Onii-sama 11.



~Capítulo 11~

Luego de mi «declaración de independencia» las cosas se volvieron menos color de rosa para mi adorada madre. Era simplemente un asunto de rebeldía de mi parte, dado que en primer lugar jamás me habían interesado sus relaciones. Pero esta era diferente. No sólo porque ya estaba en planes de boda, sino también, porque le habían dado un espantoso giro de 180 grados a su ya insoportable personalidad. Mamá estaba jugando a ser una refinada dama de sociedad. Una dama con perfectos modales y perfecta postura, y por tanto creyó que yo, su única hija, tenía que ser también así de perfecta. Estaba loca si creía que sería capaz de convertirme en una delicada y refinada muñeca de porcelana de las que ponen detrás de los aparadores para que nadie las ensucie.


De Ryo sabía muy poco, más bien nada. A pesar de la escenita que les monté en el restaurante no me miraba de mala manera, me dejaba ser —por decirlo de alguna forma — Eso hizo que me sintiera algo mal, él no tenía la culpa de nada. A Hizumi no lo veía tan seguido como creía, eso porque al fin había decidido volver a la universidad, otro de las señales que me indicaban que sin duda había vuelto con su novia. Ya no me importaba. En lo único que decidí centrar mi atención fue en conseguir que mi madre me dejara vivir en el antiguo apartamento.
Para mi sorpresa Luigi se oponía a tal cosa, decía que no quería que viviera sola porque podría ser muy peligroso. Sonreí y le pregunté: ¿Alguna vez viste a mi madre por más de dos horas seguidas en ese apartamento? El silencio fue su mejor respuesta. No había porque preocuparse de que viviera sola, si prácticamente los últimos años había estado viviendo sola. Así de fácil lo convencí.
En el colegio las cosas seguían como siempre, algunos viejos rumores seguían circulando, otros desaparecían dándole cabida a los nuevos  y de esa manera el equilibrio se mantenía. Esta vez decían las malas lenguas que mi larga ausencia había sido debido a un aborto. En primer lugar no había faltado tanto y en segundo ¿un aborto? ¡Qué estupidez! Esa tarde reí como nunca antes y eso fue un gran alivio para mí. Los rumores eran una molestia sin duda, pero eran el indicador de que mi vida seguía parcialmente igual y eso me calmaba.
En casa mi madurísima madre me había aplicado la Ley de hielo. No me hablaba para nada y cuando lo hacía sólo era para recordarme lo mala hija que era.
Por otro lado, ver a Hizumi —las pocas veces que lo veía— tan entregado a sus estudios fue... refrescante. Lo miraba cargar libros, planos, reglas, y otras cosas por toda la casa. Casi no nos hablamos pero eso no significaba que no tuviera permitido mirarlo, cuando se me presentaba la oportunidad. Y sin duda disfrutaba mirarlo. Siempre me pareció atractivo, y con un aura de misticismo a su alrededor. Su cabello y sus ojos oscuros eran tan hechizantes como la misma noche, su piel apetecible como la nieve más pura, y sus labios sin duda eran la cereza que adornaba el pastel. Ahora que aceptaba —en mi interior nada más— que me gustaba, me atrevía a verlo de otra manera sin sentir ningún tipo de culpabilidad. Si el tipo era guapo no podía haber nada malo en apreciar esa efímera belleza que tarde o temprano terminaría desapareciendo con el paso de los años, ¿verdad?
 Ver y no tocar, me recordaba a mí misma constantemente.
Al final, el tiempo tan indomable como era, pasó, dándole cabida a ese terrorífico día: El día de la boda. De los preparativos poco supe, de hecho hasta mi madre sabía poco, porque había contratado a una persona para que se estresara por ella. Muy a última hora (dos días antes) la modista hizo mi vestido, sí había que hacer algún ajuste no era algo que le importara a mi madre, que lo único que quería era verme de rosa, el diseño, la tela, los zapatos y los accesorios, todo, los eligió ella.
Sí, ahí estaba yo, en medio de un montón de desconocidos, sintiéndome completamente fuera de lugar y usado un estúpido vestido color rosa. El universo estaba torturándome. La música sonaba pero no era capaz de ocultar los cientos de cuchicheos que se escuchaban de acá y por allá proveniente de los más de cincuenta invitados que había presente. Todos estaban formalmente vestidos e hipócritamente se alagaban unos a otros mientras esperaban que la dichosa pareja hiciera acto de presencia. Conociendo a mamá, sabía que demoraría más de lo normal incluso para una novia.
Luigi también estaba retrasado. Después de lo sucedido en el restaurante y más por capricho propio, mi madre se mostró renuente al momento de invitarlo, tuve que amenazarla y decirle que el avergonzaría a lo grande si no me cumplía ese pequeño deseo. Y aunque aún no podía conseguir el apartamento, sí conseguí la presencia de Luigi en la fiesta. Pero estaba tarde. Y yo estaba sola. Sabía que pronto esos desconocidos centrarían su atención en mí y comenzarían a acecharme y decirme lo afortunada que era o lo feliz que me debería de sentir.
Miraba el salón sin prestarle mucha atención, todo estaba sobriamente decorado de color blanco, rosas blancas, los manteles también eran blancos con la diferencia que estos tenían en el borde una línea dorada. Los centros de mesa, eran un elaborado adorno con un pequeño lirio acuático en el centro. Habían veinte personas asistiendo el evento entre camareros, meseros y músicos. El notario que llevaría a cabo la ceremonia civil aún no había llegado, pero ya aparecería en cualquier momento. Y mamá seguía sin aparecer.
Mientras ella seguía ocultándose, Ryo saludaba y agradecía a los invitados por su presencia. El asiático irradiaba felicidad. Me pregunté si es qué había olvidado que era su boda, o sí había olvidado que la persona con la que estaba a punto de casarse era mi mamá. Se acercó a mí, sonrió y aprovechando que una de las personas de servicio pasaba cargando en una bandeja varias copas de champagne, tomó una y me la ofreció.

—Usted es el que debería beberla y no yo —comenté, pero igual acepté la bebida.
—Estoy demasiado nervioso para beber.
—Aún puede echarse atrás, haré algo de tiempo para usted. Escápese por la puerta trasera.
—Estoy demasiado nervioso hasta para correr.
—Entonces ya dese por vencido —sonreí y él me regresó la sonrisa—. En serio... aún puede arrepentirse —susurré confidencialmente, el simplemente rió de manera discreta.
—Amo a tú madre, jamás le haría eso.
—Me pregunto si seguirá diciendo lo mismo dentro de un mes.
—Te aseguro que así será.
—Que conste que traté de advertírselo... —Vi a los invitados —. ¿Y Hizumi?
—Creo que está por ahí... en algún lugar... —Lo buscó con la vista —. Haz de sentirte muy incómoda, dado que no conoces a nadie, lo buscaré para que te haga compañía.
— ¡No se moleste! mi amigo está por llegar, unos segundos más de espera no me mataran.
— ¿Segura?
— ¡Segura!
—En ese caso con tu permiso, aún hay personas a las que no he saludado.

Y así Ryo retomó lo que minutos atrás había estado haciendo. Me moví del lugar donde había estado parada como poste durante varios minutos. Salí del salón al sentir la urgencia de aire fresco. Afuera, la noche estaba apenas iniciando. El cielo estaba despejado y sobre éste, la luna vestida de gala parecía un invitado más en la ceremonia. Suspiré. Apenas podía escuchar el ruido de adentro y eso apaciguó en buena medida mi incomodidad. Me alejé un poco, algunos faroles decoraban un estrecho pasillo que conducía a una especie de fuente. Viendo lo hermoso que era el jardín,  me pregunté por qué no habían llevado a cabo la ceremonia ahí. En lugar de eso la había organizado en un amplio salón que a pesar de su tamaño poco ayudaba a moderar la sensación de opresión que se había apoderado de mí. Todo me resultaba demasiado irreal, no sabía cuánto tiempo me tomaría lograr asimilarlo.
La fuente estaba encendida, el sonido del correr del agua inundó mis sentidos. De repente comencé a sentirme muy relajada. Me senté en el borde, poco me importaba si me mojaba o ensuciaba el vestido. Pasé mi mano por la piedra con la cual estaba construida la fuente, estaba lisa y fría. Dos querubines bailaban en la punta que era de dónde corría el agua. La estructura no parecía tener más de dos metros de alto y unos seis de diámetro, y a pesar de ser bastante sencilla era muy bonita.
Me asomé un poco, el reflejo de mi rostro era opacado por el radiante reflejo de la luna. ¿Cuántas bodas se habrán celebrado bajo esa luna color plata?, ¿cuántas promesas de amor habrá escuchado la pobre?, ¿de cuántos desamores habrá sido testigo?, ¿acaso no estaría cansada de ver como las personas, después de hacerse muchas promesas, siempre terminan traicionándose?
«Quiero verte»
¿Por qué?... ¿por qué tenía que estar pensando en él? No quería pensar en él, pero no era algo sobre lo que tuviera control. Nuestra inexistente relación se había vuelto más insípida. Ya no había charlas casuales, ni formales, ni estúpidas, ya no habían videojuegos, ni absurdos programas de televisión. Ya no habían discusiones, malos entendidos, ni peleas. Y al menos que volviera a enfermarme sabía que jamás me trataría como en aquellos días que permanecí postrada sobre su cama. El incidente en la ducha jamás se repetiría, no habría más besos accidentales y no tan accidentales. Sólo habría dos personas que se conocieron por puras casualidades de la vida y que al no existir más relación entre ellos, que la obligada por sus padres, jamás se volverían más cercanos.
Suspiré nuevamente. La boda de mi madre me tenía nostálgica y hasta romántica. El romance nunca llamó mi atención, pero por primera vez me dejé llevar por los ideales de una dulce niña de diez años en la espera de su príncipe azul. Yo no tendría un príncipe azul, ni blanco, ni negro. Yo no tendría nada, eso ya lo sabía. Suspiré una tercera vez. Por unos segundos la luz de la luna fue opacada por un par de inescrupulosas nubes, dejándolo todo en penumbras. Cerré los ojos. Deseé con todas mis fuerzas que todo terminara, quería regresar a mi vieja vida en mi viejo apartamento, pero más que todo eso, deseaba que mis sentimientos desaparecieran y sí eso no era posible, por lo menos quería que dejaran de crecer. Quería olvidarlo todo. Quería ser nuevamente yo.
A la distancia unos pasos me sacaron de mi ensimismamiento. Levanté mi cabeza y busqué el dueño de esas pisadas.
—Perdón por llegar tarde. —Los rayos de luz de la luna bañaron el varonil rostro de Luigi mientras que, a paso moderado, llegaba a mi lado.
—Hola—sonreí —. Hasta que apareces.
—Lo siento.
—Estás muy guapo.
—Esto es incómodo —comentó estirando los brazos horizontalmente. Usaba en traje negro que le quedaba bastante bien.
—Como siempre el color negro te queda divino —me levanté  y lo abracé —, pareces la fusión entre príncipe y una estrella de rock. Está noche tendrás a muchas babeando por ti.
—Y tú, aun de rosa, estás preciosa —rodeó fuertemente mi cintura, besó mis labios —. Esta noche tendré que velar que ningún viejo pervertido intente propasarse contigo.
—Gracias por hacerme compañía, ahora regresemos adentro que si mamá aparece y no me ve, me dará el sermón del siglo y no estoy de humor para escuchar sus rabietas.
—Que yo sepa nunca has estado de humor para eso—. Me tomó de la mano y caminamos de regreso al gran salón.
— ¿Cómo está Katherine?
—Muy bien, aunque constantemente se queja porque no la dejamos hacer nada—. Se detuvo. Apretó con más fuerza mi mano —. Mamá llegó de visita hoy, se quedará con ella esta noche.
—Entonces hoy te quedas a dormir conmigo —sonreí y lo abracé —. ¿Algún disgusto del que quieras desahogarte?
—Nada en realidad, mi pobre hermana es la que debe estar sufriendo. Mamá es insoportable.
—Únete al club —sonreí. Retomamos el paso —. ¿Pelearon?
—No —volvió a detenerse —, no me habló y mucho menos me miró... Ni siquiera me dejó saludarla.
—Luigi...  —volví a abrazarlo —. ¿Por qué será que el mundo está lleno de viejas locas?
—No tengo idea... —suspiró, y al hacerlo sentí su cálido aliento en mi cuello. Lo abracé con muchas más fuerza hasta que la cercanía obligó a sus labios rozar los míos, ese fue un beso diferente a los que siempre acostumbrábamos a darnos, con ese beso logró transmitirme la frustración que sentía al no ser capaz de arreglar las cosas con su familia, pero ¿cómo iba a hacerlo si ni siquiera hablaban?—.Qué bueno que tú no eres así...
—Espero no terminar así... —lo corregí —. Aún queda tiempo para que me estropeé, tienes permiso de quitarme la vida si me convierto en ese tipo de persona.
—Aunque te convirtieras en ese tipo de persona yo seguiría soportándote.
—Que conste que tú lo has dicho —me separé un poco de él para poder ver su rostro—. Te amo Luigi.
—Y yo te amo a ti. —Besó mi mejilla—. Ahora regresemos que tengo hambre.
Al regresar al salón principal me encontré con muchas más personas, el número de asistentes parecía haber duplicado durante mi ausencia. En la distancia, reconocí a Ryo quien seguía intercambiando palabras con algunas personas. No podría hablar de nadie más, dado que todos eran unos completos desconocidos para mí. Pero mi corazón se detuvo cuando en medio de un grupo de jóvenes de más o menos mi edad, reconocí a Hizumi.
Hizumi platicaba jovialmente, reía, bromeaba. Por fin pude verlo desenvolverse en su propio mundo y me dolió, porque en ese preciso momento me di cuenta de que no lo conocía para nada. Esa era una afirmación más que obvia y en el fondo se sobra lo sabía, pero el simple hecho de verlo en su entorno hizo que me sintiera de esa manera. Y fue en ese entonces que también me percaté que ese era un mundo al que yo no pertenecía y al que probablemente nunca pertenecería.
Tomé la mano de Luigi con mucha fuerza. Estaba a punto de decirle que sólo saludaría a mamá y que después podíamos volver al jardín, pero algo me lo impidió. Detrás de Hizumi, una figura se movía refinadamente repartiendo sonrisas entre todos los presentes. De manera sensual los brazos de la chica se colgaron del cuello de Hizumi, el asiático sólo sonrió y rodeando a la chica de la cintura la atrajo hasta si, para depositar un recatado beso en sus labios.
Lo sabía. Habían regresado.
Cindy mostraba gran habilidad al momento de desenvolverse con las personas, le daba igual que estas fueran jóvenes o viejas, simplemente parecía tener el talento nato para socializar, lo hacía de una manera tan natural que poco a poco todo parecía centrarse en ella. A mamá sin duda no le gustaría eso. Por mi parte me daba igual, de hecho prefería que ella fuera el centro de atención, eso me quitaba en peso de encima y podía dejar de estar huyendo.
No me sorprendió mucho el verlos juntos. El comportamiento de Hizumi me había aclarado desde un inicio que el estúpido y la estúpida nuevamente eran pareja. No me importaba. Podían hacer lo que quisieran, ese ya no era mi asunto. Era cierto que ya había aceptado tener sentimientos por él, pero tener sentimientos por alguien y volverte estúpido son dos situaciones bastante diferentes. Por lo menos me esforzaba porque así fuera. No podía perderme a mí misma simplemente porque no obtendría de él lo que yo quería, de hecho, de sobra sabía que de él jamás obtendría nada. Lo que había pasado entre nosotros no había sido más que un incidente aislado cuya reincidencia era sencillamente imposible. No iba a martirizarme ni a rebajarme de ninguna manera para atraer su atención. No iba a esclavizarme a unos sentimientos que odié desde el preciso momento en que me percaté de ellos. Seguiría adelante, todo quedaría como un simple recuerdo que con el pasar de los años no me causará más que gracia.
Varios minutos después de reparar en la presencia de Cindy en la fiesta, mamá hizo su aparición y fue menos dramática de lo que llegué a imaginar. También imaginé que usaría un finísimo vestido blanco, pero no fue así. Aunque el vestido sí era blanco, era bastante sencillo, incluso el escote era bastante recatado, usaba maquillaje en tonos neutros y el cabello suelto, juro que debió haberse hecho algo, porque se veía mucho más joven. Se veía muy hermosa, en momentos como esos, cuando se veía tan feliz,  en serio que no podía odiarla. Esa era su noche y fue por eso que había decidido portarme bien.
Mi mamá se acercó a Ryo quien la recibió con un halago y un beso. Ambos se veían muy felices. Después de platicar con algunos conocidos se acercó a Hizumi, lo saludó a él y también a Cindy. Por último se acercó a Luigi y a mí.
— ¡Hija, estás preciosa! —Me abrazó y me besó.
—Tú también mamá. Estás muy hermosa.
—Gracias, querida. Hola Luis, gracias por venir —le tendió la mano para saludarlo —, es una lástima que tú hermana no haya podido venir, pero en su estado lo mejor es que descanse, espero que esté muy bien.
—Está muy bien, muchas gracias. Le envía saludos y felicitaciones, se puso muy contenta cuando supo la noticia.
—Muchas gracias... Bueno si me disculpan iré a saludar a los demás, el notario está a punto de venir así que no se vayan muy lejos que faltan pocos minutos para que se lleve a cabo la ceremonia.
—Descuida mamá, aquí estaremos.
Nos alejamos un poco, tomamos un par de cocteles y algunos aperitivos y nos entregamos de lleno el uno al otro ignorando por completo a todos los demás. Como había predicho, mucha de las damas que asistían a la velada ya tenían los ojos puestos en Luigi, lo raro era que ninguna se atrevía a hablarle, ni siquiera se acercaban. La situación me parecía en extremo graciosa. Ni siquiera disimilaban el gran interés que sentían por él. Ya sospechaba yo que esa noche se iría con muchos números de teléfono.
Al llegar el notario se llevó a cabo la ceremonia, el intercambio de los votos matrimoniales y por último, la firma del acta que los reconocía como marido y mujer. Sin duda en ese momento mi madre parecía la mujer más feliz del mundo. Y yo pensé que todo era un milagro. Jamás soñé que vería casada a mi madre. En medio de muchos aplausos y felicitaciones, me acerqué a ella y le di un buen abrazo. A pesar de todo deseaba la felicidad de esa mujer con todo el corazón.
Después de la ceremonia estalló la fiesta. La mayoría de la gente joven invitada eran compañeros y conocidos de la universidad a la que asistía Hizumi y no me interesaba socializar con ellos. Los adultos habían pasado a un salón diferente mientras nos dejaban a nosotros para que nos divirtiéramos a gusto, cosa que tampoco me interesaba. De hecho, por mi mente cruzó la idea de salir de ese lugar. Mi mamá y Ryo se habían retirado con los demás, así que mi presencia no era necesaria para nadie. Estuve a punto de decirle a Luigi que no fuéramos a algún otro lado, pero recordé que horas antes no había estado muy bien y que seguramente necesitaba distraerse.
Siempre reaccionaba de esa manera cuando se trataba de su familia, se encerraba y no decía nada. Para mí fortuna había aprendido a interpretar su comportamiento por eso no era necesario que me dijera mucho. Luigi y sus padres nunca se llevaron bien y entre pleitos, peleas y palabras hirientes, Katherine supo que su hermano ya había soportado demasiado y decidió llevárselo con ella. Muchas veces Luigi llegaba a visitarme con el rostro todo magullado y los labios reventados. Su padre lo golpeaba y su madre nada hacía para defenderlo. Si no hubiera sido por su hermana probablemente lo hubieran matado a golpes. Lo único que yo podía hacer era estar a su lado, dado que siendo pequeña e inocente no tenía la menor idea de porque era tratado así. A Katherine la consentían mientras a él lo maltrataban.
De niña, nunca supe porque era tratado de esa manera, jamás pude siquiera imaginar la cosa tan grave que había hecho para merecerse semejantes palizas. Supe la razón un par de años después. Luigi era un hijo ilegitimo. Su madre había tenido una aventura y él fue el resultado, por eso su padre lo maltrataba de esa manera, odiaba al niño que había sido producto de la infidelidad de su mujer. Sí, lo supe, pero no lo entendí, él más que nadie era inocente, la culpable había sido su madre, no entendía y aún sigo sin entender porque es él quien tiene que pagar por los platos rotos de los demás.
Al final la mujer eligió a su marido antes que a su hijo, y fue por eso que no se oponía cuando sin razón alguna Luigi era maltratado.
—Luigi, ¿quieres quedarte aquí o prefieres ir a algún otro lugar? —Grité en su oído dado que la música sonaba muy fuerte
— ¿Qué?
—Si no te sientes bien regresemos a casa a dormir.
—Estoy bien Eri.
—No Luigi, no estás bien. El encuentro con tú madre te ha dejado mal, no intentes hacerte el fuerte conmigo.
—No fue nada, estoy bien.
— ¿Quieres que esta noche nos emborrachemos?
—En serio estoy bien Eri.
—Luigi me voy a enfadar contigo.
— ¡Entonces bailemos!

Seductoramente me tomó de la cintura y me llevó hasta la pista de baile. La música estridente y el alcohol ayudaron a deshacernos de nuestras inhibiciones, bailábamos como se nos daba la gana sin importar el ritmo o el tipo de música que sonaba. No me importaba hacer el ridículo con tal de lograr que él se distrajera un poco. Su rostro comenzó a relajarse hasta que por fin se dejó llevar por el ambiente festivo que nos rodeaba, al verlo más tranquilo pude relajarme yo también, así que decidí que ya era tiempo de que lo dejara solo, muchas mujeres esperaban ansiosas el turno para bailar con él y yo no lo arruinaría la velada.
Con excusa de que iba al baño lo dejé sólo, desde una esquina vi como las mujeres comenzaron a acercársele sólo segundos después de que yo me alejara, parecían leonas en celo, ansiosas por la atención del macho dominante, pero con lo precioso que era Luigi, ¿quién las podía culpar?
Como había quedado cautivada por la paz y la tranquilidad que se respiraba en el jardín, regresé ahí, a la misma fuente dónde había estado algunas horas atrás. La luna ya no estaba tan alta ni el cielo estaba tan despejado. Las pocas estrellas eran escondidas por las nubes. El sonido de la música no llegaba hasta ese lugar así que lo único que podía escuchar era el canto de los grillos. Me senté en la orilla de la fuente y me quité las finas sandalias que mamá había escogido para que yo usara esa noche. Me dolían mucho los pies dado que no estaba acostumbrada a usar ese tipo de calzado. Sabiendo que era poco probable que alguien me viera, introduje los pies en la fría agua de la fuente que no tenía más de cincuenta centímetros de profundidad. Qué alivio sintieron mis maltratados pies al entrar en contacto con el frio líquido. Chapoteé un poco, y pensé que un baño no me caería mal y aunque la idea me resultaba bastante tentadora no lo hice, no arruinaría el vestido que mamá había elegido para mí, aunque estaba cien por ciento segura que no volvería a usarlo, lo guardaría para tenerlo de recuerdo.
 ¡Ah! Mi madre, a pesar de todo, como quería a esa mujer.
Me puse de pie teniendo cuidado de levantar el vestido hasta la altura de mis rodillas para no mojarlo, dentro de la fuente comencé a caminar y con cada paso me sentía mucho mejor.

—Pareces niña...
—Hizumi... ¿Acaso no se te apetece? —pregunté, y sonreí al verlo.
—Supongo que no estás acostumbrado a usar estas —comentó alzando una de mis sandalias que luego devolvió al suelo.
—Creo que nunca me acostumbraré
— ¿Te molesta si te hago compañía?
— ¿No te molestaría mojarte?
—Para nada. —Se sentó en el borde para quitarse los zapatos y enrollarse el pantalón hasta las rodillas. Aun sentado, sólo se volteó e introdujo los pies en el agua —. Está fría
— ¿Está bien que dejes a Cindy sola? —Le di la espalda y seguí caminando —. No querrás que te sea infiel otra vez
—Érika...
—Lo siento, lo siento —me senté a su lado —, ya sé que no me incumbe, prometo no volver a meterme en donde no me llaman.
—Por cierto,  te ves muy bien.
—No te acostumbres, este es un caso especial, el regalo de bodas para mi madre.
—Porque los vestidos y tú no se llevan bien —sonrió —. Es una verdadera lástima porque te quedan muy bien.
—Son incómodos. Y dime, ¿cómo va la universidad?
—Estoy algo atareado, como falté un par de días aún me queda mucho trabajo para ponerme al día, especialmente con una planos que aún me faltan dibujar. Aun con todo el software que hay en el mundo el profesor los quiere hechos a mano.
—Eso explica porque te he visto cargando reglas de un lado para otro.
—Y como mi mesa de dibujo se dañó tengo que estar yendo a la universidad a cada momento. ¡La espalda me está matando!
—No se queje mucho, futuro ingeniero.
—No puedo evitarlo.
Hubo un silencio incomodo entre nosotros. Tal vez, al parecer de ambos, no teníamos nada en común y era por eso que mantener una conversación se nos dificultaba tanto. Decidí ponerme de pie y chapotear nuevamente en el agua. En ese momento Hizumi tomó mi mano, se paró y se acercó mucho a mí.
—Ya he bailado con tu madre y con otro montón de mujeres, pero aún no he bailado contigo.
—Aquí no hay música. —Aun me tenía tomada de la mano, pero me las arreglé para darle la espalda. Grave error. Sentí su aliento en mi nuca y después sentí como sus brazos rodeaban mi cintura —. No puedo bailar, además sin música no se puede bailar —intenté excusarme y separarme de él, pero Hizumi no lo permitió, impidió que yo me alejara sujetándome con más fuerza.
—Cantaré de ser necesario —susurró en mi oído
—Soy pésima bailarina.
—No importa, yo soy peor.
—Se me mojará el vestido.
—Yo lo sostengo por ti.
—No creo…
—Deja de poner tantas excusas, no va contigo —me volteó y me quedó viendo a los ojos fijamente —. Sólo unos segundos...  —besó mi hombro desnudo y al compás de ningún ritmo comenzó a moverse de un lado a otro pausadamente—. No hemos platicado mucho en los últimos días.
—He estado ocupada haciéndole la vida imposible a mi madre.
—Terminaras por volverla loca.
—Creo que es más probable que ocurra lo contrario. —Me detuve, retrocedí unos pasos y lo miré. No nos podíamos seguir engañando, hablábamos casualmente después de varios días sin dirigirnos la palabra, en ese momento me pregunté por qué fingíamos tanto —. Hizumi, tú y yo... ¿qué somos? Si me preguntaras lo mismo lo único que podría responderte es que no somos más que un par de desconocidos, pero si eso fuera cierto, ¿por qué nos tratamos así?, no sé la respuesta, por eso necesito que me digas ¿qué tipo de relación es la que tenemos?
—No lo sé...
— ¿Crees que está bien que nos tratemos el uno al otro de esta manera? No tienes por qué obligarte a ser amable conmigo sólo porque nuestros padres están casados. Yo misma había caído en ese error en el inicio, pero hoy, al verte, me doy cuenta que no tenemos por qué obligarnos a ningún tipo de relación entre nosotros. Es extraño. Siempre que estoy contigo el ambiente se torna demasiado extraño. No es que me disguste estar contigo, a pesar del corto tiempo hemos compartido muchas cosas juntos, es sólo que ahora mismo necesito establecer un límite, tengo que detener esto antes de que nos devore y se salga de control. ¿Qué somos?...
—Entonces comencemos nuevamente —me tendió su mano —, tienes razón, somos dos desconocidos, del otro no sabemos nada. Por eso déjame presentarme y empecemos de nuevo. — Tomé su mano —. Soy Hizumi.
—Soy Érika. Mucho Gusto.
—El gusto es mío... —me jaló y antes de que me diera cuenta ya estaba en sus brazos nuevamente
— ¿Hizumi?...  Sólo quiero saber algo —lo abracé —. ¿Volviste con Cindy?
—No...
—Pero, los vi juntos, te besó enfrente de todos y...
—Entre ella y yo ya no hay nada.
—Pero aquella noche, te fuiste con ella y no regresaste a casa y al día siguiente...
—Esa noche después de que te fuiste la fui a dejar a su casa y después fui donde un amigo.
—No es cierto, ¿por qué no regresaste?
—Necesitaba pensar. Esa noche la pasé muy bien contigo por eso necesitaba aclarar mis sentimientos.
—Después de eso te volviste más distante, más indiferente.
—Necesitaba tiempo. Estaba confundido.
—Entonces, ¿porque está ella aquí hoy? ¿Por qué te estaba abrazando y besando de esa manera?, ¿por qué le correspondías?
—Es difícil de explicar...
—Disculpa... —me separé de él —. No me concierne, si no quieres contestarme no tienes que hacerlo.
— ¡Después de que me has hecho todas esas preguntas no digas que no te importa!
— ¡No me importa!, no somos nada así que no tiene que importarme.
— ¡Deja de engañarte! ¿Por qué no puedes aceptar que te gusto?
— ¿Y qué gano yo con eso? ¡Dime!
—No puedo sacarte de mi mente... No puedo dejar de pensar en ti...
—Y con tu indiferencia lo demuestras muy bien. Hizumi, no sé lo que hizo que esta noche te acercaras a mí y me dijeras todo esto. Pero no importa que tan dulces sean tus palabras jamás las entenderé, jamás creeré en ellas. No sé qué es lo que buscas en mí, estoy segura que ni tú mismo lo sabes. Si esta fuera una simple aventura, algo casual, créeme que no me importaría, si sólo fuera por el sexo o por pasar un buen rato, tampoco me importaría, pero las cosas siempre se nos terminan saliendo de control y no puedo seguir permitiendo que eso pase, no cuando siento que sólo soy un capricho para ti o algún tipo de consuelo, y mucho menos aun cuando sé lo mucho que amas a Cindy. Si las cosas van a continuar de esta manera entre nosotros, prefiero que cortemos de raíz nuestra relación.
—No hables de esa manera, no digas esas cosas cuando ni siquiera dejas que me defienda. No eres un simple capricho, de ser así me hubiese bastado con aquella vez que nos acostamos, pero en lugar de eso quedé deseando más. Perdón si me muestro indiferente, pero contigo es lo mismo, siempre te muestras tan fuerte y tan independiente que jamás sé cuál es la manera apropiada para acercarme a ti, desde hacía años no me sentía así de inseguro, desde que te conocí todo ha sido como una montaña rusa, eres tan impredecible, tan indomable, tan salvaje, vas por ahí haciendo todo a tú antojo sin importarte lo que los demás puedan llegar a pensar y eso hace que me pregunte qué tipo de persona debo ser para agradarte. Siento que me he perdido a mí mismo.
—No tiene sentido. ¡Nada de lo que dices tiene sentido! ¿Cómo puedes decir esas cosas después de que con mis propios ojos los vi juntos? ¡Ya decídete!
— ¡Ya me decidí! ¡Tú eres quien no acepta mi decisión!
— ¿Cómo puedo aceptarla?... Lo siento pero te veo y la veo a ella y me es imposible creer que entre ustedes todo se ha acabado. Lo siento pero simplemente no puedo creerte...
Siempre que nos encontrábamos terminábamos peleando. Fuera lo que fuera, mientras los dos estuviéramos juntos, siempre discutíamos. En mi interior quise creer cada una de sus palabras, pero sentía que algo no encajaba. No podía aceptar de buenas a primeras todo lo que me decía menos aun con el abismo que había entre nosotros. No sabía si en mi terquedad estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, o tal vez, era mi fobia al compromiso que hacía acto de presencia nuevamente. Lo único que era obvio era que esa noche había sido un desastre y eso que aún faltaban un par de horas para que terminara.


Comentarios

  1. Me encanta esta historia, pero he visto que hace tiempo que no escribes nada sobre ella, la verdad es que me ha dejado muy intrigada,me encantaría seguir leyendola, cuándo escribiras el siguiente capítulo???
    me encantaría seguir leyendola, por eso te animo a que la sigas escribiendo, es increible de verdad.
    Ánimo, =))

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  2. El siguiente capítulo sigue en el horno, pero espero actualizar pronto, es que la verdad me confunfí un poco con el rumbo que quiero que tome entonces por eso me di un descansito. Prometo pronto actualizar ^^

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