Cuando menos lo esperas.


Bien, como siempre, aquí está la explicación que no les interesa de cómo escribí esta historia. Pues esta mañana estaba leyendo manga yaoi de ese que aunque no tiene personajes ni súper afeminados ni súper machos siempre resulta cliché por la historia, y me dije: ¡Escribiré un súper cliché oneshot! Y he aquí el resultado. Espero les guste.

Advertencias: Ninguna.

Revisión: 05/07/2015



Cuando menos lo esperas.
Por Seiren.

Siempre buscaba una manera para estar cerca de él. No me resultaba muy difícil porque, aunque no era precisamente su mejor amigo, sí podía percibir que algo de estima me profesaba, y yo aprovechaba esto para permanecer cerca. Pero por un tiempo pensé que ya no era suficiente y que mi comportamiento fácilmente podía ser comparado con el de un masoquista, y bueno, tal vez eso era; sin embargo, al sopesar las posibilidades y los posibles desenlaces llegué a la conclusión de que jamás obtendría más de lo que ya tenía, ponerme codicioso sólo arruinaría las cosas. Fue por esto que no mostré ni una tan sola mueca de tristeza cuando nos presentó a su novia, ni de alegría cuando comunicó que habían terminado. De igual manera tampoco fui el primer en ofrecer mi hombro o mis palabras de aliento; guardaba la distancia necesaria para que ninguno de los dos resultase herido.
Con el tiempo fui ganando esa clase de paciencia desinteresada y serena que jamás pensé que tendría. Recordaba, en esos momentos de apacible calma, la desesperación que me ahogaba cada vez que la necesidad de tenerlo en mis brazos se hacía palpable. La ansiedad me devoraba y me sumía en un tortuoso estado de sufrimiento absoluto, de desinterés por el mundo, de odio, por condenarme silenciosamente por los sentimientos que tan celosamente guardaba.
Pero luego dejé de condenar al mundo y a mis sentimientos, deje de condenarme a mí mismo y a todos; y fue así que finalmente fui capaz de yacer en calma conmigo mismo. Mis sentimientos eran míos y sólo míos, así que mientras siguieran ocultos en lo más profundo de mi ser no tenía por qué haber problema alguno. Fue como si después de todo esto al fin aprendiera a vivir con ellos, a aceptarlos y gozar del calor que proporciona saber que tu mente y tu corazón están llenos de escenas coloridas en donde esa persona querida es siempre el protagonista.
Mi paciencia tuvo sus recompensas. Poco a poco fui ganando una mejor posición, poco a poco me fui convirtiendo en uno de sus amigos más cercanos, cada vez más y más recibía invitaciones de su parte, ya fuera para ir a beber, al cine, o para pasear por ahí haciéndonos los vagos.
El que pensara en mí aunque fuera sólo para cosas tan banales como éstas me hacía sumamente feliz. Olvidé cómo se sentía estar triste o solo. La felicidad era tal que consumía todos los demás estados, me absorbía de la misma y alucinógena manera que el cuerpo absorbe la droga y me elevaba hasta los confines más remotos de mi subconsciente en donde se implantaba y me hacia soñar, querer, amar, vivir.
Sonreía día y noche sin parar, los músculos de mi rostro nunca habían sido agobiados con tanto ejercicio, pero aunque lo intentara, simplemente no podía dejar de sonreír.
—Antes me parecías... No sé, algo tímido.
Levanté el rostro y lo miré fijamente. Una lata de cerveza era lo que mis manos sostenían, aún podía percibir el gusto amargo del líquido en mis labios y mi lengua. Sonreí.
—Supongo —contesté.
—No sé por qué no lo había notado antes —comentó para después darle un largo sorbo a su bebida.
—No sé —encogí los hombros—, quizá antes no me tenías tan presente.
—Supongo —contestó él esta vez, dio un largo suspiro y terminó de recostarse—. ¡Joder! El suelo está tan frío.
Reí. Fijé mi mirada en el cielo nocturno, luego en los árboles que había frente a mí. Me gustaba visitar su casa, tenía un patio enorme con muchas flores y árboles, hacia que me sintiera en cualquier otro mundo menos en esa industrializada ciudad en la que vivíamos. Me recosté a su lado.
—Vete a la cama si ya planeas dormir —recomendé con aire ausente. Las latas de cervezas, ya vacías por supuesto, yacían a escasos centímetros de nosotros.
—Dentro hace calor —murmuró soñoliento.
—Está bien, entonces quedémonos aquí.
—Claro, claro...
Esa noche no dormí, me limité a ver como la luz alumbraba su rostro, cómo le confería especial brillo a su desarreglado cabello negro, cómo remarcaba la curva de su nariz, el contorno de sus labios... Sentí una tentación terrible, pero se necesitaba mucho más que alcohol para que yo cometiera una estupidez.
Así pasaban los días. Ir a la universidad ya no me resultaba tan agotador, de hecho, era algo que ahora esperaba con especial entusiasmo. Aunque lamentaba el que no fuésemos compañeros en todas las clases, en los períodos libres siempre nos encontrábamos. Y sin quererlo, fuimos olvidándonos de los demás.
—Los chicos parecen enojados —dije con temor.
—¿Por qué lo dices? —inquirió él sin importancia.
—Bueno, es que les escuché decir que ya no sales con ellos, que te la pasas todo el tiempo conmigo —murmuré con mucho más temor, no quería que él dijera: «así es, supongo que volverá a salir con ellos» porque eso significaría que nuestro tiempo juntos se reduciría. Aunque obviamente yo tenía la culpa por sacar el tema a relucir.
—No importa —contestó con desinterés—, supongo que ya me cansé de salir con ellos. Al inicio era muy divertido, por supuesto, pero... —suspiró—. No sé, creo que me la paso mejor contigo, no eres problemático, tienes cerebro y no sólo me hablas de senos y vaginas.
—Supongo —mascullé algo afectado.
—Los hombres no hablamos sólo de autos y de mujeres, de hecho, lo primero me da igual y lo segundo cansa —sonrió—. Es lo bueno de tener un amigo gay.
—¡Qué!
Entré en pánico, un poco más y caigo abatido por su revelación, que debió haber sido mía y no suya. Miré el suelo, lo miré a él, miré hacía un lado y hacia al otro, y luego nuevamente lo miré a él. Apreté tanto las manos que con las uñas lastimé las palmas, mordí mis labios tan agresivamente que los hice sangrar. Sentí escozor en mis ojos, pero no lloré, no había razón para ello.
—Siento habértelo ocultado —me disculpé haciendo acopio de todas mis fuerzas para que ni mi rostro, ni mis palabras, ni mis acciones me traicionaran.
—Descuida —sonrió una vez más. Metió la mano en uno de sus bolsillos de donde extrajo un pañuelo —. Ven, te has hecho daño.
Por inercia más que por decisión propia, me acerqué. Levantó mi rostro tomándolo por el mentón, sonrió una y otra vez, y luego, cuando pensé que estaba a punto de limpiar la sangre en mis labios, cerré los ojos. El contacto me pareció extraño, lo que limpiaba mis labios era demasiado suave y delicado, demasiado húmedo, ni el mejor pañuelo de seda se sentiría de esa manera.
Me separé abruptamente. Noté su rostro, como siempre, indiferente, sin embargo, una gotita carmesí adornaba sus labios. Me espanté. Esta vez sí quise echarme a correr, y estuve a punto de hacerlo cuando él me detuvo. Negó con la cabeza, como si dijera que no me soltaría. Bajé la vista, era demasiado para un día... Sí, yo lo quería, lo amaba, estaba tan enamorado de él que me sentía orgulloso de haber soportado tanto, pero al mismo tiempo tenía miedo, ¿qué era lo que pasaba por su cabeza? ¿Acaso sólo sentía curiosidad? ¿Acaso sólo quería experimentar? ¿Valía la pena el riesgo de perder todo en cuanto había trabajado por algo que no duraría más de un mes o quizá menos?
—No... Por favor —susurré.
—Lo he sabido desde el inicio. La forma en que guardabas distancia, la manera en que tu rostro se iluminaba cada vez que les comentaba que había terminado con alguna chica...
—¡Eso no es cierto! Sí, me alegraba escuchar eso, pero también me entristecía porque no soportaba verte triste. No digas que mi rostro se iluminaba porque me esforzaba, daba todo de mí para que no se notara.
—Entonces imaginaba que así era porque quería que así fuera...
—¡No! —exclamé molesto—. Alguien del grupo te ha dicho algo, ¿no es así? Están molestos conmigo porque ya no los frecuentas tanto como antes... Seguro uno de ellos lo notó y te lo dijo, tú te enfadaste, es lo normal, las personas se enfadan cuando se enteran que las han estado engañando, así es... ¡Esto es una broma! Lo sé, los chicos han de estar escondidos en algún lado y tú decidiste ser partícipe de todo esto porque me odias por haberte engañado y mentido...
—¿En serio crees que soy capaz de eso?
—No —reí—. ¡Claro que no! —espeté y de la nada caí al suelo—. Sé que jamás serías capaz de algo así, pero yo... Necesito creerlo, así, cuando despierte, no dolerá tanto.
—¿Cuándo despiertes? —Se arrodilló frente a mí—. Esto no es un sueño, jamás lo ha sido.
—Pero eso parece —reí tontamente—, jamás pensé...
—¡Ah! Mira, tus labios están sangrando nuevamente —me regañó dulcemente—. ¡En serio! Tú y tu maldita manía de morderte los labios.
—Los chicos se sorprenderán, puede que no lo tomen bien.
—No es algo que me preocupe, además, ya pronto dejaremos la universidad y hay cosas más importantes por la que preocuparnos.
—Ya dime —insistí—, alguien te dijo algo, ¿no es así?
—Sí —suspiró—. Según me dijeron, alguien anda tras de ti, ya sabes, le gustas y eso...
—¿Quién es?
—No creas que te lo voy a decir —refunfuñó como niño pequeño.
—Entonces no es que me quieras, al menos no de esa manera, simplemente temes que pase más tiempo con él que contigo. Quién sabe, quizá lo conozca y me guste.
—Claro que no —contestó algo molesto—. Además, sé que aunque lo conozcas él no te gustará, porque llevas enamorado de mí el tiempo suficiente como para decir que me amas. Me amas desde siempre y eso no cambiará de la noche a la mañana.
—¡Eres un maldito engreído, lo sabías, arrogante! —espeté poniéndome de pie rápidamente para encararlo—. Siempre lo has sabido y te has aprovechado de mí.
Golpeé su pecho con mis puños en repetidas ocasiones. Él no dijo nada, sólo me vio y parpadeó, lamió sus labios, permaneció serio. Le di la espalda. Me alejé lentamente y no porque esperara algo sino porque mis piernas no habrían soportado el que yo hubiera aligerado el paso. Estaba furioso. Aunque jamás había fantaseado con nada así pensé que merecía algo mejor. Y cuando estuve a punto de detenerme para gritarle hasta de lo que se iba a morir, sentí su mano tomando la mía, me detuvo tímidamente y pude ver que en su rostro mostraba una expresión incluso más tímida.
—Soy engreído, lo sé, no lo negaré —titubeó—, pero no sé cómo evitarlo, el saber que llevas enamorado de mí tanto tiempo me hace así... Me hace feliz.
Sus mejillas se enrojecieron, su mano temblaba, sus labios temblaban, e incluso los rayos del sol parecían danzar en la humedad de sus ojos.
—¿Por qué no lo dijiste antes? —inquirí fingiendo que no me sentía ni remotamente conmovido por sus palabas.
—Tenía miedo —afirmó con timidez, escondiendo el rostro para que yo no notara el rubor que había teñido sus mejillas.
Estas palabras sí me conmovieron porque, en un rinconcito detrás de toda esa felicidad que inundaba mi vida, yacía esa pizca de temor que impedía que todo fuera perfecto. Aunque estaba más que conforme con ese inalcanzable romance, había veces que temía ser capaz de perder el control y arruinarlo todo. No sé a cuánto de mi autocontrol recurrí durante todos esos años, pero por un segundo noté que ya no me quedaba más; ya había consumido hasta la última gota. Lo vi, lo sentí, lo toqué, lo llamé y me acerqué a él, palpé su pecho, sentí como míos los latidos de su corazón, su respiración acelerada, el calor de su piel... Lo besé. Cuando lo hice, sentí su cuerpo estremecerse, contraerse, estrecharse; sentí mil y una cosas que pensé jamás sentiría pero sabía que, con esa primera degustación, se convertirían en mi droga.
—No es simple curiosidad, ¿verdad? No es por experimentar, ¿verdad?
—Claro que no, sé que no me creerás de buenas a primeras pero no importa, ya me encargaré de hacértelo creer.
Desde ese pequeño y placentero incidente pasaron más de seis meses. Estábamos en su casa, las latas de cervezas descansaban regadas por doquier. El viento mecía la copa de los árboles haciéndolos silbar y danzar. Suspiré. Olía a naranjas.
—¿Alguna vez te he contado la historia de esta casa?
—No que yo recuerde —contesté.
—Verás, esta casa me la dejó como herencia mi abuelo quien pasó años y años mejorándola e incluso más tiempo sembrando todos esas árboles que ves. Allá —señaló —había un columpio, y entre aquellos dos árboles había una hamaca. Sí, pasé una infancia muy feliz aquí. Estaba pensando en venderla, porque es una casa demasiado grande para una sola persona, además, cuidar todas estas plantas requiere tiempo. Pero si la vendo... No sé, me gusta cuando nos sentamos aquí, platicamos y bebemos cerveza. Ya no se me apetece venderla. Ahora quiero volver a colocar el columpio, poner más hamacas, sembrar más árboles frutales, más flores...
—¿Cuándo has decidido todo eso?
—Sé que te sonará raro, pero comencé a pensarlo desde que tus visitas comenzaron a ser más frecuentes. Creo que esta casa ayudó a que nos convirtiéramos en lo que somos ahora.
—Supongo —sonreí complacido.
—Además, puede llegar el día en que te quieras mudar conmigo.
—Supongo que puede llegar ese día —agregué y él sonrió.
—Cuando eso suceda, imagino que la casa ya no me parecerá tan grande —comentó, dejó la lata de cerveza a un lado y tomó mi mano.
—Resulta gracioso —sonreí— cómo antes era yo quien buscaba constantemente estar a tu lado y ahora eres tú quien viene a mí por cuenta propia.
—¿No te gusta?
—¡Me encanta!
Lo jalé, lo abracé fuertemente para luego buscar sus labios los cuales me recibieron con igual entusiasmo. Nos separamos y nos quedamos viendo, fue como si de la nada ambos hubiésemos recordado ese primer y torpe beso. Sonreímos y volvimos a besarnos, a abrazarnos con fuerza; sus brazos rodearon mi cuello, los míos su cintura. Sentimos una ligera brisa calar nuestros cuerpos, agitar nuestro cabello. Volvimos a separarnos.
—¿Ya no dudas de mí, verdad?
Agité la cabeza de un lado a otro para luego apoyar mi frente en su pecho.
—Nunca lo hice, simplemente tenía miedo.
—Me alegro —suspiró pasando sus delicados dedos entre mi cabello—, porque no es agradable que duden de tus sentimientos. Te amo, tonto.
—Descuida, ya lo capté —sonreí complacido mientras dejaba que el sonido de los erráticos latidos de su corazón me arrastraran hasta el mismísimo paraíso—. Y también te amo.
Nos recostamos el uno al lado del otro, su cabeza descansando sobre mi hombro, mi mano entrelazada con la suya. Y mientras comenzábamos a sentir los efectos del alcohol en nuestro organismo, y mientas el viento transportaba el delicado olor de las naranjas, nos quedamos dormidos teniendo la certeza de que cuando despertáramos todo seguiría exactamente igual. Ya no había razón para sentir miedo.



Fin. 

Comentarios

  1. Querida, siempre me es interesante el saber por qué surgió la idea de algún escrito tuyo. :)

    Jejeje comencé a leer muy entusiasmada!! *o* pero, había olvidado que era una historia amorosa! Ojojo hace tanto tiempo que no leo una, de hecho, no me gustan. Pero ésta, es especial. Me encantó. Creo que tuve un orgasmo al miocardio. :D Y si me da diabetes, te culparé a ti. Jejejeje

    Muy lindo, de verdad, aunque yo no guste de personajes tan amorosos. Ya sabes, más rudos como tu Sparty :3 ojojojo Sólo eso, querida… tu historia me ha cautivado. n.n

    Creo... que apesar de todo... me gustaría leer más de ellos dos... conti? jejeje besos, te amo <3

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    Respuestas
    1. Habías olvidado que era una súper cliché y diabética historia de amor XD No te culpo y tampoco te culpo a mí... Culpemos al manga ¬¬ jajaja

      Igual, y como siempre, me alegra mucho que te haya gustado. Tenía que terminarla hoy sí o sí porque sino me perdía y la iba a dejar a medio escribir.

      ¿Sparty? ¿Alguien mencionó a Sparty? *¬*

      Y bueno, tal vez me llega la inspiración divina y lo haga twoshot.... Nunca se sabe :D jajaja

      Besos y gracias por todo!!!

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  2. Woooow, que historia tan linda!!

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  3. Lo leí y me gustó. Lo que ya no es novedad x) Y bueno, ha sido cliché y bien cliché, pero, ¿qué puedo decir? Lo mismo que dijiste en tu comentario a mi post de Takumi-kun: lo cliché ha estado siempre con nosotros; todo se trata de saber llevar la historia. Y esta historia, siento que la has llevado bien. Al menos, me has tenido sonriendo como una tonta durante toda la lectura x)

    Y vamos a ver, qué más te puedo decir... Me gustó mucho la descripción. El ambiente realmente encajó, la casa grande de él, el viento entre los aires y el olor de las naranjas. Me imagino toda la escena, en la noche, en medio de toda esa dulzura. Algo muy suave, y cálido... Toda una señora escena romántica :)

    Lindos personajes. Y también me gustó mucho la primera parte, casi centrada en los sentimientos de él, sobre lo que sentía al verlo, ese dejo de anhelo y alegría, que también trae tanta ansiedad... Abierta a todo tipo de finales, esta vez me ha encantado ese final feliz. Aunque otro tipo, tampoco habría sido malo... Un amor correspondido siempre es bonito ;)

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  4. aunque paresca mentira vivi una siyuacion parecida oviio sin el final feliz de verdad me salieron lagrimas asi me gustaria que ubiera terminado mi caso, pero solo quedamos como amigos sdgun el siempre sere alguen importante para el alomrjot ya ni se acuerda lo que dijo pero en mi mente si

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  5. Bella Historia!! Me encanta como encaras los personajes y los escenarios :)

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