Onii-sama 9




~Capítulo 9~


Mamá usaba un delantal, cosa que me pareció por mucho, insólita. Aún no he podido sacarme esa imagen de la cabeza. Sentía que estaba en la dimensión desconocida, toda esa escenita de la familia feliz desayunando junta simplemente no iba conmigo, yo ya estaba acostumbrada a desayunar sola, a almorzar con Luigi y a cenar sola, así eran mis tres comidas del día y esperaba que así fuera para siempre o hasta que Luigi se cansara de mí, ya que en ese caso también me tocaría almorzar sola, y de llegar a suceder tampoco me tardaría mucho en acostumbrarme, pero eso: la familia feliz desayunando tranquilamente hablando de las cosas que harían en el día, eso, sin duda no era para mí.
Mamá era una de esas mujeres que decía era incapaz de vivir sin el amor de un hombre y por eso entendía, por lo menos en parte, porque había tenido tantas relaciones a lo largo de su vida, pero al mismo tiempo creía que a pesar de anhelar mucho la compañía masculina no era de las mujeres que necesitaban un anillo en su dedo anular para formalizar el compromiso. Así que para ser honesta su compromiso me tomó por sorpresa, y cuando logré asimilarlo me dije a mí misma que lo más probable era que a última hora cambiaría de parecer, o al menos eso pensaba, pero la tipa hasta había aprendido a cocinar, nunca en mi vida la había visto tan atenta. Trataba a Ryo como a un rey y este le correspondía de la misma manera tratándola como a una reina, todo eso me pareció en extremo cursi pero supongo que los mayores ya son así, tal vez al haber vivido tanto y al quedarles menos años de vida no tienen el temor de entregarse enteramente a una persona pues seguramente con todo lo que ya han vivido no tengan mucho que perder.
Durante los minutos en que demoré en comer escuché como mamá, Ryo y Hizumi, platicaban de cosas de las cuales yo no sabía, eran esas cosas que habían sucedido en días anteriores mientras convivían. Como yo había sido excluida poco me importaba su conversación, poco me importaban ellos, incluso aunque tratara de poner algo de mi parte no encontré manera de unirme a su amena conversación, así que al terminar de comer mi desayuno, me levanté de la mesa sin pedir permiso, nunca lo había hecho así que ¿por qué tenía que empezar ahora?, tomé el plato lo lavé y luego y sin decir palabra alguna me retiré en dirección a mi habitación. Lo único en lo que pedía pensar era en lo ridículo de la situación. Y no es que no deseara que mi mamá no fuera feliz, simplemente yo no quería tomar parte de eso, así que di gracias porque ya iba a cumplir dieciocho años, no planeaba quedarme mucho tiempo en esa casa.
Al abrir la puerta de mi habitación y echar una mirada dentro supe porque al enfermarme Hizumi me había llevado a su cuarto, el lugar era un desastre; zapatos, ropa y demás cosas estaban tiradas por doquier, la cama estaba hecha un desastre la única palabra que lograba describir tal estado tal vez era chiquero y aun así se quedaba corta. Aun con todo lo deprimente que se veía ahí adentro por el desorden, entré. Recogí las cosas que obstaculizaban mi paso, las otras ya las recogería más tarde, medio arreglé la cama y me acosté sobre ella. Escondí mi rostro en la almohada, me arropé y me dormí. Me había pegado la manía de dormir no sólo porque estaba enferma o porque las medicinas me daban sueño, dormía porque de esa manera olvidaba todo, y si por casualidad llegaba a soñar algo al despertar ya lo había olvidado, así que definitivamente dormir era perfecto para mí y mucho más porque no quería estar pensando en Hizumi o en la «tierna» familia en que nos habíamos convertido.
Unos ligeros toquecitos en la puerta me despertaron, entró mamá para decirme que ya estaba el almuerzo pero no sólo para eso, esperó un rato a que yo despertara por completo y luego se sentó a la orilla de la cama, sabía que iba a hablar conmigo pero no esperaba que fuera tan pronto.
—Eri, ¿cómo estás? ¿Cómo va esa fiebre, ya no tienes dolor, y la tos?
—Estoy como nueva —me senté —, y no he tosido mucho en las últimas horas.
—Qué bueno, eso quiere decir que Hizumi sí cuidó muy bien de ti.
—También quiere decir que tengo buenas defensas en mi organismo.
—También —suspiró y tomó mi mano, y mirándome fijamente a los ojos me preguntó —: ¿Qué piensas de lo que está pasando?
— ¡Ah vaya! ahora si te interesa mi opinión, que interesante Emi que después de haber estado saliendo con tu futuro marido por más de dos años hasta ahora te interesa comunicárselo a tú única hija.
—Eri no te pongas así...
—Me pongo como quiero, además nunca me escuchas.
— ¿Nunca te escucho? ¿No será más bien que tú nunca has estado interesada en mi vida o en las cosas que hago?
—Lo mismo va para ti. ¿Cómo quieres que sea de otra manera si siempre te he visto preferir a los demás antes que a mí? Siempre has estado más interesada en los hombres con los que has salido que en mí. Te quiero Emi pero a veces te pasas.
—Esa no es forma de hablarle a tú madre Eri, madura un poco quieres o es que piensas que seguirás siendo una niña para siempre.
—Tú eres la que no ha madurado, vas y tomas todas las decisiones basándote sólo en lo que te conviene a ti y dejándome de lado como siempre.
— ¿Acaso no quieres que tu madre sea feliz?
— ¡Por Dios! No soporto tu actitud de víctima, ya déjala que no va bien con tu apariencia.
—Eri, por favor apóyame, necesito que en esto estemos juntas.
—Yo quiero que seas feliz, me lástima que lo dudes, me lástima que siempre cuestiones mi comportamiento. ¿Acaso necesitas que te esté diciendo lo mucho que te amo todos los días? Eso no es necesario ya debes saberlo, soy tu hija ¿no? Sólo con eso ya tienes todo mi afecto —suspiré y vi como sus ojos se llenaban de lágrimas, comenzaría un drama, odiaba que todo siempre era acerca de ella, no entendía por qué tenía que ser siempre el centro de atención —. Te amo Emi y eso no cambia aunque no esté de acuerdo contigo la mayoría de las veces.
—Pensé que un ambiente familiar te caería bien, hija. Como nunca has convivido en uno, pensé que te ayudaría a ser mejor persona.
— ¿Y es que acaso soy un monstruo o qué? No me culpes por mi comportamiento yo no fui quien se fugó de la nada con su amante. ¿Cómo esperas que reaccione de buena manera si todos saben lo que está sucediendo excepto yo?
—Lamento no haberte dicho nada antes, Eri; es sólo que pensé que no lo aprobarías y yo en verdad amo a Ryo y de verdad quiero casarme con él.
—Haz lo que quieras Emi yo te seguiré la corriente pero no esperes que acepte este jueguito de la familia feliz así de repente, dame algo de tiempo.
—Gracias hija.
—Descuida.
—Te quiero mucho —me abrazó.
—Oye Emi. ¿Y las cosas de la antigua casa, las vamos a dejar ahí o qué?
—Serán donadas a instituciones de caridad y el apartamento ya está en venta.
— ¡Oye, oye!, ¿mis cosas también?
—Sí.
—Pero mi ropa, mi... ropa, quiero mi ropa de vuelta
—Descuida que hay una tarjeta de crédito esperando por ti para que compres todo lo que necesites, no tiene límites pero aun así no te excedas demasiado.
— ¿Así que esperas comprarme?
—Fue idea de Ryo, dijo que comenzaríamos una nueva vida juntos creo que se lo tomó demasiado literal.
—Ya que —suspiré, todo me parecía una locura —. No sabía que el japonés ese era tan adinerado.
—Bueno hija eso es lo de menos —rió incómodamente —. Bueno, bueno bajemos pronto a almorzar, los chicos nos esperan.
—Enseguida voy, sólo me lavo la cara.
—De acuerdo no te tardes.

Emilia mi madre, siempre fue una mujer bastante interesada yo más que nadie sabía eso, con la apariencia que tenía a pesar de ya tener cuarenta y dos años entendía porque era capaz de seducir a cualquier hombre. No era precisamente alta, medía metro sesenta y cuatro centímetros, cabello largo, ondulado, color castaño oscuro pero siempre lo teñía en rubio cenizo que le quedaba bien pues su tez era blanca e incluso pasaba como rubia natural, ojos color marrón y una esbelta y seductora figura que con su manera de vestir sobria y elegante la hacían parecer irresistible, con eso y su buena elección de palabras a la hora de conversas conquistaba a cualquiera en tiempo record. La verdad era que ella y yo no nos parecíamos en nada, así que me permití suponer que yo heredé los genes de mi desconocido padre que debía de andar rondando por ahí en algún lugar sin saber que tenía una hija, porque mamá nunca se lo dijo.
Me lavé la cara y me vestí con algo de ropa de la que estaba tirada, eso era mejor que bajar sólo con una camiseta puesta. Me vi en ese enorme espejo del cual aún no me acostumbraba del todo, estaba pálida y un poco más delgada, un fin de semana en cama me había puesto así.
El grifo seguía abierto y el sonido del agua fluyendo hizo que recordará la pequeña escena que habíamos protagonizado Hizumi y yo en el baño... bajo el agua tibia, con nuestros cuerpos demasiado juntos sintiendo esos deseos tan incontrolables e indisimulables, aún me sorprende que no hayamos hecho nada. La manera en que él me miraba, la forma en que me tocaba y en la que no me tocaba, sentir su aliento, su cuerpo y a pesar de todo eso tener la suficiente determinación para controlarme, en serio me merecía un premio por no haber hecho nada. Igual las cosas terminaron mal.
Hizumi me volvía loca. El sólo hecho de recordar todo lo que habíamos hecho ese día bajo la ducha hizo que mi cuerpo reaccionara, descubrirme a mí misma tan deseosa no era precisamente agradable. Nunca había sentido ese tipo de deseos, no en esa magnitud, era como si se hubiera formado en mi alguna especie de necesidad y eso no me gustaba, porque en el fondo sospechaba que sólo Hizumi sería capaz de satisfacerme y yo no me podía permitir pensar ni creer eso.
Por eso tenía que salir de esa casa, alejarme de él y dejar de pensar en él. Porque lo que menos necesitaba en ese momento era tenerlo tan cerca de mí, no quería volver a caer en la tentación y después de todo Luigi tenía razón, al estar tan cerca de él solo contribuía a lastimarme a mí misma.

La hora del almuerzo fue más tranquila que la del desayuno y también fui menos excluida. Ryo me bombardeó con una infinidad de preguntas y yo las contesté sin poner mala cara y lo más amablemente que me fue posible. Hizumi y yo casi no nos dirigimos la palabra a menos que fuera estrictamente necesario o porque el tópico de conversación así lo solicitara.
—Espero ir a una universidad decente y planeo quedarme en las residencias para hacer mi vida universitaria más placentera —comenté viendo a mi madre, nunca habíamos hablado el asunto de la universidad, seguro pensaba que no tenía planeado asistir.
—Eso es bueno pero también puede llegar a ser muy pesado —comentó Ryo —. Pero si eso es lo que quieres me parece bien.
—Aún lo estoy pensando así que no sé qué es lo que pueda llegar a suceder, primero pensaré en graduarme y después me enfocaré en eso.
—Eso sí logras graduarte —dijo mamá que hasta entonces había estado en silencio —. Con todas las quejas que recibo de tu parte no creo que te den un certificado de buena conducta, y ya sabes que eso influye bastante, además tus calificaciones apenas están arriba del promedio. No pienses en universidades decentes cuando sería un milagro que te acepten en una.
—Gracias Emi, siempre has sido tan buena para hacerme sentir inferior.
— ¡Llámame mamá!
— ¿Acaso esto es una especie de juego? algo así como: «juguemos a ver quién tiene más autoridad».
—Discúlpala Ryo, a pesar de mis esfuerzos, notaras que mi hija es muy malcriada e insolente, lamento que tengas que ser parte de esta discusión.
—Ahora todos ya sabemos porque nunca quisiste que tu futura familia me conociera —me puse de pie y la miré de manera desafiante.
—Siéntate y termina tu almuerzo —dijo mamá casi indiferente mientras con una servilleta se limpiaba la comisura de los labios —, ya estás grandes para armar estas rabietas.
— ¿Y dónde quedaron todas las palabras de antes? Hija necesito que me apoyes en esto, hija necesito que comprendas, hija esto, hija aquello, hija ¿acaso no quieres que tu madre sea feliz?, hija te quiero mucho... —me senté —. Siempre sólo se trata de ti, ¿verdad? No entiendo porque siempre tomas esa actitud contra mí, no voy a arruinar tu matrimonio pero si en verdad lo piensas así entonces no vendas el apartamento, yo me quedaré viviendo ahí sola, puedo hacerlo, y tú mientras tanto puedes quedarte aquí, casarte, tener hijos, adoptar o lo que quieras
—Estas no son cosas que se hablan en la mesa —dijo con más indiferencia que antes —, compórtate que me estás avergonzando.
— ¿Y no te avergüenzo todo el tiempo? Ya deberías estar acostumbrada «mamá». Ahora si me disculpan con toda la cortesía del mundo para tratar de no avergonzar a mi dulce progenitora me despido, adiós, no quiero estar en esta casa de todas formas.
— ¡Eri regresa aquí! —No le contesté y mucho menos la obedecí —. ¡Regresa aquí!

Yo siempre me comportaba de la misma manera, me dirigía a todos de la misma manera, mis modales eran iguales y me comportaba igual estando en el colegio, en el parque, en la casa o en cualquier lugar. Tal vez era por eso que se me dificultaba entender las distintas facetas que muestran las personas según la situación en la que se encuentran. Eso para mí se llamaba hipocresía, pero en otro mundo lo llamaban ser educado o tener buenos modales. El punto era que yo no soportaba a esa gente y para colmo de males mamá era así, era por eso que nuestra relación siempre se fortalecía cuando ella estaba soltera o no veía a nadie, sólo era que conociera a alguien para que su comportamiento cambiara y variaba según la importancia que le confería a la relación, era algo así como una montaña rusa, pero hasta una montaña rusa era más predecible que ella.
No me mal interpreten, porque sin duda alguna yo amaba a esa mujer es sólo que había ocasiones en que nuestra convivencia se hacía tan insoportable que lo más sensato que podíamos hacer era mantener la distancia y al parecer, esta era una de esas ocasiones.
Tomé mi bolso del colegio y un par de bolsas sueltas que estaban por ahí, empaqué algo de ropa y el uniforme. Me bañé y me vestí y cuando estaba lista llamé a la única persona con la que podía contar 24/7, no quería hacerlo, me había dicho que ya era hora de que comenzara a resolver las cosas por mí misma, pero esa vez no pude evitarlo. Será por cosas del destino que me quería dar una buena lección o fuera por lo que fuera Luigi tenía el celular apagado lo cual sólo significaba tres cosas: una que estaba en casa escuchando música; dos, que estaba platicando con alguien importante de algo importante y que requería toda su atención; o tres, estaba teniendo sexo. Generalmente era la tercera. No le dejé ningún mensaje ni correo de voz, como casi adulta que era tenía que aprender a lidiar con mis propios asuntos.
Coloqué en su sitio cada una de las cosas que había empacado, me tiré sobre la cama, rendida. Mamá empezaría con sus rabietas de «mírenme sólo a mí»,  le fascinaba siempre ser el centro de atención y eso era algo que a mí me daba igual, si nunca he destacado mucho, era ella la que se ponía a competir conmigo y esa era otra de las cosas que no entendía, ¿por qué sentía la necesidad de competir conmigo si ella no sólo era más hermosa que yo, también siempre obtenía lo que se proponía fuese lo que fuese? En serio que no la entendía.
Y así fue como esa enorme casa se fue encogiendo ante mis ojos.
No quería estar encerrada en el cuarto, pero no me motivaba salir el hecho de escuchar a mi madre riéndose y jugueteando con Ryo, me pregunté si Hizumi se sentiría igual, puede que fuese así o puede que no, o de plano ya se había acostumbrado ya que él desde hacía un años más o menos que conocía a mamá. Pero yo no creía que ese tiempo fuera suficiente para acostumbrarse a ella porque yo que había vivido a su lado desde que nací no terminaba de acostumbrarme y no creía que eso fuera posible.
Ya bien entrada la tarde llamé a Luigi nuevamente desde un teléfono fijo claro, si yo había arruinado el mío, pero no fue para decirle que fuera por mí, lo llamé para preguntarle qué tal había estado, cómo habían estado las cosas en el colegio, etc. Me contestó un corto y seco «nada nuevo», y después me cortó diciendo que tenía que salir con unos amigos. Y yo seguía cuestionándome si en verdad eran unos amigos o "una amiga", no es que me importara pero tampoco tenía porque mantenerlo oculto, a menos claro que fuera una relación tabú o prohibida, pero igual, cualquiera que fuese el caso él más que nadie tendría que saber que a mí no me importaría y que siempre lo apoyaría. Luigi comenzaba a preocuparme sin duda, ya hablaría con él cuando lo tuviera frente a frente y no lo dejaría ir hasta que me contara todo.
Cansada de esperar quien sabe qué cosa y sin estar haciendo nada, me metí al baño para una reconfortante ducha tibia, otra de las cosas que se me estaba haciendo costumbre. Salí me vestí y me aventuré a bajar a la cocina por algo de comer. Afortunadamente encontré unas sobras del almuerzo, las calenté y me las comí casi en tiempo record. Me pareció curioso que Hizumi no se encontrara en la sala viendo televisión como casi siempre, lo más seguro era que los jueguitos de nuestros padres lo haya sacado de quicio también.
Después de comer y lava los platos que ensucié, subí de nuevo a mi habitación, me senté nuevamente sobre la cama y me quedé viendo al espacio sin pensar nada. Aburrida, desesperada, si algo no sucedía pronto moriría, jamás me había sentido tan aburrida.
Como la casa estaba tan silenciosa, pensé que no había nadie, por eso salí de la habitación para hacer un breve tour y verificar mis sospechas, la casa estaba despejada. Fui a la habitación de Hizumi, encendí la televisión y una de las consolas de videojuegos y me puse a jugar para matar el tiempo, supuse que a él no le importaría que jugara con sus juguetitos, además se me perdonaba pues no tenía más nada que hacer.
Y como cuando uno juega el tiempo se pasa volando, cuando menos supe ya me había pasado casi tres horas jugando, ni siquiera me había percatado que se me habían acalambrado las piernas y hasta tenía inflamado los dedos pulgares. Fue así que ya era suficiente de juegos así que apagué todo, y cuando dirigí por pura casualidad mi mirada a la puerta me encontré con Hizumi.
—Hola —musité algo apenada —, sé que debí pedirte que me los prestaras antes de jugar, lo siento.
—Descuida —agitó su mano en el aire —, puedes usar las consolas cuando quieras no tienes por qué pedirme permiso.
—Gracias —susurré, era como si mi boca no quería pronunciar palabra alguna, como si temiera que mi voz me delatara.
— ¿Ya te cansaste?, ¿quieres jugar conmigo? —Se acercó y se sentó a mi lado —. Jugaremos lo que tú escojas.
Mario kart está bien.
—Te gusta mucho ese juego —sonrió.
—Es que es de lo más entretenidos de jugar cuando son más de un jugador, es divertido.
—Supongo que sí. —Colocó el pequeño disco en la consola y cogió los mandos —. ¿Lista?
—Sí... —Sin darme cuenta tomé su mano.
— ¿Sucede algo?
—Esto es de locos —reí nerviosa —, no sé creo que me cuesta asimilar todo esto y... es como raro y... me siento rara, no sé... de pronto tengo un hermano y un papá y sólo con eso siento que ya no soy yo misma.
— ¿No tendrá que ver con lo que pasó?
—No eso es diferente, es que cuando vi a tú papá fue como si una balde de agua fría me cayera encima, en serio se van a casar, en serio seremos una familia, no terminaba de creerlo y mucho menos de asimilarlo y por más que traté de permanecer indiferente frente todo este asunto en realidad significa un gran cambio en mi vida.
— ¿Te asusta?
—No creo que esa sea la palabra adecuada es más como un sentimiento de incertidumbre, hasta cierto punto me da miedo pero tampoco es eso lo que en realidad siento. Ni siquiera sé qué es lo que está pasando.
—Te entiendo...
—Pues no lo parece, actúas como si nada pasara. ¿Cómo lo haces?
—Eso parece, pero también todo esto me tiene desconcertado, para empezar yo ni debería estar aquí, siempre quise tener una vida completamente independiente, pero cuando me llegó la oportunidad no la tomé, simplemente no puedo dejar solo a mi padre y por eso me esfuerzo mucho en aceptar todo esto, mi padre ya ha sufrido demasiado, así que no quiero que mi indiferencia lo lastime más, por eso es que me muestro tan cómodo con la situación, aunque no sea así como me sienta —tomó mi mano —. Sólo será por un tiempo, creceremos y seguiremos el curso de la vida.
—Eso para ti que ya eres mayor de edad a mí aun me falta.
—Pero es poco, sólo tenemos que aguantarlos un poco más.
— ¿Y crees que eso es posible? Sólo los he tenido cerca medio día y ya siento que voy a tener pesadillas.
—Lo sé —rió —, por eso me la he pasado encerrado.
—Eso dices, seguro eras igual cuando estabas con Cindy... —Siempre tenía que abrir mi bocota —. Lo siento, eso no me concierne.
—Descuida.
—Mejor me voy.
— ¿No que íbamos a jugar?
—Por hoy ya he jugado suficiente tengo cansado los ojos.
—Será otro día entonces.
—Lo siento...
—Ya, no hay problema.
—Gracias... —lo miré fijamente por unos segundos —. Tienes algo en la mejilla
— ¿En serio? —se tocó la mejilla izquierda.
—En la otra...
— ¿Qué es?
—Déjame ver... —me acerqué —. Parece pintura
— ¿Pintura?
—Sí, es como color rosa pero más pálido, ¿estabas pintando algo?
—No —contestó rápidamente.
—Me pregunto si te saldrá con agua...
—Iré a lavarme la cara a ver.
—Está bien.
—Por cierto —gritó Hizumi desde el baño.
— ¡Dime! —también grité.
— ¿Quieres salir esta noche?, ese par no tarda en regresar y para serte sincero ya había planeado salir esta noche porque sabía que no sería capaz de soportarlos por mucho tiempo, entonces dime, ¿qué te parece?
—Me parece bien, por lo menos cuando regresemos ya estarán dormidos.
— ¿No tendrás problemas en el colegio?
—No te preocupes no sería la primera vez.

Y así, de la nada, Hizumi y yo habíamos hecho planes para salir esa noche. En ese momento dentro de mi cabeza mi vocecita interna me decía que era una muy mala idea, pero decidí ignorarla porque sabía que no soportaría estar con mi madre durante tanto tiempo.
Luego de dejar la habitación de Hizumi me dirigí a la sala y encendí la televisión, no vi ningún programa en particular sólo cambié los canales uno tras otro sin prestar atención. A los pocos minutos Hizumi estaba a mi lado y sin decirme nada se acostó en el sofá descansando su cabeza en mis piernas. Yo no le dije nada ni intenté salirme de esa situación, simplemente seguí cambiando los canales. Cuando por fin me cansé apagué el aparato, hice el control a un lado y comencé a peinar con mis dedos el cabello de Hizumi y así permanecimos durante mucho tiempo, sin mirarnos, sin decirnos nada, aquello estaba tan silencioso que hasta perturbaba, y tampoco me atrevía a hablar porque sabía que, como siempre, terminaría diciendo algo que no debía.
Los segundos, los minutos, las horas, pasaban y nosotros seguíamos igual, ya hasta se me estaban entumeciendo las piernas. Me moví un poco por lo que Hizumi debió notarlo, se sentó y esta vez apoyó su cabeza en mi hombro.

—Creo que un día de estos deberíamos ir al cine a ver una buena película.
—Eso estaría bien —contesté viendo fijamente a la televisión que estaba apagada —, porque en la televisión no transmiten nada decente.
—Eso es cierto, revisaré la cartelera a ver si hay alguna que podamos ver.
—Busca una que nos pueda gustar a ambos.
— ¿Terror, ciencia ficción, acción?... ¿romance?
—Cualquiera menos romance, las películas lo hacen ver tan irreal, ¿es posible que alguien se crea esas cosas?
—Pues supongo que alguien ahí afuera desea una vida como la de las películas.
—Pues ese tipo de personas no pueden ser más estúpidas, porque no creo que sea posible.
—Tal vez tengas razón pero por lo menos se atreven a soñar.
— ¿Sabes qué pasa cuando vas caminando por la vida y de repente empiezas a soñar?, te atropella un auto, eso es lo que pasa.
— ¡Que dura! —Dejó de apoyarse en mi hombro y se sentó derecho con la vista fija al frente —. Igual, aunque después te resulte doloroso, es mejor creer en algo que no creer en nada, puede que a ti te parezca estúpido ahora, pero puede ser que llegué a pasar algo que te haga cambiar de opinión.
—Puede o no puede ser…
—A veces das la impresión de que te pasó algo malo y por eso actúas de esa manera.
—Yo no actúo, así soy, siempre he sido así y no tengo la intención de cambiar.
—Eso es bueno, supongo.
—Sí...

Seguimos platicando durante un buen rato y con el paso del tiempo la plática se hizo más banal y liviana, y cuando menos lo supe estaba riendo a carcajadas al lado de Hizumi. Bromeábamos, nos burlábamos de ciertas cosas, nos peleábamos al defender otras y entre la charla a veces nuestras manos se tocaban o se rozaban y ese pequeño contacto nos dejaba mudos por unos instantes pero luego retomábamos la plática y seguíamos riendo. Hablamos de un poco de esto y un poco de aquello pero nunca tocamos temas demasiado personales. Nuestra relación aún era demasiado frágil y cualquier movimiento en falso podía arruinar lo poco que teníamos, así que por el momento no podíamos seguir arriesgándonos.
Esa noche salimos temprano. Mi madre y Ryo llegaron poco antes de las siete de la noche y para ese entonces Hizumi y yo ya íbamos saliendo. A pesar de que los viejos insistieron en que les parecía buena idea salir a cenar todos juntos como la familia que éramos, Hizumi objetó diciendo que ese era tiempo de calidad entre hermanos. Ninguno de los dos adultos dijo nada, simplemente se despidieron diciéndonos que no llegáramos demasiado tarde porque yo tenía colegio al día siguiente. Subimos al Honda negro y nos pusimos en marcha. Yo no tenía idea de qué era lo que había planeado Hizumi pero no me importaba.
Luego de un tiempo de andar sin un rumbo definido, me preguntó qué era lo que quería comer, como a mí nunca me han gustado los restaurantes finos porque exigen buenos modales, le contesté que me bastaba con una buena hamburguesa, así que la primera parada fue en un local de dudosa reputación pero que era conocido en la zona por sus exquisitas hamburguesas. Permanecimos ahí por más de tres horas, había muy buen ambiente y las personas eran bastante agradables por lo que la conversación se tornó muy amena y divertida. La gente regañaba a Hizumi diciéndole que ese no era lugar para llevar a una novia, él sólo sonreía pero no los corregía, no les decía que éramos hermanastros y yo tampoco lo hice.

—Vaya, vaya, ¿es que acaso mi comida no es lo suficientemente buena? —replicó el cocinero y dueño del establecimiento.
—No dije eso Pablo —comentó uno de los presentes —, tus hamburguesas saben a gloria. Lo decía porque este lugar no es muy romántico que digamos, dime tú, ¿traerías a tu mujer aquí para una velada romántica? —Pablo no contestó —. Lo ves chico has hecho una mala elección, luego no te quejes si no recibes ni un beso de buenas noches.
—Con un abrazo me conformo —comentó Hizumi de manera jovial rodeando mi cintura con unos de sus brazos —, además fue este angelito que pidió venir aquí.
—Eso es bueno —se dirigió el cocinero a Hizumi, el hombre estaba algo lejos atrás de la parrilla por lo que prácticamente gritaba —, tu novia aprecia la buena comida eso sin duda es bueno, pero asegúrate de llevarla a un lugar más privado cuando se vayan de aquí.
—Lo tendré en mente —dijo Hizumi guiñándome un ojo, yo simplemente sonreí.
— ¿Cuánto tiempo llevan juntos? —preguntó una mujer mayor que al parecer era la esposa de Pablo, supe por como la trataban los demás que le decían doña Chayo.
—Apenas unos meses —contesté siguiendo el jueguito que se tenía Hizumi.
— ¿Cómo se conocieron? —preguntó la misma mujer.
—Esa es una buena historia. Pues iba yo camino a casa cuando esta mujercita se me atravesó, casi la atropello —relataba el japonés con mucha avidez, como si de verdad hubiese sucedido así —, me bajé del auto muy preocupado pero gracias al cielo no le había pasado nada, como no quería arriesgarme la llevé al hospital y así empezó todo.
—Él me acosaba —agregué —, seguro pensaba que lo iba a demandar o algo, por eso me llamaba a cada minuto preguntándome si estaba bien o si necesitaba algo, era graciosísimo.
—Cariño, a mí no me pareció gracioso. —Hubo en su tono de voz que hizo que me sintiera incómoda, la sonrisa que hasta ese entonces adornaba mi rostro me abandonó.

Luego de finalizada la plática nos despedimos de todas las personas y en ese entonces me percaté que éramos los más jóvenes, los demás parecían viejos mecánicos todos llenos de grasa o conductores que habían terminado su turno y se tomaban una merecida cerveza, era un lugar bastante agradable a pesar de la apariencia rústica que lo vestía.
Subimos al auto y ya dentro de él no pudimos evitar reírnos a carcajadas, toda la situación había sido en extremo divertida y de una extraña manera liberadora, habíamos inventado la mayoría de las cosas que le habíamos dicho pero aun así esas falsas palabras albergaban algo de verdad en ellas, por eso es que nos habíamos sentido tan libres a tal punto que comenzamos a platicar y a comportarnos como si nada nos importara, como si no existiera nadie más, pero sobre todo como si no tuviéramos que regresar a casa.
Otra vez viajábamos sin un rumbo fijo, habíamos bajado las ventanas y puesto la radio a todo volumen, paseábamos por la autopista a toda velocidad mientras reíamos y cantábamos alguna de las canciones que pasaban en la radio y que alguno de los dos nos sabíamos, en casos extremos nos inventábamos las letras lo que hacía que las canciones sonaran mucho más divertidas. Y si esa mañana el desayuno con la familia me había parecido demasiado irreal lo que estaba haciendo ahora con Hizumi me lo parecía mucho más; la cosa ya parecía una cita y lo peor —o lo mejor— de todo es que me gustaba como se iban desarrollando las cosas, en esa situación no parecíamos hermanos, ni hermanastros, ni pareja, éramos simplemente dos personas que se divertían juntas.
No me había fijado lo bien vestido que andaba Hizumi, me percaté al fin cuando nos detuvimos en una gasolinera a abastecernos de combustible, él se bajó del auto, primero para llenar el tanque, después fue a pagar y a comprar unas sodas, y fue cuando venía de regreso que lo vi bien. Los mechones largos de su cabello caían a un lado de manera tan perfecta que aunque le viento los desarreglara volvían a su lugar, el piercing y la argolla de plata seguían en sus respectivos lugares, llevaba una camiseta roja y una chaqueta azul marino, unos jeans un poco ajustados de un azul pálido y desgastado y unas botas negras que le llegaban un poco abajo la mitad de la pantorrilla y las llevaba encima de los jeans, un estilo muy parecido al de los roqueros japoneses sin duda y esa era una de las cosas que me habían llamado la atención en él.
Se subió al auto y nuevamente comenzamos a andar, recorrimos las calles de la ciudad observando cómo las luces de los edificios a lo largo asemejaban un cielo estrellado, el verdadero cielo estaba despejado, la música seguía sonando a todo volumen, la velocidad del auto y el viento que entraba hizo que me diera frio, Hizumi detuvo el auto a un lado de la carretera no había nada ni nadie a nuestro alrededor, después cerró las ventanas y apagó la radio. Me quedó viendo de una manera tan extraña que me provocó un ligero estremecimiento en el cuerpo, creo que hasta debí sonrojarme pero de eso no estoy muy segura.

—Es tarde —dijo y me fijé en el reloj digital del auto, era casi media noche, se nos había ido la noche yendo de un lado a otro en auto y sin rumbo —. ¿Quieres regresar a casa o hay otro lado al que quieras ir?
—Bueno, los viejos ya estarán dormidos pero aun así no quiero ir a casa —apoyé mi cabeza sobre la ventana y fijé mi mirada en lo poco que podía ver afuera —, supongo que podríamos seguir viajando sin rumbo.
—Esta noche ha sido muy divertida —se recogió las mangas de la chaqueta, colocó ambas manos sobre el volante y suspiró —, tanto así que no quiero que se termine, ¿te has divertido?
—Sí, mucho.
—Vamos dímelo a los ojos —escuché como se quitaba el cinturón de seguridad, cuando me volteé para verlo su rostro ya estaba a escasos centímetros del mío.
—Ha sido una noche muy divertida —me obligué a no apartarle la vista de encima —. Hemos platicado mucho y es una verdadera sorpresa el ver como congeniamos tan bien, creo que después de todo sí podremos hacer que esto funcione, ya lo estaba dudando y… —titubeé por un momento cuando me perdí en la profundidad de sus ojos, me miraba de forma diferente, llegué a la conclusión de que siempre me miraba de forma diferente jamás había recibido de él la misma mirada, eso era extraño.
— ¿Y...?
—Y nada, ha sido muy divertido, repitámoslo algún otro día —desvié mi mirada —,  y tienes razón es tarde, lo mejor será que regresemos a casa o mejor… —Me quité el cinturón de seguridad y me bajé del auto, afuera todo estaba sumido en la total oscuridad, era noche de luna nueva y no había ninguna estrella, apenas se alcanzaba a ver algo por las luces del auto y a lo lejos se veían las luces de la ciudad, parecían diminutas velas colocadas sin patrón alguno. Respiré profundamente el frio aire de la noche, y con movimientos que me atrevo a decir eran coquetos, invité a Hizumi a que saliera del auto también —. Sólo por un momento.
—Espérame... —No me fijé que estaba haciendo solo escuché el sonido de la música proveniente del auto —. Creo que esta noche necesitábamos algo más romántico.
—No creo pero… —Estaba a punto de voltearme para verlo pero de repente me vi rodeada por sus brazos —. ¿Qué haces? —pregunté nerviosa
—Te caliento, me parece que tienes frio, además he sido muy imprudente apenas y te has recuperado y dejo que el sereno de la noche te bañe por completo, ¿y sí te hace daño?
—Estaré bien...
—Si te vuelves a enfermar te tendré que cuidar otra vez.
—Gracias por eso, y discúlpame por haberte causado tantas molestias.
—No me molestó para nada.
—Eso dices.
—En serio, no me molestó para nada, disfruto mucho tu compañía.
—Será muy imprudente de mi parte preguntar pero, ¿por qué te dejó Cindy?
—Se fue con otro, ya te lo había dicho.
—Sí pero... ¿Se fue con otro así nada más?
—No lo sé, me dijo que veía a alguien más y cuando le pregunté si era alguien que yo conocía me dijo que si y eso fue todo.
— ¿No insististe? Cualquier otra persona hubiese querido escuchar toda la historia y más aun con tantos años de relación.
—Eso ya no importa.
— ¡Pero aún la amas!
—Pero ella ya no me ama a mí
—Dime, ¿es tan fácil dejar de amar a alguien?
—No lo es.
—Entonces ella puede seguir amándote.
—No...
— ¿Cómo estás tan seguro?
—Hace más de un año que comenzó a verse en secreto con ese chico.
— ¿Ella te lo dijo?
—Sí.
— ¿Y la vas a dejar ir así como si nada?
—Sí.
—Estúpido, tantos años desperdiciados —forcejeé un poco y me separé de él, aún dándole la espalda me alejé unos cuantos pasos, levanté mi cabeza y observé ese enorme y oscuro cielo, luego de unos segundos me volteé y le grité —: ¡Estúpido!
—Ya lo sé...
— ¡Esa música es deprimente! —Corrí hacía el auto y cambié la emisora tratando de encontrar algo de rock o por lo menos algo más alegre.
—Ya veo que no eres nada romántica —Hizumi asomó la cabeza por la ventana.
—Bueno, ¿esperabas que sea de las chicas que se creen que algún día las va a venir a traer un hermoso caballero con brillante armadura montando a su fiel corcel blanco?
—Ya veo que no.
—Es hora de que comiences a conocerme mejor hermano.

La canción que sonaba estaba a cargo de la banda japonesa «D'espairsRay», como no había podido sintonizar ninguna estación de radio decente tomé uno de los CD que guardaba Hizumi en la guantera del auto.
— ¿No te molesta la música japonesa?
— ¿Bromeas? Me gusta mucho, en especial esa banda.
—A mí también —señaló, aunque me pareció que era de lo más obvio.
—Te llamas igual que el vocalista.
—Pura coincidencia, ¿sabes cuantos Hizumi hay en Japón?
— ¿Y tú sabes cuantas Érika hay en todo el mundo? Mi nombre es más común que el tuyo.

Hizumi comenzó a reír casi a carcajadas como si de mi boca hubiese salido la cosa más graciosa del mundo. No entendía el porqué de su comportamiento pero no me molestaba. Por otra parte mi curiosidad había ido en aumento, quería saber más de él, sus gustos y preferencias, quería que me mostrara su verdadera personalidad y no todas esas distintas facetas que siempre me dejaban al borde de la locura. También quería conocer sus verdaderos sentimientos, ¿por qué no había luchado por un noviazgo de tantos años?, ¿por qué dejó que alguien más le quitara a su novia? Cierto era que yo no pelearía por nadie, pero Hizumi si daba esa impresión. Su desesperación me había demostrado lo mucho que la quería, y por eso era que me resultaba más difícil deducir cuáles habían sido las razones para dejarla ir tan fácilmente.
Pensaba en todas esas cosas mientras la música sonaba, él estaba de pie apoyado en el auto y en ese momento vino a mi otra pregunta, sí tenía tanto dinero, ¿por qué un Honda?, ¿por qué no un BMW, Ferrari, u otro auto deportivo de lujo? Ya le preguntaría después, por qué me había venido otra pregunta mucho más seria en ese mismo momento, si nuestros padres no estuvieran a punto de casarse ¿hubiera sido posible otro tipo de relación entre nosotros?, si él me hubiera visto por casualidad en la calle, ¿le habría parecido atractiva? Porque él era muy guapo y aunque ciertamente no era el chico más alto, tenía lo suyo. Y a eso le agregamos su forma de vestir y prácticamente es perfecto. O por lo menos esa era la visión que yo tenía de él.
Me acerqué a él y también me apoyé sobre el auto, no tuve cuidado al momento de acercarme así que sin querer nuestros cuerpos quedaron muy juntos el uno del otro. Hizumi tenía la vista puesta en el horizonte, como si en verdad pudiera ver algo más allá de toda esa oscuridad, yo tenía mi vista fija en él y en lo hermoso que se veía de perfil apenas iluminado.

—Regresemos.
— ¿Tienes frío?
—Tengo sueño —bostecé sonoramente —. Aunque con gusto me quedo dormida aquí con lo tranquilo que está.
—Regresemos entonces.
—Oye… —lo tomé del brazo cuando vi que se alejaba, inmediatamente lo solté, esa acción me puso muy nerviosa
— ¿Sucede algo… hermanita?
—Nada.

Estábamos a punto de subir al auto para regresar a casa cuando Hizumi contestó su teléfono. Se alejó un poco para que yo no escuchara su conversación, no sabía con quien hablaba o más ¿quién le hablaba a esas horas de la noche? No pensé que fuera nada del otro mundo puesto que él no parecía estar nervioso ni nada, aun así sentía curiosidad porque si en realidad no era nada sospechoso, no se habría alejado para que yo no escuchara su conversación.
A los pocos minutos apareció de entre las sombras con una cara de ogro terrible. Me pidió que subiera al auto, lo puso en marcha arrancando a toda velocidad quemando los neumáticos en el proceso, quitó la música cosa que no debió haber hecho porque por eso escuchaba como maldecía aunque lo hacía en voz baja.
Noté enseguida que definitivamente no nos dirigíamos a la casa. Como le vi demasiado irritado no me atreví a preguntarle.
—No tienes ningún derecho —comentó a la nada.
A pocos metros frente a mi pude observar una serie de edificios de unos cinco pisos cada uno aproximadamente, como no estaba familiarizada con esa zona me costó mucho reconocer el edificio. Fue estando frente a él y leyendo el enorme letrero, que me di cuenta de donde estábamos.
— ¿Tú universidad? —pregunté.
—Quédate aquí, ya vuelvo —bajó del auto. Miré a todos lados y todo estaba desolado, ni loca me quedaba ahí yo sola.
—Te acompaño...
—Quédate.
—Está muy solo aquí…
—Está bien.

Supe enseguida que la idea no le gustaba pero ni modo, no me quedaría ahí yo sola esperando a saber cuánto tiempo hasta que él regresara.
Caminamos hasta los dormitorios del campus, fueron muchos metros, capaz dos o tres estadios de fútbol por eso me cansé mucho, por eso, y porque no estaba muy acostumbrada al esfuerzo físico.
Después de atravesar algunas áreas de recreación y áreas verdes, llegamos al ala donde se hospedaban los hombres. Como si nada, entramos. Subimos varias gradas hasta llegar al tercer piso y nos detuvimos en la habitación 309. Hizumi tocó con cuidado pero al ver que no le respondían pateó muy furioso la puerta, le imprime un poco más de fuerza a la patada y la tumba. La puerta se abrió y me quedé sorprendida por lo que vieron mis ojos, y no fue el habitual desastre propio de una habitación universitaria si no la persona que abrió la puerta.
Cindy saludó a Hizumi agitando suavemente su mano y luego lo invitó a pasar, yo no sabía qué demonios sucedía pero si sabía que yo no debía estar ahí, así que como la chica en ningún momento se dirigió a mí, decidí quedarme afuera. Al asiático no le pareció la idea así que me tomó la mano y me condujo hasta adentro.
El aroma a alcohol era casi insoportable, había varias botellas de cerveza en varias presentaciones y de varias marcas tiradas por todos lados. Habían chicos tirados por todos lados también, durmiendo acostados sobre el suelo o sobre alguna silla o sillón, los pocos que estaban aún despiertos seguían bebiendo o fumando.

—No tenía a quien más llamar y no sabía qué hacer —Cindy se mostraba nerviosa
— ¿Dónde está?
—En la habitación con Leo, Ricky y Johnny. No quiero que siga bebiendo por eso pensé que lo mejor era llevarlo a casa, pero como no tengo auto… no supe a quien más llamar… lo siento.
—Y ya qué —suspiró el japonés, apesarado, no le gustaba nada de lo que estaba pasando y eso era muy evidente.

Hizumi siguió a Cindy hasta la habitación y yo iba —de metida— detrás de ellos. Al entrar no se podía ver nada, «Marihuana», fue lo primero que pensé y no me equivoqué. Los chicos mencionados estaban acostados sobre la cama fumando marihuana y bebiendo. No era necesario que alguien dijera algo para que ellos estallaran de la risa y hasta parecía que hablaban con el aire. Inmediatamente noté un ventilador y casi corrí a encenderlo. La ex novia del asiático se acercó a uno de los chicos, y en lo que el viento del ventilador dispersaba parcialmente el humo pude notar que el chico, actual novio de Cindy, era rubio, de tez blanca y cuerpo bien formado.
La chica insistía y casi le rogaba al chico para que se levantara. Esa escena me pareció sumamente patética. Yo estaba totalmente segura de que el japonés jamás le había hecho un desplante como ese y eso me enfureció, y me enfureció más el hecho de que el estúpido había acudido en su auxilio. Desde mi punto de vista Hizumi ya había sido demasiado humillado por esa chica y no merecía estar en ese lugar en ese momento, esa niña no tenía derecho alguno de hablarle y mucho menos a utilizarlo de chofer.

—Esto es ridículo —suspiré —. Hizumi regresemos a casa —le tomé la mano al asiático con el propósito de sacarlo de la habitación.
—Espera… Érika
—No seas estúpido. ¿Por qué tienes que hacerle favores a esa mujercita?
—Ya sé que no tengo derecho alguno —intervino Cindy —, pero es que no sabía a quién más recurrir
—Eso a mí no me importa. Hubieras tomado un taxi y asunto resuelto. Ya nada tienes que ver con Hizumi después de lo que le hiciste y sí fue tu decisión cambiarlo por ese pedazo de mierda que está ahí tirado y que llamas novio es muy tu problema —la regañé, estaba muy furiosa.
—Érika no le hables así —me llamó la atención el japonés, mientras intentaba soltarse de mi apretado agarre.
— ¡Estúpido! —grité —. ¿Vas a dejar que haga contigo lo que quiera? Si la complaces ahora después ya no te dejara en paz, te llamara para que la ayudes por cualquier estupidez que se le presente y el novio muy bien gracias, tú la cuidaras de día mientras él se la está cogiendo todas las noches.
—Sé que yo no tengo derecho alguno pero tú tampoco tienes derecho de referirte a mí como si fuera la peor clase de mujer. —La chica se acercó a mí de manera desafiante —. Lo que sucedió entre Hizumi y yo no te interesa, así que deja esa actitud que da la impresión que eres una maldita perra celosa.
— ¡Ya basta! —espetó Hizumi quien me sujetó con fuerza cuando vio que estaba a punto de caerle a golpes a su ex —. ¡Las dos compórtense! Érika no tienes por qué hablar de esa manera, no conoces las circunstancias así que no te entrometas.
—Haz lo que quieras. Complácela en todo lo que quieras y ya verás que sólo es cuestión de tiempo antes de que te conviertas en su juguetito. Sí quieres seguir sufriendo por ella ya no es mi problema, solo abstente de recurrir a mi cuando no haya nadie más que sea capaz de consolar tu corazón roto. Me harté de ti y de este estúpido jueguito.
— ¿A dónde vas? — me detuvo
—A casa.
—No puedes irte sola.
—No soy una inútil damisela en peligro. ¡Puedo tomar un taxi! —me solté y me fui.

Sabía que no me seguiría y mucho menos que me detendría. Tomé un taxi y aunque pensé ir a quedarme en casa de Luigi deseché la idea porque sabía que no sería bueno que despertara a su hermana, y también porque Luigi haría muchas preguntas que seguramente yo no sabría cómo responder.
 Esa madrugada regresé a casa yo sola, pero de nada sirvió que así fuera porque como no tenía llaves no había manera de que yo pudiera entrar a la casa sin armar un alboroto. Esperé a que Hizumi apareciera porque no quería llamar a la puerta y despertar a los tortolos que dormían plácidamente, y no lo hacía también porque no quería causar revuelo, se habíamos salido juntos teníamos que regresar juntos. Así que esperé y esperé hasta que en el horizonte los primeros rayos del sol comenzaban a bañar con su luz todo lo que se atravesaba en su camino.
El chico que se encargaba de entregar los periódicos se paró casi frente a mí y en lugar de tirarlo como de costumbre, me lo entregó en la mano, seguro le pareció muy extraño verme sentada afuera de la casa tan temprano por la mañana.
Por otra parte, una persona que sin duda parecía que siempre se levantaba temprano era el padre de Hizumi, por lo menos esa era la impresión que tenía de él y no me equivoqué. A mis espaldas sentí como abrían la puerta, me volteé y vi al adulto. Me puse de pie mientras decidía si le decía o no algo. Pero no fue necesario, Ryo me dio los buenos días y me invitó a pasar, no sé qué vio en mi rostro pera al pasar a su lado tomó mi mano y muy paternalmente me abrazó.
—Todo estará bien hija.
«Hija», esa era la primera vez que un hombre me llamaba de esa manera.

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