Onii-sama 10.


~Capítulo 10~

— ¡No soy su hija! —Espeté furiosa —tampoco soy la hermana de Hizumi, y tampoco será así no importa cuánto lo repitan, no importa si eso es lo que dice un estúpido papel. ¡Yo no quiero una familia! ¡Yo no pedí nada de esto!
Entré corriendo a mi habitación llena de rabia y cólera, todo se había salido de control y era un completo desastre. Estaba molesta con todos, incluso conmigo misma. Odiaba tener que vivir ahí, ya no soportaba tratar con esas personas, ¡las odiaba!, odiaba a mamá por hacer siempre las cosas sólo cómo ella quería, odiaba a Ryo por mostrarse tan paternalista, pero sobre todo odiaba a Hizumi por haber jugado tan descaradamente conmigo y mis sentimientos. Odiaba tener sentimientos, odié esa noche porque fue cuando me percaté de ellos. Me había enamorado como una estúpida de él, no había escuchado a Luigi quien tantas veces me lo había advertido, ¿ahora que se suponía que debía hacer?, ¿llorar como una estúpida niñita con el corazón roto?, no, no, no, no le daría ese gusto, jamás le daría el gusto de verme llorar, ni permitiría que tocara siquiera uno de mis cabellos, no permitiría ninguna conversación con él a menos que fuera estrictamente necesario, pero sobre todo, mantendría mi distancia, tenerlo cerca era lo que más me lastimaba.
Al día siguiente no asistí a clases y prácticamente me quedé encerrada todo el día, mirando como las manecillas del reloj se movían, como las sombras se achicaban y alargaban. Y maldiciéndome por haber caído redondito en la trampa. No sabía si Hizumi ya había regresado, no había salido ni a tomar agua así que no tenía la menor idea, lo que si sabía era que si no había regresado sólo podía significar una cosa: reconciliación. Pero ahí si ya que no le ayudaría, si bien advertido lo tenía, esa chica jugaría nuevamente con él, porque ya sabe que es un perrito dócil y leal, pero sobre todo esa chica sabía muy bien lo mucho que la quería.
Mamá comenzó a hablarme del otro lado de la puerta, preguntándome que era lo que había sucedido, pero no le contesté y mucho menos le contesté a Ryo que había llegado con la misma intención, pero me dio hambre y no había otra solución a eso que implicara no bajar, así que bajé. Todo estaba muy desolado, seguramente los viejos habían salido a comer aprovechando que las vacaciones que Ryo había tomado estaban a punto de terminarse.
Me acerqué a la cocina y lo primero que hice fue servirme un poco de agua, estaba sedienta; luego saqué un tazón, una cuchara, leche y me serví cereal, siguiendo mi política de no cocinar. Me fui a la sala de estar y encendí el televisor. Comencé a cambiar los canales hasta que me encontré con una película que me gustaba mucho: "Constantine", me acomodé y mientras disfrutaba de mi delicioso cereal con sabor a chocolate, vi la película. Todo era tan hermoso sin nadie a mí alrededor, era tan tranquilo y tan pacífico, que desee que siempre fuera así. Aunque bien sabía que estaba pidiendo mucho.
Finalizada la película apagué el televisor, me dirigí nuevamente a la cocina donde tomé agua y después lavé los platos sucios. No entendía porque sin importar donde me encontrara, siempre lavaba los platos. Regresé a mi habitación a darme una ducha y al terminar llamé desde la línea fija de la casa al celular de Luigi.
— ¿Cómo estás?
— ¿Eri?
—Sí.
— ¡AH! Sí ya no tienes celular —rió — ¿qué tal?
— ¿Estás ocupado?
—Ya sabes que para ti nunca —sonreí, claro que sabía eso de sobra.
— ¿Cómo estuvo el colegio?
—No fui.
— ¿Por qué?, ¿te sucedió algo?
—A mí no, mi hermana tuvo un pequeño contratiempo.
— ¿Está bien?
—Sí no fue nada, pero tendrá que permanecer en el hospital unos días para observación, y también tendrá que retirarse de su trabajo.
—Luigi, ¿dónde estás?
—En casa, no hay nadie, así que a mí me toca cuidar el fuerte.
—No te muevas de ahí, enseguida voy.
—Te espero...

Salí echa un rayo. No podía estar auto compadeciéndome por mi "corazón roto" mientras la persona más importante en mi vida sufría solo. Bien sabía yo lo mucho que Luigi quería a su hermana y sobre todo lo ansioso que estaba por la llegada de esa criaturita que Katherine llevaba en su vientre, así que sabía lo mucho que lo habría afectado tal incidente. El embarazo era una cosa delicada, pero lo era aun más cuando se era primeriza, cuando la incertidumbre de lo que pudiera llegar a suceder se apodera de la madre quien en la mayoría de los casos aceptan el embarazo como una bendición, como un sueño cumplido al fin. Por eso rogué al cielo que no le pasara nada, por ella, por el niño, pero sobre todo por mi Luigi, quien no soportaría la pérdida de su sobrinito.
Por lo menos tuve la suficiente consideración de dejar una nota antes de salir:
"Me fui a ver a Luigi, su hermana no está muy bien y necesito estar con él. No sé cuándo volveré."
Mamá no se opondría para nada, jamás me negaba algo cuando se trataba de él.
Salí a la calle principal para esperar un taxi, y se dio una de esas típicas situaciones: cuando necesitas algo, no lo encuentras. Me puse a calcular cuánto tiempo había transcurrido — cosa que no pude hacer — y me desesperé. Necesitaba un maldito taxi con urgencia y ninguno se detenía, si hubiera sabido me hubiera puesto una mini falda y ahí sí sería otra historia.
En mi desesperación no noté el Honda negro que se aparcaba casi en frente de mí, justo lo que menos necesitaba.
— ¿A dónde te diriges? —preguntó Hizumi. Parecía que apenas había dormido y no usaba la misma ropa del día anterior — ¡Érika!
—Mmm...—Estaba loco si creía que merecía que yo lo dirigiera la palabra, ¿y quién se creía hablándome como si nada hubiese pasado?
—Érika, te estás comportando como una niña malcriada, dime, ¿sucedió algo? —Y yo seguía sin contestarle, ni siquiera lo miraba — ¡Por dios!, ¡Érika! —al ver que no le hacía caso comenzó a tocar la bocina del auto como loco.
— ¡Ya, ya, ya! —Grité — ¡Carajo! ¿Qué no notas que trato de ignorarte?
—Te hice una pregunta.
—Yo también.
— ¿A dónde te diriges?
—No te importa, ya déjame en paz quieres.
— ¿Necesitas transporte?
—Sí, pero no.
—Sí, pero no, ¿qué?
—Sí necesito transporte, lo que no necesito es que tú me lleves.
—Ni si quiera tenía pensado ofrecértelo.
—Entonces piérdete y déjame en paz.
—Sube.
—No quiero.
—Que subas te digo.
— ¡Que no quiero! —Lo quedé viendo muy pero muy molesta — vete a casa no quiero verte.
— ¿Se puede saber por qué estás tan molesta?
— ¿Y todavía preguntas?... anoche como salí contigo olvidé tomar las llaves, y anoche como tú decidiste ser el juguetito de Cindy yo me vine primero a casa, y no tenía llaves, y tampoco me atreví a tocar la puerta porque no me sentía con humor para contestar las preguntas de mamá, así que por eso a—no—che la pasé en la calle...
—Me hubieras llamado.
—No tengo celular, además seguro que te estabas montando a Cindy así que no quería molestarte "hermano".
—Bueno, lo siento. Ahora para compensarte por lo de anoche deja que te lleve.
—No quiero gracias, simplemente esperaré por un taxi.
— ¿No tienes prisa?
—Eso no es de tu incumbencia.
—Así que sí tienes prisa. Ya súbete no seas obstinada, ningún taxi se parara en esta zona así que estarás esperando en vano.
Lo pensé detenidamente por un minuto, es cierto que ya había estado esperando algún tiempo sin éxito alguno, pero más cierto era que yo estaba muy apurada, necesitaba llegar donde Luigi lo más rápido que fuera posible.
—Conduce —dije cuando ya estaba dentro del auto.
Hizumi sólo sonrió y puso a andar el auto. Durante el transcurso hubo un silencio demasiado incómodo entre nosotros, la tensión prácticamente era palpable y lo que más me molestaba era que yo tenía razón, habían vuelto. El estúpido se había dejado convencer por la niña buena de la historia, pero no le daría importancia aun, cuando por fin había aceptado mis sentimientos, no le daría ninguna gota de importancia, él se lo había buscado y todo lo que le llegara a suceder lo tendría más que merecido por idiota cabeza hueca.
Cuando llegamos después de veinte minutos y gracias a mis precisas indicaciones, me bajé del auto y sin despedirme comencé a caminar en dirección a la casa de Luigi.
— ¿Necesitaras dinero? — me gritó Hizumi desde el auto.
— ¡No!
— ¿No necesitas más nada?
—Ahora que lo mencionas —regresé unos pasos, me agaché para verlo a través la ventana —ahora que lo mencionas si quiero pedirte algo —sonreí casi maliciosamente, creo que más bien le expresión que puse de "no me importas" cosa que no era verdad.
—Dime.
—Está noche...
— ¿Sí?
—Esta noche cógete a Cindy en mi honor para que te contagie algo, ¡Tarado! —Él no contestó simplemente puso en marcha el auto y desapareció de mi vista, gracias al cielo.

Me acerqué a la casa de la hermana de Luigi y antes de llamar a la puerta él ya había salido a mi encuentro. Al entrar lo primero que hice fue abrazarlo con mucha, mucha fuerza, permanecimos así casi cinco minutos antes de que separarnos. Caminamos hasta su habitación y ahí nos sentamos uno al lado del otro sobre la cama sin querer decir nada, pero sabía que lo mejor para distraerlo era hablar.

— ¿Cómo estás?
—Bien.
— ¿En serio?
—Sí...
— ¿Y tú hermana?
—En el hospital.
— ¿Qué fue lo que sucedió?
—Está mañana se le presentó un leve sangrado y algo de dolor, el médico dijo que eso era más común que lo que uno pensaba pero que lo prudente era dejarla en observación.
—Se pondrá bien, ya verás que no es nada.
—Eso dijo el médico...

Lo volví a abrazar y esta vez no lo soltaría. Caímos de lado sobre la cama y nos quedamos viendo, otra vez sin decirnos nada. Acerqué mis labios a los suyos para depositar un ligero beso con el que pudo sacarle una sonrisa. Sabía que él se estaba sintiendo terriblemente mal, sabía que no le agradaba nada estar sólo en casa esperando por noticias cuando preferiría estar al lado de su hermano cuidándola y velando por que no le sucediera nada malo ni a ella ni al bebé.
Luigi amaba a su hermana, prácticamente ella era el único miembro de su familia que lo aceptaba tal y como era y en las buenas y en las malas; ella era quien lo defendía ante la familia que siempre hablaba mal de él y su comportamiento demasiado liberal; pero sobre todo era ella quien siempre lo había cuidado. Así que por razones más que obvias Luigi amaba a su hermana y aunque aún no había nacido también amaba al pequeño ser que llevaba en su vientre. El sobrinito que con tantas ansias esperaba.
Deposité otro beso en sus labios y luego de manera algo brusca, me senté a horcajadas sobre él quien permaneció acostado.

—Están bien, por eso, ya deja de preocuparte tanto.
—Me sentiría mucho más aliviado si estuviera con ellos.
—Lo sé por eso mañana muy temprano iremos a verlos.
—La hora de visita comienza a las diez.
—Ya pensaré en algo para que nos dejen entrar antes, déjamelo a mí.
—Eri...
—Dime.
—Gracias
—Tonto, ¿qué cosa agradeces?
—Gracias por venir corriendo para estar a mi lado.
—Eso es lo que tú siempre haces, ya era hora de invertir los papeles, es mi turno de animarte y apoyarte, estaré contigo para siempre si es necesario o hasta que te canses de mi.
— ¿Cómo eso pudiera llegar a suceder?
—Nunca se sabe Luigi, nunca se sabe.
—Loca, lo más probable es que tú seas la que se canse primero de mí —Me tomó por la nuca para acercar mi rostro al suyo —aunque la verdad siempre he imaginado que yo sería el único que cuidaría de ti, toda la vida...
—Eres el único Luigi, te amo por eso...
—Mentirosa, ahora quieres a alguien más.
— ¡Sólo te quiero a ti!
—Siempre me he preguntado por qué nunca hemos sido capaces de enamorarnos el uno del otro, si fueras tu Eri estoy seguro que funcionaria.
—O no funcionaria en nada —Sonreí, luego Luigi me rodeó con sus brazos en un tierno abrazo —pero igual sólo quiero estar contigo y sin importar cuantos amoríos tengamos, al final, siempre regresamos a dónde está el otro.
—Eso es muy cierto... Me aterra imaginar que algún día las cosas podrían de dejar de funcionar de esa manera.
—No lo creo posible, sin ti mi vida no funcionaría para nada.
—Tú ya tienes a tú japonesito —Me hizo a un lado y se sentó a la orilla de la cama —ahora en lo único que piensas es en él.
— ¿Celoso?  —pregunté tomando la almohada para tirársela pero al escuchar su respuesta no lo hice.
— ¡Ya sabes que si! —No imaginé que contestaría eso.
—No tienes porque Luigi —Lo abracé por la espalda —Si sabes que soy toda tuya.
—Eri sé que a mí me amas pero también sé muy bien que de él estás enamorada, es distinto.
— ¡No estoy enamorada de él!
— ¡No lo ocultes!, si me di cuenta primero yo que tu, tonta, hasta te lo había advertido.
—Siento no haberte escuchado —Me acosté nuevamente y con mis brazos tapé mi rostro —Luigi no quiero hablar de eso, cambia el tema—
— ¿Huyes?
— ¡No!... —Suspiré y lo quedé viendo y él a mi —sólo no quiero hablar de él.
—Está bien —Luigi se acostó a mi lado me abrazó y después de acomodar bien su cabeza en mi pecho se durmió y unos minutos más tarde yo lo acompañé.

Despertamos bastante tarde así que no fueron necesarios mis métodos de persuasión porque llegamos al hospital poco más de quince minutos después de la diez. El rostro de Luigi se iluminó cuando vio a su hermana mucho mejor ya, me había comentado que estaba pálida y débil, pero esa mañana se le veía mucho más recuperada y para nada débil de hecho demandaba que se le diera de alta porque ya se sentía bien y permanecer tiempo de más en el hospital le caería bastante mal.
El esposo de Katherine no estaba cuando nosotros llegamos a visitarla, Luigi notó esto enseguida pero se lo guardó, constantemente estaba reprochándole su descuidado comportamiento para con su esposa pero esta vez para evitar disgusto se guardó su comentario para sí mismo, no quería que con su estado su hermana se molestara por el temor de que pudiera llegar a hacerle daño.
Entre pláticas el tiempo pasó volando y ya para la hora del almuerzo  estábamos casi listos para regresar a casa. Al final Katherine no había sufrido nada grave y lo único que el médico le recetó fue bastante reposo. Me alegro muchísimo saber que no había sido nada grave así que después de disfrutar su compañía decidí despedirme de ellos y regresar a casa. Las cosas podían estar tranquilas en casa de Luigi pero no sabía cómo estaban en mi propia casa.
Llamé al timbre dado que no tenía llave. Ryo me recibió con una sonrisa, como aun estaba molesta no hice más que saludarlo y regresar a mi habitación. Mamá estaba en la cocina preparando un pastel, cuando la vi no me cabía el asombro. Antes no se atrevía ni a entrar a la cocina y ahora parecía que todo el tiempo se la quería pasar ahí.
Me cambié de ropa y me tiré sobre la cama, rodé un par de veces sobre ella totalmente aburrida, no sabía qué hacer, o más bien no tenía nada que hacer. Hubiese podido haber planeado algo con Luigi pero como estaban las cosas en su casa lo mejor era que le diera espacio y tiempo para que compartiera con su hermana y su sobrinito. Me levanté y comencé a pasear por toda la habitación. Estaba por perder la paciencia. No quería estar sola pero tampoco quería compañía. No sabía qué era lo que me pasaba o más bien me engañaba a mí misma diciéndome que no me pasaba nada cuando no era así. La razón de mi inquietud, de mi incomodidad no era otra que ese estúpido asiático. No me lo podía sacar de la cabeza y por eso me odié muchísimo en ese momento. ¿Qué demonios pasaba conmigo?, quería verlo, jamás me imaginé a mi misma deseando ver a alguien con tanto fervor. Pero aun no estaba dispuesta a aceptarlo, tenía que ser otra cosa, me dije a mí misma que era otra cosa. Me volví a enfermar, o pronto tendría mi periodo y lo que sentía no era más que un desequilibrio hormonal. ¡Tenía que ser eso!
Salí de la casa y di un breve paseo por los alrededores, cosa que hasta ese entonces jamás había hecho. El lugar a primera vista era agradable aunque algo solitario, las casas eran de un tamaño moderado y la mayoría perteneciente a la clase media alta con lindos jardines, muy limpias y relucientes, como casas de muñecas. Me senté en la acera, suspiré y fijé mi vista en el hermoso y despejado cielo azul. En ese momento me sentí tan pequeña, inútil e impotente, sentí que todo se había salido completamente de mi control. Nada era como se suponía debía ser. Yo ya no era la misma de siempre, no quería aceptarlo pero lo sentía, algo en mí había cambiado.
Regresé a casa caminando muy despacio. El cielo poco a poco se había oscurecido, otro días más había pasado, otro día en que no pude convencerme a mí misma de que todo estaría bien. Decidí por eso insistirle a mi madre para que no vendiera el viejo apartamento y para que me dejara vivir sola. No soportaría seguir viviendo bajo el mismo techo con su nueva familia.
Mi madre me recibió en la entrada, se notaba a leguas que llevaba algo de tiempo buscándome, me quedó viendo indiferente pero al ver que con eso nada ganaba, decidió hablarme o más bien ordenarme que me fuera a arreglar que esa noche cenábamos fuera. Mi negativa no pareció gustarle en lo absoluto, así que con furia me haló del brazo y casi a rastras me llevó hasta mi habitación, no opuse ningún tipo de resistencia porque no quería pelear.

—Sabes que las vacaciones de Ryo se acabaran pronto. Lo único que él me ha pedido es que te convenza de que vengas a cenar con nosotros, no te comportes de manera egoísta Eri y arréglate que quieras o no te vienes con nosotros.
—Ya dije que no quiero ir y por tanto no voy a ir.
— ¡Deja de actuar de esa manera!, me estás volviendo loca. ¿No valoras todo el esfuerzo que hago para darte una buena familia?
—No quiero una buena familia —desvié la mirada hacía el suelo, estaba cansada y lo menos que quería era pelear, así que dejaría que mi madre se desahogara conmigo —. Déjame en paz por hoy y te prometo que mañana haré todo lo que me pidas.
—Ryo ya hizo la reservación en el restaurante. No seas necia y vístete.
— ¿Por qué son así?, el hecho de que son adultos no les da el poder de ir por el mundo tomando decisiones por los demás, ¿por qué no me preguntaron antes si quería ir o no?
—Por que de sobra sabía que ibas a decir que no.
—Vete a cenar tu con él, es tu maridito no el mío, no soy yo quien se tiene que desvivir para complacerlo, nada de esto me concierne, ya déjame en paz.
— ¡Estás divina!
—No iré, no importa cuántas veces lo pidas, ¡No iré!

Me levanté de la cama y me encerré en el baño, mi madre aun seguí gritando pero no entendía con claridad las cosas que decía. Deseé en ese momento tener un lugar propio a donde poder escapar dejando atrás a todas esas personas que tan tediosa me hacía la existencia.

—¡Eri! — La puerta del baño tembló al recibir tremendo impacto por parte de mi madre — ¡Sal de ahí ahora mismo!
—¡Ya dije que no iré! —Grité, estaba por perder la paciencia.
—Te estás comportando como una chiquilla, ¡obedece a tú madre!
— ¡Carajo Emi!, ¡Déjame en paz! Salí de la habitación, encaré a mi madre cuyo rostro estaba enrojecido por el disgusto que mi "rebeldía" le estaba ocasionando.
— ¡No me hables así! —Recibí una bofetada, la quedé viendo furibunda, lo único que me impedía caerle a golpes era el hecho de que aun no olvidaba que a pesar de todo era mi madre. —¡Irás!
Hacía mucho tiempo que no discutía tan seguido con mi madre, tal vez había sido de esa manera porque a duras penas nos mirábamos durante el transcurso de los días, ya fuera porque yo me la daba a vagabundear con Luigi o porque ella se la pasaba trabajando o buscando hombre. ¡Ah! Mamá y sus hombres, ¡que tedioso! Pensé que el matrimonio sacaría lo mejor de ella pero un par de días fueron suficientes para ver que nunca sería así.
El cansancio me venció por completo. Al final cedí. Acepté acompañarlos a la bendita cena de esa noche. No sabía si Hizumi también iría, supuse que sí por que era un "asunto familiar", no tenía idea de cómo reaccionaría al verlo y entonces recordé lo mucho que había querido verlo.
Faltando pocos minutos para las ocho yo ya estaba lista. Mamá aparte de obligarme a ir con ellos también me obligó a usar un vestido. ¡Un vestido! Hacía mucho que no usaba uno y me sentía súper incomodísima. Mucho más con las sandalias de taco alto que también usaba. Me veía ridícula.
Para ser sincera, no recuerdo como se llamaba el restaurante al que fuimos, no recuerdo que tipo de comida servían, el ambiente del lugar, si era fino, si era esto o sí era aquello. Me encerré en mi propia burbuja y nada de lo que pasaba fuera de ella me importaba. Muy en el fondo escuchaba como mi madre y Ryo platicaban, si sentía que me preguntaban algo afirmaba o negaba completamente al azar con un simple pero expresivo movimiento de cabeza. Si yo no iba a disfrutar la velada entonces ellos tampoco.

—Lamento llegar tarde —hubiera seguido completamente ensimismada de no ser por la peculiar voz que me sacó de encarcelamiento interno.
—Puntualidad hijo, puntualidad —Ryo regañó a Hizumi, ¿regañar?, eso más bien pareció una sugerencia, si hubiera sido yo mi madre me hubiera dado un sermón de 24 horas acerca de la responsabilidad, sólo para quedar bien.
—Lo siento, no tengo excusa...
—Descuida — Sonrió hipócritamente mamá.

Y luego de eso los tres comenzaron a platicar. Platicaban y platicaban sin cesar. Llegó el aperitivo, llegó la cena, el postre y después siguieron platicando. ¿De qué?, ni idea. No estaba en ese mundo. En ese momento lo único que ocupaba mi mente era Luigi, me obligué a mi misma a pensar en él con el temor de verme arrastrada por la conversación de la nueva familia. En ese momento hubiese preferido estar en el colegio y no allí, hubiese preferido estar ahogándome en una letrina y no ahí. No entendía que era con exactitud lo que me tenía de tan mal humor, pero sabía que mi comportamiento ya había sacado de quicio a todos.
— ¿Y cómo está Katherine? —Preguntó mi madre después de darle un sorbo a la décima copa de vino tinto que bebía esa noche.
—Está mejor —contesté porque se trataba de un tema que si me interesaba —el doctor dijo que todo estaba bien y sólo necesitaba algo de reposo.
— ¡Qué bueno! Oh Ryo, que desconsiderada. Katherine es la hermana del amigo de Eri, y está embarazada, la pobre es primeriza, imagino que ha de estar muy nerviosa.
—Ya veo, entonces qué bueno que no ha sido nada grave.
—Que bueno —comenté secamente con el fin de concluir  la corta conversación.
— ¿Y Luis cómo está?, debió de haberse llevado tremendo susto.
—Luigi está bien mamá.
—No lo dudo, ese muchacho a veces parece ser demasiado insensible —. Me molesté ¿Luigi, insensible?, ella no lo conocía y no permitiría que hablara mal de él
—Emi, no lo conoces así que mejor no digas nada.
—Sabes Ryo —comentó mamá —Eri y Luis son amigos desde muy pequeños y creo que eso ha sido un descuido de mi parte
— ¿Descuido?, ¿de qué rayos hablas?
—No te pongas así, es normal que me preocupe por ti hija. Ese chico es la única amistad que tienes y no me parece. Jamás te he dicho nada porque se conocen desde pequeños pero noto que tu comportamiento está empeorando y ¿quien más que él puede ser el culpable?
— ¿De qué demonios estás hablando?, ¿Cómo rayos llegamos a esta conversación?
—Hija no te alteres.
— ¡¿Qué no me altere?!
—Estás armando una escena, compórtate.
—Tú empezaste...
—Sólo decía que no me parece normal el tipo de cercanía que ustedes tienes.
—A ver, según tú, ¿qué tipo de cercanía es la que tenemos? —La quedé viendo desafiante —, no sabes verdad. Jamás te has interesado en mi vida madre, así que no te comportes de esta manera sólo porque hay personas que te están viendo. No voy a oponerme a tu matrimonio, y si son las apariencias las que te preocupan eso puedo arreglarlo fácilmente —. Vi a Ryo, luego a Hizumi y después nuevamente a mi madre —No nos engañemos, de las cuatro personas aquí presente a tres le gustaría deshacerse de mí, se los haré fácil, mamá todo depende de ti. Sólo quiero que me des el viejo apartamento, me dejaras vivir ahí sola lo que resta del bachillerato y el resto en la universidad hasta que decida qué hacer con mi vida, en cambio prometo portarme como una buena hija  enfrente de todas sus amistades, incluso... —miré a Ryo nuevamente — Lo llamaré papá a él, y Hizumi, a ti te llamaré hermano. ¿Les parece?
—Las cosas no se harán a tú manera Eri.
—Entonces prepárate madre, porque hare de tu matrimonio un infierno... —dejé caer una copa vacía, el estruendo provocado al impactarse sobre el piso hizo que varias personas nos quedaran viendo.
El rostro de mi madre se había enrojecido por completo debido a la ira, Ryo estaba perplejo por mi comportamiento y por lo que había dicho, Hizumi mi miraba indiferente y mientras tanto yo los veía a todos con odio, no dejaría que hicieran conmigo los que se les diera la regalada gana. Pondría un alto antes de que las cosas empeoraran. Necesitaba tener el control.


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