Haikei, Niisan-sama manga + Fanfic.


Esto debería de ser un “Confesiones de una mujer desaparecida” pero no lo será. Esta vez la entrada es sobre un manga Shonen-ai y un fanfic.
El manga en cuestión se llama “Haikei, niisan-sama” Y si ya llevan en el mundillo del anime/manga el tiempo suficiente, ya saben lo que niisan significa, así que sí, la temática de este manga es del tipo incestuoso (que sin vergüenza aceptaré que es una de mis temáticas favoritas. Ok, Mátenme XD) La trama de la historia no es nada del otro mundo, es un tema bastante tocado en el mundo del yaoi, para que vean la magnitud de la morbosidad femenina jajaja. Lo que resalta, o por lo menos lo que a mí me llamó la atención, aparte del dibujo, fue la narración.
La historia se desarrolla en verano y ciertamente la mangaka consigue sumergirnos en la cálida atmósfera veraniega. Los hermanos, Minoru (el mayor), Yutaka (el menor), tienen que distanciarse porque el mayor tiene que comenzar a hacer su vida. Por alguna razón, sin embargo, establecen este secreto pacto que dicta que únicamente se comunicarán por medio de cartas. Y así lo hacen. Y así pasa el tiempo hasta que Minoru le dice a su hermano menor que esa será la última carta que le escribirá, pero no es por nada malo, sino porque por fin regresa a casa.
No diré más para no estropearles la historia en caso que se animen a leer el manga, cuyo enlace dejo más adelante (No hago tanto spoiler en el fanfic, se los prometo, pero siempre pueden leer el manga y después volver a leer el fanfic). Aparte de esto debo informar que aún no está completo, lleva 7 capítulos, pero ya parece que se está acercando el final (lo huelo en el aire XD).
Otra cosa que debo aclarar es que el fanfic lo escribí cuando aún no salía el capítulo 7, y el capítulo 7 es bastante importante por una razón en particular, así que esto puede hacer que mi fanfic y el manga discrepen hasta cierto punto, porque yo quería un fanfic pesimista jajajaja.
Algo más: no creo que afecte el no haber leído el manga para leer este fanfic. Así que aunque es algo que escribí sin mucho pensarlo, y no es la gran cosa, espero que les proporcione unos buenos minutitos de ocio. De antemano agradezco el tiempo que siempre se toman para leerme, para comentarme, agradezco el que consideren pasar por el blog. Les estaré eternamente agradecida.
Ahora sí, aquí dejo el enlace del manga: http://www.mangago.com/read-manga/haikei_niisan_sama/
Y este es el fanfic. Espero les guste.

La última carta.
Yo sólo siento...
Siento lo bueno, lo malo; siento cómo todo esto siempre gira alrededor de ti. Porque me haces sentir bien y mal, feliz y triste, puro y sucio. Porque cuando se refiere a ti, yo sólo siento y luego soy. Tus buenos días y buenas noches marcaron alegremente el inicio y el final de cada uno de mis días. Una sola palabra tuya hacía que yo me olvidara de los demás, pero esto no impidió nunca que después me sintiera mal. Porque me dejaba llevar, porque lo que soñaba y sueño siempre es sobre ti y sobre mí.
No debió ser así.
No debí haber escrito esa primera carta. No. La verdad es que no debí dejarte. Esos ocho años nos robaron la familiaridad con la que debimos criarnos y la que delimitaría las posibilidades de nuestra relación. Ahora constantemente lucho contra esas posibilidades, me escudo detrás de los inexistentes sentimientos que hacia ti albergo como hermano. Cuando me fui dejamos de serlo y no hay manera de recuperarlo. Ahora lo sé.
¿Por qué tuvieron que ser cartas? me pregunto, porque pienso que fue esto lo que alteró nuestra percepción de la realidad y de nuestra relación. Esa manera tan personal de escribirnos nos individualizó, nos alejó del todo que constituía nuestra vida familiar y desvaneció el lazo que nos mantenía unidos convirtiéndolo poco a poco en un hilo rojo que terminó atándonos irremediablemente a una ilusión. Nos escribíamos como hermanos, pero nos leíamos como algo más. Y lo peor de todo es que, con cada carta, yo siempre busqué ese algo más.
Al inicio no lo vi de esta manera, por supuesto, la creí una situación enteramente normal. El que mi hermano menor se esforzara tanto en dibujar cada una de las letras que conformaban ese torpe pero sincero mensaje, esos sentimientos embotellados en esa lejanía que nos condenaba —sin nosotros saberlo— silenciosamente, me resultaba tan encantador, al punto que mi tranquila lectura era constantemente interrumpida por los torpes latidos de mi corazón.
Pero incluso así, hubieron muchas cosas que tus cartas no me dijeron. No me dijeron tu altura, el cambio en tu voz, la manera en que tus hombros se fueron ensanchando, tus piernas alargando. Las cartas me escondieron tu rostro cada vez más adulto, me negaron tus lágrimas y tus sonrisas. ¿Por qué fue que nunca nos enviamos fotografías o vídeos? ¿Por qué fue que nos aferramos tanto a esos trozos de papel, a esas oscuras criaturas que tan silenciosamente marchaban sobre éste? ¿Qué notó nuestro subconsciente en ese entonces? ¿Por qué demoramos tanto en percibirlo?
Yo sólo me percaté de todo esto cuando te vi. Mamá te llamó y tú bajaste al genkan[1] perezosamente, entonces me viste, tu rostro se iluminó, pero te quedaste de pie, sin decir o hacer nada. Creo que esa fue la primera vez que dudaste de mí como hermano. También fue la primera vez para mí. Porque te vi y apenas te reconocí, ya no eras más un niño. Tus ojos y mis ojos casi estaban al mismo nivel, y aún así los escondías, me los negabas, porque seguro te avergonzaste de sentir lo que sentiste, y lo sé porque yo sentí lo mismo.  
Entonces el silencio entre ambos te alentó, y te acercaste a mí, te asiste primero a mi camisa para luego, lentamente, dejar que tu frente descansara contra mi pecho. Y sé que no lo sabes, pero lo noté, noté la manera en que te aferraste al olor de mi colonia, ese olor cítrico que siempre impregnaba mis cartas. Y me encantaste aún más.
Sin embargo, esto no hizo que aceptara nada, y después de la vergüenza vino el temor, la desesperación y la impotencia. Escudaba mis acciones haciéndote creer que mi comportamiento de sobra cariñoso se debía a todos esos años en que no puede consentirte, y tú lo aceptaste de buena gana y te dejaste hacer, porque anhelabas lo mismo. Querías que yo te abrazara, que tomara tu mano, que durmiera a tu lado en las noches, que te llevara a todas partes conmigo.
Tenías tanto miedo de que yo me volviera a marchar que hacías todo lo posible para no incomodarme, y te reprimiste, resentiste tus anhelos, los escondiste y me negaste la felicidad que me otorgaría el complacértelos. Porque yo siempre he sabido que soy capaz de todo por ti, de todo excepto eso, porque la vergüenza es demasiado grande, porque te fallé como hermano mayor.
Y fue ese día precisamente el que te fallé como nunca antes. Caíste con fiebre, y vi tu decepción cuando supiste que en tu estado no serías capaz de acompañarme al festival de esa noche, pero te hiciste le fuerte, te desligaste de tu felicidad y me obligaste a ir al festival con la promesa de que te traería una manzana acaramelada. Pero ni las luces ni los colores, ni la alegría y el olor a comida, me retuvieron, entonces regresé a casa con tan solo una manzana en la mano.

Te encontré descansando sobre el futón[2], tus mejillas enrojecidas por la fiebre, tu frente sudorosa... Me asomé a la ventana, la manzana todavía en mi mano, mientras afuera, los fuegos artificiales lo iluminaban todo. Habría querido ver eso contigo.
Entonces despertaste, balbuceaste un poco, me dijiste que querías tu manzana acaramelada y yo la acerqué a tus labios, pero fui inútil, débil como estabas no pudiste morderla. Por eso lo hice por ti, el duro caramelo crujió entre mis dientes y aferré su sabor en mis labios, para transportarlo a los tuyos...
Te besé.

Te besé y supe que ya no había solución, y rogué porque tu fiebre fuera lo suficientemente intensa como para que te impidiera comprender mi extraña acción. Pero me pediste más y supe instantáneamente que no te referías a la manzana. Así la dejé olvidada a un lado y nuevamente uní mis labios con los tuyos mientras, poco a poco, me hacía espacio sobre ti, porque en ese pequeño futón, no había más espacio para mí que ese.
Esa noche me olvidé de todo, de las cartas, de mamá y papá, de ti como hermano y te besé sin culpas. La torpe manera en que me respondiste, la forma en que tus brazos se aferraron a mi nuca, como tu respiración, pesada por la fiebre, entorpeció los dulces jadeos que de tus labios se escaparon. Me perdí, y de no haber estado enfermo, te habría tomado allí, sin remordimiento, porque nunca nada se había sentido tan bien en la vida como tus labios afiebrados aferrándose a los míos.
Esa mañana, al despertar y verte dormido, sentí ganas de llorar. No pensé en nada más que en mi traición hacía ti, te dejé en el futón y me alejé.
El resto del día me inventé una y mil tareas para evitarte; tus miradas furtivas, tu cuerpo apenas cubierto por alguna puerta a medio correr, espiándome en secreto, buscándome incansablemente; la expresión en tu rostro que decía que esperabas una señal de mi parte, un pequeño gesto que confirmara lo ocurrido la noche anterior pero, ¿cómo podía darte yo eso? Hacerlo sería condenarte, ahogarte en mis culpas y deseos. Yo, al ser el mayor, tenía toda la obligación de fijar los límites y así lo hice, porque sabía que tú harías todo mientras yo te lo permitiera. Entendí que esa era tu manera de demostrarme tu amor.
Yo sólo huí, lo hice porque el saberte participe de mis sentimientos —y el corresponderlos— me martirizó hasta el punto de superar el umbral del dolor. Tus sentimientos tan anhelantemente esperados, me sofocaron. Y no pude más. Necesitábamos hablar, y ese día, cuando cada uno de nosotros regresó a casa, lo hicimos.
Los futones estaban estirados sobre el tatami[3], tú buscaste acomodarte sobre el tuyo mientras yo intentaba comenzar la conversación, pero no pude, no encontré manera de abordar ese tema que tanto nos preocupaba sin sentir culpa, así que sólo te lo dije, te dije que me iría de casa, que lo de la otra noche jamás se volvería a repetir, que seguiríamos siendo solo hermanos, y aún más doloroso que todo esto, te dije que ya no habría más cartas para ti.

Lo comprendiste tan bien que no supe qué más hacer. Miré al techo pensando que encima de mí se encontraba algún artefacto invisible que me oprimía con tanta fuerza el pecho que me dificultaba la respiración. Pero no había nada allí, sólo una lámpara apagada, y el aire que tan desesperadamente trataba de inhalar.
Entonces unas palabras quedas, pausadas y temerosos se escaparon de tus labios y el tiempo para mí se detuvo:
— ¿Podemos comenzar mañana?
Y te pasaste a mi futón, trataste de abrazarme y yo te lo impedí tomando tu mano, apretándola como si creyera que no eras más que un maniquí sin sensaciones. Pero tu calor corporal me negó todo esto, y apreté tu mano incluso con más fuerza, al punto de hacerte el dolor suficiente para que dejaras escapar un pequeño jadeo, y ese fue el sonido corto y apenas audible que desencadenó todo. Y te halé hacía mí, te abracé. Tus ojos y los míos por fin se encontraron al mismo nivel y esta vez no me los negaste. Así como tampoco me negaste tus labios, tus brazos, tus manos y el resto de tu cuerpo.
Nunca en mi vida había besado a nadie de esa manera, nunca había abrazado a nadie de esa manera, nunca en mi vida había querido a nadie de esa manera. Siempre fuiste el primero para mí en todo, y ahora tenía que renunciar a todo eso que tan placenteramente me entregabas. ¿Cómo sería posible?
Esa mañana despertamos juntos. Pero antes que abrieras del todo los ojos, te robé un último beso. Fue un robo en el que me jugué todo el coraje y determinación que me quedaban, después de eso ya no fui capaz de nada sin importar que tanto lo anhelara.
Me fui de casa y esta vez no lloraste, no armaste el berrinche que hiciste de pequeño, sólo te acercaste a mí, me abrazaste y nuevamente noté como te aferraste al aroma de mi colonia, y así, cuando estabas a punto de soltarme simplemente murmuraste:
—Te amo.
En el tren que me guiaba a mi nuevo hogar, lloré como jamás en mi vida. Mil veces tuve que contenerme, porque con cada parada que el tren hacía, las ganas de bajarme y regresar contigo fueron inmensas. Antes las cartas me habían servido de consuelo, pero ya no había manera de que, después de lo ocurrido, conscientemente siguiéramos jugando a los amantes separados. Yo ya no vería tus dulces garabatos, y tú ya no te consolarías con el cítrico aroma de mi loción. Estábamos separados, seguimos separados, y no creo tener el valor suficiente para cambiar esto.
Te escribo, después de tantos años, porque hay una cosa que no he podido sacarme de encima, sólo quiero disculparme por no haberte sabido responder en su momento, así que cobardemente lo haré ahora, temiendo y a la vez anhelando las consecuencias de esta disculpa, sabiéndote lo suficientemente mayor para tomar una decisión. Supongo que sólo debo decirlo y esperar, esperar que tus sentimientos sean iguales al mismo tiempo que deseo que hayan cambiado, porque como ya dije soy un cobarde y lo siento, lo siento mucho, pero yo también te amo. Tu ausencia y la distancia en lugar de reformar estos sentimientos los han fortalecido, al final no fueron las cartas mensuales o imaginarte afuera esperando al cartero, esta vez simplemente fuiste tú, quizá siempre fuiste solo tú, y yo lo siento, en serio lo siento, porque esto quiere decir que el que estuvo mal desde el inicio siempre fui yo, y que en verdad jamás siquiera me esforcé para evitarlo.
Lo siento tanto. Te amo, y no quiero hacerte daño, por eso, por favor dime, Yutaka, ¿qué debo hacer?

Tuyo siempre.
Minoru.

___
Espero les haya gustado. Esperaré su opinión al respecto. Y denle una oportunidad al manga, que no importa qué tan cliché suene, al final lo verdaderamente atrayente es su narración, su atmósfera, su tiempo.
Espero nos leamos pronto.
Saludos J

PD: Por cierto, esta misma mangaka tiene una colección de oneshot llamado Cello Mellow, también se los recomiendo.




[1] Espacio de entrada de las casas japonesas que sirve para quitarse los zapatos, pues se debe entrar siempre descalzo en ellas.
[2]  Colchoneta plegable que se pone en un tatami o directamente sobre el suelo y se usa como cama.
[3] Tapiz acolchado sobre el que se ejecutan algunos deportes, como el yudo o el kárate.

Comentarios

  1. :O

    Y que leo toooodo y me agrada (e___e)

    no soy muy fan del yaoi y todo eso pero me gustó tu relato xD

    Sale... parece que renovaste el estilo del blog (el look pues), no me acuerdo si ya lo había visto antes pero igual digo que se ve genial :P

    Saludos!

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    1. Sí, lo renové, y ya lo volví a renovar. Mátame. Y ya verás que de tanto visitar mi blog te terminará gustando el Yaoi. Lo sé :3 jajajaja

      Saludos.

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  2. ame tu manera de escribir y de envolverte en el manga (ya había leido el manga con anterioridad hasta el episodio 8) es muy lindo el manga y la mangaka es increíble ademas amo el yaoi tmb jajaja XD

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    1. Ya salió el 9! (Perdón por la demora en la respuesta? Y hay Raw hasta el final, aparentemente sólo serán 11 capítulos, lo que me resulta una injusticia.

      Un manga muy lindo, de verdad.

      Saludos.

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  3. tu escritura clara y muy atrayente e imposible de dejar de leer. me gusta ese manga. de hecho lo leo muchos sobre todo de yaoi. a veces le saco la vuela a los fanfics pero este supero mi gusto y me encanto :3

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    1. Pues a mí también me encanta el yaoi :3 Y este manga me gustó en particular por la forma en que lleva la relación de los dos hermanos. No sé, así se me hace más realista que en otros mangas de la misma temática que he leído. Y la atmósfera que logra crear la mangaka es en verdad atrapante.

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  4. El Fanfic me encanto TT^TT es muy triste, pero al final el mayor se da cuenta qe lo ama no importa qe :3
    el manga no sabes donde lo puedo encontrar completo en español??
    porqe solo encontre el primer capitulo :(
    si me pudieras decir te lo agradeceria mucho :3

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  5. :D Tengo una sonrisa de par en par ,realmente la historia es de la temática que mas me gusta XD y creo que lo voy a buscar lo mas rápido posible, muchas gracias !!!

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  6. tu fanfic, me encanto :3
    etto...sabes donde puedo encontrar el manga completo en español???? -.-

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  7. es hermoso! sabe alguien donde conseguirlo en español completo?

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  8. ¡¡Por el amor del cielo!! Muy bueno, tu fanfic es uno de los más hermosos que he leído en mi vida, realmente, lo he amado, es muy hermoso y en cierta forma triste, pero eso le da algo más de encanto. Crearé un archivo y lo llevaré conmigo para leerlo. Es bellisimo. :3 Saludos!

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. No soy fan de los fanfic pero de algún modo me leí todo y lo ame, es tan hermoso y triste al mismo tiempo que parece como si el mismo lo estuviera escribiendo realmente lo describe muy bien 7u7 sigue así <3

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  11. Hola... me encanto tu blog.. mas la recomendacion de Haikei Niisan- Sama. pero no puedo encontrar despues del capitulo 4. me gustaria saber en donde leerlo o descargarlo..... casi me arranco los cabellos por que ya tarde buscandolo y solo lo encuentro en ingles y tal parece que esta buenisimo... bueno espero y me ayudes... <>
    SALUDOS :)

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