Regalo de Graduación.


Antes que nada, para diferenciar la temática de la historia, ésta ahora irá acompañada de su símbolo correspondiente. Esto lo hago con la única intención de evitar problemas.



Por alguna razón, esta historia nació mientras escuchaba la canción “Rokutosei no Yoru” que es el ending del animé No. 6. No nació precisamente en ese momento, pero mientras la canción sonaba se me vino la idea a la mente y eventualmente decidí escribirla.
Es una historia corta y sencilla de aproximadamente dos mil palabras. Trata sobre un joven (Brad) que en su día de graduación decide reclamar a toda costa el único regalo que parece anhelar.
Esto no va en la historia, pero Brad es de ese tipo de chicos que es bastante apegado a la familia (o así lo imaginé), de ahí que él haya decidido confesar su homosexualidad a su familia y no así a sus amigos.
A veces imagino buenos personajes mas no así, historias que vayan acorde con la grandeza de esos personajes, pero supongo que así es esto.
Espero les guste la historia. Ya los dejo leer en paz.
Gracias de antemano por leer.
Advertencias: Niguna.
Regalo de graduación.
Por Seiren.

No sé por qué lo pienso tanto, no es nada del otro mundo, y el saber que probablemente nunca más nos volveremos a ver debería darme la fuerza necesaria. Pero algo me refrena, me limita, me detiene, me hace dudar, me acobarda...
¿Qué tengo que perder? ¡Absolutamente nada! Lo de hoy, mañana será solo un recuerdo, uno lejano. En esta etapa de la vida que estamos tan enfocados en el futuro, es normal que nimiedades como estas pasen a segundo o tercer plano.
¿Consecuencias? Tal vez un golpe o dos, quizá sean muchos más, pero no me importaría, no, luego los moretones sería para mí como las condecoraciones que reciben los valientes soldados que van a la guerra y sobreviven. Lo mío no era tan extremo, claro que no, pero sí requería de mucho valor.
Entonces, ¿por qué no podía moverme?
Todo y todos a mí alrededor se movían de manera normal. Escuchaba las risas, los llantos, las felicitaciones, los suspiros, murmullos que el viento transportaba más allá de lo que cualquiera sería capaz de imaginar. Mis padres estaban a mi lado. Me revolvían el cabello, me llenaban de mimos que me habrían resultado vergonzosos en cualquier otra situación pero que en ese momento me proporcionaban un temprano consuelo.
No esperaba mucho, sinceramente. No era estúpido. No era ingenuo. No me pasaba el día fantaseando cosas que la razón misma se encargaba de negar. Incluso así, albergaba algo de esperanza dentro de mí. Y bueno, quizá por esto sí era algo estúpido e ingenuo, lo normal en cualquier persona que acaba de cumplir los dieciocho años.
— ¿Irás a despedirte de tus amigos? —preguntó mamá. Sus ojos estaban llorosos pero sus labios sonreían de manera hermosa, casi angelical. Me sentí orgulloso de mí mismo, pocas veces había logrado que mi madre me regalara una sonrisa de tal magnitud —. ¿O acaso te han invitado a alguna fiesta? Sí es así podemos dejar la cena para después, tú no te preocupes y ve a divertirte con ellos.
¿Fiesta? Sí, recibí un par de invitaciones. Pero mis padres habían soportado bastante y me parecía mejor celebrar con ellos.
—Me iré a despedir —le contesté a mi madre mientras le daba ese rollito de papel amarrado con cinta que decía que ya no era más un estudiante de bachillerato.
Bueno, mamá me había dado el pequeño empujoncito que necesitaba. Me despediría en orden, y a él lo dejaría de último.
Me costó mucho trabajo atravesar la eufórica multitud. Fue una odisea que no me gustaría volver a experimenta en mi vida. Pero al fin fui capaz de encontrar a cada uno de mis amigos con quienes intercambié unas cuantas palabras al tiempo que aprovechaba a disculparme por no asistir a las fiestas a las cuales había sido invitado.
Ahora tocaba lo bueno. Aunque no me fue difícil encontrarlo, si necesité mucho tiempo para recolectar todo mi valor y usarlo de una buena vez. No era una confesión, de antemano sabía que me rechazaría. Él tampoco era mi mejor amigo, así que tenía que estar preparado para recibir golpes. Incluso, como venganza, él podía comenzar a esparcir el rumor de mi homosexualidad. Cosa que no me importaba, yo ya lo había hablado con mis padres, y aunque aún no recibo su apoyo en un cien por ciento, jamás me abandonaron de ninguna de las maneras posibles. Así que él podía arremeter en mi contra como mejor le pareciera. Yo estaba listo para todo.
— ¡Dean! —grité. Él escuchó mi llamado pero no fue capaz de distinguir la dirección del mismo, así que me vi obligado a llamarlo otra vez.
— ¡Oh, Brad! ¡Por aquí! —gritó a su vez levantando ambos brazos como si temiera que entre la multitud yo lo perdiera de vista.
Con señas le dije que quería hablar con él. Puso cara de no entender, y después de decirle algo a sus padres, se encaminó en mi dirección.
Sus mejillas estaban encendidas en un ligero rubor producto de la temperatura y la emoción del momento, su cabello, castaño claro, estaba extrañamente desordenado. A pesar de que lo habían amenazado en el colegio si no se lo cortaba, él jamás hizo caso y lo seguía llevando a la altura de los hombros, como siempre. Ya se había desanudado la corbata, los primeros tres botones de la camisa estaban sueltos, las mangas arremangadas hasta los codos...
Siempre había tenido ese aire de rebelde sin causa. O por lo menos esa fue la primera impresión que me dio. Cuando lo conocí, siempre estaba sudado, el cabello revuelto, el pulso acelerado. Parecía que jamás podía quedarse quieto. Fuimos compañeros hasta el último año del bachillerato, cuando yo ya me había aceptado por completo. Y aunque no fue amor a primera vista, en su momento acepté que alguien como él sin duda era mi tipo.
— ¿Sucede algo? —preguntó después de inclinarse levemente para susurrar esas palabras en mi oído.
— ¿Podemos hablar? —inquirí temeroso. Apreté los puños fuertemente deseando que la respuesta fuera positiva. La sangre volvió a transitar por todo mi cuerpo cuando él, después de sonreírme dulcemente, me dijo que sí.
Nos alejamos de todo. Transitamos los viejos y conocidos pasillos del instituto, atravesamos aulas, aulas y más aulas. Todo olía a melancolía y buenos recuerdos.
Yo había corrido por ahí, caído por allí, sido avergonzado por allá... Cada rincón de ese lugar guardaba una infinidad de recuerdos, de momentos vividos por cada uno de los alumnos que alguna vez acogió... Y faltaban muchos por venir.
— ¿Necesitamos ir más lejos? —preguntó Dean. Hasta ese entonces noté que estábamos cerca de los laboratorios de química y que ahí, aparte de nosotros, no había nadie más —. ¿Ya me dirás qué sucede?
—Sí —titubeé —, sólo dame unos segundos.
«Bien —me dije—, es ahora o nunca»
Di un paso, lento, temeroso; luego otro y otro, no los conté, pero cuando la cercanía me parecía perfecta, me detuve.
«No vas a confesarte, sólo vas a...» Mientras repetía esas palabras dentro de mi cabeza como si fueran una vieja y desgastada letanía, comencé a acobardarme. Es más, entre más las decía más valor perdía aun cuando las decía con la intención de que causaran el efecto contrario.
— ¿Y bien? —insistió —. ¿Qué sucede?
—No vayas a odiarme —balbuceé —. Será la única vez.
—Brad, me estás asustando...
Yo era el asustado, pero mientras escuchaba sus palabras, mi mente se puso en blanco, levanté la vista, coloqué mis manos en sus hombros, me puse de puntitas, me incliné un poco, y lo besé...
Lo besé. Era lo que había querido hacer desde que supe que él me gustaba. Lo besé. Porque cada vez que estaba a su lado me sentía la persona más especial del mundo. Lo besé. Porque sabía que jamás conseguiría más que eso.
Sorpresivamente, y no como yo había esperado, no me apartó enseguida. Mi beso, torpe e infantil, no significaba nada para él pero aparentemente tampoco le incomodaba. O quizá él ya había notado algo y por eso no lo había sorprendido.
Esa reacción, insípida y carente de emoción alguna, me decepcionó. Pero no dejé que esa desilusión me desviara de mi objetivo.
Apreté sus hombros con más fuerza mientras intentaba intensificar el beso. Entonces, él apretó mi nuca con su mano y abrió su boca para que me lengua se encontrara con la suya. Esta acción me tomó totalmente desprevenido y por un momento estuve a punto de ponerle fin al beso, pero él se aferró tan fuertemente a mi cuello que no hubo manera de escapar.
De esa forma el desconcierto inicial dio paso a un sinnúmero de sensaciones que jamás imaginé experimentar. Mis cinco sentidos se intensificaron. Podía oler el dulce sudor que emanaba de sus poros, la escandalosa colonia que provenía de su cuello, su picante aliento a menta. Su cuerpo estaba caliente, o quizá era el mío, no podía asegurarlo, pero temblaba, apenas era un ligero y esporádico temblor, pero yo podía sentirlo. Su respiración parecía haberse detenido por completo, el vaivén de su pecho no era más que un leve y pausado ir y venir. Lograba escuchar un ligero jadeo, como un suspiro, pero ese era sólo el trasfondo, lo que empapaba y deleitaba a mi sentido auditivo era ese sensual sonido que producía la unión de nuestras bocas cuando nuestras lenguas se rozaban, cuando nuestros labios se anhelaban, cuando nos mordíamos el uno al otro...
Quise abrir los ojos sólo para comprobar si él me estaba besando con los ojos cerrados, pero no lo hice, no iba a arruinar ese precioso momento.
Llevé mis manos hasta su rostro y lo tomé con fuerza, con urgencia, intensifiqué más el beso, y por un instante, nuestros dientes chocaron, me avergoncé, pero seguí, seguí y seguí hasta que ya no pude soportarlo más, hasta que el aire comenzó a faltarme...
Dean llevó sus manos hasta mi rostro, y lentamente, me separó de él. Me miró como con temor, tal vez duda, o quizá simplemente estaba esperando que yo dijese algo.
—No me voy a confesar —dije apenado —. Sólo quería un beso de despedida.
—Entiendo —suspiró aliviado.
—No te noto sorprendido —comenté porque no quería que el silencio nos devorara enteros.
—Bueno, los chicos y yo... —Rascó su nuca, miró al suelo, interpuso algo de distancia entre los dos, y sólo después de hacer todo esto, continuó —: Algo sospechábamos, digo, no es que seas muy obvio, pero había veces...
Qué vergüenza sentí en ese momento. Y yo que creía que jamás me descubrirían porque me comportaba como todo un «hombrecito».
—Ya veo —dije aún más apenado —. Lo siento.
—No te disculpes. Está bien. La verdad, nos caes bastante bien, y como notamos que verdaderamente te estabas esforzando, no te dijimos nada,  íbamos a esperar a que tú te sincerarás con nosotros.
Sentí más vergüenza, yo que había temido confesarles mi secreto pensando que me rechazarían, y ellos que lo habían sabido desde siempre y supieron respetar mi silencio.
—Gracias —sonreí aliviado.
—Descuida —revolvió mi cabello —. Ahora, volvamos con los demás.
— ¡Claro! —Contesté entusiasmado pero en eso me detuve y agregué —: ¿También notaste que tú me gus...?
— ¡No, no lo sabía! —interrumpió como si temiera que yo pronunciara esa palabra —. Sólo quería darte lo que querías, como regalo de graduación. No es que supiera que querías besarme, es sólo que... No sé, en realidad todo esto me tomó desprevenido pero pensé que si te rechazaba violentamente te lastimaría, y eres un buen amigo, eres parte del grupo, no importa que seas lo que eres, los chicos y yo te tenemos mucho cariño...
—Entiende —sonreí —. ¡Muchas gracias!
—No tienes qué agradecerme, sólo... —dudó —. No se lo digas a los chicos.
—Descuida, será nuestro secreto —guiñé un ojo.
Y bueno, no me confesé, porque de antemano sabía que me rechazaría, sus palabras de ese momento secundaron mis creencias, pero no me importaba. Me había dado el mejor regalo de graduación.
— ¿Seguro no vendrás a festejar con nosotros? —preguntó cuando salíamos del instituto.
— ¿Sabes qué? —me detuve —. Creo que iré, sólo le avisaré a mis padres.
—Está bien, le diré a los chicos que te esperen. ¡Ah! Y otra cosa —se detuvo —. Gracias por no confesarte.
Su agradecimiento me resultó curioso.
— ¿Por qué me agradeces?
—Porque después de ese beso no habría podido negarme —sonrió apenado.
—Tonto —lo regañé —, no ves que me estás dando alas.
Dean simplemente se encogió de hombros y luego sonrió.
—Es porque vamos a universidades diferentes —susurró, apenas fui capaz de escucharlo.
— ¡Demonios! —exclamé —. De haberlo sabido, habría salido del closet antes.
—Ya, anda, ve a avisarle a tus padres.
—Sí, sí, no me regañes —dije y cada quien retomó su camino. Había caminado unos cuantos metros cuando se me ocurrió algo, así que me volteé y le grité —: ¡¿Qué quieres de regalo de graduación?!
Se detuvo y nuevamente se encogió de hombros.
— ¡Sorpréndeme! —gritó como respuesta.
Yo simplemente reí, y al retomar mi camino, suspiré. Había dudado tanto de los chicos que había perdido grandes oportunidades, pero me alegraba saber que en realidad habían sido mis amigos. Y aunque sabía que ya no tenía gracia puesto ya habían notado mi sexualidad, decidí confesárselos igual. Ese era el primer paso, no iba a seguir escondiéndome.
FIN

Sí les gustó, no olviden comentar.
Gracias por leer.


Comentarios

  1. Me gusto mucho la historia ^^

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  2. Me alegra que te haya gustado. Gracias por leer ^^

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  3. ahhh estuvo buenisimoooo... kien¿ro mas !!!!!!!!!!!

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  4. Nuevo lector!!
    Me encanto tu relato
    Estoy proximo a graduarme (de la universidad) y con toda esa descripción que diste de la escuela casi me pongo a llorar (esta bien, derrame unas pequeñas lagrimitas U.U)
    Tienes una forma de escribir la cual te hace ver las cosas como si las tuvieras enfrente ^^
    Y me parecio muy tierno todo... simplemente hermoso ;)

    Saludos (me tendrás por aquí leyendo tus escritos ^^)!!

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  5. Respuestas
    1. A mi me encanta que te haya encantado!

      Gracias por leer.

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  6. Primera vez que comento, aunque ya llevo unos días paseándome por tu blog. De verdad tienes una forma de escribir muy bonita... Me gustan tus personajes, y las descripciones. Especialmente en este cuento. Brad me dio mucha ternura :)

    Me llevo tu banner a mi blog :D No te pido que te lleves el mío porque no tengo uno todavía (u.u), pero pásate cuando quieras para echar un vistazo. Aquí te dejo la url: http://iuska.blogspot.com/ No estoy del todo conforme con el diseño ahora mismo, pero ya mejorará...

    Saludos de una nueva lectora ;)

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    1. Como he andado perdida ni cuenta me he dado de todo esto, pero enseguida voy a tu blog ;)

      Muchas gracias por tus palabras, me alegra mucho que te haya gustado.

      Nos estamos leyendo ;)

      Cuídate!

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  7. me gusto este relato...espero que publiques mas..ah podrias acabar el de "el amigo del novio de mi hermana"..me gusto ese relato..saludos

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  8. me sorprendes cn tus historias son muy buenas "SONIC..."

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  9. Muy buena historia atrapa al lector y t hace imaginar la escena en ese momento ademas d q nos deja con un final alternativo gracias x ese tipo de blogs.

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