Onni-sama 1






Ese característico y bien recibido sonido del timbre anunciando el final de la jornada retumbó en mis oídos y lo primero que hice fue apresurarme a guardar las cosas en mi bolso. Salí del aula como alma que lleva el diablo, fue un milagro que no tumbara a nadie en el proceso.
No era que se me había hecho especialmente tarde para ir a una cita, de hecho aún tenía poco más de una hora, lo que había sucedido era que me había gastado el dinero para el taxi que se suponía tenía que tomar para no llegar tarde. Así que debido a dificultades netamente económicas no me quedó de otra más que tomar el autobús y para colmo de males, la batería de mi maldito celular de primera generación se había muerto.
Corrí hasta la parada de buses y a los dos minutos el vehículo ya hacía su entrada triunfal, dejé que las personas se bajaran y luego subí deseando encontrar un asiento desocupado, estaba cansada ya que por mi falta de resistencia física me parecía que había corrido unas diez vueltas alrededor de un campo de fútbol. Menuda suerte la mía, no había ningún asiento libre y para colmo de males, en la siguiente parada el bus fue abordado por más de un centenar de personas y no estoy exagerando… bueno tal vez si esté exagerando un poco pero se entiende.
Luego de viajar más de cuarenta minuto sin tener la oportunidad de sentarme durante todo el bendito camino descendí del bus, saqué de mi bolsillo un papel en donde estaba la dirección — exacta según mi mamá — de la casa que tenía que visitar, por suerte aún faltaban unos minutos.
Conté de casa en casa hasta llegar a una lujosa mansión, bueno estrictamente no era una mansión pero comparada con mi pobre apartamento de dos piezas, cocina—comedor y un baño, pues eso fue lo que me pareció. La estructura estaba en una de las zonas residenciales más prestigiosas de la ciudad, era de dos plantas con un hermoso jardín frontal adornado con rosas, tulipanes, girasoles y otro montón de flores que no supe reconocer, parecería un tanto sobrecargado pero cada flor estaba colocada de tal manera que aquello parecía un espectáculo de colores en un maravilloso y soleado día de verano, lo único que faltaba para completar la escena era una leve brisa que agitara mis castaños cabellos y levantar ligeramente la falda de mi uniforme la que cuidadosamente usaba sólo un poco por encima de las rodillas… me quedé un rato fantaseando, para cuando reaccioné noté que le verja estaba abierta y sin pedir permiso me aventuré a entrar. La casa era color blanco marfil, unos pilares adornaban la entrada y la puerta principal tenía un hermoso y muy elaborado tallado, tan hermoso que pude haberme quedado contemplándolo durante el resto del día pero supuse que los demás ya estaban adentro esperando a que yo llegara.
Llamé a la puerta tantas, pero tantas veces que por un momento mi mano se resintió conmigo.
“Ok se supone que me estaban esperando pero la verdad es que esta casa parece desierta… ¿dirección equivocada?... No lo creo, no soy tan despistada y nunca lo he sido por lo menos no para estas cosas”.
Tal y como yo lo vi podía hacer dos cosas, quedarme afuera esperando o irme… la segunda de plano estaba descartada puesto que no llevaba ni una tan sola moneda encima, el maldito viaje en autobús me había dejado pobre y con mi celular muerto tampoco podía llamar a alguien para que me socorriera. Así que me decidí por la primera opción y por unos minutos la llevé a cabo, pero luego la impaciencia me dominó… entré a la casa. En primer lugar nadie me podía regañar, digo, ¿quién demonios deja la puerta sin seguro?... Esa ya no era mi culpa.
Por dentro la casa estaba bastante… limpia, esa palabra era la que mejor la describía. El lobby era bastante amplio, con dos grandes espejos a cada lado, lo transité sin prestarle mayor atención hasta que llegué a la sala, ahí lo primero que noté fueron los enormes y llamativos muebles de cuero, un televisor plasma sobre la pared y un sistema BluRay… yo todavía tenía mi antiguo reproductor de DVD. En realidad me sorprendió a pesar de que todo estaba posicionado y ordenado de una manera bastante sencilla. La pared era del blanco marfil como las paredes de afuera con la diferencia que también llevaban una franja azul metálico dándole un aspecto bastante llamativo por no decir futurista. Supuse que después tendría más tiempo para seguir admirando tanta opulencia, así que decidí buscar aunque fuera un mínimo rastro de vida en aquella enorme casa.
Después de buscar en la cocina subí las gradas silenciosamente para conducirme a la segunda planta. De pronto un extraño ruido azotó mis sensibles oídos era algo así como un: "Ahh… aaahhh"… nunca he sido cobarde, de hecho me emocioné ya que tal vez esa sería la primera vez que me topara con un hecho o evento paranormal. No me detuve, simplemente comencé a desplazarme más despacio.
Los "aaahhhh aah! Parecían sonar cada vez más fuertes y fue ahí cuando descubrí que probablemente quien se quejaba era una mujer. Me detuve unos segundos para poder distinguir de que habitación venían esos sonidos… la última… supuse, porque siempre es así en las películas de terror pero no fue así… era la de la derecha del pasillo, segunda puerta. Avancé con paso firme… abrí la puerta sin siquiera dudarlo y vaya sorpresa que me llevé.
Está más que de sobra decir que no era un fantasma, era una mujer de carne y hueso, me sorprendió el hecho de que tuviese la maravillosa habilidad de contorsionar su cuerpo en posiciones que en mi vida creía posibles, claro que el chico que le estaba dando también ayudaba, le sujetaba las piernas y la penetraba de tal manera que no me extraño que sus jadeos sonaran tan lastimeros. Creo que la reacción de cualquier persona hubiese sido cerrar la puerta e irse, yo no hice eso. Me quedé observando durante unos minutos hasta que la chica, quien bien podía trabajar en un circo por la grandiosa elasticidad de su cuerpo se percató de mi presencia.

— ¡AAAAHHHH! —Gritó a todo pulmón.
—Ya sé que te gusta cariño pero no es para tanto.
—No es eso Hizumi… ella... —La chica me señaló.
— ¡Konnichiwa! —Saludé con un marcado tono de broma, no era japonesa obviamente, pero él chico ese sí o por lo menos eso era lo que me había dicho mi mamá.
—Hola. —Saludó —. Mmm… ¿Érika?
—Dios odio mi nombre, llámame Eri por favor —. Sonreí —no era mi intención interrumpirlos pero se supone que habíamos quedado de vernos aquí...
— ¿Qué no te llegó el mensaje? —Preguntó serenamente, aún estaba dentro de la chica pero sin pudor alguno salió de ella mostrando su extensa y bien formada erección.
—Pues no —saqué el celular de mi bolsillo y se lo mostré —mi cel se murió
—Emilia ya me había dicho que eras así, —se acercó hasta su pantalón el cual estaba tirado en el suelo a unos escasos centímetros de la cama, sacó el celular del bolsillo trasero y me lo lanzó para que leyera el mensaje —, cancelaron el encuentro, decidieron irse de pinta, ya sabes cómo son esos viejos
—Debí suponerlo —suspiré — ni modo… por cierto, ¿me prestas unos centavos?, no tengo como regresar a casa...
— ¿Me dejas terminar primero?
—Sigue con lo tuyo que ya no los molesto.
—Puedes tomar lo que quieras de la cocina.
—Te tomo la palabra —cerré la puerta pero no me alejé, lo hice hasta que se reanudaron los intensos jadeos.

A pesar de que era la primera vez que veía a Hizumi me pareció bastante lindo. Bueno después de todo el será mi hermano mayor o mi "onii—chan". Mi madre y su padre se iban a casar dentro de poco así que no me quedaba de otra que aceptarlo. Pues la verdad no sabía cómo esos dos se conocieron supuse que ese día nos iban a explicar esas cosas, lo de la boda y todo eso, pero los tortolos se dieron a la fuga. Y yo seguí sumida en mi ignorancia.
Me fui directo a la cocina y abrí el refrigerador, nunca había visto tanta variedad de productos, por lo menos el de mi casa sólo tenía estrictamente lo necesario, y en ese habían una gran cantidad de cosas que nunca había visto en mi vida, de nada servía que leyera las etiquetas pues nada parecía estar en español. Sin saber que era cada cosa, me fui por lo seguro, tomé algo de jamón, tomates, lechuga y mayonesa del refrigerador y revisé una de las alacenas en donde encontré una bolsa ya empezada de pan molde y precedí a elaborar un sencillísimo sándwich. Haría uno para mí y uno para los atareados chicos que estaban en la segunda planta, no sé ellos pero por lo menos a mí el esfuerzo físico me provoca hambre.

No tenía noción del tiempo y mucho menos sabía cuándo tiempo iba a tardar la pareja que se estaba dando duro en la habitación de arriba, así que con toda la confianza del mundo me senté sobre el sillón de cuero, tomé el control remoto y procedí a encender el enorme televisor de no sé cuántas pulgadas que tanto me había llamado la atención cuando había entrado a la casa. Cambié los canales sin prestar atención a ninguno de los programas que estaban en emisión a esa hora. Seguí así hasta que me encontré con un programa que sin duda llamó mi atención, una serie de animación japonesa de las que tanto me han gustado, "Full metal alchemist" era un capítulo que ya había visto pero eso no me importó en lo absoluto. Cantaba el ending del anime cuando escuché ligeros pasos a mi espalda.

—Dejé un par de sándwich dentro del micro ondas para ustedes, si es que les apetece claro está —dije notando el rubor que se formaba sobre las mejillas de la chica, sin duda estaba muy apenada
—Gracias —respondió Hizumi y luego se dirigió a ella —. ¿Quieres?
—Muchas gracias —me dijo la chica, sus mejillas seguían bastante coloradas, ambos se dirigieron a la cocina.

Los chicos regresaron con los susodichos sándwich y con un par de sodas y se sentaron en el sillón de al lado, Hizumi se mostraba muy calmado como si haberlo encontrado en pleno acto sexual no lo hubiese apenado para nada, pero otro caso era la chica quien sin duda evitaba mi mirada. Ya viéndola claramente pude apreciar que la chica era una preciosidad y justo mi tipo, sus ojos eran de un azul bastante cristalino, su cabello castaño claro y lacio muy por debajo de los hombros no estaba adornado de ninguna manera lo que hacía que luciera bastante delicado, su piel blanca y muy tersa le daba una apariencia de muñeca de porcelana de las antiguas, vestía un pequeño vestido sin mangas, con un listón lila que rodeaba toda la prenda terminando en un delicado y muy elaborado nudo por debajo de sus firmes pechos, copa D quizás, El escote era bastante recatado por lo que no fui capaz de calcularlo con exactitud… tal vez si los hubiese tocado… pero claro no iba a acosar sexualmente a la novia de mi hermanastro. El vestido color rosa pálido le llegaba hasta las rodillas, usaba unas sandalias blancas de taco bajo y una pulsera en su muñeca derecha que hacia juego con sus sandalias.
Aun con lo hermosa que era la chica y aun dada mi naturaleza bisexual la cual tendía a inclinarse más hacía el lado femenino, quien sin duda acaparó mi foco de atención fue Hizumi. Ya viéndolo completamente vestido era como ver a unos de esos integrantes de esas bandas J—rock que tanto me gustaban. Su cabello era completamente negro, lacio, corto por detrás pero con unos mechones largos que acariciaban su andrógino rostro ocultando levemente sus rasgados ojos negros, llevaba un piercing en su labio inferior al lado derecho y llevaba una pequeña argolla de plata en su oreja derecha. Usaba unos jeans holgados y una camiseta blanca y por encima de ésta una chaqueta negra con detalles de colores metálicos en las mangas. Andaba descalzo. Pensé que a pesar de estar tan lejos de su patria parecía que aún conservaba el estilo de su tierra y me gustó bastante, claro que eso sucedió gracias a mi extraña atracción por los rasgos asiáticos, pero igual me dije a mí misma que él estaba fuera de mi alcance.

—Eri — me llamó Hizumi — ¿edad?
—Eh… 17 — "así comienza el interrogatorio" —pensé.
— ¿Colegio? —Preguntó el asiático al tiempo que mordía el sándwich.
—Instituto público número 5 —contesté, las preguntas no eran nada comprometedoras pero la voz de Hizumi me ponía bastante nerviosa — ¿y qué hay de ti?
—Mmm… nada muy interesante, 21 años, segundo año de ingeniería civil en la universidad local, seguiré esclavizado en esta casa hasta que me gradúe y consiga un empleo decente, y ella es Cindy...
—Mucho gusto — saludó la chica menos avergonzada ya.
—El gusto es mío preciosa —le sonreí, la chica en realidad era mi tipo: delicada y dulce. Totalmente lo opuesto a mí —por cierto Hizumi, ¿sabes cuándo regresaran?
—Ni idea, ese viejo… —Suspiró —, desde que conoció a tu madre es como si tratara de recuperar el tiempo perdido
—Te entiendo —suspiré también —, mamá parece adolescente, está peor que yo, a veces es insoportable pero… no recuerdo haberla visto tan feliz así que no me importa —reí. Continuamos platicando los tres hasta ya muy entrada la noche. Mi "hermano" me pareció bastante simpático y amigable y su novia también
—Hizumi ya es tarde.
—No entiendo cómo es que tienes toque de queda en tu casa y a tu edad, pero como esa fue la condición para que tus padres me dejaran salir contigo pues supongo que no me queda de otra.
—Oye, ¿a dónde te diriges?, me caería bien una aventón —le dije, no me apetecía andar en bus a esa hora.
—Bueno, no queda precisamente de paso pero igual te llevo, no puedo dejar que mi "imouto" se vaya sola y mucho menos a estas horas… no quiero que Emilia me mate.
—Mi mamá ya te ama así que no creo que te mate, pero me alegra saber que mi "Onii—san" es una persona tan responsable —bromeé.
—Entonces señoritas, ¿nos vamos?

Hizumi subió a su habitación a ponerse los zapatos y a traer las llaves del auto, aproveché ese breve momento para interrogar a la hermosa damisela que yacía a mi lado.

— ¿Llevan mucho tiempo juntos? —Pregunté.
—Desde el colegio.
— ¡Wow! —Silbé —tanto tiempo.
—Sí —dijo y luego me regaló una sonrisa tan brillante como el cielo mismo, si las cosas seguían así me terminaría enamorando de la novia de mi nuevo hermano.
— ¿No se cansan?
— ¿Disculpa?
—Me refiero al hecho de que prácticamente están juntos todo el tiempo, bueno no sé qué se siente ya que nunca he estado en una relación tan larga pero, ¿acaso no es aburrido estar con la misma persona tanto tiempo?
—Pues estar en una relación requiere esfuerzo y mucha creatividad —sonrió pícaramente, esa sonrisa me encantó aún más.
—Pues creo que ahora somos cuñadas, o por lo menos dentro de dos semanas lo seremos.
—Eso parece —dijo con nerviosismo —después de todo pronto te convertirás en su hermanastra, eso lo tiene emocionado aunque no parezca.
—Espero que no espere una hermana linda y delicada porque ahí sí que se va a decepcionar.
—Le vas a gustar, ya verás.
“Así que le voy a gustar...”. Repetí esas palabras en mi mente y definitivamente sentí como si lo hubiese dicho de otra manera, pero no le di importancia, por lo menos no en ese momento.

Después de la breve charla, Hizumi bajó ondeando las llaves del auto entre sus dedos. El auto era un Honda Civic color negro, ni idea de qué año. Nunca fui buena con los autos, sencillamente no me importaba me bastaba con que cumplieran con su función.
Cuando llegamos a casa de Cindy, Hizumi se bajó del auto y la llevó hasta la puerta en donde se despidió de ella con un dulce beso. Esperó que la chica entrara a la casa y hasta que eso sucedió puso a andar el coche de nuevo.
El aire fresco de la noche que se colaba entre las ventanas semi—abiertas del coche y comenzó a agitar mi cabello. Las coloridas luces de la ciudad parecían reverenciarnos mientras avanzábamos por aquellas desoladas calles, no es que fuese especialmente tarde pero sin duda a esa hora las personas tenían mejores cosas que hacer y mucho más siendo día de semana. Durante todo el transcurso Hizumi se quedó en totalmente en silencio, de hecho sólo intercambiamos palabras cuando era necesario que yo diera alguna instrucción acerca del camino que debía tomar. De pronto caí en cuenta que esa sería mi nueva realidad, que él sería mi hermano y yo su hermana, ahora viviría en otro hogar con dos personas nuevas, imaginé a mi madre embarazada con un pequeño hermanito o hermanita en su vientre. Todo sería nuevo, ahora tendría un padre, nunca tuve uno y quizá finalmente vería a mi madre en la cocina.
Cuando necesitara ir a algún lugar llamaría a mi hermano para que hiciera el favor de llevarme, pelearíamos por el control remoto y por el sillón, no gritaríamos que le bajáramos volumen al estéreo pero al final del día siempre me recibirían en casa con una sonrisa. Nunca nadie me había recibido en casa con una sonrisa, ni siquiera mi madre porque siempre le tocaba trabajar hasta tarde.
Una diversidad de sensaciones atemorizantemente nuevas para mi comenzaron a acecharme una por una mientras viajaba al lado de aquel se convertiría en parte de mi vida.
Llegamos al complejo de apartamentos donde mamá y yo vivíamos desde hace unos ocho años. El lugar no era alarmantemente peligroso pero si habían llegado a suceder una o dos cositas que nos sacaron un buen susto a todos los residentes. Hizumi se quedó viendo el volante del auto como si tratará de encontrar la manera de iniciar una conversación o de preguntarme algo. Su lustroso cabello negro era levemente iluminado por las luces de los faroles del alumbrado público y pequeñas sombras jugaban sobre su rostro dándole un aspecto tentadoramente sombrío. Demasiado tentador, más de lo que estaba dispuesta a aceptar.

—Deberías quedarte en mi casa —salió de su estado dubitativo y eso fue lo que pronunció.
—No hay necesidad.
—No quiero que te quedes sola.
—No sería la primera vez —comenté secamente.
—Insisto.
—Pero si ya hemos llegado hasta aquí...
—Entonces nos quedaremos aquí —me miró un momento y luego salió del auto — ¿no hay problema si dejo el auto aquí?
—No hay problema, p—pero…
No me dejó tiempo para decir nada. Hizo en juvenil gesto indicándome que bajara del auto.
Al llegar al apartamento y antes de abrir la puerta recordé que el lugar parecía un chiquero. Mamá no era para nada ordenada, cada vez que yo limpiaba o recogía algo ella ensuciaba o tiraba algo al suelo nuevamente y en cuestión de segundos todo estaba desordenado otra vez. Al final aprendí a vivir en ese ambiente.
Traté de convencer a Hizumi de que estaba bien quedándome sola pero no pude. Así que sin ningún preámbulo tomé las llaves de mi bolso y procedí a abrir la puerta de aquella mi humilde morada. Tal vez fue que pensé que por arte de magia el lugar estaría un poco, pero sólo un poco más ordenado que de costumbre. No sé qué tenía en la cabeza.

—Mejor vamos a tu casa — traté de convencerlo
—Ya no quiero conducir y además ya es tarde, ¿qué no tienes colegio mañana? —¡Maldito colegio! —Gruñí dentro de mí, sólo de recordar que tenía que levantarme temprano hacía que perdiera el ánimo de hacer cualquier cosa.
—Está bien, y qué me queda ya —suspiré.

Entramos a la casa, había pensado dejar que Hizumi durmiera en mi habitación y yo dormiría en la habitación de mamá, pero al entrar ésta supe que sencillamente eso era imposible. En primer lugar porque había una infinidad de cajas y maletas regadas a lo largo de la pequeña habitación, apenas había el espacio suficiente para poder caminar, aparte de eso la cama estaba llena de ropa y la hubiese podido quitar sólo que no había lugar en donde pudiese colocarla, “Mi madre, ¿cómo es capaz de vivir así?” Me pregunté mientras buscaba entre aquella montaña de ropa una cobija y una almohada para por lo menos poder dormir en el pequeño y único sillón que teníamos en la sala.
Pasé por mi cuarto en donde Hizumi ya estaba más que acomodado sobre mi cama, estaba semi—recostado sobre una almohada observando detenidamente cada rincón de la habitación. Mi habitación era el cuarto más pequeño en todo el apartamento obviando el cuarto de baño. Estaba decorado muy a mi manera. No sé cómo fue que comencé pero desde muy pequeña siempre fui muy fanática de la animación oriental, y luego una cosa lleva a la otra y poco a poco fui conociendo más cosas hasta que también comenzó a llamarme la atención la música de esos países. Pues las paredes de mi habitación estaban cubiertas por posters de bandas japonesas de rock que había encargado por internet, por posters de series anime y unos cuantos más de alguna películas. Apenas se lograba apreciar de qué color estaba pintada la pared.
Al lado de la cama estaba el escritorio y a la vez sobre este estaba colocada mi notebook que ya tenía sus añitos encima, pero la condenada me había dado todo de ella. Ya estaba en planes de pedirle una nueva a mamá aun cuando me daba algo de lastima deshacerme de esa.

—Si quieres puedes tomarte un baño, podrías usar una de mis camisetas —reí al imaginar a Hizumi usando mi ropa.
— ¡Oi, oi! alto, alto hermanita que aún es demasiado pronto para que se cumplan tus fantasías —bromeó haciendo referencia a los asiáticos un tanto afeminados que se veían en alguno de los posters de bandas visual kei.
—Jajaja, y qué es lo que te estás imaginado… ¡ecchi! —Le tiré la almohada —mi onii—sama es todo un ecchi —al ver anime uno se va aprendiendo ciertas palabras en japonés pero jamás pensé que llegaría a utilizarlas tan casualmente. Me gustaba.

Sin querer, comenzamos una tórrida pelea de almohadas. Cualquiera que nos hubiese visto en ese momento jamás hubiera imaginado que nos acabábamos de conocer. Existía una química casi perfecta entre nosotros lo que nos facilitó llevarnos tan bien aun siendo desconocidos.


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