusquedad como para conservar la conciencia.
Azog entonces se olvidó de ambos y volvió a centrar su atención en Thorin. Kili no podía permitir que hirieran a su rey. Como pudo, logró avanzar. El hielo se separaba cada vez más y más. Thorin se defendía como podía, pero nuevamente estaba siendo subyugado, los ataques de Azog eran demasiado fuertes y Thorin no llevaba ni espada ni escudo. Cuando se acercó lo suficiente, Kili pensó que Azog no le estaba prestando atención y que un ataque sorpresa resultaría efectivo.
Se equivocó.
Cuando estuvo a punto de propinar su estocada, Azog lo recibió con una propia, que le atravesó el cuerpo, casi partiéndolo.
¡Kili! —Gritó Thorin. Pero no le quedó tiempo para sentir la pérdida, pues Azog siguió atacándolo sin reserva. Thorin, sin embargo, pudo hacerse con el arma que portaba Kili, pero antes de proferir cualquier lamento siguió enfrascado en la cruenta batalla.
Kili quedó tendido sobre el hielo, agonizante.
«Fue sólo un sueño».
En la oscuridad a la que iba ya no podría soñar con la luz de la luna.
Tauriel...
Tauriel lo vio todo, pero no pudo ponerse de pie. Lo vio todo y ni siquiera pudo gritar. Demasiado tarde. Sólo podía sentir el ardor en sus ojos, y las palabras atrapadas en su garganta.
Nîn Meleth...
Ya no había luz ni calor. Se dejó caer abatida por un dolor que superaba a todo dolor físico experimentado hasta entonces.
«No es real».
Su dolor era real. Las lágrimas en sus mejillas también lo eran. Quería gritar, pero no podía. No sabía cómo seguía cociente, pero luego ya no supo nada más. Sus ojos se cerraron. El mundo perdió forma.
Cuando volvió a estar cociente se percató de que el cuerpo de Kili seguía en el mismo lugar. Azog no estaba por ninguna parte, y Thorin tampoco. Debieron haber terminado la pelea en otro lado, no sabía nada. No reconocía nada más allá de lo que sus ojos miraban. Era un lugar demasiado frío para alguien que había hablado de lunas de fuego.
Dolía tanto.
¡Llévatelo! —le gritó a la nada—. Si esto es amor, no lo quiero. ¡Llévatelo!
Pero era en realidad demasiado tarde, y ella lo sabía. Se acercó al cuerpo de Kili para devolverle la runa, símbolo ahora de una promesa no cumplida. La depositó en sus manos, para después juntar sus frentes nuevamente. Kili ya no le respondería, pero ella quería engañarse con un calor que ya no existía.
Iba a enterrarlo, lo supo, a honrarlo. Honraría su memoria y atesoraría su recuerdo. Aprendería a vivir con el dolor, sin importar cuantos años le tomara. Cien años eran apenas un parpadeo en la vida de un elfo, pero jamás como en ese momento lo sintió tan cierto.
Nîn Meleth —repitió, antes de besar los labios de Kili por última vez —. Sé que sabes lo que significa.
Todo había sido sólo un sueño.

Comentarios

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  2. ay!!.. qué bello, me gusta tu relato, aunque en mi mente deseo que en ninguna oportunidad muriese Kili.. triste ;C

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  3. eres muy bn así digas que no muy bn pero triste pero quisiera saber que es anclalmed

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    1. Significa lo mismo que le dijo Kili a ella (o al menos eso dice Google).

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  4. Un gran relato, mas cercano a la realidad ya que Kili muere defendiendo a su primo, pero hace la historia mas interesante que surgiera un amor así, un amor imposible, te Felicito!!!

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    1. Gracias! Por eso lo escribí así, me pareció mal que Kili no muriera defendiendo a Tauriel porque es un despropósito, o no sé xD

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  5. Me gusto mucho oie a ty no te gusto la musica donde killi y tauriel hablan de q solo es un sueño
    Yo pense q era el unico fan de el hobbit

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    1. No eres el único yo también amo a El Hobbit <3 :)

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  6. No me quedo bien claro al final que le digo Kili, debe ser algo muy importante (creo yo) por la cara que pone Tauriel, creo que si no hubiese venido Legolas quizá lo explicaban o Tauriel le respondía y así podríamos darnos cuenta que era.. Por Dios me muero como los AMO KILIEL!!!!! <3 <3 <3 :) :) :)

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  7. Milagros rodriguez12:19 a. m., julio 12, 2015

    Hubiera preferido q no muriese....pero la manera q lo relataste....fue espectacular....sobre todo por q hubo aquel momento ....real.....q todos hubieramos querido ver..... Felicidades

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  8. Tal vez ya sea tarde, pero como fan de Tolkien y todo su mundo venía a corregir el élfico.
    Las palabras son correctas, sin embargo el orden está al revés, es "meleth nin". Aún así, muy buen relato, doloroso pero bonito. Amo esta pareja<3

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  9. Excelente relato. Hace poco vi la trilogía del Hobbit y, con el respeto de la fanaticada, esta ultima trilogía me parece aun mejor que la primera, simplemente genial, diría que Jackson se supero! Respecto a Kili y Tauriel, q mal sabor el que deja ese amor no consumado, supieron trabajar eso muy bien, creo que muchos lamentamos la no consumación de ese romance, pero bueno, solo queda imaginar como pudo ser!

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