El mensajero de la oscuridad (fanfic)

La saga de El mensajero de la oscuridad, o Nightrunner, en su natal inglés, es una de mis sagas favoritas. ¡Oh, a quién engaño! Es mi saga consentida. Desde que tuve la oportunidad de toparme con ella, a saber cuántos años atrás, quedé completamente enamorada de los dos personajes principales, así como de otros secundarios. Uno de los puntos que más me encanta, es el carácter matriarcal que rige a la sociedad eskaliana, un mundo de reinas y no de reyes, un mundo en donde una mujer puede elegir la profesión que se le dé la gana sin que nadie pegue el grito al cielo por ello. Con esto no se está desprestigiando por completo el valor del hombre, simplemente nos muestran una sociedad en donde las barreras de género apenas y se notan, y esto es, dentro de todos los ámbitos del quehacer humano, incluido, por supuesto, el ámbito sexual.
Pero no estoy aquí para escribir una reseña sobre la saga (ganas no me faltan) sino a presentar un brevísimo fanfic que se me ocurrió de la nada y que escribí tan rápido como se me vino a la mente. Es una cosa sencilla. No hay spoilers ni nada parecido. Tampoco tiene título, pero ¡bah!, es lo de menos.
Nota: Las imágenes utilizadas corresponden a algunas de las ilustraciones que tan hermosamente adornan la edición japonesa de los libros. Y parece que fueron los únicos que los leyeron antes de dibujar porque la imagen de Alec y Seregil de la edición original es como... ¡No, no se parecen en nada! ¬¬
Dicho esto, espero les agrade.
De antemano, gracias por leer J

***

Todo seguía igual en la calle de la Rueda, y el sentimiento se afianzaba con cada minuto que Seregil se demoraba. Cualquiera que fuera la dama o el noble señor que auspiciara esa fiesta estaría más que molesto si los invitados de honor no se presentaban a la hora indicada. Seregil seguramente diría que eso sólo beneficiaría su entrada, les daría un aire de importancia, como si con el reciente escándalo provocado por su ya sospechada pero hasta hacía poco conocida relación no fuera más que suficiente.
Alec ya estaba bien vestido y miraba sus manos con aire ausente, recordándose en silencio que era mejor que se pusiera los guantes antes de que Seregil se lo recordara. Jamás había conseguido acostumbrarse, ni a la ropa, ni mucho menos a los modales, pero para su fortuna, la brisa otoñal cada vez más fresca que se colaba por la ventana le infundió el ánimo que necesitaba.
Alec se acercó a la ventana. Miró afuera, al jardín. Todo estaba en paz, en orden. Un nuevo soplido del viento lo distrajo, fue casi un susurro, y sin quererlo, Alec viajó en el tiempo, a esos días de cautiverio y tortura. Ya no pensaba tanto en ello y el tener a Seregil a su lado durante las noches alejaba las pesadillas, pero esa suave brisa que se colaba le recordó otra cosa, otra más especial.
Claro que recordaba el desconcierto y el miedo, la incertidumbre. Sentía todavía en su garganta la desconfianza que encontró camino hasta su corazón, y pensó en ese momento que no había tortura más grande que el que le hicieran creer que Seregil vivía cuando lo había visto morir con sus propios ojos. Pero cuando lo tocó, cuando le dijo talí, algo cambió, cuando lo recibió en sus brazos sintió tan natural la unión entre sus cuerpos, y cuando Seregil utilizó su lengua natal, el Aurénfaie, para consolarlo... A eso le recordó la brisa. El arrullo, las caricias, los dedos de Seregil en su cabello.
No recordaba las palabras con exactitud, pero sí la sensación que embargó su pecho, el valor que se apoderó de todo su ser, y el toque torpe pero certero en el momento en que unió sus labios con los de Seregil. Hasta ese entonces lo comprendió todo.
— ¿Listo, Talí? —preguntó Seregil sacándolo de su ensimismamiento. Alec se sorprendió, y cuando reparó en sus manos, notó que no llevaba puesto los guantes.
Seregil sonrió. Se acercó a Alec con disimulo, de la misma manera en que se acercó cuando Alec, buscándolo, descuidadamente había terminado en la calle de las Luces, en una casa con una linterna verde y con más atención de la que estaba acostumbrado. Y entonces tomó sus manos, y Alec estuvo a punto de protestar, pero no lo hizo. Seregil había guiado las manos de Alec hasta su rostro, y esto hizo que el muchacho esbozara una cálida sonrisa.
A Seregil le gustaban las manos de Alec, no eran las más apropiadas para un noble y de estar en una misión lo delatarían casi de inmediato. Pero en cada cicatriz, en cada aspereza, se dibujaba la historia de Alec antes de que se conocieran y después de eso también, por supuesto.
—Lo sé —estuvo a punto de defenderse, pero Seregil lo detuvo.
—No, talí, por ahora está bien así.
¿Cómo era posible? Después de Serimaius, después de sus días en cautiverio en Plenimar, de las cosas sobre su madre, sobre los Hâzadriëlfaie, sobre Sebhram, sobre todo lo demás.
—Lo sé, talí —dijo Seregil, y enseguida Alec comprendió que era el lazo que hablaba por él. El lazo del Talímenios.
—Trataba de recordar —murmuró Alec —, aquella vez, cuando...
Y entonces se detuvo, si hacía que Seregil recordara, la imagen de Nysander probablemente surgiría dentro de su cabeza, y aunque le herida ya había cicatrizado, no quería arriesgarse.
—Está bien, Alec —lo animó Seregil. Otra vez el lazo, seguramente.
—El día en que me encontraste, después de que Mardus...
—Recuerdo ese día —intervino Seregil.
—Dijiste algo, en aurénfaie, en ese momento no tenía conocimiento pleno de la lengua, y por eso las palabras no se quedaron grabadas en mi memoria, pero ahora...
— ¿Quieres saber qué fue lo que te dije, después de tanto tiempo?
Alec asintió, el rubor expandiéndose por sus mejillas, uno de sus rasgos más característicos, y una de las razones por las que Seregil se preguntaba cómo era posible que alguien que se avergonzaba tan fácilmente pudiera ser tan buen centinela.
—No dije nada en especial —contestó Seregil.
—Pero se sintió tan... —Alec llevó la mano hasta su pecho y la dejó ahí —. Tan...
— ¿Por eso me besaste?
—Sí.
— ¡Por los testículos de Bilairy, Alec! —exclamó Seregil de pronto —. Si hubiera sabido que sólo se necesitaba un poco más de aurénfaie de lo habitual para conquistarte, lo hubiera hablado hasta el cansancio.
— ¿En serio no dijiste nada en especial? —preguntó Alec, todavía avergonzado y un poco decepcionado.
—Sólo cosas como que todo estaría bien y que te sacaría de ahí sin importar lo que pasara. También... —Seregil se detuvo, respiró profundo y se obligó a ver a Alec directamente a los ojos —. Pedí disculpas.
—No fuiste culpable de nada —intervino Alec.
—Lo sé ahora —sonrió Seregil —. Así como también sé que nuestra demora ya debe estar incomodando a nuestros gentiles anfitriones.
—Pensé que te demorabas a propósito —rió Alec —. ¡Una entrada dramática!
— ¡Por supuesto! —exclamó Seregil, divertido —. Somos el plato principal de la velada, mi querido Alec. “Seregil y su joven amante” estamos dándole de que hablar a toda la nobleza eskaliana.
—En el fondo ya lo esperaban —dijo Alec.
—Así es, pero entre eso y verlo con sus propios ojos, hay una gran brecha, y ciertamente esto último alimenta más sus ánimos, ¡quiénes somos para negarles una que otra fantasía!
—La verdad es que disfrutas bastante con esto —bufó Alec.
— ¡Mucho!
Alec, sabiendo que no podían demorarse más, se puso los guantes, ofreció su mano y dijo:
—Entonces habrá que darles un buen espectáculo, ¿no es así, mi joven señor?
—Efectivamente. —Seregil dramatizó una reverencia exagerada antes de aceptar la mano de Alec —. Seguramente la multitud ya ha de estar cuestionando la ausencia de Lord Seregil de Rhímime y Sir Alec de Ivywell.
— ¡Vaya pareja! —exclamó Alec.
Seregil volvió a sonreír, haló a Alec para tenerlo cerca y así depositar un beso en sus labios.
—Vaya pareja —murmuró Seregil, mientras por dentro ya ideaba un plan para escaparse de la fiesta y regresar a la cálida seguridad de sus sábanas.

***

Comentarios

  1. Yo quiero hablar aurénfaie *-*

    Ciertamente, fue corto, pero tierno. Como siempre, amo la relación entre Alec y Seregil. Y me acuerdo de esa parte, cuando Seregil encuentra a Alec (o Alec encuentra a Seregil), y Alec piensa que no es real y lo toca y... Ah, dios. Tan hermoso, a pesar de todo lo que pasaba; siempre es tan hermoso entre ellos *-*

    Creo que sobre todo me ha gustado que cogieras esa sensación de complicidad, que hay entre ellos. Que además de amantes, sigan siendo amigos y hermanos y... Así me voy a repetir el Oráculo XD

    Gracias por el momento de recordarlos. Me hacen falta :')

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    1. Ah, es que el Oráculo, ¡tan sabio!

      Esa parte en especial me gusta mucho, creo que es de mis favoritas, es que... El reencuentro *0*

      Lo que mencionas de la complicidad... Bueno, es una de las razones por las que, a mi parecer, la pareja no cansa, digo, es una pareja con una relación tan sana (y vuelvo yo a lo de sano XD). Pudieron hacerse amantes sin sacrificar ninguna de sus otras facetas. Son multidimensionales, son... convencen pues XD

      Ya ni sé lo que digo por eso me detendré.

      Perdón por demorar en contestar, no me llegan las notificaciones al mail, veré qué pasa.

      XD

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  2. Solo puedo decir que te amo.

    Y los amo más a ellos...

    Te sigo odiando por leer manga en inglés (y sólo en inglés), pero te amo por escribir este fic... asdfg -se va a morir de felicidad-.

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    1. Oye, no es mi culpa, es que se me hizo costumbre. Ahora los mangas en español y en inglés (la traducción) van casi de la mano, es sólo que se me hacen más cómodos los sitios en inglés.

      Y qué bueno que te gustó el fanfic, esto de escribir fanfics me provoca pánico, arruinar a personajes que tanto amo definiticamente no está en mi agenda XD

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    2. Pero si es CANON, ¡TU FIC ES CANON!! -se pone en pose de Rei (?)- ¡Te amo! ¡Escribe una continuación a las novelas! *A*

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    3. Ah, esperamos que en una de esas que las esté re-leyendo (porque el valor de re-lectura de esta saga es genial), se me venga alguna idea.

      No prometo nada XD

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  3. ¡Eh, Viole, no te robes mi pose! ¿Tengo una pose, btw?
    Yo también te amo, lo sabes. Y sí, esto es canon. ¡ES CANON! Y también te amo/odio... por poder leer los libros en inglés xD

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