Desde la Ventana.

Desde la ventana.

Por: Seiren. 

...

Era un niño enfermizo. Cuando tenía diez años en realidad aparentaba tener ocho o incluso menos. No salía al patio a jugar, y eso que en casa teníamos un patio enorme con muchas plantas, papá había colgado un columpio pero fue para mi hermana, porque yo no podía salir; las esporas me hacían mal, el sol me hacía mal, el calor me hacía mal, la humedad me hacía mal, en resumen, llegué al extremo de creer que hasta respirar me hacía mal. Era por eso que era tan chiquito y débil, era por eso también que no tenía  amigos. Mis primos me visitaban de vez en cuando pero yo sabía de sobra que no era lo mismo, ellos jugaban conmigo porque mis tías y mis papás así se los pedían, caso contrario, estoy seguro de que jamás me hubieran dirigido la palabra...


Mi hermana era tierna conmigo sólo en presencia de mis papás, cuando ellos no estaban me trataba mal, me insultaba por ser  enfermizo y pequeño, y porque odiaba que mis papás se preocuparan más por mí que por ella. Ella es mi hermana gemela, pero ella tuvo la fortuna de nacer sana. A veces me preguntaba y aún me pregunto porque siendo gemelos fui yo el que nació mal, suena feo, pero por lo menos por un día, quisiera tener una vida normal.
Llegué a pensar que verdaderamente mis papás estaban cansados por cuidar siempre de mi, la mirada de mamá que se volvía más vieja y cansada y queda muy mal en su hermoso rostro, fue eso lo que me hizo pensar de esa manera, sabía hasta cierto punto que yo era el único culpable de que eso fuera así, sabía que mi enfermedad, cualquiera que fuera, no tenía y no tiene cura, por eso muchas veces quise pedirles que me dejaran morir, porque jamás quise verlos sufrir, no quería apagar su felicidad; pero al mismo tiempo sabía  que me regañarían si me atrevía a pedir tal cosa, porque son mis padres y me aman a pesar de todo.
A veces tenía la costumbre de asomarme por la ventana, mi frente chocaba contra el cristal en algunas ocasiones, porque lo mantenían tan limpio que a veces ni le veía. Afuera veía a niños de mi edad correr y gritar; jugaban a las escondidas, al ladrón y al policía, saltaban la cuerda y la rayuela, jugaban mables y de vez en cuando fútbol. Yo sentía mucha envidia de ellos, porque ellos podían correr sin que sus pulmones colapsaran o que su corazón explotara, sentía envidia porque ellos podían sentir el viento chocar contra sus mejillas, podían sentir la calidez de los rayos del sol y las frías gotas de las lluvias. Me pregunté muchas veces si yo podría, algún día, llegar a sentir todo eso. Una vez abrí la venta y saqué mi brazo para que las gotas de lluvia tocaran mi piel, al día siguiente mi brazo estaba muy mal, tenía un sarpullido y una comezón terribles, necesité varios días para sanar.
Esa experiencia me hizo entender lo frágil que era y es  mi condición, había veces que creía que todo era inventos de mis padres para mantenerme encerrado, pero gracias a eso supe que en realidad estaba muy mal.
Aun así siempre pegaba mí frente al cristal de la ventana para ver a los niños que jugaban afuera, sus risas siempre me parecieron lindas y contagiosas, me fascinaba escucharlos reír y aunque no se daban cuenta, yo reía con y gracias a ellos. Un día pasó algo, un niño se percató de mi mirada. Me asusté muchísimo, tenía miedo de que pensara que yo era un raro por estar viéndolos siempre desde la ventana. Asomé mi cabeza nuevamente para saber si el niño seguía ahí... ya no estaba.
Los días que siguieron estuvieron impregnados de una extraña sensación. Siempre me asomaba a la ventana con la esperanza de encontrarme con los hermosos ojos de ese niño. Pensaba tanto en él, que enseguida supe que había algo malo conmigo. Tenía diez años, pero eso no significaba que no entendía las cosas, eso no significaba que yo no podía querer a alguien; y yo quería a ese niño.
Varios días después volví a ver al niño. Por primera vez y a pesar de la distancia pude apreciarlo bien. Tenía el cabello café y liso, parecía muy fino;  usaba shorts, camisetas bastante anchas y zapatos deportivos; su piel estaba algo morena, tal vez es porque esa piel si recibí los rayos del sol. Yo quería saber el  nombre de ese niño. Porque cada vez que lo veía, él veía hacía mi ventana y me sonreía, yo le sonreía de vuelta y colocaba mi mano en el cristal con la esperanza de que él la viera y la tomara como un saludo... pero yo seguía sin saber su nombre.
Días después el mismo niño estaba saludándome, corrí hasta mi escritorio y de un cajón saqué una hoja en blanco y un marcador de punta gruesa, escribí sobre el blanco papel una pregunta:

“¿Tú nombre?”

El niño movió los labios pero yo no pude entender qué letras pronunciaban, agité la cabeza haciéndole saber que no le había entendido y él se fue. Quise llorar, porque pensé que había perdido mi oportunidad, pero estaba equivocado, el niño apareció con un papel en la mano.

“Evans, ¿y tú?”

Esta vez mis ojos se llenaron de lágrimas, pero eran de felicidad, yo quería a ese niño, y me hizo muy feliz saber su nombre. Corrí nuevamente hasta el cajón de donde tomé otro papel.

“Adrien.”

Fui muy feliz, aun soy muy feliz, sonrío como tonto cuando recuerdo lo acontecido. Lo malo fue que pasaron muchos días antes de que yo lo volviera a ver.

Hubo, durante un tiempo, mucho escándalo en la casa, parece ser que había sido porque a mi hermana la habían encontrado besándose en la escuela con un tipo mayor que ella, me pareció escuchar que había sido un profesor, pero nadie quiso decirme nada al respecto. Igual mi hermana llegó a mi habitación llorando y maldiciendo, me miró con rencor, como si yo fuera el culpable de todas y cada una de sus desgracias. Me ve, y ve que estoy acostado como siempre sobre la cama, como niño bueno, y se abalanza sobre mí y comienza a halar mi cabello, yo intenté defenderme pero en el proceso mis brazos fueron severamente arañados, ella sólo había llegado a mi habitación para desquitar sus frustraciones conmigo.
Mis papás lograron calmarla al fin, e hicieron que se disculpara conmigo, pero a mí una disculpa de qué me servía, esa disculpa no iba a hacer que los arañazos que recibí dejaran de sangrar o de doler, o que el cabello que me habían arrancado creciera rápidamente. Ignoré a mi hermana por el resto del mes.
Cuando cumplí once sentí como si nada en realidad hubiese cambiado. Pedí de regalo de cumpleaños salir, porque tenía muchos deseos de conocer a Evans, pero mis padres rechazaron mi petición. No disfruté el día de mi cumpleaños porque estaba molesto, mi hermana celebraba tremenda fiesta en el patio de la casa mientras yo tenía que festejar encerrado en mi habitación. Yo sólo quería ver a Evans y decirle hola con mi propia voz y no por medio de un papel. Me preguntaba si Evans sentía los mismos deseos por verme, supuse que probablemente no era así.
Después de la fiesta de cumpleaños me enfermé terriblemente del estómago, eso fue porque bajé sin que nadie me viera a la cocina y me robé un panquecito con crema. Eso me pasó por ladrón, ahora que lo recuerdo, incluso me resulta hilarante que ese fuera el tipo de travesuras que cometía en mi infancia. Pero en fin, después de haberme recuperado pegué mi frente nuevamente el cristal de mi ventana. Ahí estaba Evans y parecía que estaba esperándome. Tomé papel y el marcador de punta gruesa para escribirle.

“Te extrañé”

Fue lo único que se me ocurrió escribir, él sonrió y de su mochila sacó una libreta.

“También yo.”

Pasó la página y enseguida escribió otro mensaje,

“Quiero visitarte.”

Mi corazón casi se detiene porque parecía que también le era difícil soportar tanta felicidad, tomé otro papel y enseguida escribí con letras muy grandes.

“Preguntaré.”

Evans sonrió, cómo no iba a ver yo tan hermosa sonrisa.
Enseguida llamé a mamá y le hice saber que había un niño afuera que quería visitarme, al inicio por supuesto que pareció renuente, pero con un poco más de súplica de mi parte, aceptó.
Yo no cabía en mi habitación por la emoción, justo después de que mi mamá fuera a abrirle la puerta a Evans yo intenté arreglarme un poco, me puse una chaqueta por encima del pijama y medio peiné mis cabellos con mis dedos. La puerta entonces se abrió y casi no pude esconder mi entusiasmo, al fin veía a Evans de cerca.
Él me miró y yo hice lo mismo, ambos sonreímos. Mamá lo invita a pasar y le dice que no vaya a agotarme demasiado, luego ella se va; él está ahí, de pie, primero me ve, luego ve el resto de mi habitación para después volverme a ver. Yo sonrío, como tonto, porque estoy feliz, quiero que se acerque, quiere que me toque, que me desarregle el pelo como cuando bromea con los niños saludables.
Me levanto de la cama porque noto que está maravillado por mi colección de juguetes. Le tomó la mano y lo llevo al rincón en donde todos mis juguetes están apilados.

— Parecen nuevos – me dice asombrado.
— Es que casi no juego con ellos – contesté – como no tengo nadie con quien jugar.
— Yo jugaré contigo siempre que pueda – prometió y eso me hizo más feliz.

Pero rápidamente nos cansamos de los juguetes. Evans sintió curiosidad, esta vez, por esa enorme ventana por la cual yo tenía la costumbre de ver a los niños jugar. Nos sentamos ahí, vimos el paisaje, las casas a lo lejos, los tejados, el tendido eléctrico y los zapatos que algunos niños habían conseguido colgar en los cables... y entonces él me vio, más bien me examinó, me dio la impresión que por su cabeza pasaba una sola pregunta: ¿Por qué este niño es tan extraño?
Sus manos comenzaron a acariciar mi cabello, así como ya había querido, los revolvió y los peinó con sus dedos. Después tomó mi mano, y comparó la tonalidad de su piel con la mía.

— ¿Qué color es tú cabello? – preguntó muy interesado.
— Rubio – contesté sonriendo.
— Casi parece blanco – agregó – y tú piel también es demasiado blanca, mira, puede ver hasta las venas más chiquitas – pasó su dedo índice por mi piel como si trazara las líneas de un mapa, me hizo cosquillas y reí.

Nos quedamos en la ventana, mamá pronto llegó y yo pensé que era para pedirle a Evans que se fuera, pero sólo había sido para ofrecerle algo de comer, Evans aceptó gustoso y unos minutos después tuvimos una ligera merienda.
La puerta fue abierta nuevamente, esta vez fue mi hermana, entró y comenzó a inspeccionar toda la habitación como si buscara en ella algo que había perdido. Después de un rato posó los ojos en Evans, yo me molesté por la forma en que lo veía.

— Hola – saludó sonriente después de varios minutos.
— Hola  – contestó Evans, luego me miró a mí y me preguntó quién era ella.
— Es mi hermana Anne Marie – le hice saber amablemente – es mi hermana pequeña, somos gemelos.

Anne Marie se acercó a nosotros, se sentó en medio de los dos y se estuvo con nosotros un buen rato, pero pronto se aburrió como de costumbre.

— Es aburrido estar todo el tiempo dentro, ¿quieres salir a jugar? – preguntó Anne Marie mientras jugaba con sus cabellos.
— Pero tú hermano no puede salir – objetó Evans.
— A mi hermano no le importaría si juegas un rato conmigo, ¿verdad Adrien?
— Si Evans quiere entonces está bien – comenté cabizbajo, obviamente no quería que Evans me dejara sólo pero no tuve el valor suficiente para decirlo.
— Prefiero quedarme aquí, sé que será más divertido quedarme con Adrien que jugar contigo.

Anne Marie se molestó por la respuesta que recibió de Evans, y se marchó maldiciendo  a todo mundo, como de costumbre. Yo miré a Evans y le sonreí, me hizo feliz el que me hubiera elegido a mí y no a mi hermana.

— No se parecen en nada – comentó – tú hermana y tú...
— Lo sé...
— Tú hermana es fea y molesta – me sorprendí cuando dijo eso – tú eres mil veces más agradable que ella y mucho más bonito también.
— No soy bonito; soy pálido, flacuchento y débil.
— Eres bonito... – me quedó viendo dubitativo – pero es raro sabes...
— ¿Qué cosa?
— Que siendo tú piel tan blanca, tus labios sean tan rojos.
— ¿Se ve raro? – me alarme y toqué mis labios – no sé por qué serán así, ¿será por la medicina?, ¿algo que como?; pero yo no he hecho nada para que sean así de rojos, no los pinto ni nada parecido, por favor no pienses nada raro.
— No te alarmes – se carcajeó – no pienso nada raro, sólo me parecen lindos... tus labios... ¿Será por algo que comes?, ¿o por la medicina?
— No lo sé.
— ¿Averiguamos?
— ¿Cómo?
— Mmm... Acércate... – pidió y yo como robot obedecí – si es por comida o por medicina, tus labios tendrían que saber de esa manera no es así, ¿me dejas probar?
— ¿Eh?, ¿probar qué?
— Tus labios por supuesto.
— ¿Eh?... bueno... creo... eh... sí... está bien...

Cerré los ojos fuertemente, estaba muy nervioso un poco más y entraba en shock, eso era lo más cercano a un beso que probablemente - creía yo- experimentaría en toda mi vida, por eso me sentí así. Los labios de Evans no tardaron mucho en hacer contacto con los míos, era un ligero roce y apenas podía sentirlos, eso fue hasta que él se pegara más a mí, sentí entonces su lengua acariciar mi labio inferior... mi cuerpo se calentó de una extraña manera, pero no porque sintiera algo malo, sino, porque estaba muy feliz.

— La medicina – sonrió.
— Lo siento, lo siento – llevé mis manos a mi boca – ¿te supo feo?
— Para nada, si todas las medicinas supieran así no renegaría tanto a la hora de tomarlas.
— ¿En serio?
— En serio, si quieres puede probar, debe haberse quedado el sabor en mis labios.
— ¿Puedo?
— Por supuesto.
— Bueno... – me incliné sobre él, pero en lugar de imitarlo sólo lamí sus labios ligeramente.
— Pareces gatito – renegó – vamos, hazlo bien.
— Bueno... – junté esta vez mis labios con los suyos, y me permití copiar la forma en la que él lo había hecho, lamiendo ligeramente sus labios para luego atreverme a succionarlos un poco.
— Eso fue un beso – canturreó divertido.
— Lo siento, lo siento, no fue... – iba a decir que no había sido mi intención pero no quería mentir – lo siento.
— Descuida, el mío también fue un beso.
— ¿Eh?
— ¿Puedo darte otro?
— Sí – acepté rápidamente. Evans colocó su mano sobre mi mejilla y comenzó a acariciarla, luego se acercó hasta que nuestras narices se rozaron – ¿te gusto o algo parecido? – pregunté, quería saber por qué me estaba besando.
— Me gustas... o algo parecido – agregó sonriendo, yo mordí mis labios.
— Pero... hasta hoy nos conocemos.
— ¿Qué dices?, si siempre te he estado viendo desde afuera.
— Yo siempre te he estado viendo desde la ventana – sentí vergüenza de confesar lo que él ya sabía.
— Entonces no digas que nos acabamos de conocer – sonrió – y yo, ¿te gusto o algo parecido?
— ¡Nada de algo parecido!...  Me gustas... me gustas mucho Evans.
— Tú también me gustas mucho.

 Y así nos volvimos a besar, para que minutos más tarde mi mamá apareciera y le dijera a Evans que ya había sido suficiente, que yo necesitaba descansar.
Evans se despidió y también prometió que me visitaría el próximo fin de semana.  La idea se me hizo horrible, no quería esperar tanto para volver a verlo, no sabía porque tenía que ser hasta el próximo fin de semana, pero no le pregunté. Lo que si hice fue preguntarle si estaba bien que le hablara por teléfono, él me contestó que si estaba bien y me dio su número. Sólo de esa manera pude quedarme tranquilo.

Aprendí mucho de Evans sólo hablando por teléfono. Me dijo sus gustos y otras cosas y también me dijo por qué sólo podíamos vernos los fines de semana. Sus papás estaban divorciados, por lo que él debía pasar los días de semana en casa de su madre, y los fines de semana y feriados con su padre. Y daba la casualidad que su padre vivía a unas cuantas casas de la mía, fue por eso que nos conocimos.
Muchos fines de semana los pasé junto a él, eso hizo que mi vida no se sintiera tan pesada y cansada. Yo me divertía mucho compartiendo esas pocas horas a la semana, me hacía feliz que él me dijera constantemente lo mucho que yo le gustaba o lo bonito que era, aunque esto último jamás lo creí del todo. Evans jamás me preguntó por mi enfermedad, o por qué tenía que permanecer encerrado comiendo comida asquerosa y tomando muchas medicinas. Lo que sí hizo fue ayudarme a comer cuando yo estaba muy débil o a convencerme a tomar mis medicinas cuando yo ya estaba harto de tomarlas. Fue gracias a él que dejé de renegar tanto por las cosas y por mi vida, aunque aún no estaba a gusto del todo, descubrí que no me importaba, porque igual estaba feliz.
Ese era el décimo fin de semana que pasaba conmigo. Pensé por alguna razón que él se cansaría de mí y dejaría de visitarme, pero los fines de semanas llegaban y él llegaba también, pronto deseché ese pensamiento, sabía que él no me dejaría así por así.

— A todo esto... – comenté, tenía un blog de dibujo en mi mano y un lápiz grafito en la otra, se me daba bien hacer retratos y le pedí en esa ocasión a Evans que modelara para mí – aún no te he preguntado tú edad, ¿cuántos años tienes?
— Tengo trece – contestó, se rascó la nariz, incomodo probablemente de que yo lo estuviera dibujando – ¿y tú?
— Once – dije sin despegar la vista de lo que hacía – ¿cuándo cumples los catorce?
— Bueno, estrictamente hablando aún tengo doce, la próxima semana cumplo los trece...
— Oh... ¿y lo celebrarás?
— En casa de mamá, por eso el próximo fin de semana no podré venir.
— Oh, entiendo no te preocupes – sonreí como restándole importancia.
— ¿Crees que tus papás te dejarían quedarte el próximo fin de semana en mi casa?
— No creo, apenas y me dejan salir de esta habitación.
— Y si les pido a mis padres que les pidan permiso, creo que ellos podrán convencerlos... – agachó la cabeza y juntó las manos como nervioso – quiero pasar el día de mi cumpleaños contigo.
— Yo también quiero eso... – dejé el blog y el lápiz y me acerqué a él – yo quiero estar siempre contigo y no sólo los fines de semana.

Sorpresivamente los padres de Evans fueron capaces de convencer a los míos para que yo me quedara con ellos todo el fin de semana. La noticia me hizo feliz, y no podía creer que después de tanto, tanto tiempo, al fin podría salir de mi casa.
Mamá preparó todo para mi estadía; preparó mi ropa, mis medicinas, mi comida y cualquier otra cosa que pudiera llegar a necesitar, e incluso le dio instrucciones a la mamá de Evans en caso de que algo llegara a sucederme.
El sábado por fin llegó y yo jamás me había visto rodeado de tantos niños de mi edad. Evans me había dicho que eran sus compañeros de la escuela y algunos vecinos, y aunque yo no podía moverme ni agitarme mucho, hice todo lo posible para divertirme con ellos. Ese fue un día verdaderamente divertido, jamás había reído tanto, y aunque los demás me veían de manera extraña al principio, Evans rápidamente los convenció de que no había nada malo conmigo.
La tarde finalizó, los niños poco a poco se fueron marchando, me despedí de ellos alegremente sabiendo que probablemente nunca los volvería a ver. Yo me cansé mucho ese día, y Evans lo notó porque le dijo a su madre que me llevaría a la cama porque lucía demasiado cansado. La amable mujer nos dio las buenas noches con un cálido beso, aproveché para abrazarla y darle las gracias por haberse ofrecido a cuidar de mí durante el fin de semana.
La habitación de Evans estaba muy limpia, me dijo que la había limpiado bien porque yo me quedaría en ella y no quería que me enfermara.

— ¿Y tú dónde dormirás? – pregunté mientras me quitaba la ropa para ponerme el pijama.
— Con mamá en su habitación, no quiero incomodarte...
— No me incomodaría – me acerqué a él y tomé el borde de su camiseta – quédate conmigo por favor, siempre he dormido sólo, bueno no sólo, pero cuando alguien se queda en mi habitación es en una incómoda silla, velando porque yo no deje de respirar y lo que yo quiero es saber que se siente tener a alguien al lado.
— Iré a decirle a mamá entonces...

Y se fue, y al rato volvió, hurgó sus cajones y sacó su pijama pare después vestirse con ella, y mientras lo hacía yo no lo quité la vista de encima, y él pareció notarlo porque se sonrojó un poco. Me dispuse a explorar la habitación para dejar de incomodarlo.

— Aun no te doy tu regalo – comenté, me acerqué al lugar en donde tenía mis cosas y de una pequeña maleta saqué mi blog de dibujo – lo tuve que terminar como pude, porque no pude verte el resto de la semana.
— ¿El retrato?
— No me quedó muy bien... si no lo quieres entenderé...
— Si lo quiero pero... – extendió su mano muy dubitativamente y tomó el dibujo.
— ¿Pero?
— ¿No te parece que luzco demasiado solitario en este dibujo?... creo... que lo que le falta a este dibujo eres tú, ¿por qué me dibujaste solo?
— No puedo dibujarme a mí mismo...
— No quiero el dibujo – lo puso a un lado y se dirigió a la cama.
— Entiendo – quise llorar, me sentí triste aun cuando no entendía porque él se había molestado tanto.

Evans se hizo a un lado y me dio espacio en la cama. Limpié mis pies antes de acostarme, él me daba la espalda. Era la primera vez que dormíamos juntos y no quería que me diera la espalda, me sentía de alguna manera muy solitario.

— Evans – acaricié su espalda – por favor no me des la espalda, siento que estás muy lejos de mí.
— De esa manera me sentí yo cuando me mostraste el dibujo – sollozó muy quedito.
— Lo siento – me acerqué y lo abracé, entonces él se volteó y me abrazó con mucha fuerza.
— Cuando estábamos golpeando la piñata y te vi sentado muy lejos de mí, tuve muchos pensamientos feos – sollozó nuevamente – pensé que tal vez tu ya no estarías para mi próximo cumpleaños.
— ¿Temes que yo muera?
— ¡Por supuesto! – Lloró con más fuerza, – eres tan frágil y delicado, que a veces incluso me da miedo abrazarte, porque eres como una figurita de cristal y yo temo romperte.
— Evans... te amo... así como mi papá ama a mamá, y así como tú papá amó alguna vez a tú mamá, ¿eso está mal?
— No está mal, yo siento lo mismo.
— No me has besado desde aquella vez, por eso yo pensé que...
— ¡Pero si te vivo diciendo que me gustas todo el tiempo!
— Pero pensé que sólo como amigos... los dos somos niños...
— Eso no importa, desde que te vi me gustaste...

Permanecimos abrazados mucho tiempo, hasta que el calor corporal de uno se fundió con el del otro, hasta que nuestra agitada respiración se calmó y hasta que el estridente sonido de nuestros palpitantes corazones se normalizó. Evans me hacía sentir muy feliz pero sobre todo vivo, olvidé por completo mi enfermedad, olvidé que las probabilidades de que yo muriera joven eran más altas de las de cualquier niño normal.
Despertamos muy tarde al día siguiente. De hecho la mamá de Evans tuvo que despertarnos porque no queríamos hacerlo nosotros solos. EL resto de la tarde la pasé con Evans, habían sobrado muchos dulces del día anterior pero yo no comí ninguno, me hacían daño, y aunque verdaderamente quería probarlos, supe contenerme, porque sabía que si sucedía algo malo no me dejarían volver a salir otra vez, y yo quería volver a salir.
Varios fines de semana después fue Evans quien se quedó en mi casa. Mamá había organizado un picnic y aunque no era un gran asunto, dado que lo iba a hacer en el patio de la casa, yo quise invitarlo, porque quería que se quedara a dormir conmigo. Yo quería estar todo el tiempo con Evans.
Anne Marie se puso celosa inmediatamente, ella hacía todo lo posible por llamar la atención de Evans, pero él sólo platicaba y jugaba conmigo. Me gustó esa situación, porque a pesar de que mis papás se desvivían por mí, a ella le cumplían todos sus caprichos sin importar cuáles fueran, mientras tanto mis caprichos siempre eran negados por mi condición; por eso disfruté la situación, disfruté ver que sobre todo y todos, Evans me prefería a mí.
Llegada la noche nos fuimos a mi habitación. Evans siempre se sentaba en la ventana, era como si tratara de ver el mundo de la manera que yo lo veía. Tomé mi blog de dibujo y mis lápices, y me senté a su lado. Le había pedido a papá que por favor colocara un enorme espejo frente a la venta, pensé que de esa manera si podría dibujarnos a ambos. Con el lápiz le señalé a Evans el espejo, él sólo sonrió y besó mi mejilla. Yo sonreí también y comencé a dibujar.
Nos desvelamos esa noche. Yo quería terminar el dibujo porque el espejo no se iba a quedar ahí para siempre. Evans bostezó muchas veces pero aún viendo lo cansado que estaba yo le pedía que soportara un poco más, quería que se fuera a su casa con su regalo de cumpleaños atrasado.

Mi mundo era color rosa, parecía que nada me molestaría, ya no me importaba que con cada visita al médico este me dijera que mi enfermedad aún no tenía cura, porque sentía que ya no la necesitaba, sentía que, mientras Evans estuviera a mi lado, yo viviría para siempre.
Pero no existe la vida eterna y mucho menos el felices para siempre. La felicidad, o más bien cualquiera cosa en esta vida, se pierde rápidamente, se derrumba como un castillo de naipes, y puede llegar a ser tan efímera que te cuesta mucho asimilar que has perdido algo. Y yo perdí a Evans.
Él no murió, simplemente se fue. Y no es que quisiera irse y dejarme abandonado, se fue porque su madre se había vuelto a casar y su nuevo esposo se los iba a llevar al extranjero. Yo protesté, fingí estar más enfermo de lo que en realidad estaba, le dije muchas cosas hirientes cuando vi que sin importar lo que yo hiciera igual él no se quedaría; incluso por eso mismo le dije que ya no lo quería y que me daba igual si se iba o no, porque él no me haría ninguna falta... todo era mentira, me estaba muriendo por dentro, no quería dejarlo ir pero tampoco tenía el poder para detenerlo. Su papá... Evans me dijo que su padre había cedido la custodia y por eso tenía que irse obligatoriamente a vivir al extranjero con su mamá.
Yo fui un desconsiderado. El que su papá lo hubiese mandado a vivir al extranjero sin oponerse había afectado mucho a Evans, pero en mi egoísmo yo no vi nada de eso, sólo vi mi dolor, mi angustia y mi soledad, jamás me detuve a ver o a tratar de entender lo que él sentía; yo me esforzaba porque no me lo arrebataran de mi lado, pero en mi estupidez, no vi que él también estaba haciendo todo lo posible para no dejarme sólo.

— Te llamaré todos los días – dijo después de un largo silencio, como de costumbre, estaba sentado en la ventana.
— Las llamadas de larga distancia son caras – dije desganadamente.
— Te escribiré muchas cartas, el correo no es caro – agregó entusiasmado – cuando tena una computadora te enviaré muchos correos electrónicos, y desde hoy mismo pediré un teléfono celular, para enviarte muchos mensajes de texto.
— ¡No es lo mismo! No quiero... será como antes, cuando sólo te veía desde la ventana – me abracé fuertemente a su cuerpo  – además... estoy seguro que dejarás de quererme, conocerás a niños con los que si podrás salir a correr y a jugar y rápidamente te olvidarás de mi, y tampoco quiero eso.
— Prometo que no será así...
— ¡No prometas cosas que no cumplirás!

Me tiré a mi cama y no volví a hablarle, luego él se marchó y durante mucho tiempo no volví a verlo. No aceptaba sus llamadas ni leía sus cartas. Quería hacer como si jamás hubiese existido ese niño llamado Evans, y por un buen tiempo fue así.
Mi estado de salud varió mucho con el paso de las estaciones. Había ocasiones en que yo podía salir al patio a jugar y a correr un poco, pero también había otras en las que apenas era capaz de masticar lo que comía.
Después de la partida de Evans jamás volví a asomarme por la ventana, no tenía caso, porque no lo vería sin importar que tanto lo deseara. Incluso le pedí a mamá que pusiera unas enormes y oscuras cortinas, quería olvidar que ahí había una ventana.
Con mucho esfuerzo cumplí los dieciséis. Jamás imaginé que llegaría a esa edad, aunque la verdad poco lo aparentaba, parecía un debilucho niño de trece años. Durante todos esos años que Evans estuvo ausente yo no fui capaz de hacer otro amigo, me volví más asocial, menos platicador, menos alegre pero sobre todo más miserable. No tenía idea que una tan sola persona podía influir tanto en la vida de otra y con tanta intensidad. Evans, a pesar de los años y la distancia, seguía muy presente en mi vida.
Es irónico hasta cierto punto que yo comenzara a extrañarlo varios años después de su partida. Añoraba sus palabras de aliento y esos pocos besos que habíamos compartido. Fue hasta ese entonces que me propuse mejorar mi estado de salud, no estaba seguro si ganaría algo con eso, pero quería ganar la fuerza suficiente para ir por él, para disculparme por todas esas llamadas y esas cartas que jamás contesté. Por supuesto que yo no conocía el paradero de Evans, porque había sido tan estúpido que había tirado todas las cartas sin fijarme en la dirección de su nuevo hogar, supongo que pensé que jamás la necesitaría, por eso fue que una tarde me escapé de casa y me dirigí a la casa del padre de Evans, sabía más o menos en dónde vivía, y yo simplemente quería preguntarle en dónde vivía su hijo.
Una anciana mujer abrió la puerta. El lugar estaba muy desordenado, había cajas y maletas por doquier. Esperé en el lobby mientras la mujer llamaba al padre de Evans, pero me llevé tremenda sorpresa cuando vi que era el mismísimo Evans que me recibía.
Mis piernas rápidamente perdieron fuerzas y me desplomé sobre el suelo, él rápidamente me socorrió y me dio a beber un poco de agua, mi presión sanguínea se había alterado por la impresión que supuso verlo después de tanto tiempo. Ni siquiera me sentía capaz de articular palabra alguna. Restregué mis ojos con mis manos muchas veces, incrédulo de lo que estos veían, todo me parecía una ilusión, pero una muy traicionera, por eso fue que también sentí pánico, no quería verlo y decirle hola, solo para después verme obligado a decirle adiós. Esperaba muy en el fondo que él me diera una muy buena noticia, como esas pocas que había recibido a lo largo de mi frágil vida.

— Pensaba ir a visitarte – me miró y se sentó a una distancia prudente de mí, parecía muy temeroso o más bien ansioso, estaba con la cabeza gacha y los puños bien cerrados sobre sus rodillas. Evans se había puesto muy guapo, no pude evitar no verlo – apenas vengo llegando pero en serio tenía planeado ir a verte.
— Entiendo... – mi voz me traicionó, se quebró sin anuncio alguno, por lo que mis palabras no sólo no fueron claras sino también fueron poco creíbles – ¿Has estado bien?, supongo que sí porque te ves muy bien; me pregunto si el país en el que vives ahora es bonito, supongo que has de tener muchos amigos, yo también hice muchos amigos, yo...
— Adrien – me llamó como si de esa manera me estuviera pidiendo permiso para sentarse más cerca de mí. Así lo hizo, y una vez reducida la cercanía entre ambos él sencillamente tomó mi mano – te extrañé muchísimo.
— Pues yo no – dije fingiendo desinterés.
— Adrien, te extrañé mucho, todo los días pensé en ti – apretó mi mano con más fuerza.
— ¡Ya te dije que yo no! – exclamé despavorido.
— Entonces... ¿por qué lloras? – apoyó su frente en mi hombro, a mis oídos llegaron pequeños sollozos cuya procedencia desconocía, no lograba acertar si eran los míos o los suyos – te escribí todos los días, te llamé cada sábado durante todos estos años, yo cumplí mi promesa, pero tú jamás me contestaste, ¿sabes cómo me hizo sentir eso?
— ¡No me importa! – Grité adolorido – si sabías que te ibas a sentir así entonces no te hubieses ido, no es mi culpa, – apreté mis puños fuertemente y luego sentí como las lágrimas brotaban sin censura alguna de mis ojos – yo... ¿crees que no me arrepiento de eso?, siempre pensaba que moriría sin pedirte perdón y me asustaba, porque no quería morir sin verte antes; ahora entiendo que fui muy egoísta, pero, ¿tenías acaso la mínima idea de cuánto te amaba?, ¿acaso no sabías que mi mundo sólo giraba en torno a tu existencia?
— ¡Sí lo sabía! Era igual para mí.
— ¡¿Entonces por qué te fuiste?! ¿Por qué me dejaste?
— ¡No tuve opción! Era pequeño, mi mamá se casó, y mi papá no quiso adjudicarse la responsabilidad de cuidar de su hijo. Tú no tienes idea de cuánto le supliqué para que me dejara vivir con él, y a pesar de que tampoco quería dejar a mamá, supliqué y supliqué para que dejaran que me quedara, porque no soportaba la idea de tener que irme y dejarte...
— Pero... – sollocé – parecías tan calmado el día que me dijiste todo que yo pensé...
— Me esforcé mucho porque no quería hacerte llorar...

Demoré varios minutos en calmarme, la impresión había sido demasiada y había llegado muy de repente. Apenas y lograba asimilar lo sucedido, era como un sueño, uno muy distante y corto, uno de esos que no recuerdas con exactitud pero que estás seguro haber tenido. Evans era ese sueño para mí. Mis inseguridades fueron resurgiendo una tras otra a medida que yo me permitía sucumbir ante la felicidad. Al fin lo veía, después de tanto tiempo y tantas lágrimas, al fin hablaba con él, lo tocaba, lo escuchaba, lo miraba; incluso temía parpadear porque creía que todo era una efímera y traicionera ilusión. Pero no era así. Ese Evans que me tomaba la mano y me susurraba al oído era real, era el que tanto anhelé ver durante todo ese tiempo.
Se tomó el tiempo para explicarme su nueva situación. Al parecer, durante un tiempo iba a vivir con su padre. Había pedido asistir a la universidad que había en la ciudad y por eso había regresado. También me comentó que ahora tenía una hermanita de un año, y que aunque lamentaba dejarla aun siendo tan pequeña, este era el lugar en el que verdaderamente quería estar. Él quería estar conmigo. No le importaba el que yo fuera frágil y terriblemente enfermizo, o que aparentara menos edad y fuera egoísta y estúpido.  Él podía tener a quien quisiera y a pesar de la distancia, y el cambio radical en su vida al momento de mudarse, el seguía teniéndome presente, como si nos hubiésemos conocido recientemente, o como si jamás se hubiese marchado.
No fui capaz de suprimir mis deseos, mientras él hablaba seriamente y pacientemente me explicaba lo que había sido de su vida esos años, yo sólo podía pensar en cómo había sido posible haber vivido tanto tiempo sin tenerlo a mi lado. Al recordar nuestra corta vida juntos, llegué a sentir que era otra persona y no yo quien había vivido todo eso. Necesitaba una prueba de que nada de eso era un sueño.

— Bésame – pedí, interrumpiendo su explicación con mucha altanería.

Evans no lo dudó, no objetó ni mucho menos trató de inventar alguna tonta excusa para no hacerlo; simplemente acercó sus labios a los míos. Nos besamos, pero no fue como esos torpes besos infantiles que alguna vez habíamos compartido, los nuevos besos fueron más intensos, más apasionados, más propios de la edad que en ese momento teníamos, y mucho más honestos, no nos censuramos a la hora de hacerlo, por lo menos yo eliminé toda inhibición que en ese momento sentí para fundirme con él  y serle fiel a mis sentimientos, y también para confirmar de una vez por todas que lo nuestro no sólo había sido un pasajero, inocente y dulce primer amor, sino un amor verdadero.
Eso marcó un nuevo comienzo. Evans comenzó a asistir a la universidad y siempre que podía iba a verme. No sé si fue su presencia lo que hizo que mi salud mejorara pero sin duda debo admitir que algo de influencia tuvo sobre ella.
Tuve mi primera cita a los dieciséis años. Evans me llevó a la playa y ahí tuvimos sexo por primera vez. Tal vez decir sexo no es apropiado, el término que generalmente se utiliza cuando se da ese tipo de encuentro físico entre dos personas que se aman es hacer el amor, pero en mi caso no es un término correcto, porque no necesitábamos tener sexo para que él me hiciera el amor, el me lo hacía todo el tiempo, cuando me miraba, cuando me besaba, cuando me llamaba por teléfono o me escribía un cursi mensaje de texto. Su amor, durante mucho tiempo, fue la mejor medicina que yo jamás llegué a recibir.
Pero nuevamente todo se derrumbó, caí terriblemente enfermo, tanto así que tuvieron que internarme indefinidamente. Evans iba a visitarme, pero yo comencé a odiar el hecho de que él dejara de vivir su vida a plenitud por siempre estar tratando de acoplarse a la mía. Pero deseché el pensamiento al sustituirlo por la ligera esperanza que sentía al creer que mi colapso sería igual de pasajero como los demás; pero no fue así.
Las horas, los días, las semanas y los meses; todo pasó, todo y todos a mí alrededor avanzaban mientras yo seguía atado a una incómoda cama de hospital. Y lo peor de todo era, que tenía a Evans atado conmigo. Durante mucho tiempo intenté con toda mi alma hacerlo feliz, fingir que no me importaba que tuviéramos que reunirnos en el hospital y acoplarnos a las horas de visita que éste permitía; o que no hubiera entre nosotros más muestras de cariño aparte de las mismas palabras de aliento o uno que otro beso pasajero. Llegué a sentir que no éramos novios, sino doctor y paciente, comencé a odiarme por ser tan débil y por no poder darle la felicidad que él tanto se merecía.

— Terminemos.
— No quiero – contestó él sin despegarle la vista al libro que leía – ya sé qué es lo que estás tramando Adrien.
— No estoy tramando nada, sólo quiero que terminemos.
— No quiero.
— ¿Eres feliz?
— Como no tienes idea – dejó el libro al lado y me miró – y si verdaderamente te importa mi felicidad entonces no vuelvas a pedirme semejante estupidez. Me quedaré contigo, y si es necesario mudarme al hospital entonces lo haré.
— No quiero que lleves esa clase de vida por mi culpa – confesé cubriendo mi rostro con mi brazo – quiero que seas feliz y yo no creo poder hacerte feliz, y eso es en lo único en que pienso.
— Tontito – canturreó – ¿no te das cuenta de lo feliz que me haces todos los días? – Apartó mi brazo y me miró – ¿acaso no parezco feliz?
— No es eso – desvié mi mirada – es sólo que sé que puedes lograr tantas cosas y siento que yo te lo estoy impidiendo, no quiero que sigas atado a mí.
— Yo estoy aquí porque quiero, no porque tú me tengas amarrado.
— ¡No me refiero a eso!
— ¿Crees que una enfermedad me ganará? ¿Crees que después de haber estado separados tanto tiempo dejaré que este pequeño desliz termine con todo? Soporté, a los trece, que nadie entendiera mis sentimientos y me separara de ti, soporté el que jamás contestaras mis cartas y mis llamadas, soporté kilómetros de distancia y todos esos años en que no supe nada de ti... esto, esto no me vencerá, así que deja de pedirme que terminemos, porque no lo haré, jamás lo aceptaré, estaré contigo siempre.

Tiempo después me dieron de alta en el hospital y nos tocó enfrentar la realidad, le confesamos a nuestros padres la verdadera naturaleza de nuestra relación, y aunque al inicio parecieron bastante sorprendidos, poco a poco nos fueron aceptando.
Después de que él se graduó y obtuvo un empleo estable comenzamos a vivir juntos. Muchos de los gastos de mi manutención aún corrían por cuenta de mi seguro de salud y de mis padres, no quería ser una carga excesiva para él, así que aunque él quería hacerse cargo por completo de mi, le pedí que aceptara la poca ayuda que se nos era brindada.
Los años pasaron y fueron muchas las veces que tuve que regresar al hospital, incluso ahora estoy más débil que nunca y me enfermo por cualquier cosa, pero a pesar de los años, los problemas, las enfermedades y cualquier otra cosa, Evans sigue conmigo.
...
Siento mucho si este relato no es una historia fantástica de caballeros de brillante armadura y de malvados dragones, o que no haya magos o ninjas, o sangre y muerte. Siento que no haya existido entre Evans y yo ningún enfrentamiento digno de cualquier melodrama o una súper reconciliación. Siento también que hayan tenido que leer tantas cursilerías y al mismo tiempo también siento haber sido vago al momento de relatar algunas cosas.
Esta historia no es más que un ligero relato acerca de dos niños que se conocieron y decidieron pasar el resto de su vida juntos. Esto es un resumen de lo que ha sido nuestra vida hasta el día de hoy. Justo ahora no enfrento un buen momento, apenas y tengo la fuerza suficiente para teclear en la computadora, pero a medida que mi vida se apaga, también siento la necesidad de dejar atrás la historia de esos días que son los que más recuerdo, no son precisamente los más felices, pero si son los que forjaron mi carácter.
Espero que Evans no se moleste, pero sé que él también siente que pronto dejaré de estar a su lado, también fue por eso decidí escribir esto, porque quiero decirle, o más bien rogarle que siga con su vida, y al mismo tiempo quiero pedirle perdón por toda la angustia que le hice sentir. Pero sobre todo quiero darle las gracias, porque sé que sin su presencia jamás hubiera alcanzado los treinta años de vida.
...
Te amo Evans, seguiré esforzándome para seguir con vida. Pero promete que de llegar el día en que mi vida se acabe, tú seguirás esforzándote de igual manera para seguir adelante, y en cambio, yo prometo que estaré esperando con ansias el día en que nos volvamos a reunir.
...
Fin

Espero que hayan disfrutado la historia, si desean tenerla, aquí les dejo el enlance en donde pueden descargarla en formato PDF. Muchisímas gracias por leerme a mí y a mis historias.
Hasta pronto. 







Comentarios

  1. awww Seiren!!!! que hermosa historia........ hasta llore >.<.... me encantoooo, fue una historia tan tiernaaa y reflejastes un amor tan sincerooo..... espero seguir leyendo mas historias escritas por ti, sigue adelante!!! tienes mucho pontencial!!!

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  2. ame la historia... estubo buenisima... segui asi ... ;)

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  3. Muchas gracias por su apoyo y sobre todo por leerme, espero escribir algo bueno pronto, pero a mi la inspiración me llega cuando ella quiere y no cuando yo quiero, así que me toca esperar, pero cuando tenga algo nuevo sin duda se los haré saber ^^

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  4. Que preciosa ha quedado la historia, es muy tierna. Me gusta la manera en la que sabes desenvolver la personalidad de los personajes ya que es mucho más fácil ponerse en su lugar y de ese modo la historia llega más a los lectores.
    Espero seguir leyendo tus escritos.
    Au revoir.

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  5. serien-sama estaba viendo musica en un canal q me encanta mucho y me acorde de esta historia minutos despues...lo encontre !!! ehm, aclaro, en tv, comienza desde xD, y sale volteado, aca sale de pero igual sigue siendo lindo el video http://www.youtube.com/watch?v=ocDlOD1Hw9k" lo juro, esa cancion me gusta mucho, y me di cuenta hasta ace poco de ese detalle peroo es igual :O a diferencia q no ta enfermita y es niña pero bue, mejor me callo jajaja nos vemos. sasket17

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  6. olvide poner desde el 0:45 me refiero yo xD

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  7. Vi el video, y ahora si entiendo cuando dices que al verlo te acordaste de la historia, aunque sea solo en el segundo 0.45 jeje. Igual la canción y el video tienen un buen mensaje, eso es lo que siempre me ha gustado de Pink =)

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  8. Excelente, pero podrías poner un buscador en tu blog para que sea mas fácil buscar :)

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  9. Muchas gracias por tu sugerencia. Ha sido un descuido mío, enseguida lo haré.

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  10. Que historia tan tierna (ojitos brillantes)

    Me conmovio mucho Evans... y Adrien ni se diga T.T

    Hermoso relato ^^

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    1. Aww... Gracias! Y la verdad me da un poco de penita porque es de mis relatos iniciales y tiene fallitas y eso jeje Espero que esto no te haya estropeado la lectura. :)

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  11. se que no esto enfermo pero ansio y deseo tener una historia de amor como la de evans y adrien, muy emotiva la historia y te hace saber que apesar de toda circustanci de nuestra vida encontraremos a alguien que estara ahi a nuestro lado pase lo que pase!

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    1. Muchas gracias por leer. Qué bueno que te ha gustado y te ha dejado una bonita sensación.

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  12. Muchas gracias, me encanto la historia y estoy llorando.
    Me gustas como escribes, besos

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    1. Muchas gracias por tus palabras, y por tomarte el tiempo para leer. Lo aprecio mucho.
      Saludos.

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  13. hola me llamo miguel y soy de chile, tengo 62 años el cual no los represento y doy gracias a la natura de hacerme ver mas joven. He leido tus historias y en special sta y la verdad q, te scribo con mucha emocion, me parecio una historia profunda, sencible, hermosa y con un alo de inocencia pura y libre de prejuicios innecesarios q tenemos los adultos te felicito y spero pronto saber de ti en otra historia hermosa. Un enorme abrazo y besos para ti.

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  14. Una historia muy tierna! Nuevamente felicitaciones :)

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