Onii-sama 12.


~Capítulo 12~

El agua se sentía cada vez más fría a pesar de que mis pies ya llevaban sumergidos varios minutos en ella, se suponía que ya se tenía que haberme acostumbrado a la temperatura pero no había sido así. Solté el vestido que hasta entonces había mantenido sostenido a la altura de mis rodillas. Escuché el viento de la noche ulular mientras sin piedad alguna chocaba contra mis mejillas. En ese momento sentí más frío. Habían pasado muchos minutos y aun seguíamos sin decir nada, y a parte del viento que había comenzado a soplar con más fuerza, lo único que se podía escuchar era el insistente cantar de los grillos y algunos otros insectos.
Lo veía. Su rostro me hechizaba mientras sus ojos ni siquiera parpadeaban, no me quitaba la vista de encima, su respiración no mostraba ningún tipo de alteración y su rostro usaba una expresión demasiada serena para mi gusto. Jamás sabía qué era lo que pensaba y quería saberlo, más después de haberle dicho que no creían en sus palabras.

Hizumi se acercó a mí y eso hizo que yo retrocediera un paso. Se detuvo y me observó nuevamente. Entre—abrió la boca, parecía que iba a decir algo, pero no lo hizo. Retrocedió un poco, miró al cielo, suspiró y después de eso nuevamente desvió su mirada hacía mí.
«¿En qué estás pensado? ¡Dime algo!», demandaba en mi interior. Porque aunque había dicho no creerle la verdad era que quería hacerlo, quería creer en cada una de sus palabras, pero no podía, no debía permitírmelo, porque entonces eso marcaría mi perdición.
—¿Qué puedo hacer para que me creas? —Preguntó Hizumi. Luego se sentó nuevamente en el borde de la fuente, apoyó sus codos en sus rodillas y con sus manos semi ocultó su rostro. Después de unos segundos se paró nuevamente, me miró y preguntó otra vez —: ¿Qué puedo hacer para que me creas?
—Todo esto es muy raro. —El frio de la noche estaba afectándome demasiado. Mis labios comenzaron a temblar por ello y sentí la copiosa necesidad de refugiarme en sus brazos para sentir su calor —.No sabemos nada del otro, no nos hablamos desde hace más de una semana, ¿cómo voy a creer algo como eso?
—Todo terminó con Cindy. —Dio un paso hacia mí y se detuvo, tal vez temió que yo retrocediera, igual no lo hice.
—Dijiste que no es fácil olvidarse de alguien con quien has estado durante mucho tiempo. No voy a ayudarte si lo único que buscas es olvidarte de ella.
—Toma. —Se quitó el saco que usaba y me lo tendió —. La noche se ha puesto más fría, no quiero que te haga daño
—Estoy bien. —Mentira, mis dientes comenzaban a titiritar debido a la temperatura que parecía descender cada vez más y más.
—Tómalo —insistió. Para evitar que se acercara más a mí, tomé la prenda que me ofrecía y la coloqué sobre mis hombros.
—Gracias.
—Ven —tendió su mano —, salgamos de aquí, vayamos a un lugar más cálido.
—Dime primero... Cindy, ¿por qué está aquí esta noche?... Necesito saberlo
—Todo lo que dijiste esa noche fue cierto, me molesté porque no es bonito cuando alguien te canta las verdades tan abiertamente, mucho menos cuando tratas de engañarte a ti mismo. —Se sentó nuevamente —. Después de que te fuiste fui a dejar a Cindy a su casa, no pasó nada. Como aún seguía pensando en lo que habías dicho no fui capaz de regresar a casa así que me fui a quedar donde un amigo, ahí fue donde pasé la noche, él incluso me prestó una muda de ropa, cuando te encontré esperando taxi venía de su casa, puedes preguntar si deseas.
—Eso no explica nada, no es lo que quiero saber. Te besó, le correspondiste... Y aun así dices que no hay nada...
—Todos los allegados de mi padre me conocen muy bien. No quería que hicieran preguntas...
—Apariencias, ¿por qué le das tanta importancia a las apariencias?... No, eso no importa. ¿Por qué no me dijiste nada antes?, ¿por qué esperaste hasta ahora?
—Necesitaba pensar bien las cosas, necesitaba saber si ya estaba listo para asumir los riesgos de una nueva relación. —Se volvió a levantar. ¡Demonios!, ¿por qué no se podía estar quieto? Cada movimiento suyo me ponía muy nerviosa —. Voy a acercarme... por favor no huyas de mí.
—Pero... —retrocedí un poco.
—Por favor Érika, no huyas de mí.
Después de haberlo pedido de esa manera, no pude. Hizumi se acercó a mí, sólo un paso de distancia nos separaba. Con el revés de su mano acarició mi rostro y en ese momento debió de sentir lo frías que estaban mis mejillas porque después lo sostuvo entre sus manos. Me miraba, e incluso cuando yo intentaba desviar mi vista mis ojos no podían dejar de ver los suyos, tan negros, tan profundos, tan vastos y expresivos.
—Hizumi —susurré su nombre inconscientemente.
—Érika —. Cuando me llamó sus labios estaban tan cerca de los míos que el ligero roce que hubo entre ellos hizo que mi cuerpo se estremeciera.
—Te odio —dije en voz baja —, te odio, nunca nadie me había hecho sentir de esta manera, odio este sentimiento, odio que me hagas sentir así, odio que seas tú, ¿por qué tienes que ser tú?... te odio, te odio, te odio...
—Ódiame todo lo que quieras, prefiero eso a que me ignores, prefiero eso a...
No terminó la frase porque yo no se lo permití. Capturé sus labios de una manera que me sorprendió incluso a mí misma. Era como una bestia hambrienta o como un vampiro sediento de sangre, mis labios reclamaban a los suyos la poca atención que hasta entonces habían recibido de ellos, pedían a gritos ser besados, ser correspondidos... y cuando así fue, perdí por completo el control sobre mis piernas. Sin fuerza alguna, me desplomé tan repentinamente que no le dio el tiempo necesario a Hizumi para sostenerme. Caí de lleno en el agua que de pronto ya no me parecía tan fría.
Él se puso de rodillas frente a mí, sin importar si se mojaba o no, me tomó en sus brazos en un cálido abrazo el cual correspondí con mucha fuerza. Luego, sin paciencia alguna, sus labios comenzaron a buscar los míos pero entes de encontrarse, Hizumi besó mis hombros, mi cuello, mi pecho parcialmente oculto por un no muy recatado escote, luego nuevamente mi cuello, mis mejillas y por últimos mi labios. Ambos nos fusionamos en un apasionado y húmedo beso que a mi parecer duró siglos, para luego quedarnos viendo como un par de estúpidos enamorados que finalmente se dan cuenta que sus sentimientos son correspondidos.
—Tengo frió —dije, incapaz de decir otra cosa.
—Vamos a casa —propuso tendiéndome la mano.
—No quiero ir a casa —desvié mi mirada —. Aunque nuestros padres no estén ahí, no quiero ir...
—Te llevaré a donde quieras, no me importa si me quieres contigo o no.
—Si te quiero conmigo —contesté tomando su mano —, sólo te pido que no hagas que me arrepienta de mi decisión.
—Me esforzaré.
— ¡Oh! Tengo a avisarle a Luigi, se supone que está noche se quedaría en casa, no puedo irme y dejarlo así.
—Está bien, vamos.
Caminamos de regreso al gran salón en donde todos los jóvenes se divertían a lo lindo. Desde un inicio se había planeado que fuera así, después de todo en un mundo de apariencias siempre se buscaba la aprobación de quien más convenía y en ese caso convenía mantener entretenidos a los hijos de todas esas personas que de alguna forma eran poderosas, mientras los adultos, quienes se encontraban reunidos en otro salón, disfrutaban de una velada mucho más moderada donde subliminalmente desplegaban sus habilidades para de esa manera conseguir un buen negocio. Así funcionaba ese mundo, nadie recibía algo ni daba algo, sin estar cien por ciento seguro de que le regresaría con creces.
Al final no puede encontrar a Luigi así que no me quedó de otra más que pedirle prestado el celular a Hizumi para poder hablarle aun cuando sabía que era poco probable que contestara la llamada de un desconocido.
—Contesta por favor Luigi, ¡Contesta! —Marqué nuevamente hasta que por fin me contestó —. Luigi, soy Eri
— ¿Qué sucede? —Me percaté que en el fondo no se escuchaba ningún tipo de música, así que era poco probable que estuviera en la fiesta.
—Me voy a ir, te dejo la llave de la casa en la recepción, sólo dales tu nombre y te la darán.
—¿Eh?
—¿Estás con alguien?
—Sí. —Escuché un jadeo del otro lado.
—¿Estás teniendo...? Olvídalo, sólo no olvides la llave, la casa estará sola así que no te preocupes por nada.
— ¿Con quién te vas? —Esta vez escuché un gemido, era una mujer así que lo obvio era que estaba teniendo sexo con alguna de las chicas que había conocido en la fiesta.
—Con Hizumi —contesté temiendo que reaccionara de mala manera.
—Cuídate me escuchas. ¡Cuídate!
—Lo haré, tú también cuídate mi Luigi. Te amo.
—Y yo a ti —. La llamada terminó abruptamente pero me dio el tiempo de escuchar un nuevo gemido que por alguna razón me resultó familiar. Me alegró saber que por lo menos se estaba divirtiendo a lo lindo y que ya se había recuperado del disgusto que había sufrido por culpa de su madre.
Le devolví el celular a Hizumi y luego nos dirigimos a su auto. Abrió la puerta para que yo subiera y después de que el subiera puso el auto a andar sin saber a dónde nos dirigíamos, cosa que no me importaba con tal que no fuéramos a casa. Se lo había dejado bien claro, no quería ir a casa.
—Tienes que quitarte esa ropa mojada si no te va a hacer daño.
—Tú también estás mojado —repliqué.
—¿Te parece si nos quedamos en un hotel? Dijiste que no querías ir a casa y no se me ocurre otra cosa.
—Me parece bien.
— ¿Estás cansada?
—Algo...
—Descansa un poco. Te despertaré cuando lleguemos.
—Está bien... Hizumi...
Por un momento me desabroché el cinturón de seguridad aprovechando que la luz del semáforo estaba roja. Me incliné sobre él, y él sabiendo lo que iba a hacer se adelantó y me recibió con un cálido beso que duró sólo un instante, dado que la luz volvía a teñirse de verde.
¿Por qué había elegido ese día? Eso fue algo que nunca le pregunté, y para ser sincera, en ese momento no me importó. Quería estar con él, no estaba segura en qué forma pero quería estar con él, me negaba a seguir mintiéndome a mí misma, me rehusé a escapar por el temor a ser lastimada. Si las cosas funcionarían o no era algo que obviamente no sabía, pero tampoco ganaba nada escondiéndome. ¿Podía estar cometiendo el error más grande de mi vida?, podía ser; ¿podía estar siendo engañada?, probablemente. El punto es que nunca me daría cuenta de ello a menos que lo intentara y por eso decidí intentarlo, aun cuando las probabilidades de que terminara con el corazón hecho pedazos eran muchas, asumiría el riesgo y la responsabilidad que conllevaba.
Creo que está de sobra decir que no fui capaz de dormirme. Recostada sobre el asiento del copiloto no hacía más que ver el hermoso perfil del rostro de Hizumi. Cuando él se percató de ello me regaló una hermosa sonrisa, jamás lo había visto sonreír de esa manera, y mucho menos pensé que algo tan simple como una sonrisa tuviera tanto efecto sobre mí. Le sonreí de vuelta y está vez, soltando la palanca de cambios, acarició brevemente mi cabello. Unos minutos después arribábamos a nuestro destino, un lujoso hotel en las afueras de la ciudad y que yo ni siquiera sabía que existía.

—Antes de que pienses algo que no es, déjame decirte que papá fue uno de los principales inversionistas por eso el trato, no he traído a nadie aquí antes, no soy cliente frecuente ni nada de eso —aclaró mientras nos registrábamos en la recepción.
—Entiendo. A eso es lo que se dedica tu padre, ¿es inversionista? —quedé viendo el lugar algo sorprendida.
—Entre otras cosas.
—No sé nada de ustedes...
—Descuida, ya habrá tiempo para ponernos al día.

Yo no estaba acostumbrada a tanto lujo y mucho menos a que estuvieran haciendo todo por mí, ¡ah! Pero esa noche me dejé consentir como nunca.
Llegamos a la suite que sin duda era más grande que mi viejo apartamento. Constaba de un lobby, un living, un pequeño bar, dos habitaciones y tres baños. «Tanto lujo», pensé, pero lo dejé pasar.
Hizumi enseguida se dirigió al baño en donde inmediatamente encendió el grifo para llenar la hermosa y amplia tina que se encontraba ahí a la par de una ducha de cristal. «Tanto lujo», volví a pensar.
—Quítate esa ropa mojada antes de que te resfríes —me dijo, aunque la ropa que usaba estaba casi seca ya. Inconscientemente lo había seguido hasta ahí —. Los de servicio te conseguirán una muda de ropa, ahora metete el agua, está tibia.
—Claro. —Estaba a punto de salir de la habitación cuando lo detuve —. Ayúdame con el cierre del vestido —le di la espalda y me recogí el cabello hacía un lado.
El vestido que al final había terminado estropeado, cayó a mis pies en cámara lenta, o por lo menos yo sentí que así fue. Hizumi bajó el cierre con mucha paciencia y después de haber acariciado y besado dulcemente mis hombros desnudos, quedé únicamente usando una minúscula pieza de lencería. Colocó nuevamente sus manos en mis hombros, aproveché para tomarlas y hacer que rodeará mi cintura con ellas.
—Bañémonos juntos —propuse —, también estás mojado... —Me volteé y terminé de quitarle la corbata que ya llevaba medio desanudada. Podrán no creerme pero en ese momento en sexo era en lo que menos estaba pensando, simplemente quería compartir más tiempo con él.
—¿Segura?
—Por algo lo propuse.
Besó mis labios y luego dejó que con mucha pero mucha paciencia yo desabotonara uno a uno los botones de su camisa. Habiéndolo hecho, se la quité y besé superficialmente, pero en repetidas ocasiones, su pecho. Él terminó de quitarse por cuenta propia las prendas que faltaban. Luego me volteó y se arrodilló para despojarme de la diminuta tanga que me había obligado usar por el maldito vestido que me quedaba muy ajustado, mamá había dicho que era anti estético que se marcará la ropa interior a través de la ropa y hasta eso me había orillado.
Todo eso dejó de importarme cuando sentí como sus manos comenzaron a ascender desde mis pantorrillas hasta mis caderas. Sentí besos en toda mi espalda que culminaron en mi nuca. Me tomó de la mano y me llevó hasta la tina de baño. Se metió primero él y después de haberse acomodado me ofreció su mano para entrar sin problemas, así lo hice, y dándole la espalda me acomodé entre sus piernas para descansar mi cabeza en su pecho.
El agua estaba un poquito más que tibia pero no me importó. Hizumi me rodeó con sus brazos, me estrechó fuertemente para acercarme más a él. Después tomó mis manos y comenzó a juguetear con ellas.
—Jamás me había metido en una bañera con alguien más —comenté risueña.
—¿Ah, sí?, ¿te gusta?
—Creo que no se me dificultaría acostumbrarme.
—¿Y te gusta estar así, conmigo? —Estrechó mis manos con fuerza.
—También puedo acostumbrarme... —soltó mis manos. Me volteé y lo vi a los ojos —. Me gustas, por eso creo que me acostumbraré rápido.
—Ven aquí... — Me tomó de la cintura y me ayudó a sentarme a horcajadas sobre él —. También me gustas. Sé que soy un estúpido por todo lo que te he hecho pasar.
—Eso ya pasó, además no es el momento para hablar de ello, dejémoslo para mañana que ahora sólo quiero...
«Sólo quiero besarte».
Claro que no se lo dije, en lugar de eso lo hice. Me apoderé de los labios de Hizumi sin pudor alguno. Lo besé y lo seguí besando hasta más no poder y aun así no planeaba detenerme. El me respondía apasionadamente de la misma manera o incluso más. Recibió mi lengua la cual colé pícaramente entre sus labios, la acarició, la lamió e incluso la mordió casi de la misma manera en que mordía mis labios.
—¿Te han dicho que besas muy bien? —me preguntó sonriendo.
—¿Sabes?... en este momento no lo recuerdo —contesté y retomé mi tarea.
Nos seguimos besando sin cansancio. Sus manos habían estado quietecitas y jamás se habían atrevido a bajar ni a subir de mi cintura, ahí había permanecido todo ese tiempo. Después de estar breve rato así decidimos disfrutar de las burbujas y el agradable aroma que producían en esa enorme habitación.
—Salgamos, el agua se está poniendo fría.
—Sí.
Salió primero él y después de colocarse la bata de baño me ayudó a salir y ponerme la mía. Fuimos a la habitación, nos sentamos en la cama y sin que yo se lo pidiera comenzó a secarme el cabello. Dejé que lo hiciera. Ni siquiera sabía lo atento que podía llegar a ser pero no me disgustaba para nada. Después de haber terminado de secarme, tiró la toalla al suelo e hizo mi cabello a un lado para besar mi cuello, sus manos rodearon mi cintura por un momento después las llevó hasta el débil nudo que sostenía la bata en su lugar, lo desanudó y luego la anudó...
—No traje... —apoyó su frente en mi hombro derecho —. Ni en mis sueños más locos creí que algo como esto pasaría, lo siento...
—Descuida —sobé su cabeza —, ya habrá otras oportunidades, ¿verdad?
Así que esa madrugada no hicimos nada, sólo nos acostamos sobre la cama y viéndonos el uno al otro comenzamos a platicar y a platicar de cosas totalmente carentes de sentido alguno. Reímos mucho y nos acariciamos mucho, todo era refrescante hasta cierto punto, y atemorizante también, pero se sentía bien estar así por lo que ignoré todas las advertencias enviadas por mi sentido común.
Despertamos muy tarde, creo que más a menos cuarenta minutos pasados de las dos de la tarde. Yo desperté primero y al verlo ahí, tan manso y tranquillo, no pude evitar sonreír, acaricié su terso rostro, su piel era tan suave... y también acaricié su cabello, tan sedoso. Aun dormido sus rasgos orientales eran fácilmente visibles aunque a menor escala, me gustaban mucho sus ojos rasgados tan bonitos, tan oscuros y profundos, tan asiáticos, probablemente esa era una de las razones por la que me gustaba Hizumi.
Me acerqué un poco más a él y en ese instante sus brazos me atraparon, él bostezó y yo después de él. Después me quedó viendo y sonrió, besó mi frente y volvió a abrazarme.
— Buenos días —habló Hizumi, su voz aún seguía algo ronca dado que acababa de despertar.
— Buenos días...
— ¿Qué hora es?
—Casi las tres de la tarde.
—Dormimos mucho —bostezó.

Salimos del hotel como nuevos después de haber sido consentidos toda la tarde, ya era de noche y Hizumi y yo dimos vueltas por toda la ciudad, indiferentes a todo lo que sucedía a nuestro alrededor. Tal vez por primera vez en mi vida caminé tomada de la mano con alguien, bueno, con alguien que no era Luigi, jamás me había enseriado en una relación, pensaba que hacer tal cosa sólo hacía que el propósito de la relación perdiera sentido, pero estar con Hizumi se me daba tan naturalmente que a veces me creía otra persona, mi yo antiguo definitivamente jamás habría aceptado algo así.
Hablamos como nunca antes lo habíamos hecho, hablamos de él y de mí, de las cosas que nos gustaban y nos disgustaban, hablamos de nuestros padres, de nuestros amigos y de cómo habían sido nuestras vidas antes de conocernos. Todo era encantador y hechizante.
Esa misma noche decidimos ir a comer a la hamburguesería de Pablo y fuimos recibidos en el local como si nos conocieran de por vida. La última vez que había estado ahí nos habíamos hecho pasar por novios, pero ahora que volvíamos no fingíamos para nada. Comimos y platicamos jovialmente con todos ahí y aunque la mayoría de los clientes y el mismo Pablo y su esposa tenían un aspecto intimidante, pronto descubrimos que era muy buenas personas, muy atentas, trabajadoras y serviciales.
—Parece que les va bien chicos —comentó la esposa del cocinero —. Recuerdo la última vez que vinieron y se veían bien pero ahora, como que hubo un cambio en ustedes.
—Algo así fue lo que sucedió —comentó Hizumi mientras me veía —, aunque creo que fui yo el del cambio.
—El cambio vino de ambos —comenté algo avergonzada, hablar de esas cosas no se me daba bien —, y ha sido para bien así que no importa de quién vino.
—No sabía que eras tan tímida amor —bromeó el condenado asiático que siempre sabía cómo desesperarme.
En ese lugar pasamos el resto de la noche hasta que cerraron. Subimos al auto y seguimos dando vueltas sin dirección alguna, ese día sin duda nos apartamos del mundo que siempre habíamos conocido y nos sumergimos en uno enteramente nuestro.
—Jamás imaginé que algo como esto sería posible —comentó risueño.
—¿A qué te refieres?
—A que no hemos peleado en todo el día —sonrió sin despegar la vista de la carretera.
—Tonto —reí, pero sin duda tenía la razón, jamás habíamos pasado tanto tiempo sin tener ninguna discusión.
Unos minutos después llegamos al mismo lugar donde habíamos ido a parar en nuestra primera cita, si a eso se le podía llamar primera cita. Esta vez el lugar estaba más iluminado, esto, gracias a la escasa luz de la luna.
Salí del auto y respiré el aire fresco, a los pocos segundos Hizumi ya estaba a mi lado tomándome de la mano. Nos quedamos viendo a la nada por mucho tiempo, sin decir nada sólo escuchábamos el extraño sonido de nuestras respiraciones que estaban más agitadas de lo normal. En ese momento Hizumi me quedó viendo y parecía que se esforzaba por contenerse pero yo jamás había sido buena en eso y antes de que él se me tirara encima y me besara, lo hice yo.
Lo acorralé contra el auto y comencé a besarlo y parecía que nunca me saciaría sin importar que tan apasionadamente lo hiciera. Hizumi comenzó a dibujar con las yemas de sus dedos toda mi silueta, moviendo sus manos delicadamente hasta llegar a ms glúteos a los cuales también apretujó delicadamente. En ese momento yo metí las manos bajo su camisa, y me excité con sólo sentir su piel cálida y suave; él tendió las manos hacía arriba para que le quitara la camisa.
— ¿No tendrás frio? —le pregunté, después de todo estábamos a la intemperie y aunque el viento no soplaba había una ligera y fría briza.
—Tú calor es más que suficiente.
Había descubierto en mi poca experiencia que no a todos los hombres les gusta que les laman los pezones, pero aun así lo intenté, bordeé con mi lengua la piel circúndate a los pezones de Hizumi y su reacción fue divina, por tanto comencé a chuparlos y a lamerlos con más fuerza hasta que terminé mordisqueándolos. Será el orgullo de los hombres o tal vez son puras imaginaciones mías, pero noté como Hizumi a toda costa intentaba suprimir sus gemidos, era como si no quisiera que yo notara que lamerlo de esa manera lo excitaba mucho, aunque había otra cosa que claramente delataba su excitación.
—No estás acostumbrado a que la mujer tome las riendas del juego ¿verdad?
—No...
—¿Te disgusta?
—Para nada —sonrió seductoramente —. Pero no creas que no voy a hacer lo mío.
Me tomó muy fuerte de la cintura y me suspendió en el aire, nos volteamos y ahora era yo la que estaba apoyada contra el auto, con mis piernas rodeando su cintura para ayudar a detenerme. Enseguida Hizumi comenzó a acariciar mis senos por encima de la camisa, mordía mi cuello y lo lamía, de vez en cuando le facilitaba mis labios para que los besara. Metió una mano por debajo de mi camisa y comenzó a estimular con las yemas de sus dedos mis senos acariciando lentamente el borde para después centrarse en mis pezones.
—No quiero hacer esto aquí —dijo, cuando se detuvo —, es nuestra primera vez, mmm... Primera vez oficialmente y no quiero exponerte de esta manera.
—No me importaría —le dije —, aquí está oscuro y a estas horas es poco probable que alguien pase, son casi las dos de la madrugada.
—Terminarás con frío.
—Tu calor es más que suficiente.
Lo besé y pronto reanudamos lo que estábamos haciendo. De igual manera que lo había hecho él, levanté mis brazos para que me quitara la camiseta, mi piel se erizó al sentir el frio de la noche pero recobré el calor al sentir como él me acariciaba. Sus labios se entretenían mucho viajando desde mi cuello, recorriendo todo mi pecho hasta llegar a mis senos y mis pezones los cuales succionaba con mucha pericia y delicadeza.
Mientras hacía eso con su boca, sus manos estaban concentradas en el broche del pantalón que usaba. Me volteó y se arrodilló para despojarme de ellos, hecho eso besó mis muslos y superficialmente mordió mis glúteos a través de la ropa interior.
—Si alguien pasa y nos ves se nos va a armar en grande ——reí, la situación no sólo me parecía excitante sino también muy divertida.
Y parecía que todo iba muy bien y que simplemente la luna iba a ser testigos de revolcón que estábamos a punto de dar. Pero en eso una luz lejana acaparó nuestra atención. Lo primero que hice fue entrar en pánico, sé que estaba al aire libre pero eso no quería decir que quería darle un show triple equis en vivo a todo el que pasara. No sé cómo ni cuándo Hizumi me tomó del brazo, abrió la puerta trasera del auto y me metió ahí mientras él apresuradamente trataba de ponerse la camisa, después de eso cerró la puerta y se metió al auto con la clara intención de ponerlo en marcha para irnos de ahí.
Todo había sucedido tan rápido que cuando más o menos recuperamos la calma ya teníamos a un oficial de policía al lado.
—Estas no son horas para andar en la calle —dijo el uniformado mientras nos alumbraba con su linterna.
Yo me hacía la dormida acostada en el asiento trasero de tal manera que no se apreciara muy bien que yo andaba casi desnuda.
— ¿Has bebido?
—Estoy completamente sobrio señor —contestó Hizumi, el sonido de su voz, hizo que me diera algo de risa.
— ¿Esa de atrás es tu novia? —interrogó nuevamente el oficial.
—Sí, y está dormida, ha sido un largo viaje, sólo me detuve para... ya sabe...
—Bueno, ya no los quiero seguir atrasando así que vete, y más vale que no te vuelva a ver por aquí...

Cuando Hizumi puso el auto en marcha no pude evitar estallar en carcajadas. Sabía que eso sería algo de lo que me reiría durante meses, sino que de por vida, pero estaba bien, si la relación funcionaba o no era lo de menos, por lo menos tendría un bonito recuerdo para atesorar, porque aunque yo no sabía nada de citas, si sabía que esa era la mejor que había tenido en toda mi vida.

Comentarios

  1. Querida Seiren, disfruté mucho con esta historia, o al menos lo que va de ella, me parece asombrosa la manera en la que puedes describir lo que sucede, en cada momento que leía era capaz de ver lo que pasaba como si fuese una película, me gusto mucho la personalidad de los personajes, y desearía poder seguir leyendo un poco más de esta historia, así que estaré pendiente, por ahora leeré también tus demás obras, que tengas bonito día ^^.
    Atte. Yves

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por comentar. Te espero pronto.