Onii-sama 3






~Capítulo 3~

No era que me le quería tirar encima a la novia de Hizumi, pero claro, no podía negar que había sentido mucha atracción hacía ella desde la primera vez que la vi, pero creo que esa sería la reacción normal de cualquier persona saludable al tener frente a su rostro una preciosidad como lo era ella. Hizumi sin duda había sido bastante astuto al percatarse de mis preferencias sexuales, o capaz yo había sido demasiado obvia, cualquiera que fuese el caso en realidad consideré que la advertencia fue completamente innecesaria, después de todo, aún estoy lo suficientemente cuerda como para saber que no debo meterme con la propiedad de los demás y mucho menos en una relación que ha durado tanto tiempo... sólo imaginar estar con la misma persona durante tanto tiempo me cansa, puede que sea insensible, o tal vez como dijo Luigi, no me había enamorado de nadie aun.

—Tu novia es bonita y sin duda mi tipo, pero es más que obvio que ella no es así y no se fijaría en mi de esa manera, no sé por qué te preocupas, además no me metería con ella incluso aunque ustedes terminaran, sé respetar lo que no es mío, y si vamos a ser familia de ahora en adelante lo más correcto es que nos llevemos bien.
—Me alegra saber qué piensas así, porque después de todo, me agradas y no me hubiese gustado tener problemas contigo.
—A mí tampoco — acepté, Hizumi se retiraba del lugar, casi por inercia y sin saber por qué demonios lo había hecho, tomé su mano — es...este...
—Dime.
—Mamá no sabe, no le digas nada.
— ¿Que no le diga qué? —Me sonrió y me dejo ahí sola...

Sola... y escuchando como la pareja aun seguía con su faena en la habitación de Hizumi. Supuse que el chico tenía que ser un buen amigo de Hizumi que quería pasar un rato agradable con la novia pero no tenía un lugar en donde pasarlo, seguramente Hizumi ofreció su habitación amablemente, —entre hombres se apoyan—, pensé y recordé lo que me había dicho Luigi: los hombres son hombres.
Luigi tenía razón, por supuesto que la tenía, sabía cómo funcionaba ese mundo de los hombres y sabía exactamente como tratar a las mujeres, tenía un don bastante especial, aun cuando no había tenido ninguna relación seria tampoco había tenido problemas con ninguna de las tantas chicas con las que había estado. Al inicio se mostraba renuente a relatarme cada una de sus experiencias, pero con algo de perseverancia pude convencerlo de que lo hiciera. Así que Luigi sin duda alguna tenía un don, poseía la habilidad de hacer que las chicas se sintieran muy especiales, les proporcionaba la dosis de placer que las féminas necesitaban, eso no se pone en duda, pero quien sin duda se llevaba la mejor parte era él. Si fuese de los chicos a quienes les encanta presumir estoy segura que llevara un registro de todas las chicas con las que se había acostado y los lugares más loco en donde lo había hecho, pero Luigi a pesar de todo era bastante reservado y sumamente respetuoso y aunque las chicas sólo le servían para pasar el rato jamás hablaba mal de ellas, excepto tal vez conmigo claro, pero aun así las cosas que me contaba de ellas no eran para nada malas y mucho menos ofensivas. Muchas chicas desearían un novio como él pero Luigi simplemente consideraba que estaba demasiado joven para tener un compromiso serio.
Yo también pensaba lo mismo, no sabía si era producto de mi inmadurez, pero cierto era que las relaciones serias me daban miedo, era algo así como una especie de fobia. Tal vez en eso influyó el hecho que desde pequeña veía como las relaciones de mi madre fracasaban una después de la otra, veía a mamá llorar cuando eso sucedía y no me gustaba. Si eso significaba enseriarse con alguien entonces, me dije a mi misma, no sería tan tonta de caer en esa trampa, me dije a mi misma que de ser posible jamás me enamoraría. Y así ha sido, a pesar de que he tenido un par de relaciones casuales nunca ha sido nada serio y puedo asegurar que nunca he sentido por mis parejas más que una efímera atracción inicial que se esfuma rápidamente, esas personas claro que me gustaban, si no, no hubiese sido capaz de salir con ellos, pero ya llegar a quererlos o más bien amarlos pues nunca. Me gustaban y con eso me bastaba.
Me quedé varios minutos enfrente de la puerta de la habitación de Hizumi, estaba llena de curiosidad, quería ver si los chicos se habían puesto creativos, siempre fui una persona muy curiosa, pero luego de unos minutos me dirigí a la cocina a buscar algo para comer, esperaba encontrarme con algo que no supusiera más esfuerzo que abrir el microondas. Hizumi se encontraba en la sala de estar viendo televisión, una película policiaca era lo que estaban transmitiendo, él miraba con aire ausente la pantalla del aparato, ni siquiera se volteó aun cuando me di cuenta que se había percatado de mi presencia. La verdad no sabía qué era lo que me sucedía, pero me le quedé viendo durante varios minutos... Hizumi con sus hermosos rasgos asiáticos era bastante atractivo, o tal vez yo lo miraba así por el hecho de que me gustaban los rasgos asiáticos, el caso es que su apariencia me gustaba mucho, no podía decir lo mismo de su personalidad puesto que apenas nos conocíamos, con la primera impresión que tuve de él supuse que nos llevaríamos bastante bien pero ya no estaba tan segura de ello, mucho menos cuando sentía que yo era una clase de amenaza silenciosa entre él y su novia, sabía que tenía que aclararle, asegurarle y prometerle que no intentaría nada con Cindy para que así se estuviera tranquilo.

—No hay nada, si quieres algo de comer ordena una pizza, a menos claro que queras cocinar.
—Pizza entonces —suspiré — os de arriba... ¿ordenamos para ellos también?
—Estarán ocupados por un largo rato no te preocupes.
—Aun así, ¿no crees que tendrán hambre cuando terminen?
— ¿Tienes la costumbre de comer después del sexo?
—No precisamente pero...
— ¿Acaso lo común no es quedarse acostado a lado de tu pareja un rato platicando o durmiendo?
—Pues creo...
—Así que ya has tenido relaciones.
— ¿No doy esa impresión?
—Tu primera vez, ¿chico o chica?
—Chica.
— ¿Has estado con algún chico?
—No, no de esa manera, no por completo.
—Entonces... —apagó el televisor y se acercó a mi —eres virgen
—He tenido sexo muchas veces sabes.
—Con chicas, si un chico no ha metido su cosa "ahí" aun eres virgen
— ¡Es ridículo!
—Es la verdad, para perder la virginidad necesitas un chico, no importas cuantas veces te hayas revolcado en la cama si no lo hiciste con un chico no vale...
— ¿Te estás escuchando?, estás diciendo puras estupideces.
— ¿No será que tienes miedo?, que infantil.
—Si no lo he hecho con un chico no es de tu incumbencia y no sé a qué demonios te refieres cuando dices que tengo miedo, ¿miedo de qué?
—De que duela... o más bien de que te guste.
—Idiota.

El maldito idiota, ¿que se creía para hablarme de ese modo?, estaba molesta, demasiado, traté de distraerme pero no lo lograba y sabía que si seguía así mi cabeza estallaría por la furia. Tomé mi teléfono y llamé a Luigi.
—Luigi.
—Dime.
— ¿Vienes por mi?
— ¿Sucedió algo?
—Estoy molesta, necesito distraerme.
—Enseguida paso por ti.
—Si estás ocupado no es necesario.
—Eri, para ti nunca estoy ocupado, enseguida voy por ti, dame la dirección
—Te la mando un mensaje de texto.
—Está bien... Eri, ¿no te habrá hecho algo o sí?
—No es eso, sólo estoy molesta, ven por mi pronto si, te necesito.

Luigi era en ocasiones algo así como mi terapeuta personal, pero sobre todo era mi mejor amigo, lo quería muchísimo, era de las pocas personas en mi vida a la que sin duda alguna, yo en realidad amaba. Mi madre y él representaban mi mundo.
Salí de la casa para esperarlo sentada en la acera, pero más que por eso fue porque de repente sentí la necesidad de salir de esa casa, “las primeras impresiones son una basura” murmuré. Hizumi se había mostrado de una manera totalmente diferente a la del día anterior. Supuse que estaba molesto, tal vez celoso, pero aun así no consideré que eso justificara su repentino y rudo comportamiento. Pero en parte fue mi culpa porque yo seguí con la conversación en lugar de cortarla cuando noté que la cosa estaba tomando otro rumbo. ¿Que tenía ese tipo que me irritaba tanto? sin saber porque me hacía perder la paciencia y la razón, había algo en su forma de expresarse que me irritaba, tal vez se había portado amable conmigo porque estaba enfrente de su novia, si seguramente por eso era, y ahora que ella no estaba cerca me había mostrado su verdadera personalidad. Maldito dos caras, me juré a mi misma no volver a perder la cordura ni a dejarme llevar por las estupideces que ese tipo dijera o hiciera.
Un auto se estacionó casi en frente de mí, vi como Luigi descendía del coche y se me acercaba, se veía muy preocupado, de hecho no recordaba la última vez que lo había visto así. Sin decirme nada y regalándome una sonrisa se sentó a mi lado y tomó mi mano. Sabía que tenía ganas de preguntar qué era lo que en realidad había sucedido ya que a pesar de mi personalidad no era de las personas que se irritaban tan fácilmente, así que seguramente él pensó que había sucedido algo grande.
Le pedí que me esperara un momento, entré a la casa y saqué mi bolso del colegio, aun llevaba puesto el uniforme, lo lavaría en casa de Luigi para usarlo al día siguiente, esa noche ni de broma la pasaría en esa casa.
Tiré el bolso en el asiento trasero del auto, Luigi puso a andar el automóvil, no sabía a dónde nos dirigíamos.
—Entonces... ¿qué pasó? —preguntó casualmente.
—Discutimos.
— ¿Fue serio?
—Una estupidez.
— ¿Ah sí, qué cosa?
—Sexo —vi que su rostro se llenó de algo bastante parecido a la furia y al incontenible deseo de matar a alguien, así que supe que tenía que aclarar bien las cosas —no es lo que piensas, no me hizo nada.
— ¿Entonces?
— e dio cuenta que soy bi, se dio cuenta así nada más, me advirtió que no intentara nada con su novia, cosa que no intentaba hacer en primer lugar.
— ¿Sólo eso?
—Pues... en su habitación habían unos chicos cogiendo, no es que me moleste pero... bueno, pensaba en ordenar una piza y le pregunté si ordenábamos para sus amigos también, me contestó que no era necesario que estarían ocupados por mucho tiempo
— ¿Y luego que pasó?
—Pues me preguntó si es que yo tenía la costumbre de comer después del sexo y le dije que no, luego me pregunto acerca de mi primera vez...
—Y le contestaste, si serás tonta
— ¡Ya sé! pero es que me sacó de quicio, no sé qué es lo que tiene ese tipo que me hace perder la paciencia
— ¿Sólo pasó eso?
—Me preguntó si había sido con un chico o con una chica y vengo de tonta le contesto, me dice entonces que sigo siendo virgen, cosa que a mi parecer a él no tiene porqué importarle.
—No tiene porque importarle eso es cierto, pero tú le seguiste el jueguito así que eres tan culpable como él.
—El muy idiota me dijo que mientras un chico no haya metido su cosa "ahí" aun seguía siendo virgen... es estúpido ya lo sé, pero Luigi no pude evitar molestarme, ¡Demonios! estoy tan molesta
—Ya cálmate quieres, pareces loca, no recuerdo haberte visto de esa manera nunca, siempre te consideré demasiado tranquila para mi gusto, ese chico sin duda tiene algo si te hace perder la cabeza de esa forma.
—Eso es lo que yo digo, pero no sé qué es.
—Ya déjalo así, por cierto, ¿piensas pasar la noche en mi casa?
— ¿Crees que se molestará tu hermana?
—Para nada, ella fascinada.
— ¿Te molesta a ti?
—Yo fascinado —rió —hace tiempo que no te quedas en casa, hace tiempo que ya no dormimos juntos como cuando éramos peques
—Eso fue desde que tú cambiaste los carritos por las muñecas
—Mentirosa, si sabes muy bien que no llevo chicas a casa de mi hermana a la única que he llevado es a ti, y eso porque recuerdo que me insistías hasta volverme loco, ¿aun te sigue gustando mi hermana?
—Pues es mi amor platónico —reí —ya no, ya estoy grande para seguir con esas cosas, pero imagino que ha de seguir igual de preciosa
—Sí.
—Luigi...
—Dime...
— ¿Es cierto?... mientras... nada, olvídalo
—Creo que la virginidad es algo más emocional que físico, no dejes que te afecte lo que ese tipo te dijo
—Si... Luigi...
— ¿Sí?
—Te amo.
—Ya lo sé.
Durante todo el trayecto hasta casa de Luigi, no hacía otra cosa más que pensar en ese maldito bastardo dos caras... no sabía qué era lo que me pasaba.

Le hermosa y candente hermana de Luigi me recibió con un beso y un abrazo y también con un leve reclamo acerca de cómo me había olvidado de ella y ya no la iba a visitar. Me disculpé con una sonrisa y de paso saludé a su esposo. Noté algo bastante peculiar, algo así como un bulto en el vientre de la mujer, Luigi no era comunicativo para nada y mucho menos cuando se trataba de su familia, pero no le perdonaría el que no me hubiese dicho que su hermana esperaba un bebé.
Tenía cinco meses de embarazo, el sexo del bebé aun les eran desconocido, esperarían hasta la hora del parto para llevarse la sorpresa. Muy alegremente felicité a los nuevos padres, me quedé platicando un buen rato con ellos, poniéndonos al día por todo el tiempo perdido, luego cenamos, al terminar nos quedamos viendo una película. Cerca de las nueve de la noche Luigi y yo nos fuimos a su habitación. Me bañé y puse mi uniforme en a lavadora y luego en la secadora. Todo estaba listo para el día siguiente.
—Préstame algo para dormir quieres, una camiseta me basta —me senté sobre la cama.
—Toma.
—Gracias  sin pudor alguno me desenrollé la toalla del cuerpo, comencé a secarme bien antes de ponerme la camiseta.
—Hay un hombre en esta habitación, por si no te has dado cuenta.
— ¿Te avergüenza verme desnuda?
—No es eso —se le veía incomodo.
—Luigi...
—Dime... —Aun desnuda me acerqué a él y lo rodeé con mis brazos por la espalda — ¿qué quieres?
— ¿Jamás pensaste en hacerlo conmigo?
—Jamás.
— ¿En serio?
—En serio.
— ¿Por qué?
—Ya te lo dije, eres demasiado valiosa para mi, nunca te trataría de esa manera, así que...—se dio vuelta me cargó y me tiró sobre la cama — ya vis te te
—Condenado —reí, lo tomé del brazo y lo halé con fuerza haciendo que callera sobre mi —Luigi...
—Dime
— Quiero intentarlo... hacerlo con un chico.
—Pero no será conmigo de eso puedes estar segura.
—Pero... es que eres el único hombre sobre la tierra en quien confío.
— ¿No te importa... —acarició mi rostro —arruinar nuestra relación?
— ¡Claro que me importa!
—De ser así ya deberías saber que si hacemos eso nunca volveremos a ser como antes.
—De eso no estamos seguros.
—Así será, yo lo sé... le estás dando demasiada importancia a lo que te dijo ese chico y sólo es por eso que estás actuando de esta manera.
—Puede ser —lo abracé —lo siento.
—No te pongas así —se levantó y tomó la camiseta que había caído al suelo, me ayudó a sentarme y muy tiernamente me vistió — res única para mi Eri, irremplazable, invaluable... jamás en mi vida haría algo que cambiara nuestra relación, me gusta la persona que soy cuando estoy contigo y no quiero arruinarlo... así que nunca vuelvas a pedirme algo como eso porque soy tu mejor amigo, pero también soy un hombre...
—Y un hombre siempre será un hombre
—Sí.
— ¿Es que los hombres sólo nos ven a las mujeres de esa manera?
— Ya debes saberlo después de lo que te sucedió.
—Sí pero... ¿acaso es que los hombres no se enamoran?, ¿nunca te has enamorado? ¿En serio las chicas sólo les sirven para tener sexo? ¿Sólo así nos ven?
—No te sabría responder pero en mi caso... creo que esa mujer sería para mí como una joya preciosa la valoraría tanto que me daría miedo tocarla por temor a ensuciarla...
—Eso quiere decir que me amas mucho.
—Sí.
—Luigi.
—Dime.
— Te amo.
— Ya lo sé. Eri...
—Dime.
—No te vayas a enamorar de él
— ¿Él?, ¿de quién estás hablando?
—Sería horrible que la primera vez en tu vida que te enamores, te enamores de él.
—No sé de qué me estás hablando.
—Esa es la primera persona que conozco que hace que te comportes de esta manera, así que te cuidado si, prometiste que nunca te enamorarías entonces por favor cumple...
No sabía de qué me estaba hablando pero no le di importancia en ese momento. Esa noche dormimos abrazados, como lo hacíamos siendo pequeños, siempre me sentí tan segura en los brazos de Luigi y mucho más aun después de que me salvara ese día.

Mamá siempre tuvo muchos novios, pero ninguno le duraba, siempre los mandaba a volar diciendo que no eran su tipo y luego se arreglaba y salía de casa a ver qué encontraba. Ese día cumplía once años, mamá como de costumbre lo había olvidado así que cuando volvió a casa con su pareja y vio mi rostro molesto, enseguida salió corriendo a comprarme un pastel.
Jamás me llevé bien con las parejas de mi madre, pero el de ese tiempo era el que más me había desagradado, los otros simplemente me daban igual pero a ese sin duda no lo soportaba, no sabía por qué, había algo en su mirada que me perturbaba. Como no querías estar a solas con él fui y me encerré en mi habitación.
A los pocos minutos él llamó a mi puerta, ingenua como era y sin saber la clase de peligros que ofrecía el mundo, lo dejé pasar. Me senté sobre la cama y él se sentó a mi lado. Me miraba de manera misteriosa. Se sacó algo del bolsillo de su pantalón, era una pequeña caja adornada con un listón rosa, me la dio y yo la abrí;  era un llavero con un hermoso diseño de una mariposa adornado con pequeños diamantes, falsos claro.
—Yo si recordé tu cumpleaños —sonrió y yo le devolví la sonrisa.
—Gracias.
—Pensé que tu madre te había preparado algo por eso no se lo recordé, es normal después de todo que las madres recuerden el cumpleaños de sus hijos.
—Mamá siempre anda en las nubes.
—Preciosa, ¿cuántos cumples?
—Once.
— ¡Ya eres toda una señorita!
—No, aun soy una niña.
— ¿Te gusta ser una niña?
—Sí, ¿por qué no habría de gustarme?
—No lo sé, ¿jamás has querido crecer y ser como tu mamá?
—No lo había pensado...
— ¿Salir con chicos?, ¿hay algún chico que te guste? ¿No quieres besarlo?
— ¡No, claro que no!
—Hay muchas cosas que puedes hacer siendo adulto.
—Aun me falta mucho para eso.
—Pero nena, yo me sé un truco y puedo convertirte en una adulta en unos cuantos minutos.
— ¿En serio?... mentiroso.
—Es cierto, ¿te lo muestro?
Mi mente se puso completamente en blanco cuando me tomó fuertemente entre sus brazos y comenzó a besarme, no sabía en realidad lo que hacía pero si sabía que estaba mal. Traté de soltarme en muchas ocasiones pero fue en vano, su fuerza, por mucho, superaba la mía. En mi interior no hacía más que rogar para que mi madre llegara a casa y me salvara. De pronto escuché el sonido de mi ropa al ser rasgada violentamente, el tipo comenzó a lamer mi pecho con una furia ciega, no parecía el mismo. Grité una vez pero no fue suficiente, estaba tan asustada que el aire comenzó a hacer falta en mis pulmones haciendo que de mi boca no salieran más que gemidos ahogados pero desesperados y llenos de temor. Rogaba porque alguien llegara y me salvara. Recuerdo cuando me quitó la ropa interior y comenzó a acariciarme insaciablemente con sus dedos, para ese momento ya había perdido la fuerza y no hacía más que llorar. Me tiró sobre la cama, intenté levantarme cuando vi que bajaba la cremallera de su pantalón, el pánico me asfixió en ese momento, no dejaría, no podía permitir que me hiciera nada. Con la poca fuerza que tenía comencé a gritar, sólo un nombre fue el que salió de mi boca: Luigi.
¡Luigi, Luigi! gritaba, ¡Ayúdame!, lo repetí de esa misma manera una y otra vez, el hombre al ver que no lograba controlarme comenzó a sentir pánico, a ese paso descubrirían lo que trataba de hacerme y lo que ya me había hecho. Me levanté de la cama y aun con lo pesado que sentía mi cuerpo, corrí hasta la puerta, la abrí, pero él interceptó mi salida, me tomó nuevamente, y fuertemente con una de sus manos selló mi boca para que dejara de gritar. Me tiró nuevamente en mi cama, tomo mis piernas con sus manos, en ese momento sentí que moriría. Cerré mis ojos fuertemente. El rostro de Luigi se dibujó en mi mente, y me pregunté: ¿por qué no has venido a salvarme?... un fuerte sonido fue lo único que llegué a escuchar, sentí el peso del hombre caer sobre mi pero estaba inmóvil, como si estuviese durmiendo o muerto. Abrí los ojos, sentí como alguien me tomaba del brazo, con mucho esfuerzo me quité al hombre de encima y salí de la cama, unos brazos más pequeños y delgados y mucho menos bruscos me rodearon, peleé un momento porque no sabía quién era, pero luego escuché como me llamaban por mi nombre. Luigi si había llegado a salvarme.
Me abrazó todo el tiempo, o más bien fui yo quien no dejé que nadie más tratara de consolarme, ni siquiera mamá quien lloraba y se disculpaba conmigo incesantemente, naturalmente se sentía culpable. Del tipo ese no volví a saber nada, si lo metieron preso, si ya había salido de prisión, nada. No me importaba con tal de que nunca más volviese a aparecer en mi vida.

En la mañana nos alistamos para irnos al colegio, el esposo de la hermana de Luigi se ofreció amablemente a llevarnos. Durante el camino recordé las palabras de Luigi, "No te vayas a enamorar de ese chico". Reí en mi interior, ni siquiera creía que eso fuera posible. Y mientras iba sumida en mis pensamientos, sentía como dentro de mi bolso mi celular comenzaba a vibrar, con toda la pereza del mundo comencé a buscarlo entre todas mis cosas esperando que en el proceso la persona que me llamaba se cansara de esperar a que yo contestara, para mi desgracia no fue así. El teléfono dejó de vibrar por un momento pero después de unos segundos lo volvía a hacer, no me quedó de otra más que contestar...
— ¿Dónde estás?
—Moshi, moshi ¿onii—sama?
—Déjate de juegos, ¿en dónde pasaste la noche?
— ¿Te importa?
—Tu madre te dejó en mi cuidado así que claro que me importa.
—No tengo tiempo para discutir contigo, ya voy llegando al colegio, te hablo luego.
—Iré a recogerte cuando salgas, cuidadito te vas a algún otro lado.
—Como sea...
Terminé la llamada, estaba molesta, lo que Luigi había dicho carecía completamente de sentido, ¿cómo demonios podría llegar a enamorarme de alguien como él?

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