LFDI Capítulo 20: Supervivencia.

Hola a todas y todos. Hacía pero mucho, mucho tiempo que no actualizaba esta historia, por lo cual me disculpo de todo corazón, es que últimamente he andado muy lenta.
¿En dónde se había quedad? En que Amira estaba siendo entrenada por Joel, Eliel había llegado a un lugar misterioso en donde se había encontrado al mismísimo Lucifer. Tamiel estaba desaparecida y Azazel había sido derrotado por Amira.
Espero no hayan perdido mucho el hilo de la historia, pero de ser así, ya saben dónde encontrar los capítulos anteriores ;)

Ahora, sin más, el capítulo 20. (Por cierto, el 21 ya va por la mitad).



Capítulo 20: Supervivencia.

No podía dormir. Las revelaciones que sufría mientras lo hacía, se habían convertido en una carga que ya no estaba dispuesta a seguir soportando, además, de esta manera evitaba encuentros indeseados. Los últimos sueños que había sufrido habían sido una mezcla enfermiza de días pasados, presentes y futuros. Por un momento creyó perderse en ese errático correr del tiempo, pero supo encontrar el camino a la realidad.
Dejó, entonces, que sus tareas la absorbieran. Joel seguía entrenando con ella, le decía qué hacer, qué no hacer, cómo saborear el perfecto flujo de la vida, cómo manipular la naturaleza, cómo ignorar esa incomodidad que con demasiada frecuencia atormentaba su cuerpo; sus sentimientos, sus miedos… Iba creciendo, no lo dudaba, veía a su yo del pasado y se preguntaba quién demonios era esa chica débil y sumisa que, sin oposición alguna, cumplía los deseos de sus padres con tal de no incomodarlos. Ahora era independiente. Podía luchar, valerse por sí misma, ¡al fin era fuerte! Nadie volvería a meterse con ella, nadie la humillaría o intentaría arrebatarle la dignidad. Estaba lista para todo.
Estaba lista y Azazel lo sabía. El orgullo es algo muy frágil, y difícilmente se recupera después de recibir cualquier clase de humillación. Y la humillación que Azazel había sufrido sobrepasaba con creces todas aquellas recibidas en el pasado. El ardor de su ira quemaba sus entrañas y las revolvía y amasaba provocando un dolor tan intenso que corroía todo cuanto se atravesaba en su camino. Su ira era tal que la mismísima Lior se vio obligada a guardar la distancia para no salir perjudicada. Pero lo que más temía la mujer, era que su amo se negara a aceptar la derrota, se negara aceptar que tenía miedo, y que sus sospechas bien podían ser ciertas.
— ¡Es imposible, Lior, y lo sabes! —espetó Azazel con furia. El cuerpo que habitaba aun se encontraba mancillado por el reciente enfrentamiento.
—Tamiel está con ella, y el otro demonio la está entrenando. Los poderes que desplegó durante la batalla no son aquellos de un hechicero, como pensé en un inicio, esa niña… sus poderes. Los rayos no son algo fácilmente manipulable, incluso para mí…
— ¡Lo sé! —gritó exasperado, pero dentro de esa ira fácilmente podía apreciarse algo de temor —. Sólo él… Lucifer.
—Mi señor…
—Lucifer no es más que un niño indefenso e inútil —prosiguió Azazel sin importar lo que Lior tuviera que decir —. Aceptó el castigo impuesto de la misma manera que lo haría un hijo obediente y ¿para qué? Ahora yace encerrado y olvidado en los lugares más oscuros del infierno, dejando que el tiempo pase sin preocuparse de nada, sin importarle la clase de torturas que los demás sufrimos debido a él, debido a esa devoción ciega que alguna vez le profesamos. Sin embargo, jamás vio nuestro sacrificio, para él sólo existe Eva, y lo que hace o no hace en este mundo y en todos los que habita es por ella y sólo ella. El señor de los Caídos intercede únicamente a favor de una insípida humana. ¡Es ridículo y humillante!
—Sin embargo, esa niña…
— ¡Esa es otra estúpida humana que cree que puede hacer con el mundo cuanto se le antoje! —estalló el demonio haciendo que su voz resonara cual rugido. Lior retrocedió, temerosa, los arrebatos de ira de Azazel era algo que se había salido totalmente de sus manos —. Seguro creerá que con lo que me hizo no volveré a acercarme a ella, pero yo conozco su debilidad, conozco el temor que dentro de su corazón alberga por este cuerpo… —Llevó sus manos frente a su rostro y lo palpó, luego fue descendiendo lentamente, acariciando ese cuerpo que había robado y que llevaba como si no fuera más que una túnica—. Sufrirá todo cuanto más teme.
—Pero si esa niña es quien creemos que es —intervino la anciana —, entonces Lucifer…
— ¿Lucifer? ¡Jáh! ¿No me has escuchado? ¡No le temo a Lucifer! No puedo guardarle temor alguno a un cobarde que pasa sus días encerrado, cumpliendo una condena que no merece pero que igual acepta como justa.
Lior simplemente asintió con un delicado y apenas perceptible movimiento de cabeza, y aunque muy en el fondo estaba segura de que el temor que Azazel le guardaba a Lucifer era enorme, jamás diría algo al respecto. Después de todo, el amor que sentía por su amo sólo era superado por el infinito temor que éste le provocaba. No estaba loca, ya había vivido muchos años y no iba a arriesgar su vida por semejantes indiscreciones.


—Tamiel estará muy orgullosa de ti —jadeó Joel. El cuerpo del demonio estaba muy lastimado, tenía moratones prácticamente en cada centímetro de su piel y la sangre manaba libremente desde las heridas en su espalda, estómago y brazos.
—No es algo que me importe —contestó Amira con una sonrisa en el rostro. A diferencia de Joel, a Amira se le veía impecable: una que otra arruga en el vestido que usaba era lo único que delataba el esfuerzo físico del que recién había formado parte. Se acercó a Joel y después sonreírle petulantemente, lo abrazó —. Vamos a ver si puedo sanarte.
Era otra de las varias habilidades que había aprendido. No la dominaba a voluntad, pero cuando descubrió que podía sanarse a sí misma, comenzó a intentarlo con los demás. Exigía, por alguna razón, mucho más esfuerzo que la invocación de rayos, sin embargo, la encontró una habilidad ventajosa, y por tanto quería sacarle tanto provecho como fuera posible.
—Lo siento —se disculpó.
—Está bien —contestó Joel y en cuestión de segundos regresó su cuerpo a su estado normal y se alejó de Amira rápidamente. Últimamente huía de su cercanía, o de cualquier contacto físico que él considerara inapropiado.
— ¿Me tienes miedo? —preguntó Amira casi con galantería. Encontraba la situación divertida pero sabía que, de seguir así, terminaría hartándose.
—No es miedo, es precaución.
—No te lastimaré, no… —Comenzó a molestarse. El súbito cambio en el comportamiento de Joel hacia con ella se dio desde ese día, desde ese extraño sueño en donde había visto cosas que después lamentó haber presenciado y mucho más, comentado —. No soy la mujer, la puerta, el arma, ni la voluntad de tu señor —comentó con seriedad —, puedes ir olvidándote de esas cosas.
—Lo haré cuando tú te olvides de Eliel —sonrió el demonio con picardía, pensando que su comentario descolocaría Amira, y así fue. Amira lo miró como con rencor, una mirada que con un poco más de esfuerzo despediría un odio brutal y terriblemente insoportable. Sin embargo, se obligó a ignorar el comentario de Joel, y se alejó lo más que pudo.

Encontraba fascinante el jardín de la casa de Tamiel y el pequeño café al cual había nombrado «Las Flores del Infierno», encontraba encantador que las personas entraran al lugar sin conocer y sin siquiera sospechar la verdadera naturaleza de la propietaria, y que había algo más que hojas de té en esas bebidas que tanto los relajaba, pero sobre todo, adoraba pasearse por el lugar y notar cómo era completamente ignorada, así como cuando vivía con sus padres, cuando asistía a esa estúpida institución católica, en resumen, como era tratada antes de conocer a Eliel.
Después del sueño pensó mucho en Eliel. Trató de imaginar, puesto que era lo único que se sentía capaz de hacer, en dónde podía estar el demonio. Le dolía recordar lo mucho que lo había visto sufrir, como había visto su piel tan blanca que se fundía con la nieve y se hacían uno mismo. Le pareció, por un brevísimo momento, haber escuchado su nombre, pero después de un rato, todo había perdido sentido.
Se metió bajo el agua fría de la ducha. Sintió, extrañamente, como su cuerpo ardía. Una rara sensación se formó en su vientre y se extendió hasta lo más profundo de su ser, como si sus entrañas ardieran también. No supo a qué atribuírselo y menos aún, cómo controlarlo. Trató de calmarse, pero las punzadas que sentía en su vientre se hacían cada vez más potentes y dolorosas, como si alguien se abriera camino desde dentro, rompiéndola por completo sin miramiento alguno.
Cayó de rodillas al suelo, gateó un poco para intentar salir de la ducha, pero no pudo. Se volteó tratando de encontrar algo de dónde sujetarse, y fue hasta ese entonces que notó la sangre. Manaba de entre sus piernas por borbotones y cargaba consigo coágulos negruzcos de diferentes tamaños. Luego escuchó un gemido, uno aterrador y doloroso. Llevó las manos contra su garganta pensando que de allí se había escapado, pero de pronto sintió como si algo reptara dentro de ella. Cerró los ojos, el dolor la obligó a hacerlo. Vio nieve, mucha, todo estaba cubierto por ella. Entonces notó una silueta, y como si ya no se encontrara en el baño, extendió la mano…
—Eliel…
—No —le contestó esa tan familiar voz —, no soy él.
— ¿Por qué me haces esto? —inquirió Amira casi al borde de la inconsciencia.
—Porque no puedo permitir que eso siga habitando dentro de ti.
— ¿Qué…?
El dolor se intensificó. De pronto estaba de vuelta en el cuarto de baño, pero sentía como si en su cuerpo se adhirieran diminutos copos de nieves proporcionándole pequeños pero molestos piquetes que enfriaban su piel poco a poco.
Con temor, volvió a ver entre sus piernas, la sangre seguía brotando y no parecía haber manera de detenerla, a ese paso moriría en cuestión de minutos. Quiso gritar, pero nada salió de su garganta, llevó ambas manos hasta su cuello y lo apretó con rabia, como si intentara quitarse la vida, y fue tanta la presión que ejerció que, enseguida, todo se oscureció.
Cuando despertó, Tamiel estaba a su lado, de igual manera Joel, y otra persona que apenas pudo notar.
— ¿Qué me pasó? —inquirió todavía muy adolorida, quiso reincorporarse sobre la cama, pero enseguida Joel se lo prohibió.
—No estoy segura —contestó Tamiel. Joel no mostraba en su rostro otra cosa diferente al asombro.
— ¡Adivina! —espetó Amira, molesta.
Tamiel la ignoró por completo y, sin decir palabra alguna, salió de la habitación seguida por la misteriosa persona que Amira había visto al despertar, y esta vez sólo fue capaz de notar su prominente vientre.
—Estás viva de milagro —comentó Joel acercando una silla para sentarse.
— ¿Salió algo de mí?
— ¿Tuviste sexo con Eliel, o me equivoco?
Amira tocó su vientre, algo cruzó su mente con preocupante lucidez pero pronto supo que nada de eso podía ser posible, habían pasado tantos meses, y su vientre jamás se abultó. Palpó esa área de su cuerpo y sintió un dolor punzante. Levantó la mirada sólo para encontrarse con los ojos verdes de Joel que seguían viéndola con preocupación.
—Es posible —agregó el demonio —. Quizá lo que estaba dentro de ti murió antes de desarrollarse, es normal en este tipo de uniones. Además, has estado entrenando tanto y has llevado tus fuerzas al límite que el que sufrieras un aborto no resultaría extraño.
—Pero, ha pasado tanto tiempo, es imposible —afirmó Amira muy segura de sus palabras, de haber cargado algún tipo de vida dentro de ella, sin duda alguna habría sido capaz de sentirla —. No fue un aborto ni nada parecido —sentenció indignada de que los demás creyeran que tal cosa en realidad había ocurrido.
No esperó a que Joel hablara, se levantó de la cama y caminó lentamente hasta la puerta. Cada pisada suponía un esfuerzo terrible y le provocaba una agonía inexplicable.
—No había nada dentro de mí —dijo ahora con menos seguridad —. ¡No había nada dentro de mí! —exclamó dolorosamente.
Joel se acercó a ella. La tomó de la mano y con cuidado, la guió hasta una de las habitaciones contiguas. Amira entró y enseguida notó una especie de olor putrefacto que revolvió su estómago.
En el centro de la habitación había una mesa pequeña pero alta, Amira se acercó al notar el extraño frasco que descansaba sobre ésta. Algo había dentro del recipiente, algo similar a una masa negruzca y de aspecto geloso y que parecía ser lo que emanaba tan asqueroso olor. Sus entrañas se estremecieron al ser víctima de un indeseado presentimiento.
—Así es —confirmó Joel.
Amira se dobló y vomitó violentamente. Incapaz de seguir sosteniendo su cuerpo, cayó sobre su propio vómito, y entre arcada y arcada, no pudo evitar llorar de impotencia. ¿Por qué seguían sucediéndoles cosas tan espantosas? En ese momento volvió a sentir dolor en su vientre. Temerosa, buscó a Joel, y extendió su mano para que éste la socorriera.
El demonio llegó hasta ella, besó su frente para después cargarla en sus brazos.
—No quiero estar aquí —sollozó inconsolable —. ¡Sácame de aquí!
—Amira —susurró Joel con dolor —, ¿a dónde debo llevarte?
—Llévame a donde la vida no pese tanto.
—No existe tal lugar, Amira —dijo el demonio con pesar.
—Se supone que tampoco existo, se supone que soy Eva, que Amira jamás existió —masculló cansada.
Lastimosamente, Tamiel no permitió que Amira dejara el lugar, así que no le quedó más que descansar en su habitación, esforzándose lo máximo posible para dormir, pero cada vez que cerraba los ojos, soñaba con la deforme masa que yacía encerrada en aquel frasco de cristal apenas a unos metros de donde ella se encontraba, y todo en su interior se revolvía.
Seguía sin poder creerlo. Estaba más que segura que sería capaz de sentir cualquiera cosa que habitara dentro de ella. De haber quedado embarazada, entonces lo habría sabido. Entonces recordó que se había pasado todo el tiempo entrenando, que se había sentido tan maravillada con los nuevos poderes que iba adquiriendo, y que cada vez que su cuerpo se sentía diferente atribuía tal hecho al duro esfuerzo físico que realizaba diariamente.
Deslizó su mano bajó las sábanas, y palpó suavemente la tersa piel de su vientre.
—Eliel —susurró.
Intentó normalizar su respiración. Los latidos de su corazón poco a poco fueron recuperando su ritmo habitual, su piel ya no se sentía tan fría y su estómago por fin parecía estar en calma. Dejó que la oscuridad la absorbiera, se introdujo en ella y permitió que ésta la transportara.
Eva estaba embarazada, podía ver su vientre abultado, lo sentía como suyo, pero había algo diferente. Algo no terminaba de cuadrar, el paisaje no era el mismo y Lucifer no estaba con ella. Amira enseguida supuso que el hijo que Eva cargaba dentro de sí era de Adán, pero había algo que le impedía creerlo del todo. Segundos después se vio a sí misma siendo presa de un dolor punzante que se extendía por todo su cuerpo, cayó al suelo, y sin siquiera saber que hacía, abrió las piernas.
El dolor le resultó familiar. Algo comenzó a reptar dentro de ella, la rasgaba con desesperación, como alguien que a toda costa lucha por su libertad. Lo que vio después, fue algo demasiado parecido a lo que estaba encerrado en el frasco de cristal. De pronto, incapaz de mantener su vista en la extraña criatura, el paisaje cambió. Ahora Lucifer estaba con ella, y lo que más sorprendió a Amira fueron las lágrimas que despedían los astutos ojos del ángel caído.
—Seth no fue su primera hija —se dijo Amira a sí misma. Y cuando los ojos de Lucifer se clavaron en los suyos, despertó abruptamente. Sin embargo, volvió a cerrar los ojos. Centró toda su atención en el nevado paraje en el que había visto a Eliel y a Lucifer. Así, lo que a primera instancia parecía un sueño, comenzó a materializarse: los copos de nieves impactaban contra su piel, se derretían y se deslizaban por ésta con pavorosa velocidad.
A diferencia de cuando se encontraba en la tierra que escuchaba todo, porque todo poseía una vida, allí no escuchaba ni sentía nada. Nada tenía vida, pero nada estaba muerto. Un sendero apareció ante ella y no dudó en seguirlo, pero una vez se dispuso a caminar, notó que no parecía avanzar en absoluto. Se detuvo para recuperar el aliento. Su cuerpo se sentía más pesado con el pasar del tiempo, le faltaba el aire, sus dedos de manos y pies se habían entumecido, su garganta estaba seca, su piel fría. No obstante, se obligó a seguir, sabía que allí lo encontraría, y quería pedirle de una vez por todas que la dejara en paz. Después de hacer eso, se iría, dejaría a Tamiel y a Joel, se olvidaría de Eliel y viviría en paz hasta que la muerte le reclamara su vida. Ya no importaba ser fuerte o ser diferente, sólo le importaba vivir en paz, no soportaría ninguna otra calamidad, ya estaba cansada.
Ensimismada, no supo si lo que escuchó de repente fue la auténtica carcajada de un niño o una jugarreta de su propia mente. Caminó un poco más y aguzó el oído, allí estaba otra vez, un niño reía.
Con sigilo se salió del sendero y se adentró a lo que parecía ser un bosque de pinos altos y frondosos, fue entonces que lo vio, un niño correteaba sin cesar alrededor de lo que parecía ser un bulto de nieve. El pequeño era hermoso, pero algo había en su sonrisa y su mirada que a Amira enseguida le provocó un extraño presentimiento.
—Hola —saludó con delicadeza. El niño se detuvo y la quedó viendo.
— ¡Madre! —exclamó con auténtica felicidad —. Mi señor la ha estado esperando. Venga, la llevaré con él.
El niño se acercó con respeto, sus palabras y sus gestos eran bastantes corteses.
— ¿Qué es eso? —preguntó Amira al tiempo que señalaba el extraño bulto.
—Nada —contestó el pequeño, sonriente.
— ¿Qué hay debajo de la nieve?
—Nada —repitió el niño.
— ¡No mientas! —estalló Amira, impaciente. El pequeño, asustado, desapareció.
Amira aprovechó su ausencia para acercarse al bulto. Se arrodilló y, con sus manos desnudas, comenzó a escarbar en la nieve. Pronto sus manos tocaron algo, no estaba tan frío así sus manos entumidas agradecieron el contacto casi enseguida, pero Amira siguió cavando. Lo que encontró después se llevó consigo cualquier duda que albergaba en su interior.
—Eliel —masculló, sorprendida, pero una vez superado el asombro se esforzó un poco más para poder sacar al demonio de su blanquecino y frío sepelio. Cuando lo consiguió, lo acunó en sus brazos casi maternalmente, y dijo su nombre hasta que su garganta se fatigó por completo.
Pero Eliel no despertaba. Su piel había adquirido el mismo tono de la nieve y su cabello, antes más oscuro que la misma noche, ahora era del color de la plata. Lo sacudió insistentemente, pero pronto también sus brazos se vieron víctimas de la fatiga. Descansó su frente sobre la del demonio mientras sus lágrimas se adherían a sus mejillas.
— ¿Qué sería de mí, si dejo que mueras en este lugar?
Lucifer caminaba con libertad, el pequeño estaba a su lado.
—Perdón si te hice sufrir —agregó —, pero no podía permitir que semejante inmundicia permaneciera en tu interior. Ahora mismo me resulta terriblemente angustiante el ver cómo, con tu último suspiro, te aferras a tan insignificante criatura. Ven a mí —ordenó, extendió su mano, su piel morena contrastaba enormemente con el blanco paisaje, y sus ojos parecían contener toda la inmensidad del universo.
Amira no se podía mover, sus ojos apenas captaban la silueta del ángel que con tanta autoridad le hablaba.
—Lucifer —jadeó dolorosamente, sin soltar en ningún momento el cuerpo de Eliel.
—Tu cuerpo exuda debilidad y agonía, déjame sacarte de aquí.
—No —masculló Amira al borde de la inconsciencia.
—Tan necia como siempre —sonrió Lucifer. Se acercó a Amira y, tomándola por los hombros, la levantó y la cargó.
Amira quiso soltarse, pero apenas y tenía fuerza para respirar. Sí podía notar el calor que emanaba el cuerpo de Lucifer. Levantó la mirada y al ver el rostro del ángel caído, algo dentro de ella se agitó. Su pecho parecía convulsionar, los latidos de su corazón amenazaban con ensordecerla. Era ridículo.
—La Eva en ti me reconoce, ¿lo sientes?
No, no lo sentía, no podía ser eso. Amira cerró los ojos, intentó pensar en su habitación, en su casa, en su padre, en algo que la atara de una vez y para siempre al mundo al que ella pertenecía, pero no había más nada que niebla y dolor.
—Quiero regresar —alcanzó a susurrar.
—Regresarás —contestó Lucifer —. Y me llevarás contigo.
Ella se agitó, intentó liberarse, pero no pudo, ni siquiera pudo mirar el cuerpo de Eliel que yacía prácticamente sin vida, en el suelo, cubierto de nieve.
—No...
—Sí.
Las palabras de Joel impactaron su mente con fuerza descomunal: la mujer, la puerta, el arma y la voluntad... No, ella no era nada de eso.
—Prefiero morir —dijo ahora con más fuerza.
—No lo permitiré, no otra vez.
El pecho comenzaba a pesarle con más intensidad, casi la sofocaba. Con mucho esfuerzo levantó su mano y la llevó hasta el rostro de Lucifer. Sintió delicadeza en la piel morena del demonio, y también calor, pero notó como si por dentro estuviera vacío. ¿Por qué?
—Quiero regresar —repitió Amira.
—Lo harás, y yo contigo —agregó Lucifer —. Los lazos que te atan a mí ya no permanecen ocultos. El mundo lo sabe, sabe quién eres y qué puedes hacer. Vendrán a ti de muchas partes, unos para adorarte, otros para intentar arrebatarte la vida, porque eres la puerta, y sin ti yo no puedo entrar a ese mundo.
—No sé hacer tal cosa...
—Ya lo hiciste —interrumpió —. Estás aquí, y era lo único que debías hacer.
—Entonces...
No fue ella quién hizo que Eliel desapareciera, ahora lo entendía, y fue precisamente por esto que después, aunque había parecido más una visión o alucinación que un encuentro real, se había topado con Lucifer. Si alguna vez alguien creyó que Lucifer no servía de nada, encerrado y atado como estaba, cumpliendo su condena en el olvido, impotente; estaba muy equivocado. Aun desde el infierno, Lucifer había estado halando los hilos, y probablemente todo lo que había pasado en la vida de Amira, había sido así porque Lucifer seguramente lo había querido de esta manera.
—Todo es una ilusión —se dijo a sí misma. Las visiones que había tenido de Eva y Lucifer comenzaron a derrumbarse, ¿cuánto de eso había sido cierto, cuánto mentira, cuánto ambos? Era un ir y venir. En el momento en que más a gusto se sentía consigo misma, todo volvía a desmoronarse, como si el universo mismo se encargara de obligarla a aceptar la posición que tenía en todo el asunto. No quería, pero entre más lo intentaba, más convencida quedaba de que su papel en ese drama desarrollado entre los Caídos y su odio hacía el Creador, no era más que el de hacer que el más grande de ellos retomara su poder sobre el mundo.
Quizá Lucifer, después de todo, si era el malo de la historia. Tal vez había engañado a Eva, la había manipulado cuando fue consciente del poder que ella podía llegar a desarrollar, y probablemente el plan maestro se desarrolló por sí sólo, porque los humanos son estúpidos y fácilmente manipulables. ¿Cuántas veces había escuchado esto, pensado esto, creído esto? Ya era demasiado tarde.
Era tarde y ningún poder tenía en ese mundo. Ya respiraba con más facilidad, incluso sus extremidades ya no se sentían pesadas, pero esto de nada ayudaba, no ante Lucifer, no sabiendo que Eliel probablemente yacía muerto a sus pies. Aunque de ser este el caso, se dijo Amira, haría todo lo posible para sacarlo de allí.
—Regresaremos —dijo al fin, aunque no tenía ni la menor idea de cómo haría tal cosa —, pero Eliel viene con nosotros.
—No veo que este demonio sea de más utilidad —dijo Lucifer con frialdad.
— ¡Igual viene con nosotros! —espetó Amira y en ese mismo instante fue capaz de liberarse —. Lo tomas o lo dejas.
El niño detrás de Lucifer rió.
—Está bien —aceptó Lucifer.
— ¿Qué tengo que hacer?
—Lo mismo que hiciste para venir aquí.
Amira cerró los ojos, ¿cómo había conseguido tal cosa? Había pensado mucho en Eliel, a tal grado que fue lo único que tuvo cabida dentro de su cabeza durante varios minutos, tan grande era su deseo de verlo que esto automáticamente le otorgó el boleto de ida, ¿pero cómo haría para conseguir el de regreso? ¿Qué había en el mundo real que fuera lo suficientemente poderoso como para sujetarse de él? Nada. ¿Joel? Lo quería, pero no, no tanto. Tampoco Tamiel, ni su padre, no, no podía ni siquiera pensar en su padre.
—Cielo —susurró.
Intentó visualizar a la niña de cabello rojos y rostro pecoso. Le costó varios minutos localizarla, pero la niña por fin le contestó. Por un segundo fue capaz de verla: sonriente, alegre, pero como siempre, solitaria. Amira dijo su nombre y Cielo enseguida le contestó.
—Madre —dijo Cielo desde muy lejos. Amira por poco pierde el fino hilo que las mantenía juntas, pero la niña volvió a hablar, y el mundo real comenzó a dibujarse frente a ella como una acuarela tomando forma y expandiéndose infinitamente.
Amira miró el suelo, Eliel estaba allí, igual a como lo había encontrado. Suspiró, tenía que hacer algo, no podía dejarlo ahí.
Se arrodilló y nuevamente acunó el cuerpo de Eliel en su seno. Ya no estaba tan frío. Amira sonrió, no supo si de pena o de nerviosismo, sólo sintió como sus labios se encorvaron, un poco, casi nada. Acercó sus labios a los labios de Eliel, lo colocó sobre estos, en un beso que no lo era, no en realidad. Murmuró su nombre una y otra vez mientras Lucifer no hacía más que carcajearse.
Podía hacerlo, tenía que hacerlo.
—Amira —murmuró Eliel, no fue más que un suspiro, un halo de voz transparente.
Lucifer entonces sintió ¿qué? Asombro, sin duda alguna, pero también odio, incredulidad, ¿por qué Eva mostraría tanto interés por un demonio de tan baja estirpe teniéndolo a él enfrente después de tantos siglos?
— ¿Por qué? —rugió el ángel caído, con odio.
Amira se volteó y lo miró. No dijo nada y luego abrazó a Eliel con más fuerza, cerró los ojos mientras escuchaba con más claridad la voz de Cielo.
— ¡Por qué! —estalló Lucifer. El cuerpo de Amira se estremeció y por fin pudo sentir lo que era el verdadero miedo, nada de lo experimentado anteriormente estaba remotamente cerca de lo que sintió esa vez. Cuando abrió los ojos, Cielo estaba enfrente de ella, Eliel seguía en sus brazos, su piel y su cabello habían recuperado su color habitual.
— ¿Eliel? —lo llamó temerosa. Cielo se acercó a ella un poco más, tomó su mano y la besó. Luego sacó su libro, las páginas se movieron solas, como siempre, y cuando se detuvieron, Cielo comenzó a leer.
Poco a poco Eliel fue abriendo los ojos, estaban del mismo gris intenso de siempre, pero por unos minutos su mirada se mantuvo perdida, como si no existiera nada dentro de él.
—Eliel —lo volvió a llamar, pero esta vez con más seguridad.
—Me salvaste —susurró el demonio, los ojos fijos en los ojos de Amira, que extrañamente también estaban grises —. Tus ojos...
—No es nada —contestó ella al borde de las lágrimas —. Eliel, pensé que yo te había hecho daño.
—Por un momento también yo lo pensé —aceptó Eliel.
—Todo es mentira. Lo que me ha dicho Joel, lo que me ha dicho Tamiel, mis visiones, mi vida...
—No, simplemente son verdades diferentes.
— ¡Entonces cuál es mi verdad!
—Es la que tú quieres que sea, Amira. Ha sido así siempre, y siempre lo será.
—Lucifer —interrumpió Cielo. Amira se asustó pensando que la niña lo había visto —, está libre. Mi padre está libre.
— ¿Irás con él? —preguntó Amira, ignorando por un momento a Eliel.
—Claro que no, madre.
—No, yo no... No soy tu madre, cielo, no soy nadie, no... No me mires así. —El rostro de Cielo se tensó, había algo de congoja en su expresión, pero también alivio —. Soy Amira, tu amiga, tu hermana, siempre será así.
Cielo abrazó su libro, cerró los ojos un momento y suspiró.
—Tenemos que buscar un lugar seguro —dijo al fin —. Todo el mundo está detrás de ti, y ahora que mi pa... Lucifer está libre, las cosas no serán fáciles.
—Dudo que pueda esconderme de él, estamos atados. Él puede hacer conmigo lo que se le antoje, ya me lo ha demostrado.
—Entonces renuncia a tus poderes —agregó Cielo rápidamente. Abrió el libro y las páginas se quedaron quietas. Lo cerró, volvió a abrirlo, las páginas apenas y se movieron. Lo intentó una vez más, y otra después de ésta. Nada —. No entiendo, hay un canto, uno que puede desligarte de él para siempre, uno que niega tus vidas pasadas. Un ángel me lo dijo, marcó la página, dijo que no podía olvidarlo, que probablemente algún día necesitaría este canto. No entiendo.
—No hay tiempo para eso —dijo Amira —. No podemos seguir aquí, luego resolveremos eso.
Eliel se agitó un poco para luego levantarse. Su cabello enseguida cayó con soltura sobre su espalda, su cuerpo parecía recobrar fuerzas poco a poco, hasta que fue capaz de moverse con facilidad.
— ¡Vámonos! —exclamó totalmente a la defensiva. Amira no lo había notado, absorta como estaba conversando con Cielo, había pasado completamente desapercibida la presencia de Azazel.
— ¿Qué hiciste? —inquirió el demonio de los ojos dorados.—. Lucifer está en este mundo, débil, sí, pero sólo es cuestión de tiempo antes de que se recupere por completo.
Lior estaba al lado de Azazel, la sonrisa desdentada le adornaba el rostro mientras sus ojos violetas brillaban con intensidad. Cielo enseguida la reconoció, aunque con otra apariencia, esa había sido la mujer con la que desafortunadamente se había topado muchos años atrás.
—Eso a ti no te concierne —contestó Amira, impaciente. Intercaló su mirada entre Azazel y Lior, y luego entre Eliel y Cielo. Ya había vencido a Azazel una vez, pero ahora, estando tan débil, no lo creía posible —. Pero supongo que si te importa es porque en realidad te preocupa. ¿Le tienes miedo a papi o a lo que él te hará por desobedecerlo, por intentar matar lo que siempre le ha pertenecido?
— ¿Ahora le perteneces?
—Pura conveniencia —sonrió Amira con altivez, orgullosa y temerosa al mismo tiempo.
— ¡Ah! —exclamó Azazel —, veo que pudiste recuperar tu mascota.
Eliel se puso en guardia, aunque reconocía que no estaba en condiciones para pelear, jamás se permitiría demostrarlo, mucho menos volvería a dejar que lo humillaran de tal manera, o que lastimaran a Amira.
—Parece que no nos han presentado como es debido —sonrió Eliel con su característico aire de superioridad —. Pero algo me dice que no hay tiempo para eso.
—Y no lo habrá —intervino Amira colocándose enfrente de Eliel. No sabía en realidad en dónde estaban pero esto de poco importaba. El cielo enseguida comenzó a oscurecerse, la temperatura a descender bruscamente. Amira levantó su mano y le apuntó a Azazel, pequeñas corrientes eléctricas viajaban por su piel y se materializaban en forma de graciosas chispas que burbujeaban en la punta de sus dedos —. Sólo lo diré una vez: vete.
—No crees que estés en posición de darme órdenes, humana insolente.
Mientras hablaban, el cielo se desquebrajaba y el sonido que esto provocaba se asemejaba al de mil tambores siendo golpeados al mismo tiempo. Amira pensó que podía hacerlo, que todo estaba a su favor, que preferiría morir luchando. Miró atrás. En los ojos de Cielo se reflejaba la más pura de las determinaciones, y a pesar de que el viento soplaba con violencia, ninguna de las páginas de su libro se agitaba. Eliel, aunque desnudo, mantenía su tan característico porte, escondiendo la debilidad que aun reptaba en sus huesos. Podemos hacerlo, pensó esta vez, para volver a posicionar sus ojos sobre Azazel. Sin mediar ninguna palabra más, Amira desató el primer rayo sobre el demonio. No obstante, no consiguió cogerlo desprevenido.
Azazel pronto se encontró a su lado, y Amira pensó que conseguiría lastimarla, pero Eliel se lo sacó de encima. Ambos demonios cayeron bruscamente al suelo, dejando un rastro de tierra y sangre a su paso. Eliel fue el primero que intentó levantarse, pero sus piernas lo traicionaron y enseguida volvió a caer. «Tengo que sanarlo», pensó Amira, y luego recordó que no había podido sanar a Joel, y que no estaba en posición de volver a intentarlo, no cuando el resultado podría ser peor.
Volvió a extender su mano, un nuevo rayo cayó, pero estando Azazel tan cerca de Eliel, apenas se atrevió a usarlo como una advertencia. El demonio de los ojos dorados se levantó bruscamente, ignoró a Eliel, que seguía batallando por levantarse, y con una velocidad salida de la nada, corrió hasta Amira, se posicionó detrás y la subyugó hasta conseguir que ella cayera sobre sus rodillas. Amira gimió de dolor, el pie con el que Azazel la mantenía en su lugar quemaba su espalda, atravesaba su piel y parecía tocar su columna. Se estremeció de dolor, pero esto no impidió invocar una ráfaga que enseguida le hizo perder el equilibrio al demonio. Mientras Azazel caía, Amira movió su brazo como si en su mano cargara un afilado cuchillo lo que casi desprendió el brazo izquierdo del demonio. Eliel aprovechó esto y se abalanzó sobre Azazel hasta que logró desgajarle el brazo. Su cuerpo entonces comenzó a arder con llamas verdeazulado que consumieron por completo la extremidad recién cercenada.
— ¡Insolentes! —rugió Azazel, con furia, intentando no hacerle caso a la extraña sensación que le provocó el haber perdido una extremidad. En su desesperación, buscó a Lior pero ésta no parecía estar por ninguna parte.
La distracción sólo sirvió para que Amira descargara una serie de rayos, uno más potente que el anterior, sobre él. Eliel dirigió sus llamas mientras Azazel seguía en el suelo, y Amira las intensificó con una nueva ráfaga. Luego hubo más rayos, tantos como Amira pudo invocar. Eliel tuvo que acercarse y colocar una mano en su hombro para que ella por fin se detuviera. Jadeante y débil, Amira se apoyó en Eliel, sus respiraciones se armonizaron casi al instante, pero pronto Amira se arqueó dolorosamente y vomitó sangre.
—No podré más —apenas fue capaz de balbucear. Aunque lo que en realidad quiso decir fue: «no me lo creo, demasiado fácil».
Eliel lo supo antes de que ella lo dijera, pero él estaba en una situación bastante similar. Buscó a Cielo, la niña yacía de rodillas contra el suelo, y frente a ella, quedaban los restos de quien alguna vez fue la fiel sirvienta de Azazel.
—Tenemos que salir de aquí —dijo dirigiéndose a Cielo. La niña inmediatamente se levantó, estuvo a punto de dar el primer paso cuando cayó —. ¡Cielo! —exclamó Eliel, asustado, pero pronto otra voz más rasposa y oscura que la suya lo distrajo.
—Esta vez no será tan fácil —reía Azazel. Su cuerpo apenas mostraba uno que otro rasguño, y a pesar de que le faltaba un brazo, todos podían ver que estaba en perfectas condiciones.
Ni Eliel ni Amira pudieron centrar su atención en el demonio por mucho tiempo. Aunque Eliel no lo había escuchado, el ver la reacción brusca de Amira, lo alarmó.
Cielo había gritado, y Amira se apresuró para socorrerla. Lior se había prendado del cuerpo de la niña, y allí, donde la piel de ambas se tocaba, comenzaba a extenderse una mancha rojiza, como piel quemada que rápidamente se ampollaba. Sin embargo, Amira apenas alcanzó a gritar, cuando sintió que, tan preocupada por Cielo como estaba, Azazel la tomó por el brazo y la lanzó contra el suelo violentamente. Ella volvió a gemir de dolor, y de su boca muchísima más sangre comenzó a brotar.
Eliel se apresuró al lado de Amira, al notar un nuevo ataque, se colocó frente a ella como si fuera un escudo. Mientras la chica veía como él la atacaba, se vio en la necesidad de desviar la vista cuando escuchó a Cielo gritar una vez más. No había manera de estar en dos lados al mismo tiempo, y su cabeza no funcionaba con la rapidez necesaria para tomar una decisión certera. Extendió ambos manos y rayos cayeron a ambos lados de ella, pero esto apenas consiguió provocarle un cosquilleo tanto a ambos demonios, como a la vieja desdentada que se aferraba al cuerpo de Cielo como una sanguijuela sedienta.
Lo intentó una vez más, pero ahora, en lugar de uno o varios rayos, apenas fue capaz de sentir una leve estática en el aire. No podía más. Apretó sus manos y fijó su vista en ellas: estaban llenas de sangre, casi al rojo vivo, el dolor la carcomía igual que las quemaduras a su piel. Se obligó a levantar la vista, Eliel apenas era capaz de contener los avances furiosos de Azazel, y Cielo había dejado de gritar por completo, se había sacado a Lior de encima pero igual ahora yacía en el suelo, inmóvil.
Amira se obligó a ponerse de pie. Cerró los ojos, extendió sus brazos, pero esta vez ya no sucedió nada. Su desesperación se intensificó cuando vio a Eliel caer bruscamente a su lado, completamente empapado de sangre. Azazel la vio con furia, y cuando menos lo supo, el único brazo del demonio estaba presionando su garganta a tal punto que creyó se la iba a romper en cuestión de segundos.
—De tener mis dos manos —susurró el demonio muy cerca de los labios de Amira —, ya te habría violado. Eso es lo que más temes, lo sé, lo siento en tu piel, en tus ojos, en tu aliento...
—No...
—No importa lo que hagas, no importa lo que digas —agregó rápidamente —, y mucho menos importa de quién seas. No eres nadie.
Lo supo, no había necesidad de pensarlo mucho, ni de sentirlo, todo a su alrededor se lo decía: la manera en que dejó de sentir frío y dolor, de que todo comenzó a girar hasta perder sentido y oscurecerse. Moriría. Por fin moriría.
— ¡Basta!
Una voz familiar impidió que Amira se entregara a las tinieblas, de pronto, la presión en su cuello fue disminuyendo.
—Los corruptos creen que pueden hacer en este mundo cuanto les plazca. No son más que pequeños mocosos celosos del poder y determinación de sus hermanos mayores —dijo Tamiel con repudio, casi asco.
—Los primeros están todos encerrados en un mundo que no desean gobernar —contestó Azazel sin soltar a Amira —. Dicen repudiar al Creador, pero se oponen a la destrucción de su creación y en su lugar la veneran como lo más puro. ¡Somos superiores!
—Si eso es lo que crees entonces el sacrificio de nuestro verdadero padre fue en vano —replicó Tamiel, casi con pesar —. No hay razón para que permanezcas aquí...
Azazel se asustó, soltó a Amira, quien cayó al suelo casi sin vida. El demonio retrocedió un poco, buscó a Lior pero esta vez supo que la anciana por fin había muerto.
—No habrá lugar para ti en el nuevo mundo —sentenció Tamiel —. Tu final será definitivo, Azazel.


...

Comentarios

  1. Yo sé que no debería haber leído esto así, sin haber leído los demás capítulos antes, pero es que no pude evitarlo... Solo quería leer unas líneas, para saber cómo iba y eso, y al final me atrapó y me quedé leyéndolo todo. Recién cuando acabé pensé: "ah, este es el capítulo 20... Yo no debería haberlo leído aún". Pero ya que estamos, y mientras me pongo al día, te dejo mi comentario.

    Bueno... ME ENCANTÓ. De veras. Lo leí sin pausa; una serie de imágenes que se me iban formando y, bueno, ya ves por qué no pude parar. Me gustó mucho la descripción del ambiente, el blanco, el silencio y el ruido, el olor... Y de los personajes, que aún no los conozco realmente, pero me han atrapado de verdad. Lamento no poder decir demasiado ahora, ya que no he leído los anteriores. Solo que Lucifer... No. Me iré a leer los anteriores primero ;)

    Por cierto, leí esto antes incluso de hablarte con facebook, que primero estuve en el blog... Bien de nuevo por seguir la historia. Ahora sí, me voy a leer los anteriores, que no quiero que el 21 me agarre sin ponerme al día :D

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    1. Oh vaya, en realidad no sé qué contestarte, es que digo, semejante comentario por una historia que no has leído, es como: wow, me abrumas, pero de buena manera eh.

      Y que bueno que cuando lees algo que he escrito, las imágenes lleguen a tu cabeza fácilmente, eso me agrada mucho.

      No te preocupes, tú tómate tu tiempo para leer, no hay prisas. Igual lo aprecio, mucho, mucho, mucho.

      Como siempre, gracias por pasar.

      Saludos.

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  2. Hey!!! Muy bien, me gustó el capítulo está interesante, ahora tendré que leer todos los demás capítulos!! Ahhh!! xD

    Bueno, saludines, me voy porque ya tengo sueño... no se si te había dicho que cambié la dirección del blog así que aprovecho para dejarte el nuevo link, digo para no perder contacto :D

    http://up-with-the-birds99.blogspot.com

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    1. Hola!

      Y siempre sigo tu blog, no te preocupes, que eres tan ocurrente que cómo dejarte. Me haces reír mucho.

      En cuando a la historia, no hay prisas, así que cuando quieras y puedas, pues adelante, que aquí la encontrarás siempre en el blog.

      Saludos.

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