Onii-sama 5


~ Capítulo 5 ~

— ¡Detenme!  - casi parecía que me estaba rogando.
—Incluso aunque yo no te detenga, sé que no serás capaz de hacerme nada.
—No me conoces —separó su rostro de mi pecho y fuertemente tomó uno de mis senos con su mano, un leve gemido se escapó sigilosamente de mis labios —no me conoces, no sabes de lo que soy capaz.
—Tienes razón, no lo sé... pero, alguien que se ha enamorado de la manera que tú lo has hecho no es capaz de tomar por la fuerza a alguien que quiera o que no quiera si vamos al caso... No puedes hacerme nada, estás dolido simplemente y no sabes que hacer para que ese dolor desaparezca.
—Yo... —me soltó, se levantó del suelo y se sentó en la orilla de la cama, su mirada transmitía demasiado dolor y desolación, era como un alma perdida en medio del desierto.
—No soy buena cuando se trata de estas cosas, pero si sé que nada de lo que te diga te ayudara a aliviar el dolor que estás sintiendo.
—Lo siento.
—No es necesario que te disculpes.
Me puse la camisa y me senté a su lado, ya no había lágrimas en sus ojos y aun así me parecía que estaba más triste que nunca, jamás había visto a una persona en tal estado, ni siquiera creí que fuera posible.
Lo abracé, el me devolvió el abrazo, a los pocos minutos yacíamos acostados en la cama, uno al lado del otro, viéndonos fijamente y sin decir nada. Poco a poco fui viendo como Hizumi se quedaba dormido. Retiré algunos mechones de cabello que traviesamente se posaron sobre su rostro, el cual aproveché para acariciar, sus ojos estaban inflamados y pude notar claramente las ojeras debajo de estos, sus labio inferior también estaba inflamado, seguro el mismo lo había mordido pero no me percaté en qué momento lo hizo. En ese instante, al verlo descansar tan plácidamente y escuchar su acompasada respiración, olvidé por completo todo lo que acababa de suceder, o el hecho de que haberlo visto tan desesperado me había dolido de sobremanera, mucho más de lo que me hubiese gustado aceptar.

Desperté algo desorientada, la habitación estaba sumida en la oscuridad por lo que supuse que aun era de noche o de madrugada y que aún faltaban un par de horas para ir a clases, así que al asegurarme de que Hizumi permanecía a mi lado volví a dormir. Desperté una segunda vez y vi que todo seguía en total oscuridad, no tenía noción del tiempo y con lo rico que sentía la cama, me volví a dormir. No sé cuánto tiempo después el estruendoso sonido de mi teléfono celular inundaba la habitación, la canción que usaba de ringtone era de una de mis bandas metaleras favoritas así que no era precisamente una balada romántica y fue por eso que tanto Hizumi como yo nos despertamos casi al instante.
—Haz algo con eso —gruñó el asiático mientras metía su cabeza debajo de la almohada, malhumorado por la súbita interrupción de su plácido y reconfortante descanso.
Me levanté de la cama, guiándome por el sonido, llegué hasta donde estaba tirado mi celular, ni idea de cómo llegó hasta allí, no quería contestar porque aun tenía sueño pero a Luigi jamás le negaba una llamada
—Moshi, moshi Luigi. ¿Por qué llamas tan temprano?
— ¡¿Temprano?! Son las 11:00 AM — lo dijo asi.
— ¡¿Eh?!
—Ya casi es medio día, ¿se puede saber por qué no has venido a clases? —Aunque me estaba regañando la voz de Luigi no parecía para nada enfadada, sino más bien preocupada — ¿te pasó algo?
—No —bostecé ruidosamente —sólo me he quedado dormida.
— ¿Te desvelaste?
—Sí —, bostecé nuevamente —jugando nintendo con mi onii—sama.
—Así que de repente ya se llevan bien nuevamente.
—Más o menos —volví a bostezar —Oye Luigi, te llamo luego, el sueño me está comiendo viva.
—Está bien vete a dormir.
—Luigi.
— ¿Si?
—Te amo.
—También yo, que descanses.
Terminé la llamada y me fijé que efectivamente ya casi era medio día, cosa que no me importaba, puse el teléfono en modo silencioso y nuevamente me dirigí a la cama. Hizumi hizo algo de espacio bajo la sábanas al mismo tiempo que con una sonrisa me invitaba a que volviera a su lado, así lo hice. Dejé que me rodeara con sus brazos, sentía su cálido aliento sobre mi nuca y eso fue suficiente para que rápidamente me quedara dormida.
Cuando desperté, según mis cálculos, tres horas después; Hizumi ya no estaba así que me permití disfrutar con lo espaciosa que era la cama y lo bien que había dormido gracias a ella. Esperaba que la que se estaba preparando para mí fuera igual a esa o por lo menos similar.
Con torpeza y de mala gana me levanté y como pude me dirigí hasta la cocina, quería bañarme pero mi estómago tenía prioridad así que tenía que ver si por lo menos había algo que tuviera controlada mi hambre aunque fuese por unos momentos. Ya después, al estar más despierta, vería que comía. Pensé que si la suerte estaba de mi lado me encontraría a Hizumi en la cocina, cocinando un delicioso desayuno/almuerzo, me miraría y antes de que el siquiera me invitara a comer yo ya estaría devorando lo que fuera que se le hubiese ocurrido cocinar... pero no fue así. Él no sólo no se encontraba en la cocina si no que después de varios segundos de meditación de mi parte y después de haber recuperado parcialmente el control sobre mi raciocinio, me percaté que la casa parecía desierta. Lo primero que pasó por mi mente fue: “Espero que no hayas cometido ninguna locura, y si la haz cometido espero no verme vinculada ni haber influenciado de ninguna manera a empeorar tu ya depresivo/suicida comportamiento” La sutileza nunca formó parte de mi diario vivir y no es que me hiciera falta tampoco.
Y tampoco era que creía a mi “Onii—sama” tan estúpido, pero eso es algo que uno nunca puede llegar a saber a ciencia cierta, al menos que alguien desarrolle una escala para medir la estupidez en las personas, cosa que sería bastante útil sin duda.
En fin, fui hasta el refrigerador, tomé algo de jugo directamente del embace lo que hizo que recordara que mamá jamás me había llamado la atención por mí no muy recatada manera de beber jugo. Aunque yo misma me decía que no requería mucho esfuerzo sacar un vaso, me gustaba más beber directamente del embace, cosas mías. Me quedé esperando que algo, lo que fuera, pasará, pero al ver que no era así subí a mi habitación, más exactamente al baño. Era hora del aseo personal.
A pesar de que por el momento me hospedaba en la habitación para los invitados, el cuarto de baño de dicha habitación era enorme. Hasta el fondo estaba la tina de baño y la ducha, a la derecha el retrete y a la izquierda un enorme tocador con el lavamanos en el centro y mucho de esos jaboncitos con formas y delicadamente tallados los cuales estaban en una cesta bastante simple y que de alguna manera contrastaba con el resto de la habitación, en la pared por encima del tocador había un espejo que cubría casi por completo la pared, lo cual me acomplejaba por alguna razón. Todo estaba sobriamente decorado con una combinación de tonalidades azul marino y beige y con pequeños detalles de algo que a mi parecer eran caballitos de mar pintado de una manera bastante abstracta y demasiado llamativa para mi propio gusto.
Comencé a desvestirme con toda la pereza del mundo, no importa lo que hiciera mi cuerpo desnudo siempre se veía reflejado en el enorme espejo, al verme recordé la manera en que Hizumi me había besado la noche anterior, me estremecí y casi entré en pánico al recordar que yo le había correspondido. Pasé mi mano desde mi cuello, pasando por entre mis pechos hasta llegar a mi vientre e iba un poco más abajo, pero me detuve. Me quedé viendo a mi misma reflejada en el espejo y suspiré mientras me decía a mí misma: “ya estas grandes para estas cosas”. No sé con qué sentido lo dije, pero ayudó a calmar la ansiedad que cada vez se hacía más común en mí.
Al salir de la ducha me percaté que ya no tenía hambre a pesar de que unos minutos atrás prácticamente me estaba muriendo, también me percaté que me hacía falta Luigi, no lo había visto durante todo el día, y noté aun más como dentro de mí crecía la necesidad de involucrarme en una nueva relación y mientras menos tuviera que ver con Hizumi mucho mejor, no tenía intenciones de dejar todo al azar y tentar a la suerte, lo que fuera que fuese a suceder, quería mantenerlo controlado aunque sólo fuera un poco además mi sentido común me decía que no traería nada bueno el que me viera demasiado involucrada con él. Todos esas “revelaciones” fueron resultado de una reconfortante y cálida ducha, el agua sin duda, sabe como despejar la mente.
Me tiré sobre la cama, extendí las manos y las paseé por todos lados buscando mi celular, cuando recordé que lo había dejado en la habitación de Hizumi. Le había prometido a Luigi que lo llamaría y de paso aprovecharía a invitarlo para que fuéramos a algún bar a despejarnos la mente y con algo de suerte encontraría a algún desconocido o desconocida con el cual pasar un buen rato, eso no era algo que yo hiciera pero me encontraba en una situación algo extrema y en situaciones extremas se requieren medidas extremas.
Me asegure fuertemente la toalla alrededor de mi cuerpo y fui hasta el cuarto de Hizumi, encendí la luz, cero rastro del tipo. La habitación estaba hecha un caos, juegos tirados por doquier, los controles de las consolas tirados también, la cama estaña hecha un desastre, me dio por arreglarla pero rápidamente deseché la idea, busqué mi celular, lo encontré y salí de la habitación, me inquietaba estar en ese lugar.
De camino a mi habitación llamé a Luigi...
—Dime.
—Hola
— ¿Estás totalmente despierta y cuerda?
—Pues cuerda nunca he estado —reí — ¿cómo estás tú?
—Bastante bien.
— ¿Dejaron tareas?
—No, te salvaste. ¿Por qué no fuiste a clases?
—Ya te dije que me quedé dormida.
— ¿Sólo eso?
—Sólo eso.
— ¿Segura?
—Segurísima.
—Eso espero.
—Luigi, ¿podemos salir esta noche?
—Mañana hay clases.
—Lo sé pero, hace tiempo que no salimos
—No será más bien que hace tiempo no te revuelcas con alguien.
— ¡Oye! si lo dices así suena feo.
—Sabes que nunca te he dejado hacer esas cosas con personas que conoces en los bares.
—No pienso hacer nada, sólo quiero salir a distraerme un poco, intercambiar un par de besos, toqueteo por aquí y por allá, nada más.
— ¿Y por qué quieres “distraerte un poco”, te ocurrió algo?
—Nada.
—Eri...
—Te contaré lo que sucedió esta noche, pasa por mí a las diez quieres.
—Está bien.
—Te amo mi Luigi.
—No tienes remedio.
—Aun así me quieres mucho —corté la llamada.

— ¿Planeas salir? —Preguntó Hizumi quien yacía apoyado en el marco de la puerta que descuidadamente dejé abierta.
—Algo así —me percaté que seguía en toalla — ¿tengo que pedirte permiso?, onii—sama.
—Claro que no.
—Muy bien...
— ¿Hablabas con el muchacho de la otra vez?... Mmm... ¿Luis?
—Sí, con el mismo.
—Ya veo, no vayas e venir muy tarde, hay una copia de la llave de la casa en el adorno con forma de vaca que hay encima del refrigerador, tómalas y asegúrate de no perderlas.
— ¡Hai! Onii—sama —Se despidió con un gesto que no pude interpretar.

La ropa que me había comprado Hizumi me asombraba, en primer lugar, porque eran prendas que ni yo misma me atrevería a comprar, y segundo por el hecho de que en realidad ahora que ya las tenía en mis manos no me disgustaba para nada usarlas. Esa vez escogí unos jeans ajustados y una blusa negra con un ligero escote en la espalda. Unos zapatos altos también negros. Me vi en el espejo y supe que algo de maquillaje sobre mi rostro mejoraría el conjunto, también me pregunté: ¿en dónde demonios quedaron mis camisetas? No había, a mi parecer, nada más cómodo que unos jeans holgados y una camiseta, ese era mi diario vivir, mi razón de ser. Pero dado que toda mi ropa estaba en casa, no me quedaba de otra más que usar esas prendas demasiado lujosas y llamativas para mi propio gusto.
Bajé a la primera planta, Hizumi estaba viendo televisión.
—Vaya —silbó —estás irreconocible.
—No te burles.
—Sólo te falta un poco de maquillaje.
—No me digas que tienes maquillaje en tu habitación —hice una mueca graciosa como burlándome de él —eso me asustaría mucho.
—Tonta, claro que no tengo. Sólo pensé que debí haberte comprado algo de eso.
—Ya basta con esa compradera tuya, no me gusta que me regalen cosas sin razón alguna.
—Ya te dije que ese fue papá no yo.
—Bueno, bueno  me senté a su lado —no es que no me guste, es sólo que cuando alguien me regala algo se crea dentro de mí una sensación de compromiso, algo así como que siento que algún día tendré que pagar por lo que se me ha dado.
—No sé si te lo habrán dicho ya pero... no eres nada normal.
—Me lo han dicho miles de veces mi estimado onii—sama —suspiré —de todas formas ¿qué de bueno tiene ser normal?
—Eso no es algo que se le pregunta a una persona normal como yo.
— ¿Normal?... ¡Si claro!
— ¿Qué?
—Nada —reí —si tú eres normal entonces yo soy un ser visitante de otro planeta.
—Ya deja de reírte, y ahora que lo mencionas, puede que tengas razón... —quedó sopesando mis palabras.
— ¿Acerca de que no eres normal?
—Acerca de que las posibilidades de que tú no seas de este planeta son muy altas —se burló.
—Onii—sama, ¿cómo lo descubriste? En realidad soy un extraterrestre que se alimenta de carne humana.... ¡buuuuu! —Me tiré sobre él y comencé a hacerle cosquillas, sin duda me estaba comportando como una chiquilla pero no me importaba, lo único que me importaba era crear una completamente normal relación entre hermanos, no daría cabida a nada más que eso.
— ¡Ya verás!
Me tomó de ambas manos y mientras trataba de invertir las posiciones caímos al suelo, él encima de mí, ambos seguíamos riendo y por un breve lapso de tiempo no nos dimos cuenta en la posición tan comprometedora en la que estábamos, para cuando nos dimos cuenta nuestros labios ya estaban unidos. Existía una gran atracción entre ambos, eso no se ponía en duda, pero el hecho en realidad era que no pasaría nunca de ser una atracción y que todo terminaría cuando uno de los dos estuviese satisfecho. Y si las cosas iban a ser así prefería que nos la pasáramos todo el tiempo peleando, pero, claro, supe aprovechar ese momento.
Los labios de Hizumi eran suaves pero firmes, y besaba de una manera que las palabras no son capaz de expresar. Su lengua sutilmente jugaba dentro de mi boca antes de que la mía saliera a su encuentro para invitarla a danzar, para culminar gentilmente mordió mis labios, fue doloroso y placentero al mismo tiempo.
—Lo siento.
—No te disculpes yo te seguí el juego.
—No sé qué me pasa.
—Es bastante obvio que nos sentimos atraídos el uno por el otro —mientras decía todo eso me esforzaba por parecer madura —pero nunca pasará de eso, no podemos permitirlo.
—Lo sé.
—Sólo nos tenemos ganas —suspiré —es ridículo.
—No volverá a pasar.
—Lo sé... —Lo que vino después fue un incomodo y abrumador silencio que ni el sonido de la televisión encendida pudo suavizar, y que únicamente pudo ser cortado por el sonido del timbre —Ese debe ser Luigi.
— ¿Llevas las llaves?
—Sí.
—Que te diviertas.
—Gracias.
Salí lo más rápido que pude, ni siquiera me tomé la molestia de saludar a Luigi, simplemente subí al auto. Luigi no me dijo nada, ni preguntó nada durante todo el camino. Se limitó simplemente a poner algo de música y sin darme cuenta comencé a cantar las canciones que sonaban una después de otra.
Llegamos al bar que siempre solíamos visitar, nos dejaron entrar sin ningún problema como de costumbre. Dentro del lugar la música sonaba a un volumen moderado pero lo suficiente para que no se escucharan las conversaciones de los presentes. Fue en ese entonces que note el dolor en mi labio inferior, me disculpe con Luigi y fui al baño. El labio lo tenía algo inflamado, me veía en el espejo cuando vi que Luigi se acercaba.

— Es el baño de damas.
— Lo sé, y no creo que a nadie le importe...
Luigi andaba preciosamente vestido, opacaba a cualquier modelo de esos que uno ven en la televisión. Llevaba el pelo suelto como de costumbre, unos jeans oscuros bastante ajustados haciendo que su redondeado trasero resaltara más de lo que normalmente lo hacía, llevaba una camisa negra que decía AC/DC en el pecho, a él le gustaba mucho esa banda, y por encima llevaba una ligera chaqueta con las mangas dobladas de una rojo bastante oscuro. Luigi no era especialmente musculoso, de hecho era delgado, pero mantenía su cuerpo bastante tonificado lo que le daba un aspecto tanto saludable como atractivo, tampoco era demasiado exagerado al momento de vestir lo único que hacía que resaltara eran los colores locos con los que tendía a teñirse el cabello.
—Luego no me culpes si te tachan de pervertido por andar mintiéndote en los baños de las chicas —me volteé y le sonreí y por un momento él me devolvió la sonrisa, pero sólo por un momento.
— ¿Quién te mordió los labios?
— ¡AH!, esto —toqué mis labios —no es nada, un golpecito nada más.
— ¡No mientas! —Me tomó por la cintura, me levanto e hizo que me sentara en el lavamanos —Eri, mírame bien y dime, ¿quién te mordió los labios?
—Nad...
— ¡Demonios! Nunca me has mentido... no empieces ahora por favor.
—Hizumi...
— ¡Ese bastardo!, ¿te forzó?
—No.
— ¡Rayos Eri! ¿A qué estás jugando? —Me abrazó — ¿fue un beso?, ¿fue mutuo?
—Si —contesté —ambas cosas, pero te juro que no volverá a pasar, fue como una especie de juego, no volverá a pasar.
—No es que piense que estás haciendo algo mal porque él va a ser tu hermano y todo eso, no me importaría ni aunque fueran hermanos de sangre, si quieres acostarte con él o hacer cualquier cosa con él, no me importa tampoco, lo único que me importa eres tú y no quiero que salgas lastimada... hay algo en ese chico que no termina de convencerme
—Vamos Luigi —pasé mis dedos entre sus finos cabellos —ya no soy una niña, te prometo que no cometeré ninguna estupidez.
—Más te vale —suspiró mientras dejaba de abrazarme —desde que lo conociste has cambiado un poco, mírate, hasta tu forma de vestir ha cambiado
—Esto fue un regalo de mi futuro padre —dije, cosa que no era del todo mentira.
— ¿Te duele?
—Apenas lo siento, de hecho no lo había notado hasta que llegamos aquí, ¿se ve muy inflamado?
—Sólo un poco —Luigi se acercó más a mí y con sus labios acarició los míos —pero no creo que te den problemas.
—Yo tampoco — reí.
—Iré a traerte algo de hielo.
—Gracias.
—Y hoy tienes permiso de ligarte a quien quieras.
—Muchas gracias. Luigi ¿Qué haría yo sin ti?
—No mucho — se burló.

Me quedé viendo como Luigi abandonaba la habitación. Tenía el presentimiento que algo bueno pasaría esa noche.


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