Las flores del infierno 03: Tu llamado.

Temor. Eso era lo que sentía Amira cada vez que una de sus extremidades se ponía delante de la otra mientras caminaba hacia el punto de autobuses. Su espalda aún le dolía y sentía como la venda que protegía su herida se adhería aun después de haber tomado todas las precauciones necesarias para impedirlo. ¡Qué dolor sentiría al momento de retirarla! Por eso decidió permanecer de pie los cuarenta minutos que duraba el viaje hasta su escuela.
También estaba nerviosa por lo ocurrido. Sus manos temblaban y más que por el calor del verano, sudaba por la impaciencia que no la dejaba en paz. Su corazón palpitaba dentro de su pecho con tremenda fuerza y apreciaba, muy de vez en cuando, ligeros escalofríos que recorrían su cuerpo de pies a cabeza haciendo que se estremeciera inevitablemente.
Aun pensaba en el sueño, en el pacto y en ese demonio de ojos plateados. Cada aleteo que escuchaba la hacía reaccionar, cada destello de luz, cada sombra, cada flor, no importaba lo que mirara ella siempre veía lo mismo: Eliel. Nunca nadie se había dirigido a Amira de esa forma tan cordial y respetuosa, casi venerable. Jamás nadie había alabado su carácter de esa manera o tan anhelante había suplicado por su compañía. Amira se aferraba a su soledad. Convivía con sus compañeros de clases y era capaz de entablar una conversación casi con cualquiera, pero nunca llegaba a más, había establecido una frontera invisible que la separaba de todos.
Faltaban unas cuadras más para llegar al instituto, pero Amira decidió descender del bus para recorrer el resto del camino a pie. Los brillantes y cálidos rayos de sol calaban su rostro y el resto de su piel expuesta; el viento soplaba ligeramente y era fresco a pesar de estar en verano; las personas como siempre caminaban, unas estresadas y otras totalmente libres, estas últimas habían encontrado el magnífico secreto para sobrevivir el día a día sin sobrevalorar o desestimar todo lo que les rodeaba, y aun así, Amira creía que eran infelices. ¿Cómo se podía encontrar la felicidad entre tanto caos y bullicio?
En el preciso momento en que pensaba en esto, se detuvo, miró el cielo e inhaló una gran bocanada de aire que contuvo hasta que sus pulmones no fueron capaces de soportarla por más tiempo, y entonces, exhaló. El maletín que cargaba pronto cayó al suelo, se sacó la camisa del uniforme y se dobló las calcetas que reglamentariamente tenían que usarse casi rozando las rodillas. Le dolía la espalda, ya no soportaba el dolor y lo menos que quería era ir a clases a estar sentada sobre un incómodo escritorio. Ese día faltaría por primera vez en su vida, sabía que, de enterarse su madre, recibiría una paliza mayor a la que había recibido la noche anterior, pero no le importó para nada, ¿por qué debería? No era la primera vez que era castigada de esa manera por razones totalmente estúpidas; si la iban a castigar que fuera por algo que valiera la pena.
Luego se le ocurrió que sería demasiado aburrido pasar el día sola, ¿qué haría si no estaba acostumbrada a divertirse como los demás adolescentes? No tenía muy buenos amigos y podía llamar a Ángela, pero la idea no le pareció buena después de pensarlo un poco. ¿Y sí lo llamaba a él? Amira se preguntó si Eliel respondería a su llamado, aunque para empezar no tenía ni la más remota idea de cómo comunicarse con él. ¡Qué frustrante! Caminó en dirección a una pequeña heladería al otro lado de la calle, sacó el poco dinero que tenía y observó el menú, ya no le parecía que estuviera tan fresco y se le antojó un helado, pero, para su desgracia, el poco dinero que portaba no le ajustaba. Suspiró y lo depositó de vuelta en su cartera. Apenada, se disculpó con la señorita quien con una amable sonrisa estaba dispuesta a tomar su orden.
—¿De qué sabor quieres?
Así aparecía, como si en realidad hubiera escuchado el llamado de Amira. Eliel yacía detrás de ella con una sonrisa cálida en su rostro y su largo y negro cabello extremadamente liso caía a sus lados. Esta vez estaba vestido con una ligera camiseta sin manga color negra, unos pantalones de mezclilla azul celeste y uno zapatos deportivos, se veía tan... normal. Más joven de lo que le había parecido antes. Amira intuyó que tal vez su apariencia se debía a que trataba de no intimidarla, pero ella habría preferido al Eliel de siempre y no a ese… ser humano. Eliel aparentaba ser un joven de un poco más de veinte años, lo que más llamaba la atención en él era su larga y negra cabellera, aparte de eso, todo parecía normal, fácilmente pasaba como un humano cualquiera y probablemente esa era la razón por la que las personas a su alrededor no sintieran más curiosidad hacía él que la necesaria por su atrayente apariencia.
—Eliel... —Amira se quedó sin palabras por un momento.
—Mi querida Amira, ¿qué sabor quieres? —La voz de Eliel provocó en Amira un placentero escalofrío, esa voz le era ahora tan familiar pero no parecía poder acostumbrarse a ella.
—Chocolate y café…
—Por favor —se dirigió Eliel a la persona que los atendía y la chica rápidamente procedió a servirles.
—¿Cómo me encontraste?
—Sería una vergüenza si no fuera capaz de encontrarte, Amira.
—¿Siempre sabes en dónde estoy?
—¿Y te asusta?
—La verdad, sí —suspiró—. Eliel, ¿escuchaste mi llamado?
—Así es; ahora ya sabes que, sin importar en dónde estés, mientras me quieras a tu lado, siempre te encontraré —dijo, para a continuación aclarar—: Sin embargo, que siempre sepa en dónde estás no significa que desee invadir tu espacio. Simplemente llámame y yo apareceré.
—Eso es…
Amira sintió, al ver a Eliel, que de nuevo estaba sumergida en un sueño. La manera con la que él se expresaba, las palabras que escogía al momento de hablar, sus gestos, la cortesía y ese caballerismo, todo parecía sacado de alguna novela de época. ¿Qué tanto había vivido Eliel que parecía conservar los modismos y costumbres de un noble de siglos ya perecidos?
Amira comió el helado ante la mirada complacida de Eliel. El comportamiento del demonio era hasta cierto punto infantil, pero por segundos, o menos que eso, se cubría con una expresión sombría e intimidante, pero ahora que ya tenía compañía, se sintió muy complacida al saber que no pasaría toda la mañana sola, y decidió ignorarlo. Junto a Eliel, caminó desinteresadamente por la ciudad y el simple hecho de estar acompañada hizo que viera todo de manera diferente. No estaba acostumbrada a salir mucho, o mucho menos a vagar con tanta jovialidad en los centros comerciales o demás zonas recreativas, el único lugar que Amira no sólo conocía sino que también disfrutaba era un pequeño arroyo que se encontraba en las afueras de la ciudad. Y fue por eso que, después de pasado un tiempo, subieron a un autobús para llegar hasta ahí. Los demás pasajeros no tardaron en centrar su atención en la extraña pareja. Los ojos de los entrometidos eran fácil de leer: y mira que asiste a un colegio católico...
Eliel, que tenía la habilidad de leer la mente de las personas, ni siquiera se vio en la necesidad de hacerlo, sus pensamientos eran tan claros que le repugnaron. Lo único que lo tranquilizó fue la nula importancia que Amira parecía mostrar, y no pudo evitar sentirse fascinado.
Amira y Eliel, después de bajar del autobús, tomaron un desvío de la carretera principal, caminaron por un estrecho sendero con escasa vegetación hasta que divisaron muchos árboles.
Con el paso de las horas la temperatura ascendía y con ellos la incomodidad de Amira por el dolor en su espalda. Ahora, sentados como si nada sobre una enorme roca a la orilla del arroyo, Eliel y Amira veían el correr del agua y los pocos seres que parecían habitar en ella. Las hojas secas de los árboles surfeaban sobre la leve corriente con mucha pericia quedándose una pocas varadas en ramas y rocas; los árboles a su alrededor, tan frondosos, hacían que la poca luz que se colaba entre las hojas bailara con cada soplar del viento, eso, y el ulular de algunas aves, daban al ambiente una sensación de fábula que, acompañado del sonido de agua, hacían que todo pareciera algo fantástico.
Amira se despojó de sus zapatos e introdujo los pies en la superficial fuente. Eliel observaba encantado el comportamiento indiferente que mostraba la chica, estaba fascinado al notar cómo de ella no emanaba ninguna tan sola pizca de temor o de duda, le pareció increíble que después de tan poco esfuerzo de su parte, ella lo hubiera aceptado a él y a lo que era.
—¿Todos tienen la habilidad de presentarse en sueños? —preguntó Amira de repente, sin despegar la vista del agua mientras chapoteaba con los pies.
—Casi todos —contestó Eliel. La verdad era que sólo los demonios de rango alto podían hacerlo con tal eficacia, pero no era algo que quisiera compartir con ella todavía.
—¿Es difícil?
—Un poco. Requiere mucha energía, pero si eres inteligente, aprendes a utilizar la energía del humano en proporción mayor a la tuya, así es el humano el que queda agotado, cosa que soluciona con unas horas extras de sueño. No es tan fácil para los de mi tipo.
—¿Hay algún riesgo?
—De no conseguirlo de manera eficaz, tanto el demonio como el humano quedarían atrapados para toda la eternidad en el mundo de los sueños, por consiguiente, el alma del humano no llegaría a ser juzgada y vagaría sin rumbo alguno siendo incapaz de encontrar el cielo o el infierno. Es arriesgado y son pocos los que se atreven a realizar tal proeza. Puede que no suene tan malo, pero lo cierto es que los humanos no son conscientes de todo lo que los rodea, esta barrera, sin embargo, es más vaga cuando se duerme; en el mundo de los sueños no existen los límites, de ahí que resulte peligroso vagar en él. Peligroso y aterrador. Todo eso que tienen dentro y que desconocen generalmente termina siendo su perdición. Un pequeño infierno personal, sólo que éste sí es eterno, no como el verdadero.
—¿Y qué sucede con el demonio?
—Después de un tiempo vagando decide por cuenta propia entregar su existencia a la nada, es mejor desaparecer que estar en un insípido lugar del cual nunca podrá salir.
—¿Aun así tomaste tal riesgo? ¿Por qué?
—Porque lo vales, mi hermosa, Amira, yo ya estaba dispuesto a entregar mi existencia a la nada hasta que te conocí.
Hubo silencio después de eso, ya ni siquiera se escuchaba el canto de las aves o el correr del agua, ni siquiera el chapoteo de sus pies. Todo le parecía a Amira tan irreal y eso la hacía dudar por instantes, pero al ver a Eliel, al tocarlo y escucharlo, ¿cómo podía negar su existencia? Lo quedó viendo: como siempre, él sonreía, su cabello caía libremente a su espalda tan lacio y perfecto como si nada lo afectara. Amira extendió su mano y agarró unos cuantos mechones de cabello, eran tan liso y tan sedoso, pero sobre todo tan negro, del mismo color del plumaje del cuervo.
—¿Por qué tomas la apariencia de un cuervo?
—Me gustan los cuervos, tan sencillo como eso.
Silencio nuevamente, esta vez Amira tomó una de las manos de Eliel y la palpó con la suya, luego la llevó hasta su mejilla; no sintió ninguna tan sola aspereza y estaba tan cálida que dicha calidez recorrió todo su cuerpo en una efímera fracción de segundo; esto le ayudó a confirmar que sin duda Eliel era real y que a pesar de que todo había ocurrido en un sueño, también era real.
—¿Te duele mucho la espalda? —preguntó Eliel maravillado con la cálida sensación provocada por el contacto entre su piel y la piel de Amira.
—Algo —contestó Amira, soltó la mano de Eliel y la llevó a su espalda en dónde jaló un poco su camisa que parecía estar adherida por el sudor.
—Hoy recibirás un castigo igual por no haber asistido a clases. —Claramente Eliel no había hecho una pregunta, aunque Amira no necesitaba que se lo recordaran, lo sabía mejor que nadie—. Tú madre se ha perdido en su religión, si no recapacita las cosas no terminarán muy bien para ella.
—¿Tú decides eso? —preguntó, molesta. Incluso aceptando que estaba algo loca, aún era su madre y no le gustaba que hablaran de esa manera de ella.
Eliel se quedó en silencio después de eso, los seres humanos siempre le parecieron peculiares, no entendía cómo alguien era capaz de amar a la persona que te lastima constantemente. ¿Acaso lo normal no es amar a quien te ama y odiar a quien te odia? Entonces recordó las viejas enseñanzas en donde fervientemente se alentaba a amar al enemigo, pero ¿podría la víctima amar al violador, al asesino, al abusivo, al indiferente? Sonrió, burlón. Él mejor que nadie sabía que no. El perdón no debería ser todopoderoso, mucho menos favorecer al victimario.
—¿Estás molesta? —Eliel preguntó mientras, pausadamente, imitaba a Amira introduciendo sus pies descalzos en el agua.
—No lo estoy —contestó ella después de una larga pausa, tomó la mano de Eliel luego de pensarlo un poco y la sujetó con fuerza.
—¿No te doy miedo? —preguntó ahora el demonio, hacía mucho que sentía ganas de hacer esa interrogante y aunque tenía la habilidad de indagar en la mente de las personas a placer, con Amira no quería hacer eso.
—¿Por lo que eres? —Amira, sin soltarle la mano, se obligó a mirar a Eliel fijamente a los ojos—. Sí, te tengo miedo, tu presencia afirma todo aquello que siempre intenté negar. Me disgusta en cierto sentido saber que los demás tenían razón mientras yo estaba equivocada...
—Ni tanto, Amira.
—¿Qué debo creer ahora? —Amira, como muy pocas veces, decidió mostrar su vulnerabilidad y sus dudas, por razones desconocidas para ella misma, sentía que era el momento adecuado para exponerlas.
—En lo que tú quieras, siempre ha sido así y no tiene por qué cambiar ahora. No estoy aquí, Amira, para influenciarte de alguna tonta manera, todo lo contrario. El que yo exista sin duda afirma ciertas cosas, pero no de la forma en que todos creen.
—¿Estás seguro que no quieres devorar mi alma?
—De ninguna manera. Creí que había dejado claro este asunto.
—«Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar» —sonrió.
—Primera de Pedro, capítulo cinco, versículo ocho —agregó Eliel—. Ese no es más que un libro; papel, tinta e ideas muy tontas.
Que Eliel hablara así sólo desconcertaba a Amira. Seguía sin comprender muchas cosas, pero lo que más le inquietaba era no saber por qué ella había llamado su atención, incapaz de reconocer en sí misma algo que valiera la pena, y sin embargo, ahí estaba. Estar con él era completamente distinto a estar con su padre o con su madre; aunque Eliel parecía humano, en la profundidad de esos ojos negros podía ver la puerta a otro mundo, a otras experiencias y nuevas sensaciones, él era tan distinto a ella, por eso se sentía tan atraída, por eso ya había aceptado por completo la existencia de Eliel como lo que era. No le importaba condensarse, sólo quería experimentar cosas diferentes.
—¿Te has acercado a otros humanos?
—En el pasado, sí. Todos terminaron en colosales decepciones pero heme aquí, incapaz de resistir tus encantos, Amira.
—No será mi responsabilidad si terminas decepcionado nuevamente.
—Tal cosa jamás sucederá, no mientras estés conmigo.
—¿Y qué pasará cuando yo muera?
—Rogaré para que tú alma caiga en el infierno y así tenerte solo para mí. Mi amor, Amira, es egoísta, y por naturaleza jamás niego mis deseos. —Amira se sorprendió por lo que escuchó, soltó la mano de Eliel y, bajando de la piedra, entró en el arroyo, el borde de la falda se mojó casi al instante, el agua le llegaba hasta las rodillas y estaba fría—. ¿Temes ser condenada?
—¿Debería? —contestó con una nueva interrogante. Eliel observada la firmeza en la postura de Amira, aunque le daba la espalda, intuyó en su rostro la indiferencia propia de ella y aun esforzándose por encontrar alguna pizca de temor, no pudo.
—No miento; me encantas.
Amira se vio a sí misma envuelta por los brazos de Eliel quien, cuidadosamente, la abrazaba para no herir su ya lastimada espalda. El cuerpo del demonio era tibio y agradable y la hacía sentir segura, no imaginó que fuese de esa manera.
—Soy indigno de desearte de esta manera —susurró Eliel.
—No comprendo tu fascinación para conmigo.  —Amira se estremeció entre los brazos de Eliel.
—Y no es necesario...
Eliel sostuvo el rostro de Amira y le miró fijamente, por primera vez desde que la conoció se sintió tentado a usar sus oscuros poderes para develar todos los misterios que envolvían la vida de Amira, ¿por qué se sintió atraída hacia ella en primer lugar?
Había mentido, no la había estado observando desde hacía tiempo, la primera vez que se encontró con ella fue esa lluviosa tarde de verano, apenas unos días atrás. Su comportamiento no tenía fundamento alguno, se comportaba como un can perfectamente entrenado y al mismo tiempo quería romper todas esas ataduras que le impedían devorar esa deliciosa alma. ¿Acaso era respeto lo que sentía? Eso explicaría, en primera instancia, por qué no se había apoderado del alma de Amira si la encontrada tan apetitosa. ¿O acaso era amor?, eso era lo que había dicho, ¿pero lo sentía verdaderamente? Ni él mismo lo sabía, después de haber mentido y engañado durante siglos, incluso dudaba de sí mismo.
«¡Ah! sin duda puede ser amor», Pensó Eliel en ese momento, esa era la única razón que explicaba porque la carga en su conciencia se había aligerado.
Amira se perdió en la profundidad de los ojos negros del astuto demonio, descubrió que tenía razón, detrás de esos ojos se encontraba un mundo de infinitas posibilidades, un mundo que, sabía, sería demasiado inmenso para ella comprenderlo, demasiado oscuro para conocerlo, y tal vez demasiado peligroso para habitar en él.
—En el sueño —susurró Amira escondiendo su rostro en el pecho de Eliel— me dijiste tu nombre verdadero, ¿por qué lo olvidé?
—Porque no es necesario que lo sepas.
—Pero era necesario para hacer el pacto, ¿no es así?, y siendo tú el único responsable de ese encuentro, intuyo que también fuiste el responsable de que lo olvidara.
—Así es.
—¿Algún día me lo dirás?
—Ordénalo y lo haré.
—De esa manera... no tiene sentido.
Eliel sonrió.
—El beso... —continuó ella—, ¿también era necesario para realizar el pacto?
—No lo era. Simplemente no pude evitarlo.
—Espero que te hayas deleitado con los frutos de tu osadía —dijo Amira, sonrió ligeramente y se alejó de Eliel—, porque no volverá a pasar.
—¡Oh!... oh... —Eliel  levantó su mirada—. Comprendo la envidia que te tienen, hermosa, pero no por eso me quedaré de brazos cruzados.
—¿Qué sucedió?
—Tu madre ya sabe que no estás donde deberías, una de tus vecinas nos vio  y no pudo mantenerse callada. Aunque lo intentó. Sí, lo intentó. Pero te odia tanto… Qué curiosas las mujeres, con su poca aventajada posición siguen aceptando lo que el mundo espera de ellas. La envidia y el rencor hacia sus propias hermanas… ¿Pero acaso no son humanos después de todo? No aprenden. Son tan absurdos en su día a día. Patéticos.
—Descuida. Estoy acostumbrada. Y no lo olvides: yo también soy humana.
Todo oscureció. Amira volvió a sentirse nauseabunda y confundida, como la vez en que la transformación había sido al revés. Después de unos escasos segundos descubrió frente a ella al hermoso cuervo. Desvió su mirada un momento y la centró en la ropa que había estado usando Eliel y que ahora era arrastrada por el agua, olvidada por el ser al que habían vestido y que un instante atrás se había echado a volar.
Amira se puso los zapatos y caminó de regreso a la carretera para esperar el transporte que la llevaría de vuelta a casa. Todo el camino con la mirada fija en la ventana; observaba en el cielo a esa hermosa ave que no se separó de ella hasta el momento que llegó a su hogar.
La puerta principal estaba asegurada como de costumbre. Con mucha paciencia Amira extrajo de su bolso su copia de la llave y la introdujo en la cerradura, la giró dos veces y la puerta abrió. La frialdad que siempre se respiraba allí parecía haberse multiplicado, todo estaba oscuro y silencioso. Amira entró con mucha cautela, con paso moderado avanzó mientras centraba su atención en cada rincón esperando a que ella apareciera.
—¿Cómo te fue en el colegio?
—No fui —contestó sin titubear, aún no sabía de qué lugar de la sala procedía la voz así que miraba en todas direcciones.
—Sube —ordenó su madre y Amira, que siempre había sido incapaz de incumplir las órdenes procedentes de esa mujer, obedeció.
Amira caminó indiferente hasta esa tan odiada habitación, detrás de ella venía su madre que no había vuelto a decir nada.
—Hoy no está tu padre.
—Qué lástima.
—Desvístete.
Cumplió la orden, comenzó a desprenderse del uniforme hasta que sólo quedó con la venda que cubría su herida.
—Ya sabía yo que tarde o temprano utilizarías ese lujurioso cuerpo para seducir hombres y fornicar con ellos. ¡Mujerzuela! Defraudas al Señor con tu pecaminoso comportamiento.
—¿Qué te han dicho madre? —preguntó Amira, que se mostraba apacible.
—¿Con quién fornicaste?
—No hice tal cosa madre, eres estúpida por creer más en un rumor que en las palabras de tu propia hija.
—¡Cállate!
La mujer abofeteó a su hija fuertemente. Amira cayó al suelo abatida por la repentina fuerza que mostraba su progenitora, su cuerpo desnudo pronto se vio bañado por una certera ráfaga de latigazos que poco podían ser comparados con los que había recibido anteriormente. La venda que cubría su espalda se rasgó por la fuerza impresa en los golpes y la herida comenzó a sangrar un poco.
—¡Abre las piernas!
Amira se negó, por supuesto, pero su cuerpo estaba demasiado dolorido para oponer resistencia. Lo único que fue capaz de hacer fue arrastrarse intentando huir. No lo consiguió. La mujer se abalanzó sobre ella y sosteniéndole los brazos por encima de su cabeza comenzó a tocar esa aún virginal zona entre las piernas de su hija.
—¡No hice nada! —gritó Amira, desconsolada, mientras sentía como la mano de su madre la inspeccionaba dolorosamente. Recordó las palabras de Eliel, sólo necesitaba llamarlo, él podría… No, no podía hacerle nada a su madre por mucho que la despreciara—. ¡No me he acostado con nadie!
Comenzó a sangrar, pero no por el cumplimiento del mito, sino por la violencia con que había sido atacada; esto pareció ser suficiente prueba para la mujer de que la virginidad de su hija aún no había sido reclamada. Pero tan orgullosa como era resultaba ilógico pensar que dejaría las cosas así, fue por eso que comenzó a golpearla nuevamente como castigo por no haber asistido a clases.
El resultado final fue un escalofriante baño de sangre. Amira apenas era consciente de su propia existencia, el dolor era agobiante. Hasta ese entonces comenzó a temer a esa mujer que llamaba madre y encontró curioso el hecho de que le temiera más a ella que a Eliel. Quien debía ser buena con ella la trataba mal, y quién debería ser malo se deshacía en delicadezas.. El mundo no tenía mucho sentido últimamente.
—¡Te quedarás aquí encerrada toda la noche!
Amira sollozaba por el dolor. Su cuerpo era un escalofrío constante, una serie de retorcijones dolorosos y un ardor que se acentuaba cada vez que el sudor le rozaba las heridas.
¡Eliel, Eliel, Eliel!
Inconscientemente comenzó a llamar al demonio, lo necesitaba, necesitaba que alguien la mantuviera despierta porque creía que, de cerrar los ojos, jamás los abriría.
—Una habitación sin ventanas, ¡qué horrible! Así me resulta más difícil entrar, aunque de vez en cuando no me viene nada mal usar la puerta, ¿no crees? No obstante, temo que he perdido la costumbre.
—¿Eliel? —La vista de Amira estaba borrosa por las lágrimas, como pudo se levantó e intentó caminar hacia él.
—No te esfuerces, mi bella Amira. —Eliel llegó hasta Amira, la tomó entre sus brazos y llevándola a un rincón de la habitación, la acogió en su regazo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Me llamaste.
—No lo hice.
—Pues a mí me pareció escuchar tu llamado.
—No te... —Se aferró con fuerza al cuerpo del demonio al sentir una nueva oleada de dolor.
—Si lo ordenas, puedo desaparecer tu dolor, mi dulce Amira. ¿O dirás que no tiene sentido?
—No lo tiene —contestó dolorosamente—. Tengo que recordar este dolor, si no, sería como negarme a mí misma. Si no… puedo llegar a perdonarla.
—Esa forma de pensar es la que me tiene loco —suspiró Eliel
—Cállate.
—Pero así es...
—Cállate... déjame descansar un poco más... así...

«¡Ah! Definitivamente esto puede ser amor», pensó el demonio, mientras en sus brazos, Amira perdía la conciencia.

Comentarios

  1. *0*

    Genial!!!!
    Amo tu historia!! >w<

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  2. Gracias, que bueno que te guste ^^

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  3. un en verdad megusto muy buena historia

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  4. Muchas Gracias! Me alegro mucho que te haya gustado y espero que la sigas leyendo :)

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  5. Woh, creo que realmente la escena que mayor impacto tuvo para mí, fue cuando la madre comenzó a tocar a Amira. Sinceramente creo que esa clase de mujeres son estúpidas de nacimiento. Se dejan lavar el cerebro por una religión y peor aún, ponen en duda la palabra de su propia hija sólo para oír la de otras personas ajenas a su vida familiar.

    Creo que ésta es una sde als escenas más crudas que he leídoooo u.u

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    1. Oh sí, ya sabes: fanatismo religioso. Eso siempre es crudo.

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  6. Muy bien, me encuentro en capacitación y como estoy algo desconcentrada me puse a leer la historia que hace tanto tiempo está aquí publicada. No entiendo, de verdad, cómo es posible que aún no lo haya leído. Cuando leo tu historia, sinceramente me llena de un placentero escalofrío, así como a Amira cuando escucha a Eliel, aunque también me lleno de alegría y envidia. ¿Envidia? Sí, querida. Un poquitito de envidia porque adoro la forma en como escribes, narras, etc. ¡Te amo! Ojojojojoj

    Sobre la historia encontré muy poética la siguente oración “—Así es, ahora ya sabes que, sin importar dónde estés, mientras me quieras a tú lado, siempre te encontraré.” Es algo gracioso, pero bonito. Y sabes… jejeje siempe que comienzo a leerte (esta historia más que nada) siento como si realmente me sumergera en un sueño. Al comenzar a leer no puedo detenerme… es como si me atrapara y tratara de absorverme. El lenguaje, muy hermoso, siento como si estuviera ante personajes de la ead media. O mejor aún, como si todos estuvieran dentro de la historia de Spartacus (por qué él????? Bueno, porque su “blabla” es parecido, y lo amo).



    SÉ QUE ESTE CAPÍ YA LO LEÍ, PERO QUERÍA HACERLO NUEVAMENTE. AHORA ME IRÈ A LA CASITA!!!! WIIIIIIIIIIIIIIIII JAJAJAJ


    Allison NOvoa

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    1. Cielo!!!! De hecho, con lo de capacitación me di cuenta que eras tú, pero me dije: puede que esté equivocada, así que lo confirmé hasta el final del comentario.

      Muchas gracias por tus palabras, la verdad me haces muy feliz. No sé, como en una nubecita bien esponjosita allá arriba a millones de kilometros de todo lo demás... dios, esa caída dolerá bastante jajaja

      Muchas gracias por notar esas cositas,como ya te he dicho le he puesto mucho esmero a esta historia y que bueno que lo notas *-* Me haces feliz! :)

      Espero continuarla pronto, espero que pueda mantener el ritmo para que no te aburra jajaja

      Saludos y besos.

      Seiren.

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