Onii-sama 6



~Capítulo 6~

Seguía observándome en el espejo cuando me percaté de que Luigi ya se había demorado un poco. Así que decidí ir buscarlo, lo cual no me resultó nada difícil. Estaba en la barra, platicando con una chica. A pesar de lo tenue iluminación pude notar que la chica llevaba el cabello corto, una mini falda que apenas dejaba algo a la imaginación y que hacía resaltar sus esbeltas piernas, y los zapatos, demasiado altos a mi parecer, hacían que su linda parte trasera resaltara acaparando varias miradas, la blusa parecía algo más recatada que el resto de su atuendo excepto por el prolongado escote que mostraba sin censura su sensual espalda hasta la parte donde esta se convierte en otra cosa. Sus gestos para con Luigi eran abiertamente coquetos, y pude apreciar que de vez en cuando ladeaba la cabeza de una manera casi infantil que contribuía a que se viera más encantadora. “¡Bien hecho Luigi, tremenda conquista!”, pensé. Me acerqué a ellos sin la intención de interrumpir, sólo tomaría el vaso con hielo o lo que quedaba de hielo que Luigi cargaba.

—Aquí viene —le comentó Luigi a la chica —. Eri ella es Saray, Saray ella es Érika.
—Mucho gusto —saludé con unos modales que no se parecían para nada a los que generalmente acostumbraba.
—Encantada, tu amigo es bastante simpático, supongo que puedo esperar lo mismo de ti.
—Luigi es un amor por naturaleza, después de unos minutos conmigo comenzaras a preguntarte cómo es posible que seamos amigos.
—Me gustaría averiguarlo si no te molesta —se dirigió a Luigi con una brillante sonrisa.
—Para nada —contestó él —nos vemos luego.
—Nos vemos luego.
Nos dirigimos a uno mesa, pedimos un par de cocteles algo ligeros de alcohol y sin más comenzamos a platicar de cosas que no eran precisamente interesantes pero que siempre garantizaban una conversación amena sin correr el riesgo de que la otra parte se sintiera excluida.
Mientras la noche iba avanzando, la música se hacía más estridente, el lugar estaba ahora más abarrotado que horas atrás y Luigi bailaba con dos ardientes chicas. Las afortunadas se novían sensualmente a su alrededor y más de una vez vi cómo le estrujaban el trasero sin pudor alguno, cosa que a él, nunca le ha molestado. Por otra parte a nosotras ya en varias ocasiones uno que otro chico se nos había acercado para invitarnos un trago o a bailar, pero rechazamos las ofertas una tras otra a medida que se presentaban, al final captaron el mensaje y dejaron de acercarse.
—Tu amigo es bastante popular.
—Siempre ha sido así desde que lo conozco.
—Baila muy bien.
—Si… Sabes él nunca juega a hacerse el difícil, así que…
— ¡Oh! No, no, no, por favor no me mal entiendas, tu amigo es un preciosidad pero no es él quien me interesa.
— ¿Ah no? —Apoyé mis codos sobre la mesa sosteniendo mi rostro con mis manos entrelazadas, me incliné ligeramente hacia ella y poniendo la mirada más seductora que tenía en mi repertorio, pregunté —: Entonces, ¿no te importaría decirme cuáles son tus intereses?
—Mis intereses en este momento llevan una blusa negra y tiene unos labios ardientes que me muero por besar.
— ¿Podrías ser más... específica?
— ¿Así estaría bien? —preguntó y rápidamente se acercó más y me besó.

Y así comenzó un juego que para ser honesta me encantaba, sus labios jugaban con los míos y mis labios con los de ella. Besar a una desconocida era placentero, liberador y sobre todo estaba completamente libre de compromisos. La chica parecía mayor que yo, universitaria sin temor a equivocarme, pero aun así no le molestaba que yo tomara las riendas del juego. Sin temor de ser vista, comencé a acariciar sus piernas que sin duda fue lo primero que acaparó mi atención, Saray se dejaba hacer, de hecho sus besos cada vez más apasionados me invitaban a hacer más y con lo corta que era la falda que llevaba supe que no tendría problema, no lo hice por la leve gota de decencia que todavía se negaba a abandonarme. Así que sabía que si la cosa seguía a ese ritmo terminaríamos sobre calentadas. Decidí levantarme, tomé su mano y la invité a bailar. Sonrió y aceptó inmediatamente… y cuando menos lo supe, me di cuenta que no tenía nada que envidiarle a Luigi. Saray se movía sensualmente alrededor mío, está de sobra mencionar lo bien que se movía comparada conmigo cuyas habilidades para el baile todavía dejaban mucho que desear.
La noche transcurrió de la misma manera, la música y el alcohol sólo contribuyeron a que la velada comenzara a desarrollarse, el resto ya fue cuestión de nosotras. Estábamos tan acaloradas que abandonamos el local para tomar algo de aire fresco y entre sonrisa y sonrisa, parecía que la noche aun daba para más.
—Me gustaría tanto llevarte a mi apartamento —susurró a mi oído mientras me empujaba hasta que mi espalda se topó con la pared.
— ¿Y no se puede? —pregunté y la besé superficialmente.
—Desgraciadamente no, mi amiga está de cumpleaños y ella y su novio… bueno la tipa es tan inocente que a pesar de que ya llevan casi el año juntos apenas hoy iba a ser su primera vez, o por lo menos eso era lo que tenía planeado.
—Bueno como es para una buena causa tendré que conformarme con esto… —La sujete de la cintura y la atraje hasta mí, capturé sus voluptuosos labios con los míos con la intención de no soltarlos por un buen rato
— ¿No podemos ir a tu casa?
—Quisiera… —La besé —, pero no vivo sola...—En eso recordé el viejo y abandonado apartamento en donde solía vivir, quedaba algo apartado pero el sacrificio valía la pena, Saray era condenadamente ardiente.
—Entonces me conformaré con que me des tú número, si esto termina aquí de esta manera quedaré muy decepcionada —me besó —, a la primera oportunidad que tenga te llamo, prometo que no te arrepentirás.
—Señorita, con una propuesta como esa, ¿cómo puedo negarme? —reí, tenía unas copas encima y parecían haberme afectado por más que yo lo negara.

Intercambiamos números telefónicos y seguimos con el toqueteo y los besos hasta ya bien entrada la madrugada. Era hora de regresar a casa. Nos despedimos con la promesa de volvernos a encontrar aunque fuese sólo una vez más ya que habíamos dejado demasiados asuntos pendientes.
Todo fue maravilloso… excepto que había olvidado el pequeño detalle de que ese día también tenía clases y no podía darme el lujo de faltar dos días seguidos, quería pero recordé que ya tenías varias fallas y no quería que llamaran a mamá para que se presentara en el colegio a dar la cara por su irresponsable hija.
Esa mañana después de haber dormido aproximadamente una hora, me alisté a paso tortuga, el sueño me estaba matando y más aún el dolor de cabeza. No sabía si Luigi se tomaría el día, ya que él si podía hacerlo, era más responsable que yo aunque no hiciera las tareas, pensé en llamarlo pero sabía que si me decía que no iba a ir al final yo tampoco iría. Salí de casa ese día sin ver a Hizumi, no es que me moría por verlo, pero tampoco me haría daño pegarle una miradita, de igual manera no lo vi.
Al llegar al colegio Luigi me esperaba en la entrada.

— ¡Luigi!, mi único y verdadero amor, ¿Qué haría yo sin ti?
—Pensé que parecerías zombi —me revolvió el cabello.
—Yo pensé que tú serias el muerto viviente de esta mañana, no yo —suspiré.
—No bebí tanto como tú, deja te ayudo —. Me cargó “como princesa” esa es la forma en que la gente generalmente se refería cuando era cargada una mujer de esa manera (culpa de las tontas películas románticas), me sujeté rodeando su cuello con mis brazos, aprovechando el momento para darle un breve beso de buenos días.
— ¿Te divertiste anoche?
— ¿Cómo preguntas eso? ¡Pues claro que sí! Muy linda la chica y para nada tímida.
—Sabía que te gustaría, ¿cómo quedó la cosa?
—Pues intercambiamos números...
—Me hubieras pedido las llaves del auto.
—Es que pensé que lo estarías ocupando como después de un rato te perdí el rastro, de haberlo sabido lo hago… si esto sigue así me frustraré sexualmente...
— ¿Te estás escuchando? —rió casi a carcajadas —. Luego parecerás una vieja amargada.
—No bromees con esas cosas que pueden terminar convirtiéndose en realidad —fingí alarma.
—Mi cielo no te pongas así, sólo ha sido una broma —dijo con tono dramático.
—Cariño ya lo sé —imité la forma en que él había hablado y reí —. Luigi…
— ¿Me amas?
— ¡Buuu!, es aburrido si ya sabes lo que te voy a decir.
—Está bien… —suspiró rendido —, dime.
—Te amo.
— ¿Eri?
— ¿Si?
—También te amo.
— ¡Ya lo sé!

Me las pasé durmiendo en todas las clases, sólo despertaba al momento que los maestros tomaban la lista de asistencia, a ellos lo único que les importaba era que yo estuviera presente, hacía varios meses que se habían rendido conmigo y me habían dejado en paz, me habían dicho algo así como que no tenía remedio, cosa que no fui capaz de poner en duda.
De regreso, Hizumi estaba como de costumbre viendo televisión y yo mucho más descansada por todo lo que había dormido en el colegio. Sin decir nada me senté a su lado a ver lo que él estaba viendo y como no me gustó el programa: “Las especies más raras del reino animal: Mamíferos”, decidí arrebatarle el mando cosa que no pareció molestarle, si no menos recordaba tenían que estar transmitiendo “Fullmetal alchemist” en algún canal... pero no encontré el bendito canal porque Hizumi decidió usar mis piernas como almohada y eso supuso la pérdida de gran parte de mi concentración, cambiaba los canales a un ritmo descontrolado y ni siquiera veía la televisión, “¿Por qué me pones de esta manera?, me pregunté a mi misma con un tono bastante desesperado. Terminé rindiéndome y apagando el aparato.
Sobre mis piernas, el rostro de Hizumi se veía apacible y relajado, de nuevo llevaba el piercing en su labio y el de la oreja también. Viéndolo tan tranquilo me pregunté si realmente estaba en la universidad ya que yo nunca lo había visto salir y cuando salía era por breves periodos de tiempo. Sus labios esbozaron una sonrisa mientras se ponía completamente boca arriba, nunca en mi vida me había sentido tan tentada de comerle los labios a alguien.
Ya no podía negar la creciente atracción que sentía hacía él, lo único que negaba fervientemente era el hecho de que existiera la posibilidad de estar enamorada o de llegar a enamorarme de él. Nunca había ocurrido y me parecía ilógico que un buen día ocurriera así de repente. Me gustaba Hizumi, sí. Me gustaba que fuera delgado pero aun así de complexión fuerte, me gustaba su cabello negro y la forma en que lo arreglaba, me fascinaba su manera de vestir, sobria pero llena de estilo; sus profundos y expresivos ojos negros, sus labios bien definidos, su forma de expresarse, sus gestos... todo eso me encantaba. Pero en cuanto a su personalidad no estaba muy segura, lo había visto sereno, enojado, indiferente, lo había visto llorando, riendo, incluso vi una pizca de inseguridad en él después del beso que compartimos. ¿Inseguridad a qué o por qué? Yo me sentía igual de alguna extraña manera, no lo podía negar, pero el por qué me era totalmente desconocido.
Supuse que existía la ligera posibilidad de que él se comportara de esa manera por su reciente ruptura, no era algo que yo entendiese ya que en realidad nunca me había sentido mal cuando terminaba con alguno de mis novios o novias, pero para las personas sensiblemente normales creía que la situación les caía ligeramente diferente y que reaccionaba de una manera la cual me atrevo a llamar normal comparada a como yo lo hacía. No es que no me importara, es sólo que siempre había creído que no se debía llorar sobre la leche derramada, si una relación no funcionó no queda de otra más que esperar la siguiente, hay muchas personas en el mundo, así que quedarse solo con una es, a mi parecer, especialmente ridículo. Al final todos terminamos cansándonos de todo.
Pero en ese momento el punto era que los labios de Hizumi me resultaban extremadamente encantadores, la pequeña degustación que me había ofrecido ya no me parecía suficiente así que me permití suponer que no haría daño a nadie al posponer el “no volverá a pasar” uno o dos días más. Comencé acariciando su rostro y sus labios con las yemas de mis dedos, su piel era suave y tersa, ¿en realidad era un hombre? El incidente de la vez pasada me había demostrado que así era, había visto su hombría en toda su extensión. Pero ahora era su rostro el que me inquietaba.
No supe controlarme por más tiempo, quería besarlo y lo hice. Sentir nuevamente la sensación de sus labios contra los míos fue aún más tentadora y mucho más excitante de lo que recordaba y eso que apenas habían pasado unas horas, aunque como el beso carecía de sentido alguno ya que no me era correspondido, la situación de pronto me comenzó a parecer estúpida así que me detuve mientras me preguntaba a mí misma: ¿Qué demonios estás haciendo?
Con cuidado de no despertarlo, levanté un poco su cabeza, lo suficiente para poner un cojín abajo y así poder irme de ahí. Llegué a mi habitación con la respiración agitada y con un fuerte martilleo dentro de mi pecho, sabía que si me miraba en el espejo vería mi rostro enrojecido, así que no lo hice. “¡Demonios Eri!, ¿Qué sucede contigo”.  Quería que alguien me dijera que era lo que sucedía para así poder estar más tranquila, en ese momento todos mis pensamientos eran un caos, se contradecían unos con los otros a tal punto que comenzó a dolerme la cabeza. Decidí dormir porque en realidad no había otra cosa que pudiera hacer en ese momento.
Apenas había cerrado los ojos cuando escuché timbrar mi teléfono. Era un mensaje de texto:
“Anoche la pasé de maravilla, espero que se repita pronto. Me gustaría verte lo antes posible, sólo avísame cuándo y enseguida iré por ti. Besos. Saray”.
Una sonrisa, esa fue la única manera en la que pude reaccionar y como estaban las cosas pensé que no me caería mal verla pronto, y entre más pronto mejor. Necesitaba que alguien me sacara a Hizumi de la cabeza, era agobiante. Contesté el mensaje:
“También la pasé muy bien, no me gusta andar con rodeos y de ser posible me gustaría verte ahora”.
Saray contestó:
” ¿Dentro de una hora te parece?”.
Contesté afirmando que si podía y luego recibí la dirección del lugar donde nos veríamos. Enseguida me metí al baño. Mi cuerpo sentía la cálida y reconfortante sensación del agua tibia, lo que ayudó a que por unos segundos mi mente se quedara en blanco, ya estaba cansada de pensar tanto, de imaginar tanto, ya no soportaba todos esos sentimientos tan confusos que me acechaban, si la cosa continuaba así terminaría loca y lo que más me disgustaba era que Hizumi era el culpable de todo. Necesitaba que su padre y mi madre regresaran pronto para así poder empezar con ese jueguito llamado familia.
Me vestí y medio me arreglé el cabello, tomé las llaves de la casa y mi celular y salí de la habitación con cuidado de no toparme con Hizumi y rogando que aun estuviera dormido y que no se despertara al escucharme salir. ¿Acaso pedía mucho?
— ¿De juerga otra vez? —Su voz llegó desde atrás lo que me provocó un horrible escalofrío
—Voy a tomar algo con unas amigas...
— ¿Y para tomar algo con unas “amigas” vas vestida de esa manera?, y yo que pensé que la ropa que había escogido para ti no te había gustado
—Es porque aquí no tengo otra, además que yo sepa, y que conste que tú mismo lo dijiste, la ropa me la dio tu padre y la mayoría la escogió Cindy... — ¡Ups! En ese momento supe que había dicho algo que no debería haber dicho y la expresión de Hizumi confirmó mis pensamientos
—Por eso es la usas, ¿no es así? —sin censura alguna tocó o más bien estrujó mi trasero como si tuviera el derecho de hacerlo, en ese momento me enfurecí como nunca antes
— ¡¿Quién demonios te crees?! —pregunté sin darme cuenta que mi puño había hablado primero que yo, lo había golpeado fuertemente en el rostro, la ira me había segado y únicamente me di cuenta que lo había golpeado por el dolor en mi mano y por la mejilla de Hizumi que ya estaba ligeramente inflamada y enrojecida
—Debes agradecer que soy lo suficientemente hombre para no golpear a una mujer —. Su tono de voz sonaba demasiado amenazador —, pero supongo que ya encontraré otra manera de desquitarme
—Pero veo que eres lo suficientemente hombre para tocar a un mujer sin que esta te dé permiso. No seas estúpido, ¿qué demonios pasa contigo?, no entiendo por qué de la nada te comportas de esa manera, ¿Qué demonios te he hecho? —En ese momento sentí la necesidad de irme la más pronto posible —. Ya no tiene caso seguir discutiendo contigo, ¡me voy!
— ¡No vas a ningún lado! —me tomó de la mano y me haló hacía él —, no te lo permito
— ¡Jah! Como si necesitara tu permiso. Yo voy a donde se me pega la gana, con quien se me pega la gana, a hacer lo que me da la santa y regalada gana, ¿Qué te importa a ti? Así que “oniisama,” ¡puedes meterte tu permiso por donde mejor te quepa! —Pude liberarme de él, pero fue en vano porque nuevamente me tenía atrapada entre sus brazos
—Eres bastante indomable...
—No soy ningún animal así que no te permito que me trates de esta manera.... ¡Ah! —grité tratando de dejar escapar lo molesta que estaba —. Maldito loco ¡Te odio!
—Mentirosa...
— ¡Te detesto! ¡Suéltame!
—Hace unos minutos no parecía así, mira si no eres atrevida, robarle un beso a tu hermano.... per-ver-ti-da...
—Eso...
— ¿Eso qué? Vamos mírame
—No quiero...
— ¡Mírame!
— ¡No quiero!
— ¡Érika!
— ¡YA BASTA! —grité, estaba tan enfadada, tan confundida que sentía que lloraría en cualquier momento —. ¿Qué es lo que quieres de mí?, acaso... ¿esperas algún tipo de consuelo en mí después de lo que sucedió con Cindy?
—Yo...
—Siento mucho que las cosas con tu novia no hayan resultado pero yo no tengo nada que ver en eso, si estas enfadado porque ella te dejó no tienes por qué desquitarte conmigo, yo no te he hecho daño alguno —me dejé caer al suelo, Hizumi permaneció parado durante unos segundos, como si pensara cuidadosamente las palabras que me diría.
—No...
—Hizumi... —me levanté, me puse sobre mis dos piernas y al ver su mirada llena de desconcierto no pude contenerme más. Sabía que estaba cometiendo un error muy grande, que lo que Hizumi buscaba en mí tan desesperadamente no podía ser más que consuelo pasajero para su lastimado corazón, pero a mí eso no me importó, sólo quería comérmelo a besos —. En verdad lo siento... —besé su mejilla —, también siento haberte golpeado... —le besé los labios.
—Es mi culpa —me regresó el beso —, me he estado comportando como un idiota, y tienes razón, no es tu culpa —me besó otra vez.
—Ya terminemos con esto —susurré y luego lamí sus labios de manera sensual y provocativa.
—Me parece bien...
Mi cuerpo tembló al sentir como sus brazos rodeaban mi cintura y me acercaban más a su cuerpo, el calor que despedía era algo que rara vez había sentido. Su aliento tan cerca de mi rostro, esa apasionada mirada que no me pertenecía, ese corazón que no latía por mí. Por primer vez experimenté algo demasiado parecido a los celos, si yo hubiese tenido algo así jamás lo hubiera dejado ir. También por primera vez dudé, cuestioné mi vida y mi comportamiento, incluso mi forma de pensar... con unos pocos segundos entre sus brazos ya había perdido la razón, mi cuerpo era el que tenía control absoluto de cada una de mis acciones, me dejé dominar por lo más bajo del instinto humano.
Sin intercambiar palabras nos dirigimos hasta su habitación, esa iba a ser mi primera vez con un chico, me percaté completamente de ello mientras Hizumi me desvestía. Estaba completamente acostada sobre la cama y él me despojaba de la ropa y besaba al mismo tiempo, deslicé mis manos hasta su cintura para desabrocharle el cinturón, y para quitarle la camisa, acaricié su abdomen, sus brazos y me entretuve con su cabello mientras él cariñosamente jugaba con mis senos, con sus manos los acariciaba arrancándome varios suspiros y al sentir su lengua en uno de mis pezones mi cuerpo se estremeció a tal grado que sentí que no sería capaz de soportar otra caricia más.
Mi cuerpo vibraba con tan solo sentir su aliento en cada centímetro de mi piel, unos cuantos besos y yo ya estaba completamente rendida ante el placer que se me era proporcionado. Mi corazón latía descontroladamente y mi respiración estaba agitada, y se agitó aún más al sentir sus agiles manos mientras exploraban sin pudor alguno todo mi cuerpo. Capturó nuevamente mis labios con los suyos y sentí como sutilmente deslizaba una de sus manos entre mis piernas, sus dedos se deslizaban fácilmente gracias a lo húmeda que estaba. Los estímulos duraron varios minutos pero durante ese tiempo gemí como nunca antes recordaba haberlo hecho.
—Espera un… —se inclinó y sacó un preservativo de la mesita de noche que estaba al lado. Aprovechando el momento invertí nuestras posiciones
—Yo te lo pongo —sonreí pícaramente, terminé de quitarle los jeans y el bóxer que usaba, con mis manos lo estimulé un poco y en ese instante su rostro perdió la compostura que hacía unos momentos atrás se había esforzado en mostrar, cerró los ojos y de su boca entreabierta se escaparon varios suspiros. Saqué el preservativo de su empaque y lentamente comencé colocarlo deslizándolo cuidadosamente sobre su erección
—Érika… — “¡No digas mi nombre!”
— ¿Sucede algo?
—Lo siento...
—Hipócrita, si en verdad lo sintieras no estaríamos en la cama en primer lugar, ahora que ya hemos llegado tan lejos lo mejor que ambos podemos hacer es disfrutar
—Tan directa como siempre, eso fue lo primero que me gustó de ti.
—Claro… —Habiendo terminado lo que estaba haciendo me di a la tarea de besar a Hizumi en todo lugar que se me antojara, su abdomen, su pecho, su cuello, sus brazos e incluso sus manos, pero sus labios eran mi lugar favorito
—Planeas comerme vivo —sonrió.
—Si se pudiera ya lo hubiera hecho —bromeé —. Y qué, ¿acaso tú no quieres comerme?
—Si lo dices de esa manera… —invertimos posiciones nuevamente, Hizumi capturó mis labios de una manera tan apasionada que me quedé sin aliento —. ¿Lista?
—Hazlo-
Sentir como lentamente mi cuerpo era invadido fue extraño, cerré los ojos fuertemente pues en realidad no sabía que esperar. Me sentía de alguna manera estúpida por la ignorancia en la que me vi sumida durante los segundos que Hizumi tardó en penetrarme. Sentí que ondas eléctricas viajaban por todo mi cuerpo, era como el vaivén de las olas, pero lo hacían tan lentamente que podía darme el lujo de disfrutarlas una por una. Me aferré fuertemente de sus hombros mientras me estremecía con cada una de sus embestidas. En ese momento deseé que fuera más rudo conmigo, pero en lugar de eso era tan amoroso, tan delicado y cariñoso que por un momento sentí que en realidad me quería. Me obligué a desechar ese pensamiento en el momento que sentí que mis ojos ardían por las lágrimas que me rehusaba a dejar escapar.
Cada pedazo de mi ser temblaba entre sus brazos y aunque físicamente sí disfrutaba el momento, por dentro la situación era totalmente diferente. Y al final todo el placer que sentí fue seguido por una insoportable sensación de vacío.

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