Onii-sama 2




~Capítulo 2~

Un aroma para nada característico en mis mañanas alcanzó mi agudo sentido del olfato haciendo que me levantara de mi tan incómodo lecho. Dormir en el sofá era algo que sin duda no volvería a repetir ni aunque lo demandase el mismísimo Jesucristo, y si alguien lo pidiera primero tendría que convencer a mi espalda, la condenada me estaba matando.
Bostecé y me limpié los restos de baba sobre mi mejilla, era una ofensa para las demás mujeres decir que pertenecía al mismo género que ellas, puesto que yo carecía de los modales y refinados andares que tanto caracterizan al género femenino. No significaba gran cosa para mí, me decía a mí misma que con un poco de esfuerzo podría superarlo y tampoco era tan descuidada, por lo menos me esforzaba lo suficiente para lucir presentable.
Esperando que mi nuevo y querido hermano siguiera dormido me escabullí sigilosamente dentro de la habitación para sacar mi uniforme del colegio y el bolso con los cuadernos que se suponía utilizaría ese día. Él ya no estaba ahí, lo que hizo que mi mente retrocediera al momento en que mi dichosa nariz olfateó el delicioso aroma de un desayuno en proceso. Me pregunté: ¿Hizumi?
Consideré demasiado rudo de mi parte atreverme o apresurarme a sacar conclusiones, después de todo apenas conocía al susodicho así que no tenía ni la menor idea de lo que era capaz el fulanito, claro que podría hacer una lista con todas las preguntas que resultaran de mi interés, pero con todo el tiempo que suponía yo, nos quedaba por delante, concluí que sería más divertido ir conociendo a mi hermano poco a poco, y claro, tampoco era que estallaba de curiosidad o lo más seguro fue que me encontraba demasiado soñolienta como para procesar todas las locuras que visitaban mi mente, necesitaba que alguien me detuviera porque sin duda ya estaba desvariando.
Me acerqué a la cocina, fue lo más lógico a mi parecer, y de no haberlo hecho me hubiese perdido una escena de lo más maravillosa, y entiéndase maravillosa por el hecho de que la cocina era el lugar que menos frecuentábamos mi madre y yo, ni tenía idea de que esos aparatos todavía funcionaban, pero al ver a Hizumi frente a la estufa usando un viejo delantal que le había regalado como broma a mi mamá el día de las madres... pues sinceramente me dejó un poco sorprendida. Claro que todo el mérito de la sorpresa se lo llevaba Hizumi puesto que me pude haber encontrado a alguien más en la cocina haciendo y usando lo mismo, pudo ser el mismísimo Brad Pitt y aun así estoy cien por ciento segura, no me habría causado el mismo impacto.
Hizumi se veía muy guapo, apuesto, atractivo, hermoso... No estaba exagerando, incluso con su cabello desarreglado, siendo culpable de ello la almohada, y aun con la ropa algo arrugada y desaliñada y con los pies descalzos... Se veía bien, mucho mejor que cualquier chico de mi escuela o que cualquier otro chico o chica que en mi vida hubiera conocido.

—Cinco puntos extras para ti onii—sama —hice una medio reverencia como broma —saludo al único miembro de la familia con la habilidad de entrar a la cocina y no provocar un incendio, y además de eso, por ser el responsable de hacer que tan agradables aromas dancen por el aire.
—Buenos días, aún falta algo de tiempo para que esto esté listo.
—Entonces iré a bañarme.
—Claro. Por cierto, ¿dormiste bien?
—No quiero contestar esa pregunta, pero créeme cuando te digo que si así va a ser cada vez que duerma en el sofá entonces con gusto duermo ahí todos los días —reí —aunque pensándolo bien dentro de dos semanas eso ya no hará falta.
—No quieras aprovecharte de mi hermanita
— ¿Qué cosas dices onii—sama?, para eso aún tengo mucho tiempo.

Sabía que el matrimonio de mi madre significaría un gran cambio en mi vida, pero por el momento no tenía problema, me resultaba bastante divertida la manera en que tanto Hizumi como yo congeniábamos tan perfectamente.
Y que puedo decir, el desayuno estuvo delicioso, superó por mucho mis expectativas. Las tostadas francesas, el omelette, Dios sabe qué ingredientes utilizó para que le quedaran tan bien. Según Hizumi fue un desayuno improvisado ya que nuestra despensa dejaba mucho que desear, bromeó diciendo que un indigente tenía más comida que la que nosotras teníamos en casa. La broma no me resultó graciosa, y cómo iba a resultarme graciosa si esa era la verdad. Con mamá teníamos la costumbre de ordenar para cada comida así que mantener alimentos en el refrigerador o en las alacenas era un desperdicio, sólo en casos de emergencia cocinábamos, y esos casos se presentaban más que todo cuando al bolsillo se le antojaba.
Mi nuevo y dulce hermano se ofreció a llevarme al colegio en su lujoso auto, eso sin duda atraería más de alguna mirada curiosa lo cual imaginé sería muy gracioso. No era precisamente miss simpatía así que sabía más de un curioso estiraría el cuello "disimuladamente" para poder apreciar al exótico asiático que muy amablemente había llevado a la escuela a la niña anti social para así poder especular y comenzar una gran cantidad de rumores uno más infantil que el anterior y que sólo sus diminutas mentes podían creer y procesar. Demasiado tiempo en frente del televisor atrofia el cerebro.
Llegué al colegio y como imaginé la mayoría de las miradas se centraron en el auto, el conductor y en mí. Los ignoré a todos por completo. Ya tenía maestría en eso.

—Si los viejos no han regresado, esta noche te quedaras en mi casa, de ser así pasaré por ti a la salida.
—Si me lo hubieras dicho con tiempo habría traído algo de ropa.
—Descuida ya me encargaré de eso. Hasta las tres entonces.
—Sí, hasta las tres
—Por cualquier cosa espero que esta vez tu celular tenga carga suficiente
—No hay problema, lo dejé cargando toda la noche.

Intercambiamos números telefónicos y con una efímera sonrisa Hizumi se despidió y se marchó.
Entré al salón de clases el cual consideraba mi infierno personal, pero aun así dentro de ese infierno había una personita que me hacía la vida muchísimo más agradable.

—Eri, Eri, por lo que más quieras dime qué hiciste la tarea de química
— ¿Te refieres a la que dejaron la semana pasada?
—Esa misma, la tienes, la tienes, préstamela por favor.
—Luigi, nunca aprendes...

Luis alias Luigi era mi mejor amigo desde siempre. Era alegre cuando la situación lo requería y un tanto misterioso, también un poco indisciplinado en clases lo cual sin duda me divertía mucho, sobre todo porque sabía cómo hacer más amenas las clases aburridas, desde que lo conocía siempre había usado el pelo de largo, hasta mitad de la espalda, su cabello era envidiablemente liso ya ni siquiera recordaba su color original puesto que Luigi lo teñía de colores locos constantemente, en ese tiempo lo andaba negro azulado que fue el color más decente que lo había visto usar en años. De complexión delgada y con un metro setenta y nueve centímetros de estatura, no era para nada feo, de hecho era todo lo contrario, un bombón. En innumerables ocasiones corrieron los rumores de que éramos pareja, cosa que no era para nada cierta, simplemente no nació entre nosotros la tensión necesaria para tomar la iniciativa y hacer que así fuera.
Las chicas me odiaban un poco más de lo que ya lo hacían por el hecho de ser su amiga, porque aun con lo desaliñado que podía llegar a ser, el individuo era bastante popular con las damas, eso después de que cierta persona cuyo nombre no pienso decir esparciera el rumor de que estaba bien dotado, cosa que no era para nada mentira, lo digo con conocimiento de causa y después de haberlo visto por error mientras se masturbaba, cosa que me pareció comiquísima, después de todo, ¿por qué necesitaría masturbarse alguien a quien las chicas literalmente se le ofrecen en bandeja de plata?.
Después de ese "gran incidente" nació una extraña incomodidad entre nosotros pero así como surgió desapareció y todo volvió a la normalidad.
Liugi tenía una hermana mayor que me encantaba, tal vez era por los instintos maternos que siempre mostraba para con su hermano, quién sabe, el hecho es que su hermana siempre fue mi amor platónico, sabía que entre ella y yo nunca iba a pasar nada, y no sólo por los seis años de diferencia entre nuestras edades si no por el pequeño detalle de que ella ya estaba casada.
Luigi no era precisamente un muchacho tranquilo, llegó un momento en que sus padres no lo soportaron y lo echaron de la casa, pero para su suerte su hermosa hermana salió a su rescate y desde entonces vive con ella.
Siempre he sido una persona bastante enamoradiza, y cuando digo enamoradiza me refiero al hecho de que gusto de las personas fácilmente, más nunca llego a amarlas, no soy buena en eso. Recuerdo que de la primera persona que me “enamoré” fue de uno de los novios de mamá, en ese entonces tenía ocho años y de verdad que me puse loquita por él. Mi madre lo notó y temiendo que pasara algo, más por él que por mí, terminó su relación. La segunda persona de quien me enamoré fue de una compañera unos dos años después de mi primera decepción amorosa. Recuerdo que lo primero que me llamó la atención de esa chica fueron sus hermosos y perfectamente ondulados rizos. Hubo en ese entonces un instante de confusión en mi interior ya que, siendo chica, lo normal era que solamente me fijara en chicos, no era así, me gustaban los chicos y las chicas por igual, en ese tiempo no sabía que ese tipo de preferencias tenía un nombre pero luego de una pequeña investigación descubrí que era bisexual lo cual me quitó un gran peso de encima.
Mi primera relación fue al cumplir los 13 años de eso ya varios años. Ella tenía la costumbre de pasar por el colegio, no sé cómo fue comenzó pero de pronto y sin más me fui fijando en ella. Al parecer el asunto fue mutuo, recuerdo que una tarde se me acercó, platicamos casualmente como si nos conociéramos de hace varios años, luego me invitó a tomar algo, ya ni siquiera recuerdo a donde fuimos lo único que recuerdo fue que después de beber lo que fuese que bebí, me invitó a su apartamento, ella tenía en ese entonces diecinueve años y comenzaba a vivir sola y yo estaba tan fascinada que sin pensarlo siquiera acepté su invitación. No sabía con exactitud qué era lo que ella tenía planeado hacerme pero tampoco era como si me importara, después de todo estaba más que deseosa por experimentar cosas nuevas, aunque no niego que estaba muy nerviosa... Nerviosa, demasiado nerviosa, no sólo por el hecho de haber aceptado tan fácilmente la invitación de una hermosa extraña, sino porque en el fondo en realidad sabía la razón por la que ella me había llevado a su apartamento. Siendo menor que ella y al tener cero experiencias al respecto, dejé que hiciera conmigo lo que quisiera. Esa fue mi primera experiencia sexual, no fue dolorosa, no sé por qué razón pensé que así sería, tal vez fue por el hecho de que escuchaba murmurar a mis compañeras de clases lo dolorosa que era la primera vez, claro que ellas se referían a la primera vez con un chico y pues dado que mi primera vez fue con una chica no fue para nada dolorosa, todo lo contrario, fue en extremo placentera, ella sabía dónde tocar y como tocar, sabía dónde se sentía bien y donde se sentía extremadamente bien, así que mi primera vez, y aunque no hubo mucho esfuerzo por mi parte, fue maravillosa.
Iniciamos una relación casual, nos hablamos por las noches, salíamos los fines de semana a divertirnos y había ocasiones en que decidíamos pasar el día en su apartamento, haciendo cosas de chicas. Tenía dos trabajos así que los días de semana no solíamos encontrarnos. Estrictamente hablando no era una relación basada simplemente en el sexo, aunque no puedo negar que si había mucho de eso, de hecho nos llevábamos muy bien, no peleábamos para nada y nuestros gustos eran alarmantemente similares. Fue así que llegamos a la conclusión que a pesar de la fascinación que sentíamos la una por la otra nuestra relación era de simple amistad, nunca nos vimos como amantes ni nada parecido, éramos más bien algo así como amigas con derecho, y pues ese hecho no me molestó así que seguimos siendo amigas con derecho hasta que ella se enamoró de una compañera de trabajo. Yo no quería causarle problemas así que poco a poco me fui alejando de ella y no porque me sintiera celosa por su nueva relación, era sólo que tener sexo con ella me gustaba tanto que sabía que si me quedaba cerca al final la orillaría a tener relaciones conmigo nuevamente y eso sin duda representaría un problema innecesario a su nueva relación.
No hubo ninguna clase de resentimiento por ninguna de las dos partes y a los pocos meses de haber terminado esa relación que pensándolo bien, ni siquiera existió en primer lugar, comencé a salir con un chico. Cursábamos el mismo año de secundaria pero en cursos distintos, nos conocimos por pura casualidad durante un evento deportivo que incluía a varias escuelas de la zona. Yo me había ofrecido a ayudar a los atletas y deportistas del colegio. Así que después de cualquier encuentro yo era una de las encargadas de darle agua a los chicos o cualquier otra cosa que necesitasen. Y así fue como lo conocí. Le pasé una botella con agua, tan simple como eso.
Comenzó a buscarme durante los recreos y a la salida, hablamos simplemente de cosas del colegio, pero aun así era bastante entretenido pasar el tiempo con él. Así que cuando escuché su propuesta simplemente no pude negarme, mucho menos podía negarme frente a ese par de ojos color miel que me miraban nerviosos y firmes al mismo tiempo.
Esa fue otra relación corta, creo que no duramos más de cuatro meses. La culpa no fue de nadie, de hecho nunca he entendido porque las personas siempre tienden a culparse las unas a las otras cuando una relación no funciona. Como sea, quedamos como amigos porque tuvo que mudarse con su madre después de que esta se divorciara de su padre.
Como mamá nunca estuvo casada, jamás supe lo que era un padre y mucho menos un divorcio, nunca vi o por lo menos nunca me permití ver a ninguno de los novios de mi madre como figuras paternas puesto que esas relaciones duraban muy poco, fui aprendiendo a no encariñarme con ellos. Y era precisamente por eso que mi mente todavía no terminaba de procesar la noticia de que mi madre se iba a casar, si me lo hubiese dicho unos años atrás hubiera considerado todo como una simple broma, similar a la que le hice a ella el día de las madres al regalarle un delantal, pero el hecho de que la había visto tan feliz las últimas semanas hizo que me dijera a mí misma que tal vez esta vez la cosa si iba en serio. Después de todo nunca antes había hablado de matrimonio.

— ¿Qué sucede? — Me preguntó Luigi.
—Acabo de recibir un mensaje, mi mamá no regresará hasta la próxima semana y me ha dicho que hasta entonces me quede con Hizumi.
—Hizumi... ¿tu hermano?
—Mi "va a ser hermano"
— ¿Que ya se conocieron?
—Ayer.
— ¿Y qué tal?
—Bastante agradable el tipo, aunque lo encontré en pleno acto con su novia, fue comiquísimo.
— ¿No se asustó, avergonzó... nada?
—Nada, fue de lo más normal, cosa distinta fue su novia. Es una preciosidad sabes.
—De tu tipo
— Justo mi tipo, y tiene un par de pechos... seguro la vez y le saltas encima.
—Tengo algo llamado autocontrol sabes.
—Lo dice el hombrecito que coge como conejo, me sorprende el hecho de que aún no hallas embarazado a nadie.
—Soy responsable.
—Excepto con las tareas. ¿Terminaste?
—Ya casi...
—Termina rápido quieres, el maestro llega en cualquier minuto.
—Sí, sí. Oye...
— ¡Dime!
—Ten cuidado.
— ¿A qué te refieres?
—Incluso aunque vayan a ser hermanos siempre tienes que tener en cuenta que no tienen lazos sanguíneos en común, la firma sobre un papel no garantiza nada y al final un hombre es un hombre
—Tiene novia.
—Eso no tiene importancia.
—No creo que me encuentre para nada atractiva.
—Al final eso tampoco importa, sabes, hay tipos que no le importa como luzca la chica con tal que tengan donde meterla les es suficiente.
—Siempre me ha fascinado tu manera de expresarte.
—Lo digo porque sé que tu experiencia con chicos no ha sido mucha, las chicas son mucho más cariñosas y no harían algo como eso, pero los hombres son cuento aparte.
—Que haya salido mayormente con chicas no quiere decir que soy estúpida y que me voy a dejar enganchar por un hombre, además ya sabes que me van más las chicas que los chicos.
—Eso dices, pero no recuerdo haberte escuchado jamás decir que te has enamorado.
— ¿Es un crimen?, y ¿cómo la conversación llegó hasta este punto?, ¿que no estábamos hablando del supuesto pervertido en potencia al que dentro de unos días llamaré hermano?
—Sólo ten siempre en mente esto: un hombre es un hombre.
—No entiendo cómo surgió esta conversación. Dime Luigi ¿acaso has hecho algo así?
—No.
— ¿Entonces?, eres hombre ¿no?, ¿no que un hombre siempre es un hombre?
— implemente tengo mucho de donde escoger, si tengo necesidad sólo hago una llamada y listo.
—Probablemente con él sea igual, es bastante atractivo sabes...
—Terminé —me entregó mi cuaderno —por cierto el ejercicio de REDOX, el último, tienes un error.
— ¿Ah sí?, pues corrígelo y me lo pasas.
—Acuérdame antes de examen.
—Está bien...
—Eri, no sé si te des cuenta pero, eres bastante atractiva.
— ¿Yo?, déjate de bromas.
—Y tu forma de ser hace que llames mucho la atención.
— ¿Lo dices en serio?, sí más de la mitad de la escuela me odia y el resto me ignora.
—Eres bastante fuerte en general sabes, pero cuando se trata de tu apariencia pierdes confianza.
—No me importa
—Si te importa, y lo peor de todo es que tú misma te consideras fea cuando la realidad es otra, eres preciosa.
—Estoy gorda y no me arreglo bien aunque no creo que eso ayude mucho...
— ¡No estás gorda!
— ¿Ah no?
—No, lo que sucede es que tiendes a comparar tu físico con esa calaveras que hay en el salón de clases, ¿qué crees que a los chicos nos gustan flacas?
— ¿Y que no es así?
—Cuántas veces te he dicho que no, crees que nos gusta sentir como se nos clavan sus huesos por todo el cuerpo mientras se los hacemos, pues date cuenta: ¡NO! Las curvas, eso sí que nos vuelve locos, saber que donde pongamos las manos hay de donde sujetarse... el cuerpo femenino es una belleza siempre y cuando haya que tocar y no sólo piel y huesos.
—Pero el exceso de grasa tampoco es atractivo.
—Ya basta... dejémoslo así cuando tocamos este tema siempre terminamos peleando, pero ya llegara el día en que te convenza de lo hermosa que eres.
—Lo dices porque eres mi amigo, caso contrario ¿por qué nunca has intentado seducirme?
—Porque eres demasiado valiosa para mí, jamás te trataría como trato a las demás chicas.
—No te la paro, sólo di eso no lo adornes.
—Sólo... ten cuidado con ese chico, mientras estés con él quiero que siempre cargues tu celular, pon mi número en marcado rápido para que así no se te dificulte si llega a ocurrir algo, de acuerdo.
—Está bien, y sólo para que lo sepas ya tengo tu numero en marcado rápido... paranoico.

Hizumi llegó por mí a las tres de la tarde en puntito, será cosa de los japoneses ser puntuales. Me despedí de Luigi en la entrada y me subí al auto de Hizumi. No sabía qué era lo que había puesto tan paranoico a Luigi pero pensé que no haría mal en tener en cuenta sus consejos, sólo por si las moscas.
Regresar a esa enorme y lujosa casa me gustó. Hizumi me mostro la habitación que se estaba preparando para mí, por mientras dormiría en una de huéspedes, a mí me daba igual con tal de tener donde dormir. Me pareció rara la insistencia de mi madre de que mientras estaba de viaje me quedara con Hizumi, me había dicho que no le gustaba que me quedara sola pero ¿acaso no siempre me la pasaba sola en casa? no entendía a que se debía su repentina preocupación, de hecho me pareció que fue más idea del padre de Hizumi que de ella misma.

—Hubiésemos pasado por mi casa por algo de ropa.
—No hay necesidad, te compré algo.
— ¿Me compraste algo de... ropa?
—Papá me prestó una de sus tan valoradas tarjetas de crédito, me dijo que te comprara todo lo que quisieras y pues anoche me tomé la libertad de ver tu ropa y...
— ¿Y?
—Sin comentarios.
— ¿Compraste mucha?
—Algo, toda está en mi habitación. Cindy escogió la mayoría de ella y también la ropa interior.
—Ajá, ¿algo más?
—No me vas a dar las gracias.
— ¡No!
—Si necesitas algo no dudes en tomarlo y un consejo, aprovecha que papá quiere consentirte.
—No necesito nada de tu padre en todo caso si quiere andar de caritativo que le dé todo a mamá, ella si estaría encantada.
—Como sea... Bueno, regreso dentro de un rato.
—Está bien.
—Pórtate bien.
Onii—sama que no ves que tu imotou es un angelito.
—Eso es lo que me preocupa.

Ok. Estaba molesta. En primero lugar como me visto es asunto mío y sólo mío. Que el fuese un vanguardista de la moda me gustaba mientras se mantuviera alejado de mis gustos. Otros escogerán la ropa con el fin de verse mejor y estar a la moda, pero yo la escogía pensando únicamente en mi comodidad... ¡Jáh! pero estaba cansada después de la pequeña discusión con Luigi así que no quise pelear y mucho menos aun después de haber escuchado que la linda noviecita había escogido la mayoría de las prendas. Sin duda esa chica se convertiría en mi debilidad.
Me encerré en la habitación de huéspedes en la que dormiría para así no tenerle que ver la cara cuando regresara. No sabía que había pasado pero la magia del primer día en que nos conocimos se había esfumado. Ya no me caía tan bien, incluso llegué a pensar que en realidad era un maldito engreído. Maldito japonés. Incluso había perdido lo lindo.
Maldiciendo en mi interior me quedé dormida, la cama..., la maldita cama tuvo la culpa de que me quedara dormida tan rápido, era la cosa más cómoda en la que jamás había dormido así que caí tiesa a los pocos segundos de haberme acostado sobre ella, pero, así como me dormí me desperté. No tenía idea de la hora que era, todo estaba oscuro y estaba durmiendo tan pero tan bien que maldije a los dos bastardos que me despertaron, ese par estaba cogiendo otra vez. Los ruidos eran exageradísimos, esa era una de las razones por la que nunca lo había hecho con un chico, los desgraciados sólo piensan en su propio placer sin importarle lo que la chica siente, no siente o deja de sentir.
Me tapé los oídos pero el ruido, a pesar de que había disminuido, seguía molestándome. En eso escuché algo que sin duda acaparó mi atención. Los gemidos eran diferentes. Esa no parecía la vos de Cindy para nada, de hecho por un momento dudé de que tan salvajes gemidos vinieran de los labios de una chica. La curiosidad de dominó por completo e hizo que mi cuerpo se moviera por su cuenta. Me acerqué poco a poco a la habitación de Hizumi en donde pude escuchar el alboroto sexual más detalladamente, así pude corroborar que los gemidos, de hecho, si pertenecían a una chica, era sólo que esa chica no era Cindy. —Maldito infiel— susurré. Como había acatado la orden de Luigi de siempre andar el celular conmigo me dispuse en ese momento a abrir la puerta para captar a mi hermano en una pose que comprometiera su relación con su actual novia.
¡Sorpresa, sorpresa! no era Hizumi era otro chico a quien obviamente no conocía.
Como abrí la puerta delicadamente, la pareja no se había percatado de mi presencia, por suerte para mí. Cerré la puerta cuando sentí que alguien me tomaba por detrás.

— ¿Qué pensaste que ibas a encontrar allí dentro?
—Nada —murmuré nerviosa
— ¿Ah sí?
—Está bien. Escuché el ruido y me di cuenta que los gemidos no eran los de tu novia, supuse entonces que le estabas siendo infiel lo que me pareció injusto así que pensé en hacerle un favor a la chica librándola de su infiel amante, pero no eras tú así que supongo que puedes estar tranquilo
—No soy infiel, sería una estupidez, después de todo el tiempo que llevo con Cindy no cometería semejante idiotez.
—Qué bueno que pienses así.
—Ella tampoco me sería infiel así que... ni siquiera lo intentes...

Me susurró el "ni siquiera lo intentes" al oído lo que me provocó un ligero escalofrió fue así como me di cuenta que el maldito condenado tenía un intuición bastante aguda.

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