Lectura.



A raíz de que mi maldita universidad hace todo lo posible para no aprobarme mi pasantía como ingeniera industrial, me he dado a la tarea de encontrar medios con los cuales pueda mantenerme entretenida, ya que tengo demasiado tiempo libre y como mi musa me tiene abandonada no he podido aprovechar ese tiempo libre para escribir.

Yo no soy muy dada a la lectura literaria de los grandes escritores y filósofos de tiempos antiguos, aunque acepto que si he leído varias obras de esa categoría. En realidad la mayoría de las veces yo no recuerdo ni el título ni el autor del libro, pero bien que recuerdo la sinopsis del mismo. Pero para dejar de seguir aburriéndoles voy a empezar a poner los libros que me dispongo a leer en mi tiempo (que últimamente es mucho)


El primero y el que ya leí por completo se llama “Str8t boys” (Chicos heteros) y corre a cargo de Evangeline Anderson que es conocida por sus relatos homoeróticos, así es, esa novela la escogí por el simple hecho de que se acopla a mi gusto por el YAOI. No es nada memorable, es simplemente un relato homoerótico más.


“¿Cuán lejos te atreves a llegar para ganarlo todo? Maverick Holms y Duke Warren comparten casi todo: el equipo de fútbol universitario, un apartamento, y la misma naturaleza extremadamente competitiva. Gracias a ese espíritu de no rendirse jamás, están a punto de compartir más de lo que esperaban… El juego: el Gay Chicken (gallina gay), la única regla: acercarse a los labios del otro todo lo posible sin retroceder. Aquel que se retire primero es el perdedor. El problema: a ninguno de los dos les gusta perder. Pero el juego se convierte en una simple excusa para poder tocarse y besarse de una manera prohibida. Y después de posar para un sitio web gay para ganar un dinero extra, las cosas realmente se ponen calientes. De repente, Duke habla sobre algún tipo de compromiso, cuestión que Mav trata de evitar, porque no está seguro de estar dispuesto a aceptar todo lo que su mejor amigo le ofrece. O la verdad sobre lo que realmente es.”


El que me encuentro leyendo actualmente y que verdaderamente me tiene fascinada por la narrativa es “Kamen no kokuhaku” (Confesiones de una máscara) de Yukio Mishima. Narra cómo en muchacho, en medio de la devastación causada por la guerra, las apariencias y costumbres; va descubriendo su homosexualidad.  Aquí un fragmento de la lectura:


Hacía ya un año que sufría la infantil angustia de poseer un curioso juguete. Yo tenía doce años. Ese juguete aumentaba de volumen a la menor oportunidad y parecía insinuar que, debidamente utilizado, podía ser fuente de delicias. Pero en ningún lugar tenía yo instrucciones escritas acerca de cómo utilizarlo, y por eso, cuando el juguete tomaba la iniciativa en sus deseos de jugar conmigo, quedaba yo inevitablemente des-concertado.
Alguna que otra vez, mi humillación y mi impaciencia alcanzaron tal punto de gravedad que llegué a pensar que deseaba destruir aquel juguete. Sin embargo, nada podía hacer como no fuera rendirme al insubordinado instrumento, con su expresión de dulce secreto, y esperar acontecimientos pasivamente.
Luego se me metió en la cabeza escuchar desapasionadamente los deseos de mi juguete. Gracias a eso, descubrí rápidamente que tenía aficiones claramente definidas e inconfundibles, eso que bien podría denominarse su «propio mecanismo». La naturaleza de los gustos del juguete estaba vinculada a mis recuerdos infantiles, y se centraba en realidades tales como los cuerpos desnudos de los jóvenes que en verano veía en la playa, o de los que formaban los equipos de natación en la piscina de Meiji, o en el atezado joven con quien se había casado una prima mía, o en los valerosos protagonistas de muchos relatos de aventuras. Hasta aquel momento había creído erróneamente que esas realidades sólo ejercían una atracción poética en mí, confundiendo la naturaleza de mis deseos sensuales con un sistema estético.
El juguete también levantaba la cabeza ante la muerte, los charcos de sangre y los cuerpos musculosos. Sangrientas escenas de duelos en las portadas de los semanarios de aventuras que, en secreto, pedía prestados al estudiante residente en casa; grabados de jóvenes samuráis abriéndose el vientre, o de soldados heridos de bala, prietos los dientes, y corriendo la sangre entre los dedos de las manos que oprimían el pecho cubierto de tela caqui; fotografías de luchadores de sumo, con dura musculatura, lucha-dores de tercera clase que aún no habían acumulado grandes cantidades de grasa... Ante estas imágenes, el juguete alzaba inmediatamente su inquisitiva cabeza. (Si se estima que el adjetivo «inquisitiva» es inadecuado, puede sustituirse por «erótica» o «lujuriosa».)
Cuando llegué a comprender lo que ocurría, comencé a buscar el placer de manera consciente e intencionada. Y entraron en juego los principios de selección y modificación. Cuando la composición de un dibujo en un semanario de aventuras me parecía deficiente, lo copiaba con lápices de colores y lo modificaba a mi gusto. Y se convertía en la representación de un joven artista de circo caído de rodillas y con las manos en una herida de bala en el pecho; o de un artista de la cuerda floja que había caído de ella, partiéndose el cráneo, y que agonizaba con media cara cubierta de sangre. A menudo, hallándome en la escuela, me preocupaba tanto el pensamiento de que esas sangrientas representaciones gráficas, que había ocultado en un cajón de la biblioteca, en casa, pudieran ser descubiertas, que ni siquiera oía la voz del profesor. Sabía que habría debido destruir aquello inmediatamente después de haberlo dibujado, pero mi juguete amaba aquello de tal manera que me resultaba absolutamente imposible hacerlo.
De esa manera, mi insubordinado juguete pasó muchos días y meses inútiles antes de llegar siquiera a cumplir su función secundaria —a la que llamaré mi «vicio»—, por no hablar ya de su última y definitiva función.

(Fragmento tomado de “Confesiones de una mácara” de Yukio Mishima)



Ahora la lista de las lecturas en espera:


“El retrato de Doriam Grey” de Oscar Wilde.

Basil Hallward es un artista que queda enormemente impresionado por la belleza estética de un joven llamado Dorian Gray y comienza a encapricharse con él, creyendo que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte. Basil pinta un retrato del joven. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton, un amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del mundo de Lord Henry. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que "lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos". Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, mientras él mantiene para siempre la misma apariencia del cuadro, la figura en él retratada envejece por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y perversión; pero el retrato sirve como un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado siendo expuesto como una desfiguración de su rostro o a través de un signo de envejecimiento. 





“El Exorcista” de William Platty.

El terror comenzó tan discretamente que al principio pasó inadvertido.Pequeñas molestias en Regan, para las cuales Chris MacNeil, actriz y madre, encontraba fáciles explicaciones. Parecía como si Regan hubiera sido invadida por una personalidad diferente. ¿Era posible que anduviera suelta una fuerza demoníaca? Si los médicos y la psiquiatría no ayudaban, ¿el exorcismo podría ser la respuesta?






“Lolita” de Vladimir Nabocov.

La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel.





“El Amante” de Margarite Duras.

El Amante” (1984) es una novela autobiográfica de Marguerite Duras que relata una experiencia iniciática: el deseo como constructor de la identidad del personaje. Es una experiencia de poder, de autoafirmación tras el reconocimiento, que culmina en la literatura: este proceso lleva a la autora/personaje a autoafirmar su independencia, ligada al cumplimiento de su vocación literaria. Escritura y deseo y escritura del deseo se imbrican en la obra de Marguerite Duras. Al cabo de una larga trayectoria, la escritora relata no sólo el porqué sino el cómo de su camino literario y personal. Una autobiografía “al estilo de Duras” posee unos rasgos específicos, lo cual me ha llevado a pensar en la posibilidad de caracterizar el género autobiográfico como una modalidad de discurso didáctico, de acuerdo con la clasificación contenida en Virtuts textuals, ya que me ha interesado reconocer los aspectos de didactismo que contiene una autobiografía, pues el texto dice cómo es lo que es en el texto. Ése “lo que es es así” podría ser constitutivo del género. Lo que hay “fuera” del texto de “El Amate” es la experiencia inicial del deseo y la construcción que lleva a cabo la protagonista de una identidad propia, diferenciada del resto del mundo y un proceso de emancipación que ha de culminar en su actividad como escritora: es la emergencia de un yo definido, inmediatamente posterior a su reconocimiento en una imagen emblemática. Dentro de esa idea abstracta, se incluye la realización de la personalidad como un “alumbramiento” a partir del cual la narradora se hace visible para el mundo y encuentra las claves de su diálogo con él. El deseo se hace equivalente de la vida, de lo que da la vida y puede ubicarse en la realidad: las calles, como paradigma de lo exterior y de la alteridad; por las calles circulan la vida, el deseo, intercambiables.




Trato de variar mi lectura lo más que pueda entre lecturas antiguas y modernas, no siento ningún apego especial por ninguna en general, sólo,es cuestión de que la lectura me atrape con su narrativa o historia. 

Si alguien quiere recomendarme algún libro no dude en hacerlo que con gusto lo tomaré en cuenta.

Saludos.

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