Oniisama 4


Sonaba el timbre que anunciaba la hora del almuerzo, como estaba que me moría de hambre, salí hecha un cohete hacía la cafetería. Luigi me tomó del brazo y luego hizo un gesto con el que decía que me acompañaría. Reí un poco, últimamente estaba más sobre protector de lo normal. Caminamos tomados de la mano todo el pasillo hasta llegar a la cafetería, platicamos de cosas vánales como de costumbre, en ese momento no me percaté que había algo raro en su voz.
Luego de comer y como nos quedaba algo de tiempo fuimos al patio, cerca estaban las canchas de baloncesto y las de fútbol, se escuchaba como los chicos gritaban y corrían. Nunca había sido buena para el deporte pero sabía apreciarlo. Luigi permaneció en silencio a mi lado, le veía teclear en su celular mensajes de texto con una velocidad abrumadora. Suspiraba, reía, me pregunté en ese momento ¿qué persona sería capaz de ponerlo de esa manera?
Cuando él estaba conmigo por supuesto que la pasaba bien, ni siquiera tenía que decírmelo, se le notaba. Pero aquello era diferente. Una amistad de tantos años que nunca se había marchitado y ni daba indicios de querer extinguirse, fue algo que toda mi vida siempre supe valorar. No lo arruinaría.
—Luigi — o interrumpí, guardó su teléfono.
—Dime.
—Siento lo de anoche.
—Ya está olvidado.
—En serio lo siento.
Ya basta ya te dije que está olvidado.
—Luigi, ¿pensaste mal de mí?
—Eso nunca —tomó mi rostro entre sus manos y me miró fijamente, con una voz firme que hizo que mi corazón se contrajera me contestó —: ¡Jamás!
—Me dejé llevar por lo que Hizumi me dijo y... como siempre lo descargué todo sobre ti, no sé qué me pasa, creo que es por todo el asunto del matrimonio de mi madre, pero últimamente me siento extraña.
—No sé si será por eso pero lo mejor es que no le des mucha vuelta al asunto, déjalo ser ya verás con el tiempo como se desarrollan las cosas.
—Luigi...
—Dime.
—Te amo.
—Tonta, ¡que ya lo sé!
Reímos juntos, como siempre lo hacíamos. En este mundo la única opinión que verdaderamente me importaba era la de él, incluso más que la de mamá. Él siempre era directo y cuando decía algo lo decía sin titubear y sin una tan sola falsedad, por eso cuando me decía algo, me regañaba, me apoyaba, me aconsejaba, creía en él.
En la última hora de clases pensé en hacerme la enferma para que me despacharan a casa y así tener la excusa perfecta para no ver a Hizumi. En realidad no sabía si se iba a aparecer pero si lo hacía, y sabiendo que era puntual, pues me entró la urgencia de salir del colegio lo antes posible. No quería verlo, no quería, no sabía por qué, hasta me regañé a mi misma diciéndome que parecía tonta por tratar de huir de él, pero al mismo tiempo en mi interior sentía algo que me incomodaba, no sabía qué era, desde que había conocido a Hizumi, no sabía qué demonios pasaba conmigo y odiaba esa estúpida sensación.
Al terminar las clase me pegué a Luigi como garrapata, saldría con él, le diría a Hizumi que él era un amigo de la familia, que mi madre le tenía plena confianza y que me parecía mejor quedarme con él. Eso fue lo que me propuse, sabía que sería una molestia en casa de la hermana de Luigi, sabía que a más tardar dentro de una semana llegaría a vivir por completo a la casa de Hizumi, pero eso no significaba que mi tortura tenía que iniciar tan pronto, así que me quedaría en casa de Luigi.
Reconocí el auto negro a la distancia, sujeté más fuerte la mano de Luigi quien simplemente me quedó viendo extrañado, pero me igual me siguió la corriente. Nos acercamos a Hizumi.
—Hola —saludé.
—Hola.
—Él es Luis.
—Mucho gusto —Hizumi le tendió su mano pero Luigi permanecía algo antipático tuve que darle un codazo para que lo hiciera —Mucho gusto —saludó al fin.
—Luigi es un buen amigo de la familia —agregué —así que pensé... que sería mejor si ese tiempo me quede en su casa, si a lo que mamá le preocupa es que me quede sola en casa entonces preferiría quedarme en casa de Luigi.
—Tu madre me pidió específicamente que te cuidara —recalcó Hizumi.
—No has hecho muy buen trabajo que se diga —Luigi, no era común en él perder la paciencia pero sin duda no le quedaba mucha en ese momento.
—Me siento más cómoda con Luigi, eso es todo, le hablaré a mamá para informarle.
—No —negó el asiático —te quedas en casa, punto.
— ¿Y quién te crees tú para estar dando órdenes? —Luigi enfadado, eso no era algo que veía muy seguido, seguían las sorpresas.
—Su hermano.
—Sólo porque un papel así lo dirá no quiere decir que en realidad lo sean, Eri vendrá conmigo a mi casa, punto.
—Vendrá a casa.
—Si sigues insistiendo me veré obligado a usar la fuerza, Eri se viene conmigo—
—Atrévete...
— ¡ALTO! —interferí porque sentí que los dos iban bastante enserio —aquí nadie tiene porque utilizar la fuerza. Luigi no quiero que pelees así que me iré con Hizumi.
—Pero...
—Pero nada —tomé su mano lo halé hacía mi luego coloqué mi mano libre alrededor de su nuca y le susurré al oído —tengo tu numero en marcado rápido, es el primero, cualquier cosa que ocurra te llamo —lo besé y sin más me dejó ir.
Subí al auto antes de que Hizumi pudiera decir nada, pude ver como con la mano Luigi le apuntaba a Hizumi haciendo el gesto como si disparara un arma. Reí. Sabía que no podía pasarme nada, a pesar de todo Hizumi nunca me pareció peligroso y la única razón por la que había detenido a Luigi era para que este no le diera tremenda paliza al japonés, porque Hizumi podía ser cinta negra en toda las disciplinas posibles pero estaba completamente segura que un golpe de Luigi jamás sería capaz de soportarlo.
Llegamos a casa, estaba tan vacía que asustaba. Hizumi se sentó sobre el sofá y encendió la televisión. Subí a la habitación de huéspedes donde se suponía tenía que quedarme durmiendo. Al entrar me encontré con varias piezas de ropa sobre la cama. Recordé que Hizumi había dicho que él y Cindy habían escogido la ropa. Tomé un par de shorts jeans, una camiseta negra, entre toda la ropa las piezas más sencillas, me vestí, estando en casa no tenía la costumbre de usar sostén ya que era demasiado incomodo para mi gusto.
Hizumi yacía ahora acostado sobre el sofá, en la televisión estaban dando anuncios comerciales, ni idea de qué. Me acerqué aun más para tomar el control del aparato y cambiar de canal. Hizumi quien dormía lo tenía fuertemente sujetado. Me acerqué para quitárselo, no quería despertarlo pero si lo hacía, ni modo.
Tomé la parte ancha del control remoto que era la que más sobresalía entre sus manos, con unos ligeros movimientos intenté que lo soltara, se movió un poco y desistí. ¿Qué demonios me importaba a mí si se despertaba? Nada. Lo intenté de nuevo pero esta vez de un sólo jalón, pude quitárselo y Hizumi ni siquiera lo notó.
Estaba a punto de cambiar de canal cuándo escuché que decía algo. Pensé que me hablaba pero no era así. Hablaba dormido.
Me arrodillé y acerqué mi rostro al de él para tratar de escuchar que era lo que decía, ¿algo vergonzoso?... no era eso. Me estuve así varios minutos, mis piernas comenzaban a entumecerse, iba a levantarme cuando sentí que me asía por el brazo, caí justo encima de él, me abrazó, sentía la calidez de su cuerpo, su reconfortante abrazo, su acompasada respiración, su aroma, olía tan bien... luego volvió a hablar...
— ¿Por qué?
— ¿Por qué, qué? —susurré muy quedamente, ni siquiera sabía si había logrado escucharme.
—Por...
—Por...
— ¿Por qué... me gustas?...
Me estremecí, fue como si esa pregunta me la estuviese haciendo directamente a mí, pero eso no podía ser cierto, además el "me gustas" puede llegar a significar muchas cosas, “Entonces, ¿por qué deseo que sólo signifique una?”; pero él no se estaba refiriendo a mí, eso me causó una especie de dolor silencioso y apenas perceptible. Poco a poco la fuerza con la que me abrazaba fue disminuyendo así que con facilidad pude soltarme.
Luego escuché como susurraba... —Érika—... mi nombre.
Salí corriendo, me encerré en mi habitación, me tiré sobre la cama, me arropé por completo, hacía calor pero igual lo hice, estaba algo confundida, ¿Algo?... más bien mucho; ¿una broma?, lo más seguro, tenía que serlo, tenía que... pero no quería, ¿qué demonios me pasaba?. En ese preciso momento recordé las palabras de Luigi... eso jamás, nunca.
No dejaría que pasara, era una estupidez de mi parte el sólo pensarlo. Sólo me había tomado desprevenida por eso el nerviosismo, lo que había dicho no significaba gran cosa, además estaba dormido pudo haber estado teniendo un sueño, así que tal vez todo lo que dijo no estaba en orden o ni siquiera en la misma frase, había hecho la pregunta primero y al percatarse de que yo estaba cerca de él dijo mi nombre. Lo que yo escuché no tenía sentido y no podía tenerlo y de ser así yo no tenía porque dárselo.
Permanecí tirada sobre la cama, la tensión y el nerviosismo de mi cuerpo desapareció después de unos cuantos minutos de... ¿pánico?... o por lo menos algo bastante parecido. No me dormí, me quedé con la vista fija en la pared mientras veía como desaparecían las sombras que sobre ella formaba la luz que se colaba audazmente desde la ventana. La noche había llegado, mi estómago me reclamaba casi a gritos, no había comido nada desde el almuerzo, tenía hambre, pero si quería comer tenía que bajar a la cocina y las posibilidades de encontrarme a Hizumi eran demasiado altas y no quería verlo, tenía miedo de verlo, pero... ¿por qué?. Por qué era tan consciente de su existencia. Era una estupidez, una idiotez, algo inconcebible. Odiaba la forma en qué me hacía sentir, odiaba el simple hecho de que pronto tendría que lidiar con él casi todos los días.
Esperaría unas cuantas horas antes de bajar.
Cerré los ojos... demasiado orgullosa, siempre había sido así. Llamaron a la puerta, me hice la dormida pero él seguía insistiendo, pero no me ganaría así que seguí haciéndome la dormida. La puerta se abrió, Hizumi; no sabía con certeza si era él pero tenía que serlo, ¿quién más podría estar en la casa?
—Érika, despierta —tocó mi hombro —he ordenado pizza para comer, no sabía si eso era lo que querías pero si quieres algo más puedes pedirlo... Érika, Érika... Deja de hacerte la dormida quieres. Sé que no me he portado como debía, lo siento. Ayer no estaba bien, no era yo, por eso dije todas estupideces, es tu vida, tu forma de pensar y tú haces con ella lo que quieras y yo no tengo porque meterme, lo siento... Érika, nos acabamos de conocer por favor dime algo, no quiero que nos llevemos mal...
Había algo en su voz que hizo que todo los vellos de mi piel se erizaran, la dulzura con que pronunciaba las palabras hicieron que le creyera y que me sintiera mal por ignorarlo tan descaradamente, aun así, seguí haciéndome la dormida hasta que él abandonó la habitación. Mi corazón latía como loco, tenía que detenerlo de alguna manera, temía que se saliera de mi pecho si seguía así o que el ruido que provocaba llegara hasta los oídos de Hizumi. Me levanté luego de esperar unos cuantos minutos, bajaría a comer pero no le diría a Hizumi que había escuchado todo lo que me había dicho.
En la cocina esperé encontrarlo pero él no se encontraba ahí, subí nuevamente esperando que estuviera en su habitación.
—Hizumi —lo llamé desde afuera de su habitación.
—Entra.
—Si —entré —este... había algo de piza en el microondas, he comido un poco...
— ¿Quieres comer algo más?
—No gracias, quedé satisfecha, yo sólo... no es nada, buenas noches.
— ¡Espera!
— ¿Sí?
—Es—este... ¿te gustan los videojuegos?, ¿quieres jugar?... tengo muchos, puedes jugar el que quieras.
Cuando dijo que tenía muchos en realidad no mentía. Tenías las tres consolas de moda y una enorme pila de videojuegos. Era algo así como el paraíso para cualquier fanático de esas cosas. Acepté porque me pareció que Hizumi estaba nervioso y que por eso se miraba más lindo de lo normal. Llevaba una camiseta de lo más común y corriente color gris, jeans oscuros algo holgados lo que hacía los bóxer que eran negro se vieran, y los mechones de cabello que normalmente caían sobre su frente ahora estaban siendo sostenido hacía el lado por una pequeña pinza que resaltaba extrañamente sobre su desordenado cabello color azabache. No llevaba la argolla de plata que le había visto anteriormente en su oreja izquierda ni tampoco el piercing que tan agraciadamente adornaba su labio inferior. Su apariencia desmentía por completo el hecho de que tenía 21 años, fácilmente podría pasar por alguien de mi edad o incluso menor.
Revisé la larga colección de juegos y entre ellos uno me llamó la atención, me entró así como un sentimiento de nostalgia por un videojuego que siempre jugaba cuando en casa contaba con una consola de videojuegos, recordé que fue esa consola la que Luigi utilizó para salvarme cuando intentaron violarme.

— ¿Te gusta ese? —preguntó, ladeo un poco su cabeza, su mirada parecía casi infantil de lo alegre que se veía.
— ¡Bromeas!, ¿cómo me puedo resistir a los encantos de un lindo elfo, rubio, ojos azules y con orejas puntiagudas? Dime —reí —el traje verde hace que se vea más sexy.
—Graciosa...
—Sólo me trajo recuerdos, pero, ¿no crees que es una completa descortesía de mi parte escoger un videojuego que sólo es de un jugador? Por eso... —tomé el mando del Nintendo Wii y lo señalé — e reto a un partido de tenis.
—Acepto —tomó el mando y encendió el aparato.
Nos pasamos la noche jugando WiiSport, parecíamos niños pequeños con juguete nuevo, comenzábamos con el tenis, cambiamos luego al baseball, golf, bolos y terminamos con el de boxeo. Nos tiramos sobre la cama de lo cansado que habíamos quedado, incluso estábamos todos sudorosos.
Hizumi se soltó la pinza que sujetaba su cabello haciendo que los mechones cayeran sobre su rostro casi adhiriéndose a él por la humedad que el sudor provocaba. Yo yacía acostada a su lado y al ver esto, retiré delicadamente el cabello de su rostro. Lo que siguió fue casi mágico. Sus ojos se encontraron con los míos, al inicio me resistí, pero, su mirada era magnética y no pude resistirme por mucho tiempo. Nos quedamos viendo durante un largo tiempo, no sé con exactitud cuánto fue. Sentía que sus rasgados ojos negros exploraban cada centímetro de mi alma, me veía y sentía como si dejaría de respirar, sentía que el sudor invadía nuevamente mi cuerpo acompañado por unos no muy sutiles escalofríos.
Perdida en la profundidad de sus ojos mi mundo sencillamente se detuvo.
—Sé que me he portado como un idiota...
—Ni tanto —comenzó a acariciar mi rostro con el revés de su mano.
—Aunque digas eso, por lo menos quiero que aceptes mis disculpas y la promesa de que me esforzaré mucho para no volverte a molestar.
—Las disculpas no son necesarias, y sabes, pronto vamos a ser familia así que las peleas siempre estarán ahí, por eso tampoco tienes que preocuparte, además es buena una pelea de vez en cuando.
—Justo así te describió tu madre.
— ¿Ya la conoces?
—Sí, de hecho la conozco desde hace un año.
—No lo sabía, mi madre me vino a hablar de ustedes hasta hace poco.
—Mi padre insistió muchas veces en conocerte pero tu madre siempre se puso mucho a la defensiva.
—Pensó que la dejaría mal.
—No creo que sea eso, aun así nos hablaba mucho de ti, así que aunque no te conocíamos el viejo y yo te cogimos mucho cariño.
—Gracias.
—La otra vez... ayer...
—Ya deja eso.
—Es que, estaba mal y terminé descargando todo en ti, tampoco creas que dejo que mis amigos vengan a calmar sus urgencias aquí todo el tiempo, ese fue un caso especial.
—Bueno es tu casa así que puedes hacer lo que quieras.
—Ahora es nuestra casa... y tú ahora eres mi hermana, Érika
—Te dije que me llamaras Eri...
—No quiero, Érika me gusta más... Érika.
—Bueno para que no digas que soy mala haré una excepción especial y dejaré que me llames Érika.
—Wow, me honra mi lady —tomó mi mano, la llevó hasta sus labios y la besó, luego entrelazó sus dedos con los míos, sentía que la cara me ardía. Comenzó a pronunciar mi nombre una y otra vez, no pude soportarle más y casi bruscamente solté su mano, lo quedé viendo, quería decirle algo pero no llegaba a comprender qué. Me levanté de la cama..., salía de la habitación, de hecho ya tenía la mano sobre el pomo de la puerta cuando sentí que me rodeaba con sus brazos por la cintura, su respiración estaba agitada, podía sentirla sobre mi nuca, era cálida, acelerada, ruidosa; me incitaba, me tentaba

— ¿Es qué quieres seguir jugando? —pregunté porque quería de alguna forma cambiar la atmosfera que cada vez se tornaba más extraña y desconcertante.
—Érika — "Deja de decir mi nombre maldición" —quédate un rato más conmigo...
— ¿Por qué?
—Necesito estar con alguien.
— ¿Por qué?
—Porque me duele demasiado... ella me dejó.
— ¿Cindy?
—Sí, el día que nos encontraste...
—No es cierto —no podía creerlo más aun cuando me habían dicho que estaban juntos desde el colegio —entonces por qué estaban...
—Sexo de despedida.
—Pero después de eso, cuando fuiste por las llaves del auto, yo platiqué con ella y no me pareció... incluso tú me advertiste que no intentara nada con ella... y...
Escuché sollozos, un llanto casi silencioso, apenas perceptible en alguna otra condición pero lo tenía tan cerca que pude escucharlo, Hizumi lloraba. Se lamentaba por el fin de una relación de varios años. Estaba conmocionada, esa era la primera vez que miraba a un chico llorar.
Me di vuelta y lo abracé, casi éramos de la misma estatura —o al menos yo así lo sentía—, él me superaba por siete u ocho centímetros, así que parecía que era él quien me abrazaba a mí. Permanecimos así totalmente en silencio esperando a que algo pasara aunque no sabíamos qué.
—Siento que tuvieras que conocer esta parte de mí, es vergonzoso.
—Tonterías, la querías mucho así que es lo normal que te sientas de esta manera.
—La amo y aun así ella me dijo que se había cansado de mí. Intenté convencerla de que se quedara conmigo fue ahí donde me di cuenta de que ya se estaba viendo con otro chico.
—Hizumi... no sé qué decirte —un dolor atravesó mi corazón ese momento quería ayudarlo de alguna manera pero no sabía cómo, no pude evitar sentirme una inútil.
—No tienes que decir nada, sólo quédate conmigo...
Nos dejamos caer al suelo, Hizumi ahora yacía apoyado sobre mi regazo, sollozando mientras yo no hacía otra cosa más que acariciar su cabello. Seguía sorprendida, jamás había visto a un hombre llorar de esa manera, ni siquiera a Luigi y eso que lo conocía casi desde siempre. Una infinidad de sentimientos comenzaron a llegar a mí uno por uno, era la primera vez que experimentaba algo como eso. Jamás creí que un hombre verdaderamente se enamoraba, siempre creí que las mujeres éramos simples pasatiempos para ellos así como el futbol y la cerveza. Entonces, ¿por qué el lloraba de esa manera? No era un llanto desconsolado y abrumador, eran pequeños sollozos llenos de tristeza, impotencia, dolor, desesperación por haber perdido a quien verdaderamente amaba. En serio la amaba.
Más temprano ese día, cuando lo encontré dormido sobre el sillón, el "me gustas" que le escuché decir iba dirigido hacía ella... “ya lo sabía... Pero, ¿por qué me duele?, ¿acaso quería que fuera para mí?, ¿podría Luigi tener razón.” Su advertencia me pareció algo ridícula pero teniéndolo entre mis brazos ya no lo parecía tanto.
Lagrimas comenzaron a deslizare sobre mi rostro, eran tibias, saladas, eran mías. No quería enamorarme, nunca lo he querido, me dije a mi misma innumerables veces que jamás me enamoraría y que al menor indicio de que pudiera suceder me alejaría de la persona en cuestión. Mi corazón me pertenecía a mí y a nadie más que a mí, jamás había pensado compartirlo con nadie o dárselo a alguien.
— ¡NO!
Todas esas eran excusas, la verdad es que tenía miedo a ser lastimada, miedo a fijar mis sentimientos en alguien y no ser correspondida. Tenía miedo a enamorarme.
—Lo siento — murmuré, se lo decía a Luigi.
— ¿Por qué te disculpas?
—No es nada, no he dicho nada...sólo, prometí algo a mí misma y a mi mejor amigo y al parecer seré incapaz de cumplirlo...
—Entonces soy yo quien debe disculparse, tú ya tienes tus propios problemas y yo aquí agobiándote con los míos.
—No te preocupes onii—sama...
—Hasta te he hecho llorar —tomó mi rostro entre sus manos —lo siento tanto.
—No es nada, sólo... no sé qué me pasa.
—Érika —su mirada cambió —yo tampoco sé que me pasa.
— ¿Hizumi? —acercó su rostro, sus labios se aproximaron demasiado a los míos hasta que se juntaron y culminaron en un beso, Hizumi me besó y lo peor de todo fue que me gustó. Ese beso me gustó aun sabiendo que no había tenido ningún significado, él simplemente me estaba usando para desahogarse y aun así le correspondí.
Sus labios eran suaves pero firmes y estaban húmedos y salados por las lagrimas y por alguna extraña razón encajaban perfectamente con los míos. Colocó ambas manos alrededor de mi cintura luego las fue desplazando en toda mi espalda por debajo de mi camisa, la cual fue empujando hacia arriba para dejar al descubierto mis pechos, yo simplemente dejé que me la quitara, no sé cómo llegué a esa decisión si tenía la mente completamente en blanco, fue como si mi cuerpo actuara por sí mismo.
Posó sus labios sobre uno de mis pezones luego hundió su rostro en mis pechos...
— ¡Detenme!, dime que me detenga... si no, no sé que soy capaz de hacerte...



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