A tu manera.

Uno de mis antiguos relatos cortos al que le hice unos cuantos arreglos, aunque prácticamente me quedó igual.
ADVERTENCIA: Chico x chico, violación, palabras soeces.
A tu manera.
Por Seiren.
Lo conocía desde que tenía uso de razón. Era mi amigo de la infancia, mi compañero de travesuras, mi compañero de clases, mi vecino, mi mejor amigo e incluso mi rival. Prácticamente conocía todo de él y lo había acompañado en cada cambio que ha hubo en su vida: como cuando murió su canario siendo él todavía muy pequeño, cuando entramos al colegio, cuando se hizo de su primera novia, y sobre todo cuando, murió su madre después de haber estado postrada en cama por más de dos años, esos años yo los sufrí con él.
Lo había visto sonreír y reír a carcajadas, triste, llorando, maldiciendo; había visto como se burlaba de los demás pero también como los ayudaba. Sí, sin lugar a dudas no había nadie en este mundo que lo conociera más que yo, no había nadie en este mundo que lo quisiera más que yo.»

El Keith que me gusta recordar era una persona muy amable y cariñosa aunque también tenían su lado gruñón, y también, de vez en cuando, disfrutaba el hacerle bromas a los demás. Tenía la manía de morderse los labios cuando no entendía algún ejercicio de matemáticas y me guiñaba un ojo siempre que veía a alguna chica que le gustaba. Desviaba la vista ligeramente a la derecha cuando mentía y sus labios esbozaban una sinuosa y recatada sonrisa cuando estaba feliz.
El Keith de mis recuerdos es un muchacho de diecisiete años común y corriente. Medía en ese entonces metro setenta, su cabello —castaño claro— le usaba corto, sus ojos marrón oscuro siempre me parecieron muy expresivos y su tez blanca, perfecta. Le gustaba el rock, no escuchaba otra cosa, pero también tenía un repertorio de baladas románticas para utilizarlas cuando la situación lo requiriera. Había tenido tantas novias que perdí la cuenta y en cuanto a amigos también tenía muchos: los chicos del equipo de futbol, los compañeros de clases y algunos vecinos.
Desde pequeño siempre le gustó el fútbol, de hecho me convenció para que me uniera al equipo, pero los deportes nunca fueron lo mío. Desde niño padezco de asma, mi complexión durante mi adolescencia fue débil, era extremadamente delgado y pálido, y mi cabello sólo contribuía a acentuar mi aspecto sombrío, o por lo menos siempre me dijeron eso. Nunca me destaqué en algo, por lo único que las personas me conocían fue por mi amistad con Keith, estoy seguro que de no ser por eso me habrían ignorado por completo.
Nos decían: «La pareja dispareja». Y La gente constantemente le preguntaba a Keith porque se relacionaba con una persona como yo. Entendía completamente porque se preguntaban esas cosas, después de todo Keith era una persona muy activa, no podía quedarse quieto por más de dos minutos, eso sólo lo hacía cuando dormía. Además era de los  inteligentes de la clase, atlético, popular y heterosexual. Un imán para las mujeres.
En cambio yo siempre fui bastante callado, reservado, tímido. Mi orientación sexual era algo que sólo mi hermana mayor, Keith y yo conocíamos en ese entonces. Mi hermana lo notó enseguida y siendo tan sobre protectora dijo que me apoyaba en todo  pero que consideraba mejor que no lo dijera nada a nuestros padres. A Keith se lo dije, lo hice porque siendo mi mejor amigo y la persona más cercana a mí, tenía el derecho de saber con qué tipo de persona se relacionaba. Él sólo sonrió y me dijo que esas estupideces a él no le importaban y que mientras yo quisiera seguiríamos siendo amigos. Me alegré mucho, tenía temor de que me odiara o que sintiera asco, pero no fue así. Keith sin duda es de las mejores personas que he conocido.
Uno de los grandes dilemas que enfrenté durante mi adolescencia fue el descubrimiento de mis propios sentimientos, por cliché que pueda sonar, me enamoré de él, pero lo que me puso mal fue el que yo creyera que él ya lo sabía todo. Por momentos pensaba que sólo estaba siendo paranoico, pero esa forma de pensar cambió cuando noté como comenzó a evitarme; ya no me veía a los ojos, se incomodaba cuando sólo estábamos los dos y jamás volvió a hablarme sobre sus distintas conquistas.
A mí me gustaba que me hablara de sus conquistas. No lo hacía en forma de alarde o por lo menos yo jamás lo sentí de esa manera .Así que, como dije, me gustaba que me hablara de chicas por loco que pueda sonar. Me decía qué era lo que le gustaba de una o le disgustaba de otra. Me sorprendí un poco cuando me confesó que le gustaban más los pechos pequeños, decía que los grandes eran incómodos y no alcanzaba a sujetarlos por completo con sus manos, cosa que hacía con las chicas de pecho pequeños, así que por raro que parezca era de los pocos chicos que yo conocía a quien le gustaban los pechos pequeños. También le gustaba las chicas que llevaban el cabello corto, a las que les gustaba el rock, a las que les gustaba estar al aire libre y las estudiosas, en resumen prácticamente se sentía atraído por cualquier espécimen del género femenino. Y a mí me gustaba que fuera así porque eso hacía que las relaciones formales fueran imposibles para él, jamás había durado más de tres meses con una novia y eso me hacía feliz, porque cada vez que terminaba con alguien llegaba a mi casa, nos encerrábamos en mi habitación y nos poníamos a beber.

Una mañana en el colegio me topé con unos chicos a quienes yo no les parecía la persona más simpática del mundo. Fue después del primero recreo, teníamos clases de educación física y como mi asma era cosa sería tenía permiso para no asistir a la clase. 
Aprovechando la hora libre fui al salón de clases a traer el libro de matemáticas para practicar unos ejercicios en los que había tenido problemas. Al llegar al salón me di cuenta que chicos de otra clase estaban hurgando en los bolsos y mochilas de mis compañeros, estaban robando. Sin saber que hacer me quedé completamente paralizado, aun cuando sabía que tenía que llamar a alguien para que me ayudara, decidí enfrentarme a los cinco chicos yo sólo.
—Ustedes no son de esta aula —dije muy firmemente —. Si no se van llamaré a un profesor, no tienen por qué estar tocando cosas que no les pertenecen
— ¿A ti quien te llamó? ¡Culero! —me insultó uno de los chicos —. ¡Piérdete si no quieres que te vaya mal! —espetó amenazantemente el chico de cabello rubio teñido, llevaba la camisa por fuera y los pantalones rotos.
—Gritaré
—Hazlo mariquita. —Otro de los chicos uno de cabello pelirrojo seguramente también teñido, se acercó a paso lento hasta donde yo estaba —. Grita y vas a ver qué te pasa —amenazó.
—No quiero problemas, sólo váyanse.
—Demasiado tarde —dijo el pelirrojo abalanzándose sobre mí. Luego tapó muy fuertemente mi boca con sus manos —. Ahora, esto es lo que vas a hacer: vas a venir con nosotros y  te vas a estar quietecito, ¿entendido? Si gritas... —dirigió una de sus manos al bolsillo trasero de su pantalón y sacó una navaja que puso enfrente de mi rostro —. Si gritas te hago la sonrisa más grande, ¿entendido?
—Sí —apenas alcancé a susurrar, estaba aterrorizado, había cometido un gravísimo error.

El chico me soltó y me pidió que los siguiera. Fuimos hasta el patio trasero del colegio cerca de donde estaban las viejas instalaciones del instituto. Años atrás hubo un terrible terremoto que las dejó en muy mal estado y los ingenieros civiles y arquitectos de la zona llegaron a la conclusión que salía más factible hacer aulas nuevas que remodelar y reparar esas viejas. Habían quedado en demoler el viejo edificio pero nunca lo hacían, así que lo usaban como depósito de chatarra y de basura aun cuando era peligroso entrar ahí.
Los cinco chicos comenzaron a reír desquiciadamente, me llevaron dentro del antiguo edificio y me rodearon. Daban vuelta a mí alrededor gritándome y maldiciéndome. Sabía que me iban a golpear y sabía que por estúpido me lo tenía bien merecido. Habría sido mejor dejarlos en paz.
El rubio se acercó a mí mientras los otros seguían girando a mí alrededor, me tomó del pelo e hizo que me arrodillara, yo rogaba porque no me obligara a hacer lo que yo sospechaba.
— Sabes —gritó el pelirrojo —, a Marcelo le van los chicos y sabe cómo entretenerse con ellos, los demás preferimos una buena vagina pero por eso no vamos a dejar que nuestro amigo no se divierta de vez en cuando, no somos homofóbicos, ¿verdad chicos?
— ¡Claro que no! —contestaron los demás casi al unísono. Aparentemente el pelirrojo era el líder y el rubio, Marcelo, iba segundo o eso me pareció.

Luego de esos el círculo se rompió  los demás chicos se fueron, quedamos el rubio, el peli rojo y yo.
—Si intentas algo te destazo —me amenazó el chico nuevamente el chico de la navaja.
Yo seguía de rodillas y Marcelo aún me tenía tomado por el pelo, me lo halaba y eso me lastimaba. La mano que tenía libre la llevó hasta el cierre de su pantalón, lo abrió y se sacó el pene que aún estaba flácido. Eso fue espantoso. Tenía un color raro y lo peor de todo era que olía mal, ni en bromas pensaba meterlo a mi boca. Arrugué la cara por el penetrante olor y eso no le gustó al rubio que me propinó una buena patada en el estómago, me tiré al suelo y me retorcí de dolor, me pegaba un poco más fuerte y vomitaba.
Nuevamente me obligó a ponerme de rodillas halándome del cabello, grité de dolor. Con una mano en mi cabello y con la otra en su pene yo sólo veía como el forcejaba para meterme su flácido miembro en la boca, yo me resistía con todo lo que podía

— ¡Vaya, vaya, abre la boca! —gritó el pelirrojo que estaba entretenido tallando un pedazo de madera vieja con su navaja, abre la boca si no quieres que te la vaya a abrir yo.
—Deja José, yo puedo con esto —bufó Marcelo.
—Sólo hazlo rápido que quedé de verme con una chicas.
— ¡Entonces vete!
— ¡Nah! Por nada del mundo me perdería este espectáculo —sonrió maliciosamente —. ¡Vamos culero abre la boca y cómete ese pene! ¡Marica de mierda! ¡Si eso es lo que quieres, se te nota en la cara!

Yo no estaba dispuesto a hacer  eso ni de broma, preferí que me dieran la paliza de mi vida a correr el riesgo de contraer alguna enfermedad, así que como pude  me solté del agarre de Marcelo. En el proceso perdí algunos cabellos pero no me importó, salí corriendo tan rápido como pude.
Como yo no estaba familiarizado con el viejo edificio corría sin saber qué rumbo tomar o sin saber que en lugar de acercarme a la salida me alejaba más de ella. A mis espaldas escuchaba los gritos de los chicos y sus acelerados pasos, era cuestión de tiempo para que me alcanzaran así que me pareció mejor encontrar un buen lugar para esconderme.
Era presa del pánico y no sabía qué hacer, o qué rumbo tomar, mis pulmones empezaron a contraerse y a dilatarse afectando gravemente mi respiración. Entré a una vieja aula y me escondí detrás del escritorio del maestro. Había cristales rotos por todos lados pero no me percaté de ello, me escondí detrás del escritorio asomando la cabeza por encima de éste, así fue como lastimé mis rodillas, se me rasgó el pantalón y también lastime las palmas de mis manos que pronto comenzaron a sangrar.
Mi respiración seguía muy agitada y era muy ruidosa, sabía de seguir así, me delataría y pronto me encontrarían, por es saqué el inhalador de mi bolsillo y aspiré, cerré los ojos y traté de quedarme lo más quito posible para ver si escuchaba a los chicos.
No escuchaba nada pero presentía que seguían ahí por alguna parte, no iban a dejar que me fuera bien librado del asunto. Sabía que tenía que dar una buena pelea si no terminarían violándome y no quería que mi primera vez fuera de esa forma, ni siquiera hubiera imaginado mi primera vez, y aunque me hubiera gustado que fuera con Keith jamás fantaseé con esa idea ya que sabía que eso era sencillamente imposible.
Me puse de pie, me incomodé un poco por el ligero dolor que sentía en mis rodillas. Caminé sigilosamente hasta la puerta para ver si los miraba cerca, tenía que caminar con mucho cuidado pues con cada paso los cristales rotos sobre el piso tronaban y se quebraban aún más, si no tenía cuidado me escucharían.
Al estar en la puerta observé en ambas dirección, vi que era un aula de segundo año así que debía de estar en el segundo piso, buscaría las gradas que daban al primero y una vez ahí buscaría la salida aunque no tenía ni la menor idea de cómo había llegado al segundo piso. Caminé muy lentamente, cada sombra que miraba o cada ruido que escuchaba me asustaba pero controlé el miedo en la medida que me fue posible, me bienestar dependía de ello.
Al fin encontré las gradas que daban al primer piso, las bajé con sumo cuidado pero me desconcertaba el hecho de que todo se volvía más oscuro, el aire era más pesado y húmedo, olía a tierra mojada. No me pareció que esa fuera la salida y cuando decidí regresar vi que el camino ya no estabas despejado.

— ¿Que no sabías? El primer piso está bajo tierra. ¿Pensaste que esa era la salida? ¡Idiota!  —se burló José quien jugaba con su maldita navaja  —. Ahora ya no tienes por donde escapar culero de mierda, o haces lo que te decimos o de aquí no sales con vida  caminó y se colocó detrás de mí, paseó el lado sin filo de la navaja por mis mejillas y la metió en mi boca —. Te dije que te haría la sonrisa más grande, ¿lo hago ahora?
—Hazlo cuando termine —dijo Marcelo —, con la boca lastimada no me sirve.
—Aún tiene el culo.
—Sí, pero quiero correrme en su boca y que se lo trague todo —rió vulgarmente —. Marica, te tragaras mi pene enterito y lo saborearas como si fuera la cosa más deliciosa del mundo, ¿estamos de acuerdo con eso?
— ¡Primero muerto!
— ¡Epa, epa!, ten cuidado con lo que dices, que se puede hacer realidad. —Un dolor insoportable se apoderó de mi cuerpo, el pelirrojo cortaba mi brazo derecho con su navaja desde la muñeca hasta el codo. Grité por el dolor mientras sentía como mi piel era rasgada por el filo de la cuchilla, y luego sentí la calidez de mi sangre al emanar de la herida
—Ten cuidado que no quiero que se desangre antes de poder jodérmelo.
—Te lo dejo, es todo tuyo. —Con la navaja cortó el cinturón, vaya que debía de tener filo si era un cinturón grueso de cuero, también rasgó mi camisa por el frente hiriendo superficialmente mi pecho —. Aquí lo tienes —me empujó y fui a caer a los brazos del rubio.
—Es hora de que me la chupes cabrón, y cuidado me muerdes culero hijo de puta que si lo haces te arranco el pene con los dientes.

Me obligó a ponerme de rodillas, sacó su pene ahora algo erecto y lo puso frente a mi rostro. Lo viera como lo viera aquello no tenía salida, no me quedaba de otra, el dolor en mi brazo ya era demasiado no soportaría que me hicieran algo más, así que abrí la boca, pero dudé y la volví a cerrar, recibí un jalón de cabello y un insulto. Volví a abrir la boca, trataba de no respirar porque el olor que emanaba del pene del rubio era demasiado asqueroso, cuando por fin sentí que su erección entraba en mi boca me sentí vomitar, seguro vomitaría lo poco que había comido y recibiría una paliza por eso.
Nunca han pisoteado mi orgullo como en esa ocasión. Me avergonzó ser tan débil y no ser capaz de defenderme, aún me causa repulsión el recordar la manera en que chupaba la erección de ese chico. Me obligó a lamérsela, a chupársela, penetraba mi boca salvajemente mientras yo evitaba a toda costa vomitar. El rubio gemía de placer y espetaba vulgaridades, el pelirrojo seguía jugando con su navaja y de vez en cuando nos veía y gritaba algún insulto y una que otra vulgaridad.
En mi boca sentí como el cuerpo de Marcelo se tensaba, y luego los aspamos que recorrían su cuerpo mientras me llenaba con su semen.
— ¡Trágalo! —ordenó.
Yo no podía hacer eso, era demasiado asqueroso, intenté hacerlo pero la repulsión me ganó y terminé vomitando todo en sus pies.
— ¡Culero mal parido! ¡Mira lo que hiciste! —Me propinó una patada en el estómago lo que hizo que vomitara nuevamente —. Pensaba dejarte ir después de esto pero ahora tendrás que pagar por haber vomitado mis zapatos.
—Lo siento, pero por favor ya es suficiente déjeme ir, por favor, por favor —rogué tirando al suelo el poco orgullo que me quedaba.
—De nada sirve que supliques —rió a carcajadas —. Te joderé tan fuerte que no podrás caminar en días.
—Por favor...
— ¿Y tú que dices José, se te apetece una mamada? —me ignoró y se dirigió a su amigo.
—Es un chico, no será capaz de ponérmela dura —contestó el pelirrojo.
—Pero si logro que se te ponga dura aceptaras que este chico te la mame, ¿apuestas?
—Adelante.
—Ya escuchaste, vamos a dar un buen espectáculo.

Me desvistió por completo, yo forcejeé porque aún no era capaz de rendirme y aceptar lo que estaban a punto de hacerme. Marcelo me golpeó en el rostro y en el estómago, y aunque el dolor era demasiado fuerte, intenté escapar nuevamente. Me levante e intenté correr pero él me cogió por las piernas haciendo que perdiera por completo el equilibrio, debido a eso caí aparatosamente sobre el suelo raspando una de mis mejillas la cual pronto empezó a sangrar. El rubio me haló con fuerza hacía él, mi espalda tocaba su pecho, abrió mis piernas para que el pelirrojo me mirara, tomó mi pene entre sus manos y comenzó a masturbarme, el otro chico nos observaba sin parpadear y eso me repugnaba aún más.
El rubio comenzó a perder la paciencia al ver que sin importar que tanto me tocara, no lograba conseguir que mi miembro se pusiera erecto. Y como iba a excitarme si ya estaba al borde de la desesperación, estaba aterrorizado e indignado porque no merecía nada de lo que me estaba pasando, con una paliza bastaba, no tenían por qué haber llegado tan lejos.
Pero el tipo no se rendía, incluso metió mi pene en su boca y comenzó a lamerlo y a chuparlo y aun así mi cuerpo no reaccionaba para nada, al final se cansó.
—Ponte como perrito —me ordenó pero yo lo ignoré por lo que se vio obligado a darle más énfasis a su orden con una nueva patada —. ¡Ponte como la perra que eres!

Lo hice, aunque estaba muy adolorido y sangraba casi por todos lados, me preguntaba cómo era posible que aun siguiera consiente.

En eso el otro chico se acercó y se puso frente de mí, vi como liberaba su pene y sin tener que decir nada lo metió en mi boca muy agresivamente

—Eso significa que yo gané la apuesta
—Eso significa que ya perdí la cita con la chica que con gusto me la hubiera mamado, como este culero me hizo perder el tiempo lo tendrá que hacer él.

Lo único que yo sentía era como a poco a poco perdía la conciencia. Tener el pene del pelirrojo en la boca no ayudaba tampoco y mucho menos cuando sentí como prácticamente era partido en dos al ser penetrado por el rubio. Ambos chicos me embestían salvajemente y yo no podía hacer nada para detenerlos, no tienen idea de cómo deseé haber muerto en ese momento y pensé que mi deseo se haría realidad pues todo a mi alrededor se oscureció de repente.
Perdí la conciencia y cuando desperté me percaté que también había perdido la noción del tiempo. Intenté levantarme pero mi cuerpo estaba demasiado adolorido, vomité al sentir restos de semen en mi boca. Como quedé inconsciente no supe que más me habían hecho esos chicos pero al ver mi cuerpo, y no sólo mi boca y mi trasero lleno de semen, supe que se habían divertido a lo lindo a costa mía. Qué bueno que me desmayé porque si no, no hubiera sido capaz de soportarlo todo.
No sólo estaba bañado en semen sino también en sangre aunque la mayoría ya había coagulado. Mi cuerpo se sentía asqueroso, yo me sentía asqueroso y no fui capaz de hacer otra cosa al respecto más que ponerme a llorar. Lloré como nunca lo había hecho, lo que hizo que los restos de fluidos corporales sobre mi cuerpo aumentaran, ahora estaba bañado en semen, sangre y lágrimas, era patético y lo único que podía inspirar en ese estado era repulsión y en el mejor de los casos, lastima.
Como pude me vestí y requirió muchísimo más esfuerzo ponerme de pie. Muy lentamente y apoyándome en las paredes caminé en busca de la salida. Tuve que caminar mucho y buscar muy cuidadosamente ya que todo estaba muy oscuro, probablemente ya no había nadie en el colegio porque ya era de noche. Como no encontraba la salida tuve que lanzarme por una ventana, no me pareció mala idea porque no estaba a más de un metro del suelo, pensé que no tendría problemas con el aterrizaje pero si los tuve, aterricé  sobre el brazo que no tenía lastimado y me lo disloqué, por suerte no me lo rompí.
En la oscuridad pude ver que en verdad el primer piso del edificio estaba bajo tierra y obviamente no encontraría una puerta de salida si estaba en el segundo, si se me hubiera ocurrido antes saltar por una ventana tal vez no me habría sucedido nada.
Pero ese «tal vez» era cosa del pasado y yo tenía que concentrarme en el presente. Mis cosas aún seguían en el aula, tenía que ir por ellas porque en mí mochila guardaba mi celular y necesitaba llamar a alguien para que viniera a ayudarme, eso si no era que esos chicos me lo habían robado.

Todo estaba oscuro apenas unas pocas lámparas estaban encendidas, tuve que caminar mucho para llegar al aula, atravesé el patio trasero, las canchas deportivas, entré al edificio y subí las gradas hasta el segundo piso hasta llegar a mi salón de clases.
Al entrar, aun con lo oscuro que estaba, noté una silueta dentro del aula, me paralicé pensando que los desgraciados habían vuelto por más, ya no soportaría más maltrato.

— ¿Allan? ¿Al, eres tú? — Claramente pude reconocer la voz de Keith
—Sí —contesté  tratando de evitar que mi voz delatara mi dolor, como estaba muy oscuro no había visto la condición en la que me encontraba.
— ¿En dónde te habías metido? Estaba preocupadísimo, pensé que te había pasado algo malo.
—No me pasó nada estoy bien, sólo me quedé dormido en la biblioteca.
—Mentiroso, te he ido a buscar a la biblioteca y ahí no estabas. Casi muero de la desesperación. ¿Dónde estabas metido? ¿Por qué no tuviste  la decencia de avisarme que te irías?
—Dejé mi celular en la mochila.
—Me hubieras dejado una nota escrita sobre el pupitre o algo, no tienes excusa Al, me dejaste muy preocupado, ya estaba a punto de llamar a tus padres y a tu hermana.
—No es necesario, ya estoy bien.
— ¿Dónde estabas? Hay algo raro en tu voz, ¿te pasó algo?
—No... — apenas y pude contestar y como había cerrado los ojos por lo avergonzado que me sentía, no me percaté en que momento Keith encendió luz —. Estoy bien —murmuré y abrí los ojos lo único que vi fue a un joven aterrorizado y sorprendido con los ojos llenos de lagrimas
— ¿Q—qué te p—pasó? —lloraba aunque claramente trataba de contenerse.
—Nada —contesté. Retrocedí varios pasos, no quería que él  me viera así.
— ¿Nada? —sollozó —. ¡Estás lleno de sangre! —Intentó acercarse a mí pero cada paso que el avanzaba yo retrocedía.
—No te acerques, estoy sucio.
— ¿Y crees que eso me importa? —se abalanzó sobre mí y me abrazó fuertemente, me lastimó pero al mismo tiempo me sentí muy reconfortado. Permanecimos así hasta que nos cansamos y caímos sobre el suelo pero sin dejar de abrazarnos —. No sólo te golpearon, ¿verdad?

—No.
— ¿Te violaron? —preguntó con la esperanza que yo le dijera que no, aunque en el fondo seguro sabía que yo no le contestaría eso.
—Sí. —No pude contener más las lágrimas —. Me obligaron a hacer muchas cosas asquerosas, metieron sus penes en mí boca, me cortaron con una navaja, me golpearon, me bañaron con su semen, me pe—penetraron... —Lo abrasé con más fuerza —. Me doy asco, siento repulsión de mí mismo, me siento tan sucio... Keith, ¡Keith!
—No digas eso —lloró conmigo —. Yo te dejaré limpio de nuevo, no digas esas cosas.
—Pero...
— ¿Puedes andar?
—Eso creo.
—Muy bien.

Me ayudó a ponerme de pie y apoyándome en su hombro, nos dirigimos a las duchas del colegio. Me sentó sobre una banca y comenzó a desvestirme. Revisó uno de los casilleros en donde encontró varios artículos de aseo personal y toallas, ya se disculparía con la persona a la que les pertenecían. También encontró una bolsa plástica y ahí metió mi uniforme ensangrentado y lleno de otros fluidos corporales.
Luego él también se desvistió. Dobló su uniforme y lo guardó en uno de los casilleros, tomó las toallas y las demás cosas y me llevó a las duchas.
El agua estaba fría, no habría agua tibia porque ya habían apagado los calentadores, pero no me importó. Keith mojó una toalla pequeña y la llenó de jabón, me pidió que extendiera mi brazo y comenzó a lavarlo con cuidado para quitar la horrible costra de sangre que había quedado sobre el largo corte que tenía. Yo lo miraba y claramente podía ver que seguía llorando. Luego lavó mi pecho y mi mejilla raspada y mis rodillas. Luego con mucha más delicadeza lavó la sangre coagulada entre mis piernas, también había restos de semen dentro de mí.
Me abrazó fuertemente, mi pecho junto al suyo se sentía muy agitado. Recorrió mi espalda con sus manos hasta llegar a mis glúteos.

—Aun tienes sangre y semen ahí dentro, la limpiaré por ti ¿de acuerdo? Si te lastimo dime.
—Sí —acepté y lo abracé.

Con sus manos separó un poco mis glúteos de manera que el agua fría de la ducha llegara hasta mi ano, aún había sangre y semen ahí y Keith quería que el agua se llevara todo eso. Yo simplemente lo abrazaba y dejaba que me limpiara.

—Entiendes que tendremos que ir al hospital ¿verdad?
—Sí.
—Y en el hospital llamarán a la policía y a tus padres.
—Lo sé.
—Los policías te pedirán que les relates lo ocurrido, ¿puedes hacerlo?
—Sí puedo... si podré.
— ¿Recuerdas bien cómo era la per... las personas que te atacaron?
—Sí.
—No lo olvides, ¿de acuerdo?
—No podría.
—Les tendrás que decir todo tal y cómo ocurrió, aunque no te guste.
—Sí.
—Luego de todo eso me quedaré contigo y lloraremos todo lo que quieras, ¿te parece?
— ¿Qué cosas dices? —Sonreí falsamente —, si ya estamos llorando.
— ¿Sí verdad?, que tonto soy.

Seguimos llorando abrazados y por alguna manera el que llorara conmigo me alegraba, era como si tratara de tomar parte de mi dolor. Por eso lo amaba tanto y aunque él no me amaba de la manera que yo esperaba, no significaba que no me quería. Keith me quería mucho, esa noche me lo demostró.
Mi cuerpo comenzó a temblar debido al frio. Keith me sacó y me vistió con su uniforme de educación física, estaba algo sucio pues lo había usado ese día pero no había nada más que yo pudiera usar.
Me dejó por un momento para ir por nuestras cosas al aula, cuando regresó metió mi uniforme ensangrentado a su mochila. Le dije que yo cargaría la mía pero no me dejó. Me tomó de la mano y muy lentamente caminamos. Como era algo tarde era difícil que pasaran taxis, demoramos mucho en abordar uno y no era buena idea viajar en bus por mi estado así que después de una larga espera un taxi pasó y lo abordamos para dirigirnos al hospital.
Todo se puso peor. Como Keith había dicho, llamaron a la policía y a mis padres. Cuando mamá me vio se desmayó, mi hermana comenzó a llorar desconsoladamente y mi padre quien siempre se mostraba duro como una roca, cayó de rodillas y comenzó a llorar también. La cosa se puso aun peor cuando tuve que relatar todo a los policías, toda la familia estaba a mi lado, porque como era menor de edad todavía, tenía que ser acompañado por un familiar, también Keith se quedó a mi lado. Relaté todo como lo recordaba, mamá que ya había despertado se volvió a desmayar, mi hermana corrió a abrazarme y mi papá se llenó de furia y les exigió a los policías que metieran a mis agresores presos lo antes posible. Le di los nombres que había escuchado y las descripciones físicas de los chicos, los policías pronto se pusieron en contacto con el coordinador académico del colegio para que les brindara toda la información necesaria para localizar a los chicos. Al final del interrogatorio Keith sacó de su mochila mi uniforme y se los entregó a los oficiales quienes le agradecieron y lo felicitaron por la ayuda que me había brindado a mí y a ellos.
Me hicieron muchas pruebas de sangre, me suturaron el corte en el brazo y lo vendaron y el brazo dislocado lo colocaron en su lugar así que dejó de dolerme. Prácticamente me bañaron en antisépticos y me pusieron varias inyecciones. Lo que más me asustó fue la prueba de VIH que me hicieron, en serio me asustó, bueno, todos se asustaron lo pude ver en sus rostros.
Tampoco pude comer nada, aunque tenía que hacerlo, simplemente no pude, toda la comida que probaba me hacía vomitar así que terminaron poniéndome suero por vía intravenosa, no podían permitir que me debilitara aún más.
Keith no se despegaba de mi lado aunque mi madre y mi hermana le decían que sería bueno que descansara un poco, él simplemente se negaba y les decía que tenía que cuidarme y que no me volvería a dejar solo por nada del mundo. Mi madre se cansó de insistir y en su lugar mi hermana acompañó a papá de vuelta a casa para traerme algo de ropa y de paso para avisarle al papá de Keith que no llegaría a casa esa noche.
 El doctor que me trató se mostró bastante optimista con los resultados, aparentemente, a pesar de todas las patadas que había recibido, no mostraba daños internos graves, y ninguna herida la tenía infectaba, pero aún faltaba los resultados de la prueba de VIH que tardaban un poco más. El doctor se despidió diciéndome que era vital que descansara mucho para ayudar a mi cuerpo a recuperarse más pronto.  Y aunque me habían recomendado dormir no podía quedarme dormido por más de una hora, despertaba a cada momento asustado y me aterrorizaba aún más al ver todo tan oscuro, al final decidieron dejar la luz de una lámpara encendida. Keith dormía a mi lado y se quedó conmigo y no asistió al colegio hasta que me dieron de alta en el hospital.
Luego de unos días testifiqué en contra de Marcelo y José quienes fueron enjuiciados como adultos ya que pocos meses faltaban para que fueran mayores de edad. Los demás chicos que fueron cómplices parciales en todo el asunto recibieron arresto domiciliario por un año, varias horas de servicio comunitario y varias visitas a psicólogos además de que sus padres tuvieron que pagar una fianza. No supe cuántos años de prisión le dieron a Marcelo y a José, sólo supe que el rubio recibió más años de condena que el pelirrojo con la posibilidad de apelar para salir bajo fianza después de 5 años de prisión.

Y así poco a poco parecía que mi vida comenzaba a volver a la normalidad. Gracias al cielo no me había contagiado nada malo, estaba perfecto físicamente excepto por la fea cicatriz en mi brazo. Ya habían pasado seis meses y había ido al hospital a repetir la prueba de VIH la primera vez había salido negativa pero tenía que hacerse otra después de seis meses para verificarlo. Ese día Keith no pudo acompañarme pero como yo ya estaba mucho más tranquilo no tuve problema. A la semana recibí los resultados: Negativo. Aun así había quedado con ciertos problemas, el más notable era las náuseas que sentía de vez en cuando al recordar lo sucedido. Pero como Keith estaba a mi lado la mayoría del tiempo, se me pasaba rápido.

Me sentía aliviado y sorprendido al mismo tiempo pues como era de esperarse todos se dieron cuenta en el colegio de lo que me había sucedido. Había salido en las noticias y hasta gente que me miraba en la calle me reconocía. Iba a citas con un psicólogo los martes y los jueves y los lunes y los viernes hablaba con el psicólogo del instituto. Pues como decía, lo que me alivió y me sorprendió fue el hecho de que mis compañeros y demás estudiantes del instituto no me profesaran lastima, obviamente había  más de uno que si lo hacía pero como la gran mayoría seguía ignorándome me sentí aliviado. Todo seguía como siempre excepto que ahora estaba mucho más enamorado de Keith y al mismo tiempo que no me sentía merecedor del afecto y los cuidados que recibía de su parte. Había comenzado a ignorar a las chicas, en ningún momento me dejaba solo, ni para ir al baño. Ya no salía a citas y las chicas le reclamaban constantemente por lo descuidadas que las tenía. Y cuando se cansaron de reclamarle a él comenzaron a tomarla en contra mía.
En parte era culpable, sabía que Keith permanecía a mi lado porque era demasiado sobreprotector y temía que algo malo me volviese a suceder y aunque me fascinaba tenerlo a mi lado, el asunto ya se estaba volviendo demasiado tedioso.  Había olvidado vivir su vida por estar todo el tiempo cuidándome.

Durante un recreo una chica muy guapa de último años se acercó a la mesa donde Keith y yo estábamos comiendo. Muy tímidamente le entregó una tarjeta a Keith y le preguntó si estaba libre el viernes porque quería salir con él. «Que directa», fue lo que pensé y también pensé, que mi afortunado amigo no la rechazaría, pero para mi sorpresa si lo hizo, la rechazó y ella se alejó de la mesa con la mirada fija en el piso.

—Keith, ¿por qué no aceptaste la invitación de esa chica?, era de último año y me habías dicho que te gustaba.
—Esa noche es noche de películas en tu casa.
—Podemos dejar las películas para otro día.
—Ni hablar,  te lo prometí a ti primero.
—Deja de inventar excusas, si la chica te gusta sal con ella y punto.
—No quiero, ya no me gusta.
—Mentiroso, si noto como la miras.

— ¿Y cómo sabes que la miro?
— ¡Porque siempre te estoy viendo a ti! —En ese momento deseé haberme mordido la lengua, pero en ese agregué —: Porque no me dejas sólo ni un segundo, ya deja de sobre protegerme es molesto.
—Eso lo decido yo.
—No, eso lo decido yo, si sigues descuidando tus cosas por cuidarme a mi juro que comenzaré a odiarte.
—Entiéndeme, no quiero que nada malo te vuelva a suceder.
—Lo entiendo, pero tú tienes tu propia vida por vivir, seguro que desde lo que sucedió no has salido con nadie, ni con tus novias y mucho menos con tus amigos.
—No los necesito, sólo te necesito a ti.
—No digas cosas que pueda mal interpretar —suspiré.
— ¿A qué te refieres?
—Olvídalo.

El viernes llegó, preparamos palomitas de maíz, refrescos y dos buenas películas de ciencia ficción. A Keith le gustaba mucho ese género. Por mi parte después de lo sucedido se me había dificultado ver películas o programas de televisión, según el psicólogo era una especie de trauma, porque antes me fascinaban las películas de terror y ahora las detestaba, no podía ver nada de dramas médicos ni películas de acción, cualquier cosa sinónimo de sangre me ponía mal. No era capaz de soportar ver como una persona lastimaba a otra aunque fuera simple ficción y desarrollé una terrible fobia por los objetos afilados. Mi vida parecía normal pero en mi mente habitaban temores hasta esos entonces desconocidos. Los únicos que sabíamos de su existencia éramos Keith y yo, porque yo le comentaba todo, cosa por la cual me arrepentí después, creo que eso fue lo que hizo que se volviera tan sobre protector.
Nos encerramos en mi habitación, apagamos las luces y encendimos el DVD y el televisor. La primera película que vimos nos pasó desapercibida, ya no recuerdo de qué se trataba o que actores interpretaban los papeles principales, la película corría pero ambos platicábamos ignorándola por completo. Cuando  por fin nos fijamos en la televisión estaban los créditos, nos perdimos toda la película.
—Si no nos llamó la atención es que no era buena —comentó Keith mientras se acercaba al reproductor para sacar el disco e insertar el otro.
—Es que eres malísimo escogiendo películas, ¿y esa otra de qué trata?
—Es una comedia romántica.
— ¿Comedia romántica? Esas cosas son las que debes ver con la chica que te gusta no, con tu mejor amigo —sonreí, aunque obviamente no quería ver una comedía romántica con él a mi lado.
—Supongo... —Silencio incomodo —. Oye Al, siempre he querido preguntarte algo pero nunca he tenido el valor de hacerlo, supongo que puedo hacerlo ahora, supongo... —Me miró incómodo —. Al, ¿puedo preguntarte algo?
— ¡Huy! Que serio —lo tomé como broma —. Dime.
— ¿Hay algún chico que te guste?
— ¿Por qué lo preguntas? —En serio me sorprendió.
—Supongo que por curiosidad. Aun así sé honesto.
— ¿Por qué te da curiosidad? —Con cada minuto me ponía más nervioso.
—No lo sé, supongo porque nunca me has hablado de eso. Me confesaste que eras gay pero solamente eso, no sé si has tenido novio o si te gusta alguien, y eso que se supone que soy la persona más cercana a ti. Sabes que puedes contarme lo que sea, eres mi mejor amigo
—Lo sé pero no te lo diré.
— ¿Por qué? ¿No confías en mí?
—No es eso.
—También te tengo otra pregunta, se honesto, es algo que me ha estado molestando por mucho tiempo, no creas que soy insensible idiota desconsiderado, puede que no lo parezca pero siempre me doy cuenta de las cosas que pasan a mi alrededor. — Se acercó y se sentó frente a mí —. No quiero sonar ególatra ni nada de eso pero, ¿estás enamorado de mí?
— ¿Por qué preguntas eso?
—Sólo contesta.
—No quiero —intenté levantarme pero él me detuvo.
—Contesta.
—Deja de confundir las cosas —forcejeé para soltarme de su apretado abrazo pero no pude.
— ¿Qué es lo que estoy confundiendo?, noto como me miras, como me tocas, las cosas que me dices, ¿piensas que no entiendo el sentido con que las dices?
— ¡No, no, no!
—Dilo, di que estás enamorado de mí.
— ¿Y eso que cambia?
—Seremos novios y cuidaré de ti para siempre.
—Que cruel... ¡Que cruel! Dices eso pero tú no sientes lo mismo, desde hace mucho te diste cuenta de mis sentimientos ¿verdad? Yo también lo noté, empezaste a sentirte incomodo en mi presencia y dejaste de hablarme de tus conquistas, pero sobre todo evitabas a toda costa que nuestras miradas se encontraran, así que sí sabías desde hace mucho tiempo lo que siento por ti ¿por qué hasta ahora me propones que seamos novios? —Al fin pude separarme de él quería ver su rostro pero no pude, tenía miedo de ver la expresión que tenía —. ¿Me tienes lastima?
—No es eso —su voz tembló, él se percató de la poca fuerza que le había impreso a sus palabras agachando la cabeza y apretando sus puños —. Me gustas en serio, te amo.
—Si me amas pero no de la forma que me gustaría que me amaras, me amas a tu manera.
—Puedo intentarlo, siempre nos hemos llevado bien así que no habrá mucho problema.
—Una relación de ese tipo no sólo es eso y lo sabes —me acerqué a él tomé su rostro con mis manos y muy lentamente lo besé, el beso comenzó muy suave y él me respondía pero cuando traté de profundizarlo él bruscamente se apartó —. Lo ves.
—Me has cogido desprevenido eso es todo.

Dicho eso se acercó a mí y me abrazó con mucha fuerza. Besó mi cuello y metió sus manos por debajo de mi camisa acariciando mi espalda y mi pecho, su respiración estaba agitada y aunque parecía muy seguro de lo que hacía la verdad era que sus caricias estaban llenas de dudas. Capturó mis labios con los suyos en un profundo beso, podía sentir su húmeda y cálida lengua dentro de mi boca, acariciando mi paladar, entrelazándose con mi lengua, se sentía muy bien y se habría sentido aún mejor si él se hubiese mostrado más seguridad al momento de acariciarme. 
Me quitó la camisa y empezó a lamer mis pezones, después desabrochó mi pantalón y tomó mi miembro con una de sus manos. El tiempo pasaba, pero a mí nada me pasaba. Notaba la desesperación en su rostro, no importaba cuánto me masturbara con su mano, mi pene no se endurecía, seguía flácido y pequeño. Aun así no se daba por vencido así que tuve que detenerlo cuando vi que estaba dispuesto a acogerme en su boca.

—Da igual, no ganaré una erección aunque hagas eso.
— ¿Por qué?
—El psicólogo dijo que quedé traumado en muchos aspectos  sonreí tratando de restarle importancia a la situación —. Así que ya no funciono de esa manera.
—Déjame intentarlo, sólo un poco más y...
—Ya lo he intentado, no se pone duro sin importar que tanto lo estimule. Antes me excitaba con tanta facilidad y ahora simplemente no funciono, según el psicólogo todo está en mi mente. Pero por un tiempo creo que no seré capaz de no tener sexo.
—No importa, las relaciones románticas con giran en torno al sexo, no es tan importante
—No digas cosas que no crees en realidad.
—Allan, por favor intentémoslo.
—No  Keith, llámame cobarde si quieres pero no puedo arriesgar nuestra amistad, sobre todo porque tú no sientes lo mismo que yo, lo haces sólo porque me tienes lastima.
—No es cierto, te amo.
—Sé que me amas pero no de la misma manera que yo te amo a ti.
— ¡Allan!
—Estaré bien Keith. Muchas gracias por preocuparte por mí.

Después de ese incidente hubo muchos parecidos, Keith no quería darse por vencido pero yo ya sabía que era caso perdido. Él tenía que seguir con su vida y yo sólo estaba en su camino. Poco a poco y por cuenta propia decidí alejarme de él. Fuimos a universidades diferentes y nuestra hermosa amistad pronto se convirtió en un lejano recuerdo.
Nos encontramos en un seminario que impartían en su universidad y al cual yo asistí. Con las cosas más claras en nuestras cabezas fuimos capaces de platicar de todo lo ocurrido con mucha más objetividad. Él aceptó muy avergonzado que todos sus avances para conmigo habían sido por lástima, pero más por culpa por no haberme protegido, y también porque había decidido ignorar mis sentimientos cuando se percató de estos. Me comentó lo incomodo que se había sentido cuando descubrió que yo estaba enamorado de él y por eso se había comportado de esa manera tan estúpida. Incluso me pidió disculpas pero yo no las acepté, no había nada de lo cual tenía que disculparse.

—Pero en serio te amé —comentó —, eso es lo único en lo que estoy totalmente seguro. Te amé como nunca he sido capaz de amar a nadie
—Lo sé —sonreí y tomé su mano —. Siempre fui consciente de lo mucho que me amabas.

Nos despedimos con promesas de volver a encontrarnos, pero pasaron las semanas, los meses y los años y no nos volvimos a ver. Yo atesoraba su amistad y recordaba con mucho cariño todo los años que compartimos juntos. Al verlo me di cuenta que aún lo amaba y él también a mí, pero también supe que ya hora de avanzar y seguir con mi vida.

Diez años después y con una invitación en la mano estaba muy sorprendido, no sólo me invitaba a su boda sino que también me pedía que fuera su padrino, no pude negarme.
Me alegró el hecho de que encontrara una compañera con la cual quisiera compartir el resto de su vida. Yo aún no había sido capaz de establecer una relación más o menos formal con nadie. Los traumas de mi pasado aún me acosaban y no me dejaban dormir, pero aun así me seguía esforzando mucho. La vida no era color de rosa para nadie.
Incapaz de poder relacionarme abiertamente con las personas, ocupaba mi tiempo libre leyendo, un día me encontré con una cita del escritor Gabriel García Márquez que llenó mi corazón de dicha y que de alguna manera describía mis sentimientos y los de Keith:

«Que alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser».

Esa corta frase me dio fuerza. Y aunque mi vida aún es un desastre jamás dejo de esforzarme, porque  sigo con vida y mientras sea así daré todo de mí para llegar a ser alguien digno de ser amado.
Algún día pobre abrir nuevamente mi corazón.

Comentarios

  1. No tengo palabras solo esta... Me hizo llorar T.T, con lagrimas escribo esto...

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  2. Es demasiado precioso y no típico! Llore y lo amee!!! *w*

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  3. Seiren, se me hizo un nudo en la garganta T.T

    Que hermoso... escabroso pero hermoso TT.TT



    Saludos ;)

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    Respuestas
    1. Wow! En serio te lo estás leyendo todo ¡muchas gracias!

      Y me alegra mucho que te haya gustado.

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  4. Que hermoso!!!! triste pero lleno de esperanza! y conocía ya esa frase de G. Márquez, pero cobra más sentido en un contexto!!! en verdada preciosa historia

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  5. Muy bien escrito, interesante historia. Solo espero que sea ficción, Felicitaciones.

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  6. Me encanto!! Felicitaciones por tu trabajo. Continuare leyendo tus historias :)

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  7. Mi vida resumida en una historia tan corta...
    Y pensar que tantos años y tantos sentimientos encontrados pueden avocarse en tan pocas palabras (relativamente)...
    Excelente historia... me causo algo de dolor pero a la vez me rocordo lo maravillosa que es la vida cuando has logrado resurgir de tus propias cenizas...
    Felicitaciones... de las mejores cosas que he elido en toda mi vida.

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