Y todo por una película homoerótica. (Relato lésbico)


Hola otra vez. No, este no es el relato YAOI que prometí como regalo de navidad, es un relato de temática lésbica que se me ocurrió de la nada. Es una historia sencilla, prácticamente al azar, pero espero que les guste. 

Advertencias:
Relaciones lésbicas.
Lemon 
(No es tan explícita pero la advertencia queda)
Mayores de 16 años.
No al plagio. Registrado en Creative Commons.

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Y todo por una película homoerótica.

~Por Seiren~

Ese día estaba de lo más aburrida. Era sábado, pero faltaba mucho para que fuera de noche, y los sábados no son nada hasta que oscurece. Mis dos mejores amigos tenían compromisos en la tarde, o eso me habían dicho, por lo que reunirme con ellos se convirtió en un gran no antes de siquiera pensarlo.

Entonces recordé que Erick (mejor amigo), me había prestado una película. En ese momento debí suponer que era el tipo de película que obligatoriamente tendría que ver en mi habitación, con la puerta cerrada; pero como no había más nadie en casa, me dije: ¡a la mierda! Y decidí verla en la sala, en ese enorme televisor LCD que tan acostumbrado estaba de transmitir los partidos de fútbol que mi padre tan fielmente miraba.
Inserté el disco en el reproductor de video, tomé el mando y me acomodé en el enorme sofá que, según papá, era para su uso exclusivo. Me terminé de recostar y oprimí el botón «Play», reproducir. Y el aparato comenzó a transmitir la película.
Bastaron pocos segundos para reconocer que se trataba de una película de temática homosexual... trágica; el tinte que escogen la mayoría de los cineastas al momento de realizar dichas películas. Menos tiempo tardé en notar que los protagonistas eran unos dioses, y si no lo eran estaban bastante cerca. Habían sido esculpidos con sumo cuidado, remarcando detalladamente cada centímetro de piel, escogiendo los tonos correctos, pincelados de la manera adecuada... en resumen —y como ya dije— unos dioses.
Sentí tremenda decepción cuando vi que cortaron la escena erótica. Odiaba cuando hacían eso. Tal vez lo hacían para no herir susceptibilidades, aunque a mí más bien me parecía que era debido a la ineptitud, o al temor de convertir algo erótico en vulgar y pornográfico, por eso se iban por lo seguro.
Suspiré. Dejé que algo de esa trágica tensión contagiada por el melancólico fluir de esas escenas cinematográficas me hundiera en un estado de meditación extrema. Dejé que la empatía me condujera por senderos prohibidos. Imaginé que era yo quien me encontraba en una situación como la que veía, creyéndolo algo muy lejano, algo poco posible.
— ¡Qué estás viendo!!
Interrumpieron mi ensimismamiento. Me alarmé y me levanté con brusquedad cuando reconocí la chillona voz de mi madre. Miré el televisor, ahí estaba la escena erótica que tanto había pedido. A buena hora decidió aparecer.
— ¡Asia Damaris! —gritó con más brusquedad (lindo nombre, ¿no?) —. ¿Qué es eso? —señaló.
—Pues, una película —contesté con mi característico tono petulante —. En serio, madre, ¿seguro que no necesitas lentes nuevos?
No me contestó, en lugar de eso caminó en mi dirección, me arrebató el control de las manos y apagó el televisor.
— ¿Eres lesbiana?
Típica reacción. Te ven viendo algo gay y ya piensas que eres gay. No es que mi madre estuviera equivocada, pero me gustaban mucho las películas heterosexuales, y siendo lesbiana, verlas no me había hecho cambiar de opinión. De la misma manera que una película homosexual no me había hecho lesbiana. ¡Ah, la gente y sus ideas estúpidas!
—Mamá —suspiré —, no quiero herir tu susceptibilidad, pero el ver una película homosexual no me hace homosexual.
— ¡Entonces, qué significa! —exclamó con esa molesta voz.
—Sabes, si ves una película de vampiros no terminas convirtiéndote en uno, lo mismo aplica con las películas de fantasmas, hombres lobos.... Ah, y el que ame las películas sobre asesinatos no quiere decir que también sea una asesina serial. Por lo menos no recuerdo haber matado a nadie —reí divertida.
—No me trates como tonta, jovencita. —Hizo presencia su mirada asesina y hasta entonces sentí verdadero temor —. Ya sabía yo que ese jovencito, Erick, te estropearía...
— ¡Mamá! —grité indignada —. No te atrevas a decir algo sobre Erick...
—Entonces, explícate.
«Por supuesto que no», pensé. Mamá no sabía nada, y no iba a salir del closet cuando estaba tan malditamente enfadada. Ese era un tema que debía tocar en un momento más relajado, cuando ella estuviera tan tranquila que sólo me contestaría: ah sí, ya lo temía. Y no haría más alboroto que ese.
—Es una película romántica como cualquier otra, no le veo lo malo —traté de explicarme.
—Nada de malo. ¿Crees que es normal que dos hombres hagan... —titubeó —hagan eso?
—El amor no tiene...
— ¡Oh! —interrumpió —. El amor sí tiene género, no me vengas con esas estupideces. Ahora mismo quiero que me digas por qué estabas viendo esa porquería.
— ¡La estaba viendo, porque tu hija es tan mujer y ama tanto los penes que los pide en porción doble!
Cachetada. El ardor lo sentí al instante, el desconcierto, en cambio, me duro vario segundos. Mi mejilla se sentía caliente, palpitaba y un dolor lacerante se extendía por toda la piel. Mis ojos se humedecieron producto de las lágrimas que mi madre logró sacarme con semejante golpe. Siempre había sido una mujer de mano fuerte, por las malas lo había descubierto y ahora me lo estaba reiterando.
— ¡No hables así!
— ¡Pues sabes qué, —grité enfadada, al borde de las lágrimas —tienes razón, soy lesbiana!
Asustada por mi súbita confesión, salí corriendo. Me refugié en mi habitación, cerré con llave, enseguida tomé una maleta y comencé a empacar unas cuantas prendas de ropa, mientras se le pasaba la rabia, yo me quedaría en casa de Denise (mejor amiga).
Me calmé un poco. Tomé mi teléfono celular y llamé a Denise. Como ya me había dicho, no estaba en casa, pero me dijo que si la esperaba un par de horas enseguida llegaba. Y por supuesto, también me dijo que podía quedarme con ella todo lo que quisiera.
Era increíble que una estúpida película pusiera mi mundo patas arriba. Estaba dispuesta a hablarlo, siempre y cuando mis padres se mostraran civilizados, porque no les perdonaría que llegaran a creer cosas que no eran.

Llegué a casa de Denise y tuve que esperar a que ella llegara. A diferencia de mí, Denise vivía sola. Trabajaba en casa como diseñadora gráfica y le iba muy bien a pesar de aun ser estudiante universitaria. En esto le tenía mucha envidia, era tan independiente y segura de sí misma que por momentos deseaba ser ella, claro, y aunque ella era cien por ciento heterosexual, había veces que verdaderamente deseaba estar en sus zapatos.
— ¿Qué pasó? —preguntó. Estaba entre preocupada y confundida, sus labios, carmesí, estaban fruncidos hacia un lado, como diciendo: y ahora qué hiciste.
—Lo saben —suspiré —, lo grité, estaba molesta y simplemente lo grité.
— ¡Que desperdicio! —exclamó —. Después de haber sido tan cuidadosa vienes y arruinas todo en cuestión de segundos.
—Bueno —sonreí incómoda —, ya me conoces.
Entramos a la casa. Denise enseguida tomó el teléfono y realizó una llamada, no tenía que escucharla para saber que estaba llamando a Erick, quien, como yo hasta hace unas pocas horas, jamás les había confesado nada a sus padres. Aunque en su caso era bastante más obvio, y más parecía que sus padres se encontraban en un estado de negación porque jamás le habían mencionado algo al respecto.
—Erick ya viene —dijo.
—Ya.
Mientras esperábamos, comimos papitas y tomamos refresco de cola. Platicamos de cosas ajenas al asunto que nos ocupada, reímos, a veces sinceramente, otras, de manera nerviosa y hasta fingida. Lo acepto, en ese momento estaba muerta del miedo y hacía todo lo posible por distraer mis pensamientos.
— ¿Qué hiciste qué? —preguntó Erick totalmente alarmado. Caminaba de un lado a otro del living con ese gracioso andar suyo. En serio, cómo era que sus padres no habían notado nada —. ¡Estás loca!
—Se me soltó —me defendí —. Se puso toda histérica cuando me encontró viendo la película que tú —lo apunté —me prestaste. Y para colmo, estaba en la parte en la que los dos se revuelcan.
—Espero que hayas traído suficiente ropa —suspiró preocupado —, porque tú madre...
—Sí, ya sé cómo es mi madre.

Y así, mi tan esperado sábado por la noche llegó y yo ya no tenía ningún plan aparte de dormir hasta el cansancio.
— ¿Necesitas algo más? —preguntó Denise cuando me vio salir del baño con la pijama puesta y sin maquillaje en la cara.
—No, gracias por todo —dije y me acerqué a ella. La abracé y deposité un beso en su cuello —. Siempre estás sacándome de apuros.
—Para eso son las amigas —rió y me separó —. ¿Seguro no necesitas nada más?
—Nada. ¿Seguro que no quieres que me quede haciéndote compañía?
—Segura. Ya casi termino, y sólo te aburrirías viéndome trabajar.
—Ah sí, soy un asco con las computadoras —suspiré, le di otro beso y le deseé las buenas noches.

Había estado loca por haber creído que podría dormir. Enterré mi cabeza en la almohada y cerré los ojos fuertemente, pero nada daba resultado. Noté los brillosos dígitos del reloj digital que Denise había colocado, estratégicamente, frente a la cama: 9:31. ¡Dios! Estaba muerta. Era tan temprano y yo no sabía qué hacer.
Me levanté de la cama, fui a la cocina, me preparé algo de comer y al mismo tiempo preparé algo para Denise. Caminé hasta su oficina, una habitación que había preparado para que nadie le estorbara ni la molestara cuando estaba trabajando. Llamé a la puerta, una, dos veces, pero tal vez ella no me escuchó. Dejé la bandeja con la comida en el suelo y abrí la puerta lentamente, como si se tratara de espiar algo que no debía. Tampoco escuchó cuando entré. Pero seguramente eso se debió a que cuando entré, me quedé paralizada.
Denise tenía la cabeza hacía atrás, los ojos cerrados, la boca deliciosamente entre abierta, más abiertas se encontraban sus piernas que guardaban una distancia suculentamente sugerente entre ellas, y su mano, su perfecta y delicada mano derecha, descansaba entre éstas mientras la mano izquierda se encargaba de acariciar sus senos.
Habíamos sido amigas desde el colegio. Nos habíamos conocido durante nuestros primeros días como inexpertas colegialas; pero jamás la había visto así. Por un segundo dejó de ser mi heterosexual mejor amiga y se transformó en el objeto de mis deseos.
«No, —me dije— ya lo arruinaste con tus padres no puedes arruinarlo también con tu mejor amiga»
Respiré profundo y, muy lentamente, fui caminando hacia atrás, para alejarme de ahí como si nada hubiese sucedido. Pero fui tan torpe que terminé chocando contra la pared. El brusco sonido inmediatamente acaparó la atención de Denise, quien enseguida se volteó y me vio alarmada, avergonzada.
—Lo siento —me disculpé —, debía haber tocado.
Su expresión cambió, seguro había notado mi mentira, sabía que yo jamás entraba a una habitación sin llamar antes.
—No —titubeó. Sus mejillas se habían ruborizado dulcemente. Aquella visión me pareció exquisita, pero, ¿cómo decirlo sin terminar arruinando todo?
—No podía dormir y decidí preparar algo de comer, te traje algo —señalé a mis espaldas, en donde había dejado la bandeja.
Estábamos nerviosas y sabía que por el momento eso se solucionaría yéndome, pero no quería hacerlo. No mientras Denise siguiera pareciéndome tan condenadamente sensual. ¿Cómo era que nunca lo había notado? ¿Cómo había pasado desapercibido semejante sensualidad, semejante deseo, semejante belleza?
—Siento que hayas visto...
—Soy lesbiana, ¿recuerdas? —Me callé al notar que mi comentario no había sido el más adecuado —. No, lo que quise decir fue...
¡Carajo! Cómo podía estar tan afectada. Bien, a veces parecía que la masturbación femenina fuera demasiado tabú incluso para las mujeres, pero es un hecho que muchas la practicamos, e incluso sabía que Denise lo hacía, ella misma me lo había comentado... Pero no, no es lo mismo saberlo y verlo...
—Digo —continué —, no... No es nada del otro mundo, no te preocupes.
No, claro que no era nada del otro mundo, pero eso no evitó que yo me humedeciera, había encontrado la situación tan excitante que fue normal el que yo terminara así.
Cogí, rápidamente, la bandeja con la comida. Me acerqué y la coloqué sobre el escritorio.
—Espero te guste —sonreí nerviosamente —. Buenas noches.
De haber podido, habría corrido, me habría encerrado en cualquiera lugar y de ahí no habría salido hasta saciar esa deliciosa urgencia que se había apoderado de mis sentidos. En lugar de eso me esforcé por hacerla desaparecer. Me acosté sobre la cama, tapé mi rostro con la almohada, aspiré la limpia fragancia que despedía, y entonces recordé que esa era la almohada de Denise, que esa era su cama, sus sábanas, su aroma...
¡Demonios! La excitación había vuelto. Luchaba por no hacer nada, era mi amiga, no podía ofenderla de esa manera, no sin su permiso; pero cada rose de las sábanas me encendía hasta llegar a pensar que no podría soportarlo más. Y cuando terminara, Denise dormiría a mi lado... ¡Dios!
—Asia... —susurró Denise desde la entrada de la habitación —. ¿Estás bien?
—Sí, sólo algo... —escondí mi rostro detrás de la almohada. Luego sentí el movimiento de la cama, Denise se había acostado a mi lado, como siempre que me quedaba en su casa. Tantas veces habíamos compartido la cama, ¿por qué tenía que ser tan malditamente diferente en ese momento?
—Bien —sus palabas sonaron algo nerviosas, yo no la veía, mi rostro seguía tras la almohada, milagrosamente aun no me había asfixiado.
Tomó mi mano, mi primera reacción fue no dejarla, pero me resultó imposible hacerlo. Entonces, para mi gran sorpresa, sentí como dirigía mi mano, cada vez más y más cerca de ella, y así, cuando menos lo esperaba, sentí el delicioso toque de sus senos desnudos. Ni siquiera había notado que estaba desnuda hasta ese momento.
—No, Denise, así como estoy ahora...
—Está bien.
—No. Eres Heterosexual, no puedo...
— ¿Y quién te dijo que soy heterosexual? —rio infantilmente.
—Sólo te he conocido novios. Desde que somos amigas jamás... —me detuve, ahora que lo pensaba un poco, jamás se lo había preguntado abiertamente, sin más, lo supuse, sin importar si esa era la realidad.
—He tenido novias, no las has conocido, eso es todo.
«Imposible, —pensé— hemos sido amigas desde el colegio, ¿cómo no iba a darme cuenta?»
—Lo habría notado —titubeé —. Es imposible.
—Asia Damaris —me llamó autoritariamente —. Dime por lo menos el nombre de tres tipos con los que yo haya salido —guardó silencio, tal vez esperando mi respuesta, la cual nunca llegó —. Lo vez. Tú no habrías notado nada ni aunque te golpeara en la cabeza o te cayera del cielo.
Cierto. Jamás había sido entrometida, sabía respetar el espacio de los demás. Sólo me metía cuando era estrictamente necesario. Pero me sentí culpable, no me había dado cuenta de nada, tremenda buena amiga la que era.
—Es la razón por la que vivo sola —confesó —. Mis padres conocieron a una de mis novias y aunque les dije que no era lesbiana sino bisexual, poco les importó, pues para ellos era lo mismo.
—Lo siento. –Me sentí peor, había pasado semejante trauma sin ayuda... bueno, sin mi ayuda. Ella siempre estaba ahí para mí, pero no se podía decir lo mismo de mí. Era la peor amiga del mundo.
—No. Así estoy mejor. Los extraño, pero al menos soy libre.
De nuevo fue demasiado consciente de mi mano, de su piel suave, de sus firmes senos... enseguida comencé a acariciarla, con ese primer roce una gemido se escapó de sus labios.
— ¿Seguro podemos hacer esto? —pregunté, aunque mi mano seguía en lo suyo —. Eres mi mejor amiga, no quiero estropearlo.
—Por eso antes no había hecho nada —dijo ella —. Sabía, por lo mucho que valoras nuestra amistad, que me rechazarías. Pero al ver tu reacción de hace unos minutos, supe que no estaba mal intentarlo, aunque sea solo sexo.
Me incliné, tomé uno de sus deliciosos pezones en mi boca, lamí el contorno de la aureola, capturé con mis dientes la punta del pezón para después acariciarlo lentamente con la punta de mi lengua. Mis dedos tamborileaban sobre el contorno de su definida cintura, esto hacía que su piel se erizara. Me acerqué más, ella metió su mano bajo la camisa de mi pijama, estrujó uno de mis senos con urgencia.
—Quiero verte desnuda —susurró. Extendió la mano y encendió la lámpara que yacía en la mesita de noche.
Su cuerpo parecía resplandecer bajo la amarillenta luz de la lámpara. Sus pezones, grandes y morenos, parecían señalarme, estaban semi-endurecidos, pero totalmente dispuestos. Entre sus piernas vi el recatado vello púbico, el que siempre dejaba ahí incluso después de depilarse, porque le gustaba así. Y le quedaba tan bien, la hacía lucir tan apetitosa...
Lentamente me quité la poca ropa que llevaba encima. Ella sonrió. Me incliné sobre ella, la besé por primera vez, el beso más dulce jamás dado. Lo que llegara a surgir a partir de ahí estaría bien, tenía la certeza que sin importar el rumbo que tomáramos, nada se arruinaría.
Con recatada prisa, fue deslizando mis manos por todo su cuerpo, desde su rostro, pasando por su cuello, deteniéndome momentáneamente en sus senos, descendiendo por su estómago hasta su vientre, hasta por fin llegar a mi destino.
Estaba deliciosamente húmeda. Mis dedos se deslizaban con facilidad, con lo que conseguí arrancarle varios gemidos rápidamente.
—Recuéstate —le pedí con dulzura. Ella lo hizo, acomodando su cabeza sobre la almohada.
Besé sus piernas, su vientre, sus piernas, su vientre... así, en ese orden, siguiendo un mismo ritmo. Luego, cuidadosamente fui separando sus extremidades, la abrí para mí. La abrí y enseguida la luz se reflejó sobre su humedad, que como suculento manjar, tentaba mi lengua.
—Eres hermosa —susurré totalmente extasiada. Y no dejé pasar ni un segundo más y la degusté por primera vez.
Ese primer contacto hizo que se estremeciera. Con mis manos intenté calmarla, acariciando tiernamente su piel. Mi lengua en cambio, se deleitaba con violencia. Casi con urgencia, ella comenzó a acariciar sus senos. Y yo comencé a acariciarla con más insistencia.
Subí y besé sus labios, lamí sus apetitosos pezones y mientras tanto con la yema de mis dedos estimulaba ese punto tan placentero, dejando que su humedad me envolviera por completo. Su cuerpo comenzó a retorcerse, todo había sido tan intenso que estaba a punto de alcanzar el orgasmo, entonces, me detuvo, se abalanzó sobre mí y devoró mis labios con experta habilidad.
En la distracción, no noté que introducía sus dedos en mi interior, lo noté hasta que los movió por primera vez, hasta sentir que me exploraba por completo.
—Dios, Denise —gemí —, lo haces tan bien.
— ¿Demasiado bien para una heterosexual?
—Tonta —bufé.
Sonrió. Me besó nuevamente y luego centró su atención en mis senos. Mis pezones se pusieron erectos en cuestión de segundos. La cálida punta de su lengua parecía cargar consigo todos los placeres del mundo, porque cada vez que la pasaba por mi cuerpo me hacía perder el control.
—Amo saber que estás tan húmeda debido a mí —dijo, reanudando las caricias que sus dedos me proporcionaban.
Nos acomodamos para seguir besándonos, para seguir tocándonos al mismo tiempo, para sentir el cuerpo de la otra hasta el cansancio, hasta que el placer desbordara y nos hiciera no querer nada más.
Caímos la una al lado de la otra, totalmente rendidas, sudorosas, nuestras bocas semi-abiertas jadeaban pero nuevamente se anhelaron mutuamente y los jadeos desaparecieron momentáneamente.
—Estuvo delicioso —sonrió y besó mi mano.
—Estuvo delicioso —repetí, extenuada pero sumamente complacida.
Seguía suspirando, una parte de mi apenas podía creer lo que acababa de pasar, y la otra, pues la otra estaba simplemente feliz.
—Esto no cambia nada.
—Sí —afirmé en extremo convencida —, esto no cambia nada.
En lenguaje humano eso significa que lo ha cambiado todo pero que no estamos dispuestos a aceptarlo.
—Y sabes otra cosa...
— ¿Qué?
—Esto aún no acaba...

Amanecimos todas enredadas entre un mar de sábanas. El delicioso roce que me produjo su cuerpo desnudo al despertarme, me hizo pedir otra ronda más. Pero supuse que lo mejor era esperar un poco. Que descansara que bien merecido se lo tenía.
La dejé dormida en la cama, me puse una enorme camiseta que me cubría lo necesario y me fui a la cocina. Prepararía el desayuno, comería y luego me bañaría.
No sabía qué hora era, gracias a Dios era domingo y eso poco importaba. Bostecé. Tomé algo de agua, me senté un momento para recordar como boca el encontronazo sexual que había protagonizado con mi mejor amiga... ¡Dios! Sencillamente divino. Rogaba porque se repitiera esa misma noche de ser posible.
Comenzaba a excitarme cuando escuché que llamaban a la puerta. Cuando pasé por la sala me di cuenta de la hora: 12:13. ¿Cuál desayuno? ¡Ya casi era hora del almuerzo!
— ¿Quién? —pregunté, pues no tenía la costumbre de abrir las puertas así por así.
No me contestaron. Me pareció extraño. Había creído que era Erick pero enseguida noté mi error.
— ¿Quién? —pregunté nuevamente pero con más brusquedad.
— ¿Asia? Soy yo, tu padre.
El corazón casi se me detuvo. Comencé a temblar, a dudar, y de lo único que estuve segura en ese momento, es que no estaba lista para enfrentar todo aquello.
—Buenos días, papá —saludé al abrir la puerta. Lo noté nervioso, pero serio, como siempre era.
—Tu madre me contó...
—Ah, lo siento —no sé por qué me disculpé, no tenía culpa de nada.
—No...
— ¿Asia?
Denise apareció envuelta en una sábana. Vaya... «Bueno —pensé— eso confirma el asunto»
—No quise interrumpirte —habló mi papá —, pero creo que antes que nada, debemos hablar.
—Claro —suspiré —. Deja que me cambie.
—Por supuesto.
Me retiré a la habitación de Denise, quería bañarme, estaba incómoda y aparte lo necesitaba, pero mi padre no podía esperar tanto.
Denise no apareció en ningún momento, quizás, y a pesar de su apariencia, se había quedado acompañando a mi papá, tal vez mientras yo me cambiaba ellos platicaban sobre algo de lo que yo nunca me enteraría, pero en fin, esos dos siempre se habían llevado bien.
—Dejo mis cosas por si acaso —le dije a Denise. Ella asintió.
—Está bien. Cualquier cosa —tomo mi mano —aquí estoy.
—Lo sé. —. Me incliné hacia ella, buscando sus labios, los cuales besé sin importar que mi papá estuviera presente —. Las cosas sí cambiarán —acepté con seguridad —, pero sé que será para bien.
—Eso espero —me abrazó —. Suerte con tu madre.
—Gracias.
Subí al auto, esperé que papá dijera algo, pero mientras atravesábamos la ciudad apenas se había limitado a tararear una que otra canción de las que sonaban en el radio.
No podía creer todo lo que había sucedido prácticamente de la noche a la mañana, y todo por una estúpida película homoerótica....
—Me alegra que sea ella —comentó papá después de bajarle el volumen a la radio.
— ¿Eh?
—Denise siempre me pareció buena chica, creo que está bien...
—Gracias —agradecí como si el cumplido me perteneciera.
—No te preocupes mucho —continuó —, creo que lograremos solucionar esto.
—Eso espero —sonreí. Luego bajé la ventana del auto, dejé que el aire revolviera mí ya indomable cabello y, mientras la distancia hasta mi casa se hacía más corta, solo podía pensar en el sinnúmero problemas que me esperarían de ahora en adelante... Mamá, Denise... Ah, las mujeres sí que somos complicadas.

FIN.


Licencia de Creative Commons
Y todo por una película homoerótica. by Seiren Nemuri is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.



Comentarios

  1. ¡¡¡¡No!!!!
    No me digas que esto no continua... En serio, no me lo digas.

    Dios, es completamente genial y perfecta. Me encantó, sólo he encontrado estos dos textos tuyos, espero que hayan mucho más.

    Eres excelente.
    Besos. :)

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    1. Pues por el momento tengo otros dos en "proceso" es que el Yaoi para mí ya sabes, es una afición, y no es que no me ponga seria cuando escribo de eso, es sólo que con el Yuri/lésbico, mi mentalidad cambia por completo, así que demoro más en publicar relatos de ese tipo.

      Muchas gracias por leer. Me alegra mucho que te haya gustado.

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    2. Muy bien, esperando para leerte de nuevo, con otro yuri.

      Saludos.

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    3. Si te gustan los Relatos Eroticos, visita la Comunidad Virtual SexoSinTabues.com

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      viva el sexo !!!!!

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  2. Pff...Sí, es genial y moriría si continuaras las historia!

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  3. >< quede con ganas de leer mas ;c que dijo tu mama? que paso despues con denisse ? djakldasdkjasldkjaksdsa

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  4. bello , soy una humilde escritora y desde ayer sin quererlo me tropece con tu espacio... maravilloso!!!

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  5. jahajahjahajah nooo espero que nunca me pase lo que a ella. xD Han estado a punto de cacharme viendo pelis así, pero siempre logro zafarme jahajhaaja.
    *-* Ha estado tan bueno, ah, gracias por tus relatos. Jahajha yo no sé qué día les confesaré a mis padres de mi bisexualidad, tal vez no lo haga... o sí. Confío en un futuro positivo (?).
    Ya sabes que también soy tu fan, de nuevo ¡gracias! :)

    Atte. Ana LOL Yaoi

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  6. Me ha gustado bastante el argumento que utiliza la protagonista al defenderse de su madre. Hay ideas tan erradas, para darle razón a la homosexualidad. Me has dejado con el sabor de querer más de esta historia, la curiosidad por saber más de la vida de Asia.

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    1. Al momento de escribirla pensé darle continuación, pero hasta el momento no he logrado materializar nada. Quizá algún día (?)

      Saludos.

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  7. te quedo relinda te felicito por tu trabajo

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  8. Hahaha me he reido mucho, Es una historia muy buena.
    Gracias por publicarla

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