Onii-sama 7





~Capítulo 7~

—Érika... Érika
— ¡¿Qué?!
— ¿No tienes que ir a clases?
—Hoy es sábado —murmuré —, déjame dormir más
—Te equivocas, hoy es viernes
—Sábado...
—Viernes...
—Sábado...
— ¡Viernes!
—Ya voy pues... ahora hasta dormir es un crimen —refunfuñé
 Seguía medio dormida, y sentir un cuerpo tan calientito a mi lado sólo hacía que mi pereza aumentara por la reconfortante sensación. La noche anterior había tenido sexo con Hizumi y llegada la mañana ya actuábamos como si no hubiese sucedido nada aun cuando nuestra desnudez nos delataba. Me hice un ovillo debajo de las sabanas y en eso momento mi cuerpo desnudo rozó el de él, sentí un escalofrío que me motivó a abandonar la cama con más rapidez de lo que normalmente lo habría hecho. Tomé mi ropa del suelo y me fui a mi habitación y seguido al baño, casi a velocidad luz abrí la ducha, esa mañana no habría nada de agua tibia lo que necesitaba era una buena cantidad de agua fría que me despertara por completo para así poder recuperarme, ya que poco faltaba para que perdiera la razón.

Al salir de la ducha me vi en el espejo, todo en mi se veía igual pero conociendo a Luigi sabía que él si sería capaz de desenmascararme y no quería eso, no quería que él se diera cuenta de que me había acostado con Hizumi porque sabía que se molestaría, sabía que lo decepcionaría y él era la única persona cuya opinión acerca de mi, valoraba. Sabía muy bien que no soportaría el hecho de que él pensará mal de mí. Pero también sabía que era bastante difícil que él pensara mal de mí... por eso lo mejor era decírselo, en ese momento recordé algo que había olvidado: la cita.

Había quedado de verme con Saray y con lo sucedido no pude salir de la casa y mucho menos avisarle que no podría llegar, no tuve la decencia de hacer siquiera eso. Revisé mi celular, sólo había un mensaje de texto:
"¿Qué pasó?”
Todavía sin vestirme y aun sabiendo que se me hacía tarde decidí contestar el mensaje:
"Lo siento mucho, te invito a tomar algo esta tarde para explicártelo. Eso claro si tú quieres"

No recibí ningún tipo de respuesta, tampoco estaba muy esperanzada a recibir una. Sabía muy bien que por andar de buen samaritano había perdido mi oportunidad con Saray, en realidad tenía deseos de verla aun cuando sólo tenía planeado utilizarla para sacarme a Hizumi de la cabeza, pero al final yo terminé perdiendo la cabeza y acabé acostando con Hizumi sólo porque este lloró en frente de mi un par de veces. Caí redondita en su trampa.

Claro que no tenía mucho porque quejarme si en verdad había disfrutado el momento, lo único que no me gustó fue después de que ambos terminamos, él besó mi frente, se acostó a mi lado y me abrazó y así dormimos prácticamente toda la noche, y eso sí que no me había gustado. ¿Cómo fui tan estúpida como para haber cedido de esa manera? ¡Maldito japonés!

Dejé el arrepentimiento atrás, si ya no había nada que yo pudiera hacer al respecto, lo hecho, hecho estaba y no podía cambiarlo pero lo que si podía hacer era tratar de conseguir el perdón de Saray así que después de vestirme y antes de salir de casa rumbo al colegio, le envié otro mensaje de texto.
"Nos vemos a las cinco en el mismo lugar, te estaré esperando" Besos“.

Si llegaba bueno y si no también, ya conocería a otra persona, no tenía prisa, o por lo menos eso era lo que yo me decía tratando de convencerme que las cosas seguían normales, que yo seguía normal y que nada había cambiado. Olvidaría lo sucedido con Hizumi porque me inquietaba, por un momento me odié a mi misma por haber cedido tan rápido, ¿en dónde demonios había quedado mi fuerza de voluntad? No importaba cuanto lo adornara, esa misma mañana al despertar a su lado me vi invadida por un arrepentimiento tan pero tan grande que para tratar de esconderlo me dije a mí misma que me había gustado el sexo con Hizumi, pero era mentira, el placer físico claro que lo sentí pero al final del día y sin importar como lo viese en realidad sólo había ocurrido una cosa: me había dejado utilizar.

Abrí la puerta después de tomar mis cosas del colegio, bajé al primer piso, pasaría por la cocina para tomar un poco de leche, ya con el estado de ánimo que andaba no creí oportuno también andar con el estomago vacio, comería mejor a la hora del almuerzo y si me llegaba a sentir mal, más de la que ya me sentía, pediría permiso para ir a descansar a la enfermería.

En la sala el televisor estaba encendido, transmitían uno de esos programas de variedades matutinos, estaban dando el pronóstico del tiempo: Cielos despejados. ¡Qué bueno!, aunque en realidad prefería la lluvia, pero si llovía me tendría que quedar encerrada y ya no soportaba estar encerrada, sabía que ni siquiera sería capaz de permanecer en el salón de clases y mucho menos en la enfermería, pero no tenía ningún otro lado a dónde acudir. Mi casa ya no se sentía como mi casa, todas mis cosas seguían ahí, desordenadas y polvorientas, pero la sensación de añoranza había desaparecido por completo, ese ya no era mi hogar, mi hogar era este al lado de Hizumi, y muy pronto también de su padre y de mi madre, pero ¿por qué demonios no volvían? ¿Qué era lo que hacía que demoraran tanto? Todo se solucionaría cuando ellos volviesen porque de esa manera, tanto Hizumi como yo nos veríamos forzados a interpretar perfectamente nuestro papel de hermano y hermana.

Abrí el refrigerador, tomé la leche y me serví un poco en un vaso, a mi me fascinaba la leche aunque mi madre aseguraba que de pequeña no era así, pero supongo que era porque ella insistía en dármela tibia cuando a mí siempre me ha gustado fría, me sabía mejor fría.
— ¿Sólo tomarás eso? —Hizumi bajó, ya se había bañado, estaba semi-vestido sólo usaba unos jeans negros aun si abrochar y con una toalla secaba sus negros cabellos, noté que en su pecho y hombros habían un par de marcas, marcas que yo había dejado la noche anterior.
—Es tarde —contesté y terminé de beber lo poco que quedaba en el vaso —. Me dejara el bus si no me apresuro.
—No te preocupes yo te llevo...
— ¡Nah! Estaré bien
— ¿Segura?
—Sí. —Pensé que con eso me dejaría en paz, en lugar de eso se acercó a mí... estaba muy cerca, demasiado.
— ¿Estás bien? —acarició mi mejilla con el reverso de su mano mientras la otra rodeaba mi cintura yo sólo pensaba: No me trates así, no me mires así que no es a mí a quien quieres, se hombre y recupera lo que perdiste, ¡ya déjame en paz!
— ¿Por qué no lo estaría? —mi mirada lo desafiaba al mismo tiempo que le decía: eso fue cosa de una vez y no volverá a pasar
— ¿Tu cuerpo está bien? ¿En serio estás bien?
—No soy una niña sabes, puede que haya sido mi primera vez con un chico pero eso no significa que... —me detuve al sentirme ruborizar pero luego proseguí —: las mujeres somos bastante creativas a la hora de estar en la cama. No me dolió nada así que ya deja de preocuparte
—Entiendo —besó mi frente y se alejó —. Que tengas un buen día
— ¡Hizumi! —casi grité al llamarlo, nos quedamos viendo y yo sentí el calor de mi cuerpo aumentar y los latidos de mi corazón acelerarse, mi fuerza de voluntad amenazaba con abandonarme y yo no me podía permitir mostrarme nuevamente tan vulnerable y débil —. No volverá a pasar, olvida lo de anoche o atesóralo como un bonito recuerdo o como una conquista más, a mi no me importa, haz lo que quieras o piensa lo que quiera de mí, yo sólo quiero que tengas bien presente esto: no volverá a pasar
—Lo sé.
A paso moderado se acercó al sillón de cuero que tanto me gustaba, tomó el control remoto y se acostó, al parecer no tenía intensión de volver a la universidad. ¡Qué estúpido! Como si no hubiese millones de mujeres en el mundo, ¿por qué tenía que ser esa Cindy? ¿Qué demonios la hacía a ella tan especial? Tampoco me importaba, me valía un comino lo que él hiciera de ahora en adelante, podía deprimirse todo lo que quisiera, llorar y lamentarse por perder a su “amorcito” el hecho era que así no la recuperaría, “Que estúpido que eres Hizumi”, pensé. Verdaderamente estúpido.


Tuve que correr para poder alcanzar el bus y para empeorar las cosas tuve que irme parada, un pervertido me acarició el trasero y un bebé casi me vomita encima. Así comenzaba todo. Como el bus iba tan lleno no pude bajarme a tiempo y terminé bajando una parada más lejos de donde debía por lo cual tuve que correr, y cuando uno siempre piensa que la cosa no podía ser peor, empeora. Mientras corría pasé cerca de un camión cisterna en el momento en que el hombre que lo operaba perdía control de la válvula, el agua salió por montones y a una presión exagerada mojándome toda. ¿Por qué me pasaba todo eso a mí?

Llegué a tiempo a clases pero al verme el profesor me pidió que por favor ni se me ocurriera recibir clases en ese estado, me mandó a secarme y de paso aprovechó para descargar todas sus frustraciones en mí, me regañó como nunca antes me había regañado alguien. A Luigi no le pareció, se levantó de su asiento le disparó al educador una mirada fulminante que lo dejó petrificado, me tomó de la mano y sin decirme nada me llevó a la azotea.

En realidad no era una azotea, más bien un espacio dejado con la intención de hacer una tercera planta, estaba estrictamente prohibido que los alumnos subieran ya que no había ningún tipo de barandales lo cual sumado a la altura hacía el lugar peligroso.

Luigi me quedó viendo con cara de ¿qué te pasó? Pero antes de preguntar se quitó la camisa del uniforme y me la ofreció.
—Por eso el profesor dijo que no podías recibir clases en ese estado —señaló apuntando a mi pecho. En verdad había sido descuidada, debajo de la camisa del uniforme siempre usaba un centrito, corpiño o como se llame, pero esa mañana por alguna razón había olvidado ponérmelo y para colmo el brá que llevaba era negro, así que era fácil sacar cuentas: camisa de uniforme blanca, más sostén negro, más agua, aquello ya se acercaba más a un show de camiseta mojada que a cualquier otra cosa.
—Me desperté tarde  —me quité mi camisa y me puse la de Luigi sin abotonarla luego tendí la mía sobre el suelo para que se secara un poco —, el bus venía repleto y me he bajado una parada después, se descompuso la válvula de una cisterna y... creo que sólo eso.
—Sucedió algo más
— ¿Por qué lo dices?
—Porque parece que te sucedió algo más —dijo. Me miró fijamente y luego se sentó en el suelo, no había donde apoyar la espalda así que se sentó con las piernas cruzadas.
—Sí. Sucedió algo más. —No quería que él se enterara porque era vergonzoso pero sabía que tarde o temprano se daría cuenta, además, ya había decidido decirle porque a mí nunca me gustó ocultarle nada y mucho menos mentirle.
—Dime —palmeó sus piernas indicando que me sentara sobre él y lo hice, me senté sobre sus piernas pero dándole la espalda, no quería ver su rostro al momento de la confesión.
—Tuve sexo con Hizumi —lo dije seca y cortantemente ¿para qué demonios andar con rodeos?, de que servía arrepentirme si ya todo había pasado
— ¿Lo consentiste?
—Sí. —Se quedó en silencio. Me tomó por lo hombros y me volteó, vi su rostro, mostraba una expresión serena
— ¿En verdad consentiste tener sexo con él? ¿Él te lo propuso?
—Fue más idea mía que de él y claro que estuve de acuerdo con acostarme con él...

Me abrazó y como yo llevaba la camisa aun sin abotonar pude sentir su cálida piel, el cuerpo de Luigi era divino, lo rodeé con mis brazos y jugueteé con sus largos cabellos, era reconfortante la sensación de tan lisos y sedosos cabellos, se deslizaban entre mis dedos con tanta facilidad y eso me gustaba. Me separé un poco apoyando ambas manos sobre su pecho denudo. Lo miré. Al inicio no entendí lo que vi. Hundió su rostro entre mis pechos y sentí su aliento, una de sus manos de deslizó desde mi codo hasta mi hombro, lentamente y casi sin darme cuenta me quitó la camisa, besó mi hombro derecho, lo quedé viendo y ahora si pude reconocer esa mirada: su mirada examinadora.

Me obligó a sentarme con las piernas a sus costados, levantó mi falda, la deslizó un poco sin que se viera mi ropa interior. Luigi me miraba, me examinaba. Me levantó también el brá dejando al descubierto mis senos, los miró sin tocarme, nunca me tocó simplemente me miró. Yo entendí lo que pasaba en ese momento y me puse de pie, me terminé de quitar el sostén, desabroché mi falda la cual se resbaló hasta tocar el suelo y me quité la ropa interior. Lo vi pero él seguía examinándome, poco a poco giré para que viera también mi espalda. Cuando hubo terminado me tomó de la mano y me sentó en su regazo, tomó la camisa y me cubrió con ella. En ese momento pensé que si alguien llegaba se nos armaría en grande.

El trauma de Luigi era mucho más grande que el mío. Cuando vio que ese hombre quería violarme me dijo que se había quedado petrificado, que en ese momento no supo qué hacer, su mente se había quedado completamente en blanco y su cuerpo paralizado, me dijo que nunca en su vida se había sentido tan inútil. Dijo que si no me hubiera escuchado pronunciar su nombre probablemente no me hubiese rescatado y eso lo hizo sentirse miserable. Dijo: “¿Por qué demonios tuve que esperar hasta que pidieras ayuda para ayudarte?”. Lo dijo mientras escondía su rostro, avergonzado consigo mismo, furioso consigo mismo. Esto me lo confesó a los catorce años, en ese entonces mis ojos se llenaron de lagrimas abracé a Luigi, lo besé repetidamente, lo llené de mimos mientras le decía que no tenía porque sentirse así, porque me había salvado, había impedido que ese hombre arruinara mi infancia y por eso le estaría eternamente agradecida. Esa fue la primera vez que le dije lo mucho que lo amaba.

—Puedes estar tranquilo Luigi, Hizumi no me forzó, lo juro
— ¿Sí?
—Sí, sabes que no puedo mentirte.
—Lo siento Eri, debí asustarte… comenzar a desvestirte de esa manera ¿Qué estaba haciendo? —suspiró, me miró y depositó un tierno beso en mis labios, luego colocó su mano sobre mi mejilla —. Supongo que aun no lo he superado.
— ¡No! Aun no lo has superado y eso me molesta. ¡Todo eso ya está en el pasado! Luigi ya deja de atormentarte por favor, ya todo pasó y yo estoy bien, nada volverá a pasarme, ¡Ya basta!
— ¡No puedo!
— ¡Luis! —Sólo cuando verdaderamente me enfadaba con él lo llamaba por su nombre —. Me lastimas, ya basta, desde ese entonces no ha pasado nada y no volverá a pasar, tú me ayudaste, me salvaste… ya déjalo… por favor.
—Lo siento —suspiró nuevamente pero esta vez más aliviado —. ¿Tienes frío?
—No, porque tu cuerpo está muy caliente, se siente bien —sonreí.
—Cuéntame, ¿Qué pasó?
—Hizumi está muy mal desde que Cindy terminó con él, creo que el pobre ni siquiera ha logrado asimilarlo, hasta cierto punto siento que es demasiado patético, pero quién soy yo para juzgar esas cosas. Lo vi tan mal Luigi, lloró. Sentí que quería ayudarlo, ahora que lo pienso había muchas otras formas de ayudarlo no sólo acostándome con él pero en ese momento no se me ocurrió nada más.
— ¿Fue gentil? ¿Te lastimó? ¿Te gustó? ¿Tomaste precauciones?
—Sí a la primera, no a la segunda y sí a la tercera y la cuarta —respondí riendo —. Hizumi fue gentil y hasta donde la situación lo permitía respetuoso, no me lastimó en ningún momento así que puedes estarte tranquilo, en cuanto a las precauciones yo misma se las puse y… me gustó… pero…
— ¿Pero? —Sostuvo mi rostro entre sus manos.
—Nada. —No le diría que me había sentido mal, no quería preocuparlo —. Si me gustó pero bueno también sentí algo de miedo, pero al final todo resultó bien.
—No me importa si quieres seguir teniendo sexo con él, ya sabes que ninguno de los dos somos mojigatos, no tiene nada malo disfrutar el cuerpo de uno y el de otras personas con tal que siempre sea con consentimiento y se sea responsable. Sólo tenía miedo, hasta anoche sólo habías compartido la cama con chicas, los chicos podemos ser unos completos idiotas cuando nos excitamos demasiado a tal punto que nos volvemos desconsiderados, no quería que no disfrutaras tu primera vez con un chico, pero ya puedo estar tranquilo.
—Siempre tan lindo.
—Si planeas seguir acostándote con él creo que debería a empezar a tomar la píldora, ¿nunca la has tomado verdad? Así que asegúrate de visitar un ginecólogo. Además nunca te confíes de él y siempre carga preservativos… como dije, si te gustó puedes seguir teniendo sexo con él cuanto quieras pero… si comienza a dolerte aquí —tocó mi pecho —, si te lastima aquí, déjalo.
— ¿Luigi?
—No quiero que te lastimen de esa manera, el dolor físico se olvida pero ese… no quiero que te lastimen de esa manera —llenó de besos mi pecho, aproveché ese momento para abrazarlo
—No te preocupes, no planeo volver a hacerlo. Para empezar la razón porque decidí acostarme con él fue estúpida, más que estúpida. Así que no lo volveré a hacerlo.
—Como tú quieras, ya sabes que yo siempre estaré aquí para apoyarte, pero si ese asiático decide pasarse de la raya más vale que me lo digas para ponerlo en su lugar.
—Luigi ¿qué haría yo sin ti?
—No mucho, pero estaría mucho más perdido yo sin ti.
—Te amo.
—Y yo a ti, esperemos un poco más para que se termine de secar tu ropa.
—Claro.
— ¿No estás incomoda de esta manera?
—Para nada ¿y tú?
—Así estoy bien, pero si se me duermen las piernas me tendrás que dar un masaje.
—De acuerdo.


Regresamos a clases hasta la quinta hora, en el aula ya corrían los rumores, incluso habían quienes afirmaban que nos habían visto teniendo sexo. Ignorantes, como si nuestra relación pudiese ser definida así de fácil. Nuestra relación no tenía nombre y no tenía limites, era especial, así que podían decir todo lo que quisieran igual no me importaba. Luigi era mi mundo, mi refugio, jamás habría nada sobre la tierra que arruinara lo que teníamos, porque cuando todos nos defraudaban con los únicos que podíamos contar era con nosotros.

Luego de que Luigi amenazara a toda la clase —incluido los maestros— que dejaran de cuchichear y de inventar rumores estúpidos, me sentí más aliviada. Las chicas fueron las primera en callarse y cómo no, si todas estaban loquitas por él. Los profesores nos miraban con mala cara, como si tuviéramos una “P” de promiscuos tatuada en la frente, y los chicos me trataban como si llevarme a la cama era la cosa más fácil de hacer en este mundo. Malditos idiotas, nos juzgaban cuando ellos eran peores, no había chica en el aula que Luigi no se hubiese comido ya, incluso un par de chicos se le habían acercado pero él los rechazó diciendo que mantendría el secreto. De paso también un par de profesoras tuvieron más de alguna noche de deleite con Luigi. A veces me preguntaba como tenía tanto aguante aunque tal vez era lógico ya que estaba en plena flor de la vida y más vigoroso que nunca.


Poco después del almuerzo comencé a estornudar, me resfriaría seguro sólo por unas gotitas de agua y por pasar horas desnuda cubierta solamente por una camisa y sobre el cálido regazo de Luigi, creí que eso me mantendría caliente lo suficiente para no resfriarme, pero luego vi que no.
Tenía planeado regresar a la casa cuando recordé la cita con Saray, lo más probable es que me dejara plantada pero igual no perdía nada en ir y esperar por si llegase. A Luigi no le pareció buena idea pero tampoco objetó, me dijo que si quería ir que fuera pero que si el resfriado me pegaba muy fuerte que después no estuviese llorando. No lloraría por supuesto.
Esta vez abordé el bus con más cuidado, me dirigí al centro de la ciudad, revisé mi casilla de mensajes para verificar la dirección. Estaba decidida. Si llegaba bueno me esforzaría un poco para que las cosas salieran bien y si no, ya encontraría a alguien más. Tampoco estaba desesperada.

El local era pequeño y no estaba muy lleno, me senté en una mesa ordené un café para no dormirme, por que como me había dormido tarde gracias a Hizumi, tenía sueño. Mientras esperaba exploré con mis ojos todo el lugar. Había un total de ocho mesas redondas con cuatro sillas cada una, eran de madera tallados en la parte trasera del respaldo con detalles florales. La decoración lo hacía parecer de época, antiguo, como del siglo diecinueve. Se podía percibir el leve sonido de la música pero era tan leve y la música tan armoniosa que parecía que todo era producto de mi imaginación... o de mi fiebre... Comencé a sentirme peor, mi garganta estaba seca, me dolía el cuerpo y la cabeza, estaba incomoda ahí sentada quería acostarme y dormir. Miré la hora, cinco y treintaisiete, me pareció que ya había esperado suficiente. Me dispuse a irme pero cuando me levanté de la mesa me tambaleé, estaba mareada lo que hizo que perdiera el equilibrio, sabía que en ese estado no llegaría muy lejos. Salí caminando a paso tortuga, pero más bien parecía una tortuga ebria. Choqué con un par de personas antes de caer al suelo, nadie me ayudó a levantarme, pero así somos las personas nunca ayudamos a los desconocidos. Tomé el celular de mi bolsillo por suerte había salido ileso del baño que recibí esa mañana. Como pude redacté un mensaje de texto, me salía más fácil hablar pero no lo hice porque no quería escuchar su voz.

Me senté en la acera a esperar y a los veinte minutos Hizumi apareció frente a mí con una cara de preocupación increíble. Débilmente le sonreí y él me sonrió de vuelta. Me tendió la mano para que me levantara y me ayudó a subir al auto. De regreso a casa se detuvo en una farmacia. Al llegar me cargó pero en lugar de llevarme a mi habitación me llevó a la de él que curiosamente estaba ordenada y limpia. Me acostó, luego bajó a la cocina por algo de agua, cuando regresó también cargaba paños húmedos. Los puso a un lado y luego se dirigió a su closet en donde de una de las gavetas sacó una camiseta. Se acercó a mí nuevamente sentándose al borde de la cama.

— ¿Qué te pasó?, esta mañana estabas bien.
—Agua en muchas cantidades, falta de ropa, aire libre, cosas así...
—Graciosa —suspiró —. ¿Ya comiste?
—Sí...
— ¿Puedes desvestirte?, ponte esto. — Me dio la camisa y se dio vuelta para no verme, como si no me hubiese visto desnuda ya.
—Si puedo —me quise sentar pero inmediatamente caí, seguía mareada
— ¿Está bien si...?
—Hazlo, no actúes como niño inocente ahora. —Primero me quitó los zapatas, luego las medias, desabotonó con tanta paciencia mi camisa que ya parecía otra cosa.
—Estás ardiendo —dijo después de quitarme a falda, no creía que tuviera la fiebre tan alta.
—Ayúdame —extendí mis brazos para que me ayudara a sentarme, intenté quitarme el sostén pero mis brazos estaban demasiado débiles —, quítamelo, es incomodo sabes.
—Como quieras...
—Demonios, no me siento nada bien —murmuré mientras me ponía la camiseta,
—Toma esto.
—Gracias. —Se me dificultó un poco tragar la medicina.
—Con eso debería bajarte la fiebre, por ahora descansa.
—Gracias.
—No lo agradezcas, sólo mejórate —colocó un paño húmedo sobre mi frente —, en serio tienes la fiebre muy alta, iré por el termómetro…
—No —tomé su mano impidiendo que se fuera —, quédate. “¡Demonios! En serio estaba delirando”.
No sé qué expresión adornaba mi rostro en el momento que le pedí que se quedara pero si supe que expresión era la que había puesto Hizumi. Primero me miró desconcertado, mantuvo esa mirada por varios minutos, después su rostro se tensó, sus labios temblaron, me pareció que quería decirme algo pero no dijo nada. La tensión desapareció sustituida ahora por un rostro confundido, la confusión se comía a Hizumi, lo devoraba por dentro sin saber cómo detenerla, lo vi y sólo con eso fui capaz de deducir muchas cosas.

Tomó mi mano, la misma que lo había detenido, la entrelazó con la suya y la llevó hasta su mejilla y después a sus labios. Su mirada ahora era tierna, cariñosa, se veía hermoso de esa manera y hasta algo infantil. Me gustaba. En ese momento supe que él me gustaba. Claro que ese descubrimiento no me gustó mucho y mucho menos me alegró. No era una chica soñadora, jamás había anhelado un romance de cuento de hadas, aunque sabía que con Hizumi igual jamás tendría tal cosa. No podía permitir que nuestra relación avanzara más, corría gran riesgo de enamorarme como ya lo había mencionado Luigi, debí haberle escuchado después de todo él me conocía más de lo que yo misma llegaría a conocerme. Me había prometido a mí misma jamás enamorarme. Cuando uno se enamora, aun cuando el sentimiento es correspondido, se sufre. Yo siempre quise y he querido una vida tranquila y sin complicaciones y no había nada más complicado que el amor. Nada de amor, nada de romance, nada de parejas formales, me había dicho a mí misma. ¿Qué pasó?

Hizumi se inclinó hacia mí, me besó en la mejilla izquierda luego en la derecha, la frente y parecía que también quería besarme en los labios.
—Puedo contagiarte —lo detuve —, que tal que es gripe y no un simple resfriado.
—No importa...
—Es en serio onii-sama —quise recordarle que tipo de relación era la que teníamos pero hubiese sido mejor llamarlo hermano en el buen castellano.
—Me gusta mucho cuando me llamas así, lo pronuncias muy bien y hay veces que siento que me llamas así para incitarme.
— ¡Jamás lo he dicho con esa intención! —espeté —. Yo jamás…
—Entonces esto que tenemos, esta atracción que siento… ¿qué hago con ella?... Érika, ¿qué se supone que debo hacer?
—No me preguntes esas cosas, se supone que tú eres mayor, compórtate como tal. Yo no soy Cindy ni siquiera me parezco a ella, deja de descargar todas tus frustraciones en mi, te dije que te ayudaría una vez y esa vez ya pasó, confórmate con lo que te di y por dios ya supéralo, si tanto la amas porque no vas y la buscas y le ruegas como un estúpido que regrese contigo… ya deja de jugar conmigo…
—Lo siento...
—Déjame, quiero dormir.
—De acuerdo pero antes quiero que sepas, que jamás fue mi intención jugar contigo, de ahora en adelante prometo comportarme, hermanita.
Su sonrisa me pareció demasiado triste. Cuando lo vi alejarse sentí una incomodidad en mi pecho que puedo asegurar no era producto del resfriado.


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