Onii-sama 8





~Capítulo 8~

Jamás lo había considerado, pero el hecho de que me dijera y recalcara que era su hermana me entristeció. «Hermanita». Me había dicho hermanita como diciendo: «Lo siento estoy fuera de tu alcance», como si no lo supiera ya. Y con todo lo incómoda que me sentía en ese momento, no supe diferenciar el dolor físico del emocional.
Era más que obvio que el papel y la tinta no garantizaban los lazos que hacen a una familia ser lo que es, pero de alguna manera que desconocía, me resultaba relevante. Después de todo ¿acaso no me cobijaba yo en la creencia de que todo cambiaría una vez que mamá y el padre de Hizumi se casaran?
Las acciones de Hizumi me lastimaban, él se mostraba tan atento, amable y servicial... que sin que él se diera cuenta me confundía y me lastimaba aún más. Su comportamiento en días anteriores había sido igual de desconcertante pero yo no emitía ningún juicio y me consolaba a mí misma diciendo que él actuaba de esa manera porque amaba mucho a Cindy, y buscaba por todo los medios distraer sus pensamientos de la mujer que tan fríamente lo había abandonada, pero, ¿acaso no era él lo suficiente joven, guapo e interesante como para atraer la atención de cualquier mujer o incluso hombre? ¿Qué lazos -invisibles para mí- lo unían tan fervientemente a ella? Me resigné puesto que consideré que nunca sería capaz de entender esas cosas.

Atrapada en su habitación, suspiraba para mis adentros todos esos pensamientos que me visitaban sin que yo los invitase. No podía creer que me mostrara tan confusa a causa del extraño comportamiento de una persona que conocía desde hacía menos de una semana, no entendía porque su presencia me ofrecía a la vez un sentimiento de opresión como de libertad. Necesitaba a alguien con quien descargar todas mis dudas, inquietudes y frustraciones; fue por eso que en varias ocasione intenté llamar a Luigi para que me acompañara, pero rápidamente desechaba la idea porque no quería molestarlo. Claro que Luigi jamás lo tomaría como una molestia o un inconveniente, sabía que con él podría decir todo lo que yo quisiera sin temor a ser juzgada tan severamente; de la manera en la que la sociedad acostumbraba. Pero él también tenía su vida, tenía sus mujeres, a su hermana a quien adoraba por sobre toda las cosas, y pronto hasta sería tío. Lo había visto tan entusiasmado, deseaba de todo corazón que la criatura fuese un niño para así poder jugar con él de la manera que lo habría hecho con el hermanito que nunca tuvo. Yo lo escuchaba y me regocijaba pues muy pocas veces se mostraba genuinamente emocionado y complacido por algo. Pero cuando hablaba del sobrinito que nacería en unos pocos meses sus ojos resplandecían, sus mejillas se llenaban de un rubor indisimulable y su expresión pasaba de ser serena y relajada a ser tierna y cálida e incluso paternal. Adoraba verlo de esa manera, se deshacía cuidando a su hermana, yo le regañaba diciendo que ese era trabajo del esposo y no del hermano pero él igual me ignoraba y otras veces decía que el esposo de su hermana pasaba demasiado tiempo en el trabajo.
Nunca le pregunté a Luigi porque no me había dicho que su hermana estaba embarazada. Y él, tan hermético como era, no me dio ningún indicio que encendiera en mí la llama de las suposiciones. Hacía ya mucho tiempo que no visitaba ese hogar lo que hizo sentirme desconectada de su vida. Me pregunté en qué momento había descuidado la situación de Luigi, su familia, sus intereses y ambiciones. Él podía leerme con más facilidad que a un libro abierto pero yo descubrí que muy poco sabía de él. ¿Acaso no habíamos estado juntos desde siempre? Yo lo conocía más que nadie en el mundo entonces ¿por qué dudaba de pronto que no fuera así? En ese momento sentí un miedo muy profundo por primera vez en mi vida, sentí miedo con la sola idea de perder a Luigi, en primer lugar, ¿por qué pensaba eso?
Alternaba mis pensamientos entre Hizumi y Luigi y eso me había confundido aún más y ¿por qué demonios hablaba como si todas esas cosas hubiesen pasado hacía mucho tiempo atrás? ¡No había pasado ni una semana! ¿Cómo era posible que cambiara tanto durante tan poco tiempo?
Grité y el sonido agudo de mi voz invadió cada rincón de la habitación de Hizumi. Comprendí entonces que todos mis malestares no eran provocados por mi resfriado si no por mi incapacidad para comprender y analizar bien las cosas que sucedían a mí alrededor. Sentí como si mi pacífica vida hubiera llegado a su final, sentí que un infierno era lo que me esperaba y que esta vez no habría nadie para socorrerme. Mi cuerpo se entumeció ante tales pensamientos, me encogí bajo las sabanas escondiendo por completo mi febril cuerpo. ¿A qué temía?

Dormí tres horas seguidas y sin dificultad. Había un reloj en la mesa de al lado y me fijé que era mediodía del sábado. Mi cuerpo ya no se sentía pesado ni acalorado como antes, ahora se sentía pegajoso por todo el sudor derramado lo que hizo que ansiara un reconfortante baño, una ducha me bastaba. Con un poco de esfuerzo me levanté de la cama pero mi intención desapareció al sentir el frío suelo bajo mis pies.
A los pocos minutos aquella habitación se vio iluminada por los copiosos rayos del sol que se colaban desde las enormes ventanas que jamás había tenido la decencia de apreciar, puesto que estaban cubiertas por cortinales enormes y oscuros que impedían la entrada del sol cuando éste no se deseaba.
Hizumi me profesó una enorme sonrisa y se dirigió a mí con encanto propio mostrándome mucho interés.
— ¿Estás mejor?
—Eso creo —palpó mi frente con su mano —. Ya me bajó la fiebre —adelanté el diagnostico.
—Eso veo, ¿te duele algo?
—Nada.
— ¿Puedes andar?
—Eso creo... —aunque no quería que mi piel entrara en contacto con aquella superficie fría, puse ambos pies sobre el suelo y me puse de pie, sentía como si llevaba años en cama y cuando creí que podía dar el primer paso mi equilibrio vaciló.
— ¡Wow! tranquila no te esfuerces demasiado —me sujetó entre sus brazos —, aún estás algo cansada y soñolienta, lo mejor es que te quedes en cama un par de horas más
—Si me quedo en cama un par de horas más me quedaré invalida, lo que quiero ahora es caminar, ducharme y comer una comida de verdad —lo miré, no parecía convencido —. Es un resfriado no la H1N1, en unos días con o sin medicamentos estaré bien.
—Si te descuidas podría empeorar y dios sabe que me hará tu madre cuando se entere.
—No te hará nada.
—Igual no puedo dejar que andes por ahí como te plazca estando enferma, mientras estés en esta casa y no haya nada más confiable yo soy el responsable y tu eres mi responsabilidad.
—Ahora si estás desarrollando bien tu papel como hermano mayor.
—Siento que hasta ahora no haya sido así... —Yo aun seguía apoyada entre sus brazos, mi pulso casi se detuvo cuando sentí como sus confiables extremidades me estrechaban con más fuerza —. Te he decepcionado cuando lo único que quería era acaparar tu atención, con lo emocionado que estaba por que tendría una hermana y terminé arruinándolo.
—Nos has arruinado nada hermano. —Dije hermano porque recordé que cuando jovialmente lo llamaba Onii—sama él sentía que lo incitaba a hacer cosas no propias de hermanos —. De ahora en adelante aceptaremos nuestros papeles y lo desempeñaremos de la mejor manera que podamos... por lo viejos...
—De ahora en adelante somos hermanos, repetiré en mi mente una y otra vez que eres mi hermanastra hasta que quede completamente convencido y si no puedo me alejaré de ti para no volver a causarte daño.
—Eso es extremo —sonreí y lo rodeé con mis brazos —. No me has hecho daño, por lo menos no con la gravedad con la que tú lo refieres, la mayoría, por no decir todas las cosas que hicimos, contaron con mi consentimiento así que no tienes porque culparte.
—Pero —apoyó su cabeza en mi hombro —, odio que me veas tan vulnerable yo... —levantó su cabeza y fijó sus ojos en los míos —. Érika... yo
—No tienes porque explicarme nada, ya todo está bien hermano... hermano...

En ese momento sentí que todo estaba mal, ¿por qué obligarnos a crear una relación que nunca existiría por más que lo intentáramos? Porque aunque nos llamábamos hermano y hermana no era eso lo que nuestros cuerpos sentían. Así como estábamos, abrazados, claramente pude sentir su nerviosismo e indecisión, su pulso se había acelerado considerablemente a tal punto que sentía como el sonido de sus latidos martillaban sin piedad mis oídos, haciendo que todo dentro de mí se contrajera sin control. Mi cuerpo comenzó a perder fuerza, traté de separarme de él y al hacerlo olvidé que estaba a escasos centímetros de la cama, caí acostada sobre ésta y Hizumi sobre mí. Su cabeza había aterrizado sobre mis pechos y eso me asustó porque supe entonces que mi corazón y mi respiración agitada delatarían mi nerviosismo, pero él no dijo nada y tampoco se movió.
Acabábamos de decirnos tantas cosas y de hacer tantas promesas, pero ahí estábamos totalmente vencidos en una batalla que nunca peleamos. Llevé mis manos hasta su cabeza y comencé a jugar con su cabello, la sensación que me provocaba era reconfortante, su cabello negro azabache era corto pero aun así podía deslizar mis dedos entre esas oscuras hebras. Hizumi estaba ahí sin hacer absolutamente nada y ante mis caricias parecía un niño pequeño que disfrutaba al ser mimado por mis manos. Mi mirada estaba fija en la nada, tenía los ojos abiertos pero no miraba nada ni deseaba ver nada, ni siquiera quería pensar, ni me regañaba a mí misma por todas las malas decisiones que había tomado desde que había conocido a Hizumi, no quería hacer nada más que permanecer de esa manera hasta que mi pecho se sintiera tan oprimido que no me dejara respirar bien.
Mis mejillas ardían, mi piel se erizaba, en mi cuerpo se producían una serie de cambios tan comunes y a la vez tan distintos y desconcertantes que hacían que me estremeciera sin control. Mi auto control y determinación fueron pronto sustituidos por el inmenso deseo de ser besada por Hizumi, pero eso era algo que yo jamás me atrevería a pedir, porque entonces le estaría dando luz verde para que desencadenara sobre mí cada una de sus incontrolables pasiones. Yo no quería ser utilizada, no quería que él me tomara por una muchacha fácil que se entregaba sin mucha oposición, yo no era eso. Yo era fuerte, decidida, indomable, inteligente, segura y...
Hizumi al fin se movió un poco, mis pensamientos se detuvieron, mi corazón se aceleró y casi por inercia llevé uno de mis brazos hasta mi rostro con el fin de ocultarlo de su mirada, porque seguramente estaba de un tono rojizo cosa que era producto de una fiebre muy distinta a la que me había abatido las últimas horas. Antes de que él pudiera decir o hacer algo yo me le adelanté...
—Necesito un baño —musité y lo hice tan quedo que dudé sí él había logrado escucharme así que con más fuerza lo repetí —: Necesito un baño, no soporto el sudor en mi cuerpo.
— ¿Puedes andar sola? —Se levantó de la cama y me tendió la mano ofreciéndola como apoyo para que yo pudiera levantarme.
—Déjame intentarlo. —Me puse de pie y volví a desbalancearme, no era que mi cuerpo se encontrara débil, claramente era otra cosa la que hacía que yo perdiera control sobre éste.
—Te llevo hasta el cuarto de baño no te preocupes.
—Gracias.
Con mucha paciencia y delicadeza me condujo hasta el cuarto de baño, mi cuerpo temblaba sin razón aparente haciendo cada uno de mis pasos bastante inestables, mi mente estaba a mil y así no lograba procesar nada, no podía permitirme cometer otro error, tenía que obligarme a ver todo con claridad, tenía que ser fuerte y decidida, no podía dejar que nada pasara, no teníamos que hacer nada.
Con el pie bajó la tapa del retrete y me sentó ahí, se dirigió a la ducha y la encendió regulando la temperatura para que no estuviera ni muy fría ni muy caliente, luego me dirigió una mirada indecisa y anhelante, ¿esperaba a caso que yo le dijera algo?, ¿y qué se suponía tenía que decirle?
Intenté levantarme pero el nerviosismo de ser observada por esos oscuros y profundos ojos me lo impidió, le dirigí una mirada casi de suplica, él se acercó y se arrodilló frente a mí. Tocó mi frente creyendo que la fiebre había vuelto e incluso vigiló mi respiración, yo sabía que no era el resfriado pero me aliviaba que él si creyera que era eso lo que me afectaba.
— ¿Estás segura que quieres bañarte?
—Estoy incomoda, he sudado toda la noche y no soporto sentir mi cuerpo así.
— ¿No te desmayaras estando ahí dentro verdad? Mira que el golpe puede ser muy duro.
—No me desmayaré...
—Dices eso y apenas puedes ponerte de pie.
—Si tanto te preocupa entonces metete conmigo. —Sin duda había hablado sin pensar, esperé que lo hubiera tomado como una broma.
—De verdad no creo que sea buena idea una ducha en tu condición, ¿qué tal si mejor te limpias el sudor con paños húmedos?
— ¡La necesito! —exclamé casi desesperada, no soportaba mi cuerpo de esa manera.
—Necia...
Se puso de pie y frente a mí sin ninguna clase de pudor se quitó la camiseta, era una camiseta color celeste de algodón estampada en el pecho y bastante ligera, al quitársela dejó descubierto su pecho lampiño que parecía de porcelana, su tez era blanca y no mostraba ninguna cicatriz, excepto las marcas de mis besos. Ante tal vista me enrojecí y fijé mi mirada en otra parte, pero sólo por unos segundos, su cuerpo me incitaba, tenía que verlo, no podía darme el lujo de perderme nada. Con una paciencia que me carcomía por dentro comenzó a desabrochar sus jeans que le quedaban ligeramente holgados y aun con más paciencia se despojó de ellos quedando únicamente en bóxer.
Me ayudó a levantarme y me llevó hasta la ducha, él entró primero y vi como su estilizado cabello perdía forma y brillo al entrar en contacto con el agua, su melena azabache comenzó a verse más oscura a medida que quedaba completamente empapado. El agua recorría todo su cuerpo sin censura invitándome a hacer lo mismo. Me haló hacía él quedando yo también atrapado bajo el agradable torrente de agua tibia, mi camisa se mojó dejando ver mis sonrosados pezones a través de ella, sin saber que más hacer levanté las manos para que él me la quitara y así lo hizo, después de habérmela quitado la tiró a un lado y llevó su mano hasta mi cabello para que se mojara por completo. Cerré los ojos al sentir como me tocaba y los mantuve cerrados aun cuando sentía que sus manos se deslizaban más abajo, por mi cuello, mis hombros, después delicadamente sus dedos dibujaron el contorno de mi cintura y mis caderas para luego volver arriba pero esta vez a mi rostro, para acariciarlo. Después acarició mi mejilla con la suya, a pesar del agua que caía sobre ambos, sentía su aliento, nuestras narices se rozaron repetidas veces y nuestras bocas entreabiertas rogaban encontrarse... pero ninguno de los dos se atrevió a dar el primer paso, era como si todo eso fuera una prueba de auto control.
Traté de imitarlo posando mis manos en su cintura para luego pasearlas en toda su espalda, mis pechos gozaban el rose que producía la cercanía pero sus manos jamás los tocaron, sus manos seguían enredadas en mi cabello mientras nos mirábamos indecisos y deseosos. Acercábamos nuestros rostros pero nuestros labios nunca alcanzaron ni siquiera a rozarse había una pared invisible entre nosotros que lo impedía.
Me volteó y luego se arrodilló, me despojó de la ropa interior empapada, toda aquella situación no sólo me resultaba desconcertante si no que también me avergonzaba, mi cuerpo no era algo que valía la pena admirar, se me formaban gorditos en el estómago cuando me sentaba y tenía un poco de grasa en mis brazos y mis caderas lo único de mí que me gustaba eras mis piernas firmes y bien proporcionadas y mis pechos que eran de un tamaño moderado y que también eran firmes y redondos haciendo que cualquier camisa escotada me quedara bien aunque yo decidía no usar ese tipo de ropa. Aun así no era nada del otro mundo, nada que valiera la pena ser observado.
Hizumi me rodeó con uno de sus brazos por la cintura, ahí fue cuando sentí que él tampoco llevaba ropa interior, con el otro brazo hizo mi cabello a un lado para dejar descubierto mi cuello, sentí su aliento sobre éste pero nunca sus labios y yo anhelaba tanto sus labios. Deseaba ser besada en cada rincón de mi cuerpo por esos labios.
Nuevamente me volteó, levantando mí rostro me obligó a verlo a la cara y con eso me derrumbé, no sé cómo fue capaz de distinguir mis lágrimas entre tanta agua pero trató de limpiarlas aun sabiendo que era imposible....

—No soy una chica fácil. — No se lo decía a él me lo repetía a mí misma.
—Yo sé que no lo eres, no lo eres, eres maravillosa.
—No soy fácil, sé que mis ideas sobre las relaciones sexuales son distintas a la de las demás personas, pero aun así no soy una chica fácil, no lo soy.
—No lo eres —repitió con más convicción que la vez anterior.
—No pienses mal de mí, no me juzgues por favor. —En ese momento me pregunté por qué me daba tanto miedo ser juzgada, mis compañeros de clases lo hacían todo el tiempo, me llamaban zorra, prostituta, promiscua pero no me importaba, la opinión de Luigi era la única que valía, así que, ¿por qué me importaba tanto lo que Hizumi pudiera llegar a pensar de mí?
—No soy quien para juzgarte Érika, nunca lo haría...
—Sé que te pareció que cedí con mucha facilidad, debí de haberme abstenido, debí negarme... sé que me entregué a ti con mucha facilidad pero...
—Todo esto es mi culpa —se lamentó —. Debí haber puesto un límite a mi comportamiento, con mis acciones te orillé a hacer algo que no querías hacer por eso te sientes tan mal ahora, lo siento tanto.
—No... Yo no sé qué pasa, yo... sólo quiero que no pienses mal de mí, no quiero que pienses que soy la clase de chica que se acuesta con cualquiera así nada más.
—Y aunque fuera así Érika jamás pensaría nada malo de ti. Soy yo quien debe disculparse por que yo...
— ¡No! —lo interrumpí —. Yo cedí, era yo quien debía poner el límite entre nosotros... apenas nos conocemos, ni siquiera ha pasado una semana pero ha pasado tanto entre nosotros. ¿Por qué está sucediendo todo esto? !¿Por qué demonios soy tan impulsiva?¡—Me sentía sucia, por decirlo de una manera, me había entregado así como si nada a una persona que era totalmente desconocida para mí, después de todo ¿que sabía yo de Hizumi aparte de que era el hijo del futuro esposo de mi madre?
—No te sigas riñendo de esa manera, acepto la culpa por completo.
—Y aun así... —seguí como si no hubiese escuchado lo que dijo —. Aun así... sabiendo que no debo, sabiendo que no tengo que... lo siento, mi cuerpo lo siente... este deseo... me asusta, me da miedo no ser capaz de controlar mis propios instintos... pero... pero... tú haces que me sienta de esta manera, mi cuerpo se calienta, se acelera, se contrae y se reprime; no puedo controlarlo y eso me asusta, porque siento que terminaré haciendo algo de lo cual me arrepentiré para siempre y no quiero... no quiero y al mismo tiempo quiero... anhelo tus caricias y tus besos... ¿qué sucede? ¿Qué me sucede? ¡Odio sentirme así! ¡Odio esto!...es como si mi propio cuerpo ya no me perteneciera... Hizumi...
—Érika, oh Érika todo esto es mi culpa, lo siento tanto... te utilicé, en mi despecho hacía Cindy te utilicé —se separó de mi y se sentó en una esquina del baño, el agua no había dejado de correr en ningún momento pero ahí donde estaba no lo alcanzaba, colocó sus codos sobre las rodillas y con las manos ocultó su rostro —. Soy un maldito bastardo, no sabía que te haría sentir de esa manera, lo siento tanto, lo siento tanto, lo siento tanto —repitió una y otra vez totalmente descontrolado.
—Olvide...
Lo que iba a decir fue interrumpido por una serie de estornudos que no cesaban, seguidos después por una tos indomable. Hizumi me sacó del baño, me secó y me vistió. Me alimentó y casi me obligó a tomar un jarabe para la tos. Me acostó y estuvo ahí a mi lado hasta que creyó que yo me había dormido, pero no lo había hecho ¿cómo podría dormir con todo lo que hice y dije esa tarde?
Sentí una desesperación terrible por salir de ese lugar y sólo tenía una salida: Luigi. ¿Qué haría yo sin él? era lo que siempre me preguntaba, iba a llamarlo, quería llamarlo, quería que fuera por mí y me sacara de ahí para llevarme lejos de Hizumi. Tomé mi celular, estaba a punto de llamar cuando en un impulso lo estrellé contra la pared dejándolo totalmente inservible. No podía molestar a Luigi, no me parecía justo, por primera vez tendría que resolver yo sola el problema en que yo misma me había metido.
Dormí otro poco después de controlar la tos, pero despertaba cada cuanto sintiéndose muy sedienta, para mi fortuna Hizumi había dispuesto un pichelito con agua y aun vaso en la mesita que estaba a la par de la cama. Me volví a sentir bastante mal poco después de las siete de la noche cuando me desperté para darle una visita al sanitario. Hizumi tomó mi temperatura esta vez con un termómetro y lo que vio no le gustó mucho: 38º, yo no me alarmé ni reaccioné de ninguna manera exagerada, ya había padecido fiebres peores, así que esa no me haría nada. Volví a pegar los ojos, desperté a los pocos minutos, incapaz de dormirme. A pesar de que seguía algo mareada me levanté de la cama para por lo menos estirar las piernas que ya se me estaban entumeciendo, y así me la pasé hasta que me volví a dormir a quien sabe qué hora porque estaba tan rendida que no me quedó tiempo ni de apagar la luz, me tiré a la cama y no desperté hasta la mediodía del día siguiente, domingo.
Creo que Luigi era una especie de vidente o psíquico, cuando me hube despertado lo encontré al borde de la cama observándome como si yo fuera el peor de los casos de la peste negra. Mi rostro se iluminó al verlo tan cerca de mí, siempre apoyándome para todo como un fiel angelito guardián. Tomó mi muñeca para verificar mi temperatura tal y como lo hizo su hermana una vez que por andar de rebeldes nos cayó toda una tormenta encima haciendo que los dos nos enfermáramos, por la cual la pobre tuvo que cuidarnos sin descanso. Me sonrió y me dio un coscorrón el cual era como un típico «te lo dije».
—Luigi... ha llegado mi hora —bromeé teatralizando mi fallecimiento.
—Deja de bromear con esas cosas —me regañó —. Sabía que te pondrías mal pero no me hiciste caso.
—En parte en tú culpa.
—No es cierto —gruñó ocultando el rostro porque sabía que yo tenía razón.
—Sí, es cierto, porque me desnudaste cuando estábamos en la azotea del colegio... —Justo decía esas palabras cuando Hizumi entraba a la habitación, sabía que me había escuchado porque su mirada se fijó de manera instantánea a la mía
—Hasta que despertaste —sonrió indiferente —. Tu amigo te ha estado esperando desde casi dos horas, por ahora se buena niña y come, después toma tus medicinas.
—Claro —quedé algo perpleja, yo aún seguía aturdida por dentro mientras el mostraba una indiferencia tan poco fingida.
—Saldré dentro de una hora, si no le molesta Luis ¿podría cuidarla durante mi ausencia? —Me pregunté a que se debía el tono tan formal.
—No hay problema —contestó Luigi sin pensarlo dos veces mientras tomaba el celular de su bolsillo, tendría que cancelar algunas citas por mí, cosa que no quería y por eso había evitado llamarlo.
—Muchas gracias, nos vemos luego.
Hizumi se despidió pero por un instante, mientras cerraba la puerta pude ver, sus ojos oscuros y profundos clavarse en los míos con más intensidad que cuando había entrado. Me estremecí por el escalofrío que visitó mi cuerpo pero lo ignoré sacudiéndome un poco y viendo la agilidad con que se desenvolvían los pulgares de Luigi que redactaba mensajes de textos para a saber qué chica que lo estaría esperando.
Era fácil deducir que Luigi tenía una cita en la tarde, primero que nada porque era domingo y los domingos gustaba quedarse en su habitación acostado «echando la hueva» como él decía, y viendo partidos de fútbol o películas, pero en el mayor de los casos jugando videojuegos. Pero en lugar de eso estaba ahí a mi lado y había esperado durante dos horas hasta que yo despertara, eso me hizo suponer que se levantó temprano para verme, pasar unas horas conmigo en la mañana para que la tarde le quedara libre pasa salir a saber con quién. Esa chica era todo un misterio sin duda.
Luigi siempre andaba bastante desaliñado en el colegio, apenas se ponía bien los zapatos y no digamos del pantalón y la camisa que nunca las usaba como se debía. Esa mañana andaba su pelo amarrado en una coleta alta dejando que algunos mechones cayeran sutilmente sobre su frente y los costados de ésta, llevaba un pantalón de mezclilla con un cinturón gris y una camiseta negra sin mangas que le quedaba exquisitamente tallada a su cuerpo, los All Stars que usaba eran de un gris similar al de la faja, llevaba una muñequera roja en la muñeca derecha, un reloj nike deportivo en la izquierda y un grueso anillo de plata en el dedo pulgar de esa misma mano, me quedé embelesada viéndolo y él se percató de ello por lo que le despegué la vista de encima.
—No tenía que cancelar nada —aclaré —, si tienes una cita ve a tu cita porque si no después me sentiré culpable por haberte arruinado la diversión.
—No hace falta —repuso, apagó el celular y lo guardó en el bolsillo trasero de su pantalón —, con lo llorona que eres cuando te enfermas me sorprende que el asiático no haya perdido el juicio. —«En cierto sentido lo hizo», pensé
—Bueno supongo que es más paciente que tú.
—Puede ser...
— ¿Y era importante la cita?
—No era una cita, sólo una reunión con unos amigos.
— ¿Te levantaste temprano para ir a ver a unos amigos? Oh mi Luigi, déjame decirte que no nací ayer, ya suelta la verdad.
—Esa es la verdad.
—Te aprovechas de mi confianza —bufé, aunque bien sabía que tenía que creerle pues él nunca me mentía —. Luigi estoy muriendo —bromeé nuevamente.
—Ya deja esas cosas.
—Luigi... me estoy derrumbando. —Los ojos de Luigi se tiñeron del color de la preocupación, se acercó a mí y besó ambas mejillas luego tomó mi mano
— ¿EL japonés?
—Sí —suspiré agobiada por lo cual recibí otro coscorrón —. ¡Auch!
—Te lo mereces —aclaró —. ¿Pelearon?
—No sé si a lo que ocurrió podría llamarse pelea, es sólo que...
—No quiero escucharte —cortó mis palabras secamente —. Te lo advertí y no me escuchaste
—Lo sé...
—Si la cuestión en sí fuera sólo atracción física más que nadie sabes que a mí no me importaría, pero me estoy dando cuenta que no sólo es eso y no me gusta, no lo permitiré, habías dicho que de eso no pasaría.
—A mí tampoco me gusta y mucho menos quiero que pasé a más, es sólo que me siento... no sé...
— ¿Insegura?
—Algo así supongo.
—Bueno Eri yo... —se soltó el cabello haciendo que callera sobre sus hombros, luego con la mano se los arregló un poco —. No sé qué decirte. —Eso sí era raro, Luigi había perdido su sabiduría.
—No tienes que decirme nada si no quieres, pero si te estás quedando callado para no lastimarme entonces juro que te golpearé hasta que mis brazos se cansen. No es común en ti quedarte callado, siempre dices lo que piensas sin importar en el problema en que te puedas meter.
—Lo sé, y no es que crea que puedo lastimarte con mis palabras —suspiró y clavó su mirada en mí con mucha más fuerza, examinándome por completo como sólo él lo hacía —, creo que hablaré hasta que conozca más la situación. Pero si tengo que decirte algo.
—Dime.
—Si vas a estar sintiéndote como un pedazo de excremento mal oliente cada vez que estés cerca de ese condenado japonés entonces lo mejor es que te alejes de él independientemente de si te gusta sólo juguetear con él o si te gusta en serio.
—Lo he intentado.
—Pues se nota que tu esfuerzo ha dado resultado.
—Luigi, en serio lo he intentado pero es que él es como un magneto, me atrae sin que yo me dé cuenta... —suspiré apesarada —. Siento estar dándote estas excusas tan estúpidas
—Bueno supongo que tarde o temprano siempre encontramos a alguien que nos hace perder la cabeza.
—Supongo...
—No te has dado cuenta pero... —Se detuvo, me miró y suspiró —. Recuerda que siempre estaré contigo en las buenas y en las malas, mi hombro siempre estará disponible para cuando quieras desahogarte.
—Gracias... supongo. —No supe exactamente a lo que se refería
Luigi se quedó conmigo hasta bien entrada la noche, yo dormí con menos dificultad que antes. Deseé despertar bien para asistir al colegio. Ya no quería estar ni un minuto más acostada en esa cama viendo las paredes de la habitación de Hizumi, de hecho ya no quería ver a Hizumi. Tenía que sacarlo de mi vida a como diera lugar, antes de que las cosas se volvieran más complicadas, yo ya no quería más complicaciones así que tenía que terminarlo todo para después hacer como si nada hubiese pasado.
Desperté la mañana del lunes y al ver la hora supe que no iría al colegio, ya me sentía perfectamente bien, aún tenía algo de tos pero nada grave, me levanté de la cama y bajé a la cocina porque tenía mucha hambre... tremenda escena la que me encontré.
En la mesa del comedor estaba sentado Hizumi con otro hombre asiático muy parecido a él pero mucho mayor, en ese momento pensé que era su padre, pero en eso recordé que aun seguía de viaje y así lo habría seguido creyendo si no hubiera visto a mi madre en ese momento, usaba un delantal cosa que me pareció insólita y llevaba platos en sus manos, estaba sirviendo el desayuno, en ese momento me pregunté si era capaz que ella misma lo hubiese preparado.
— ¿Mamá? —murmuré y al escucharme todas esas miradas se posaron en mí, lo que por alguna razón me intimido.
—Eri cielo, ¿cómo sigues?, Hizumi me ha dicho que has estado algo enfermita pero me ha asegurado que ha cuidado muy bien de ti.
—Sí mamá. Hizumi ha cuidado muy bien de mi es un esplendido hermano mayor ya nos llevamos muy bien. —El único en notar mi sarcasmo fue Hizumi.
—Me alegra mucho escuchar eso. Vamos hija acércate que quiero presentarte a alguien muy especial. —Me acerqué a ella, el hombre se puso de pie y me miró con ternura —. Eri él es tu futuro padre, Ryo.
—Es un placer conocerte —me abrazó —, espero establecer una buena relación contigo
—También yo... —fue lo único que alcancé a decir, estaba sorprendida eso hombre era una versión más adulta del actual Hizumi, ahora entendía porque mamá se había fijado en él, a pesar de ser adulto, calcule unos cuarenta y cinco años, él se veía muy joven, su cabello aun no era invadido por la canas y su rostro apenas y presentaba una que otra arruga, sus ojos y su cabello eran oscuros tal como los de Hizumi y su piel era blanca sólo que un poco más oscura que la de su hijo. Ryo era sin duda muy atractivo. Me alarmó un poco de hecho, eso quería decir que mi madre y yo compartíamos gustos en común y créanme que eso no me gustó para nada.
—Y dime —agregó el mayor al ver que yo me había quedado en silencio —, ¿Hizumi se ha portado bien contigo?
—Se ha portado muy bien —contesté, no era del todo mentira —, y me ha cuidado todo este tiempo que he estado enferma. No sé cómo podría agradecer tus cuidados hermano —esta última frase iba dirigida a Hizumi quien me vio y sonrió tan naturalmente que me inquietó.
—Con una hermanita tan linda, como no voy a portarme bien —comentó Hizumi.
—Ves que te lo dije —Ryo habló dirigiéndose a mi madre —, y tú que tenías miedo de que no se llevaran bien, se llevan de maravilla, ¿no te parece?
—Sí —contestó mamá —, con esto me quito un peso de encima, no quería que nuestros hijos se llevaran mal...
Mi nuevo «papá» me invitó a tomar asiento en la mesa, como estaba algo distraída por todo lo que acababa de pasar, el pobre tuvo que repetirlo varias veces hasta que yo logré escucharlo. Me senté a la par de Hizumi y sólo esa cercanía me provocó un escalofrío que no pude disimular muy bien ya que él lo noto, y al notarlo tomó mi mano por debajo de la mesa, yo no dije ni hice nada, no dije que me soltara y tampoco intenté soltarme. Hizumi me vio y lentamente movió sus labios para que yo pudiera leer en estos lo que él decía, y sus labios decían:
«Todo estará bien, hermanita»
Esa era su manera de tentarme.

 


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